LA MONTAÑA COMO PASIÓN, COMO ESCENARIO INFINITO SOBRE EL QUE DISFRUTAR INTENSAMENTE DE LA VIDA,
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DONDE LOS AMIGOS, EL ESTILO Y LAS FORMAS CUENTAN, Y MUCHO

viernes, 16 de agosto de 2013

"Rabadá-Navarro" al Gallinero, Ordesa

Martes, 30 Julio 2013
Pablo Luque
"Rabadá-Navarro" al Pilar de Cotatuero, Gallinero, Ordesa. 400 m 6c, 6a obligado

Después de tantos años escalando por el monte, era imperdonable no haber dado una visita a las paredes de Ordesa. La verdad es que los años fueron pasando y fui centrando los viajes más en los Alpes que en Pirineos, y mi desconocimiento de estos últimos (para mi vergüenza) es casi completo. Apenas unas pocas visitas, casi siempre de vuelta de Alpes por mal tiempo.
Por fin, este verano me he empezado a quitar la espina de Ordesa.



El plan inicial era irnos una semana a los Ecrins o a Chamonix, con idea de escalar, y como siempre con objetivos abiertos. El caso es que, aunque la meteo prevista era muy buena, la temperatura estaba altísima, y esto nos echaba para atrás para cualquier cosa con glaciares de por medio. Total, que para acabar escalando en roca en zonas más bajas (que seguro que son excelentes también), decidimos cambiar por Pirineos. Una vez decidido, nuestra idea era visitar varias zonas e intentar escalar variado. El primer sitio: Ordesa. 


Largo 1: bienvenido a la "Sensación Ordesa"
Las tormentas aquí son legendarias. Las características del macizo se prestan para generar grandes marrones: mucho calor en el valle, cumbres altas alrededor, fuertes desniveles… No queríamos ni pensar en que nos pillara una de ellas en mitad de una vía con difícil retirada. La previsión meteorológica las descartaba, pero por si acaso decidimos madrugar el máximo.  Para coger el primer bus nos levantamos a las cinco de la mañana en el camping, desayunamos con todo el sigilo posible, y salimos a la carretera para caminar quince minutos hasta la parada en Torla. Apenas somos unas quince o veinte personas en total, y escaladores sólo cuatro: nosotros dos y otra cordada en la que reconozco a Juan, un tipo muy majo de Zaragoza que tiene un buen blog que leo hace tiempo. Intercambiamos saludos y comentamos objetivos: ellos van a la pared de la Cascada, al diedro de “Los Trituradores”. Sin saber nada sobre ella, el nombre de la vía ya asusta…
El bus tarda más de lo normal por culpa de un inmenso rebaño de vacas que sube por la carretera hasta desviarse a la pista de Bujaruelo, camino de pastos altos. Con todo, algo después de las seis y media estamos en la Pradera en la suave luz del amanecer. Salimos camino adelante y a los pocos cientos de metros ya vamos solos en el bosque: nos encontramos varios sarrios (son muy parecidos a nuestros rebecos aunque más rubios). El camino pronto pica cuesta arriba y sudamos bastante. La mirada se escapa frecuentemente a las inmensas paredes que nos rodean. Entre ellas miramos con atención nuestro objetivo: el espolón sureste del Gallinero, el pilar de Cotatuero.


Pablo en el largo 2, V

Aunque nunca había escalado aquí, ya venía predispuesto a la verticalidad del sitio. Las tapias salen a cuchillo desde el primer metro, sin transición. Y siguen así de radicales hasta que terminan en una de las bandas de hierba intermedias. Impresionantes.
Son las ocho y veinte de la mañana cuando empiezo a trepar por el primer largo de la vía: cincuenta metros, el más largo según el croquis. Pronto me encuentro con la “sensación Ordesa”: esto es totalmente tieso incluso en grados sencillos, buena roca pero que requiere fijarse, escalada física y secuencias algo intrincadas librando bloques y techos. Una vez te acostumbras la cosa va bien.
Asegurando a Pablo desde la reunión, disfruto del paisaje: a nuestra izquierda, la cascada de la pared del mismo nombre cae dispersada contra la luz del sol. Detrás, en el valle por el que bajaremos por la tarde, otra gran cascada se precipita. En frente, un gran murallón cierra el valle que sube camino a la Cola de Caballo y a Góriz.
Pablo en el tercer largo, verticalidad total
Llevamos con nosotros varios croquis de la vía y las diferencias entre ellos son notables. El mejor sin duda nos está resultando el de Luis Alfonso (lanochedelloro), por el gran detalle y calidad del dibujo. Sin él estaríamos perdiendo mucho tiempo.
De nuevo me toca tirar delante. Una vez caliente las sensaciones son mejores. Disfrutamos los movimientos. Poco a poco nos vamos acercando a la zona de techos, clave de la primera parte de la vía; la dificultad aumenta.
Le toca a Pablo un largo precioso que empieza por un diedro gris y termina en una aérea travesía de placa. El ambiente de la vía es una pasada.

Cuarto largo, diedro negro

Después tiro yo delante en un largo en el que, para remontar un paso bastante pulido y de dificultad concentrada, para no perder tiempo (y para pasar...) tengo que pisar a modo de estribo una cinta pasada por un clavo: nos reímos porque este es un paso que en uno de los croquis lo marca literalmente como “6a fino fino”, mientras en el otro lo marca de 6b. Vamos, que será 6b. El largo entero es muy bueno y sobre una roca excelente.




Quinto largo, pasito de 6b (A0) y después 6a, una pasada
A continuación Pablo resuelve el largo del techo con maestría (con aceros, pero con maestría). Yo sufro algo más con la mochila que se me engancha en la salida. A nuestra izquierda el techazo de la Zaratustra.


Pablo saliendo del techo del sexto largo
Mi falta de forma es patente: todo me cuesta más de lo normal. Es mi primera vía de montaña de la temporada. Es la temporada que menos he escalado de mi vida. Y es una vía seria. Con todo, lo estoy pasando bien. Alternamos la cabeza de cuerda y llevamos bastante buen ritmo.


Pablo en el largo de escape hacia la vira intermedia
Pablo estira la cuerda a tope en el largo de salida a la vira intermedia: estamos ahorrando una reunión del croquis y eso siempre está bien. Nos ponemos las zapatillas para el tramo de hierba y la vira alta hacia la izquierda que nos lleva de nuevo al filo del pilar, en el comienzo de su segunda mitad.



Después de unos momentos de incertidumbre sobre el camino a seguir (esto está tieso total), mirar el excelente croquis de Luichy, y beber y comer algo, finalmente le pido a Pablo que tire delante aunque sea mi turno. El largo de ahora se ve tan tieso como los anteriores y necesito descansar la cabeza. Él no lo duda y sale para arriba con decisión, resuelve en libre y con seguridad los veinte metros hasta la reunión. De segundo paso bien, pero al llega a la R le pido que tire otra vez. Vuelve a resolver el siguiente 6b sin problemas y rápido. Yo de segundo, curiosamente también. No obstante, no me arrepiento de pedirle que tirara delante… Maldita flojera!


Pablo en nuestro largo 9, 6b
Pablo en nuestro largo 10, 6b atlético
La cosa empieza a tener más color, el siguiente largo es más fácil y tiro delante. Rápidamente llego a la base de la chimenea de salida: tiene unos setenta metros y dos largos de croquis. Incrustado en lo profundo del agujero, en mitad de plumas de pájaro y un olor asqueroso a algo muerto, monto reunión con un par de fisureros y un friend (aquí no hay nada) y aseguro al grandón. 
Mirando para arriba, la chimenea se ve aparentemente lisa, tiesa, tétrica, y larga. A Pablo tampoco parece gustarle el tema al llegar, pero sale para arriba una vez más con decisión. Después de cambiar la espalda de lado de la pared y de pelear para colocar algún cacharro, sale de mi vista y me da una voz para soltarle. Con la mochila colgando del arnés con una cinta larga, me aplico en imitar las técnicas que ves en los libros clásicos… Al final no fue para tanto.

Primera tirada de la chimenea de salida
Cuando por fin llego a la reunión se me repite la sensación anterior: por encima tengo otra tirada de chimenea aparentemente lisa, tiesa, tétrica, con pocas posibilidades de asegurar, y larga… Encima, uno de nuestros croquis marca en este largo un 6a (claro que para mayor jolgorio también tenemos otro que lo  marca de IV+…). Una chova nos grazna uraña desde el fondo de la chimenea. En fin, con filosofía empiezo a aplicarme a la técnica: metro a metro, con algo de tensión, alcanzo el primer punto donde puedo asegurar, ya a unos seis metros de Pablo. De ahí para arriba se ve muy compacto y me asaltan las dudas (vamos que me empiezo a poner algo nervioso), pero el caso es que siempre voy encontrando la postura y sin mucho estrés consigo colocar dos buenos aliens en las oscuras profundidades. Ahora sólo me quedan un par de metros lisos para salir de lo difícil: animado por los seguros salgo más tranquilo. Por fin, alcanzo una zona más fácil donde abandono la técnica chimenea para escalar ya más normal... Un clavo me saluda y veo el resto de largo ya más fácil. Al poco llego a la reunión y aseguro a Pablo.



Saliendo de la segunda chimenea, 6a ó IV+ (...)
Pablo con la mochila colgando
Comentamos que las dos tiradas de chimenea fueron menos chungas de lo que nos esperábamos desde abajo, aunque sí exigen escalar tranquilo (y desde luego no creo que sean IV+ en ningún caso).
Nos queda una tirada final de IV para acabar la vía, que ya recorremos totalmente relajados y disfrutando.
Cuando alcanzo a Pablo miro el reloj: las cuatro y cuarto. Hemos tardado casi ocho horas: algo por encima de unas estimaciones, aunque dentro de otras.



Impresionante paisaje
Rehidratación directa
En total hemos hecho catorce largos de los quince que marcan los croquis (descontando la tirada de la vira, aunque ahí, trepar trepas): ocho los tiró Pablo y seis yo. Hemos escalado todo en libre excepto los aceros del quinto y sexto largos. La vía es muy buena, tiene bastantes seguros aunque obliga a escalar, como debe ser.
Desde luego no hemos ido rápido, pero estamos satisfechos siendo nuestra primera vía en Ordesa. Rabadá y Navarro, unos máquinas.
Salimos andando, parando a sacar fotos, contemplando los abismos, los sarrios, las marmotas. Bebemos en los arroyos y descansamos en la hierba mullida.
La bajada al valle muy guapa.




Ya en la base de la pared de la Cascada, después de escuchar unas voces, vemos en los largos finales a la cordada con la que coincidimos esta mañana en el autobús. ¡Menudo ambiente se ve! Aunque también es cierto que mirando al Pilar de Cotatuero, la vía que acabamos de hacer también nos resulta impresionante.

Intimidante panorámica desde el pie de vía

Pilar de Cotatuero, espectacular perfil
Un sitio espectacular Ordesa. Merecida la fama. Ya tengo la siguiente vía en la cabeza...

L1 V, 50 m, yo
L2 V, 30 m, Pablo
L3 V+, 30 m, yo
L4 V+, 35 m, Pablo
L5 6b (A0), 6a, 30 m, yo
L6 6c (A0), 25 m, Pablo
L7  IV+, 35 m, yo
L8+L9, IV+, 65 m, Pablo (pequeño ensamble)
Vira intermedia
L10, 6b, 25 m, Pablo
L11, 6b, 20 m, Pablo
L12, V, 20 m, yo
L13, V+, 30 m, Pablo
L14, 6a, 30 m, yo
L15, IV+ Pablo

6:45 inicio aproximación en la Pradera
8:20 h inicio escalada
16:15 h fin escalada
18:00 Pradera

martes, 6 de agosto de 2013

Escapada estival a Pirineos

La isoterma 0º a 4.800 metros, unido a los días disponibles nos recomendaron cambiar el destino inicial de los Alpes por los más cercanos Pirineos.
Apenas cinco días en total, pero bastante bien aprovechados.
Primero en Ordesa: mi primera visita a esta meca nacional me puso en situacíón del exigente estilo imperante. La vía elegida la "Rabadá-Navarro" al Pilar de Cotatuero, en el Gallinero. Espectacular.


Al día siguiente el cuerpo pedía descanso y se lo dimos con un breve paseo por el norte del Midi D´Ossau: paisaje precioso, imponente vista del Embarrader, el espolón Norte y alrededores.
El jueves el objetivo era la cara Sureste del Midi a través de la combinación de las vías "Jolly" más "Superjolly". Después de casi diez años desde mi anterior visita, me maravillo del paisaje.
Tras un importante embarque por mi parte en el tercer largo, así como discutir un buen rato sobre el aspecto y la calidad de la roca (Pablo tenía en esto una opinión más fuerte que la mía después de que la cuerda soltara un bloque tamaño microondas que voló unos veinte metros hasta rebotar a su lado), se impuso una retirada temprana... De estas, desde luego no me faltan.


El viernes, considerando el tremendo calor de la vertiente española (ola de calor) y la recomendación de Chus de vías en la vertiente francesa, nos acercamos a Gourette. Desde este precioso pueblo de esquí hacemos en el Péne Sarriére la vía clásica a su cara Este. Una vía placer de doscientos metros muy guapa, sencilla y equipada: el sello Ravier es garantía. En apenas tres horas aproximamos, escalamos y descendemos de vuelta al pueblo. Calor impresionante.


El mismo día viajamos de vuelta a casa.
Una visita express muy completa con una buena vía de montaña, una retirada (no vaya a ser que nos lo creamos), una vía placer, paseos, nuevas zonas...

viernes, 5 de julio de 2013

El vuelo sin motor

La vida puede cambiar en un segundo.

La pared Sur de Horcados Rojos

Julio 1998.
La enfermera nos mira con cara alucinada. No entiende las bromas que nos vamos gastando entre nosotros desde las camillas, mientras nos lavan la sangre reseca, nos limpian las heridas y nos cosen. Fuera de contexto, nuestro humor seguramente sea difícil de entender.
Yo llegué hace un rato, no había nadie más, así que me atendieron directamente. Lo del hombro no es más que un arañazo, sangra bastante, pero sin importancia. En la mano izquierda un par de puntos y unos rasponazos. Lo peor está en la rodilla derecha: la herida tiene los bordes muy deteriorados y le está costando mucho enganchar los puntos: ya lleva trece o catorce… Por supuesto, sin anestesia. El efecto de la adrenalina dura bastante rato.
Cuando entró Javi por la puerta del centro de salud de Potes con los demás, yo creía que venían a verme, pero se subió rápidamente a otra camilla al lado de la mía: tenía la espinilla de la pierna derecha totalmente manchada de sangre: nada serio, cuatro puntos y listo.
En la cabina del teleférico, la gente se apartaba de mí como si tuviera la lepra. Estivi y yo charlábamos animados de nuestras cosas, procurando no comentar el hecho de yo fuera sin mochila, con la camiseta desgarrada en el hombro izquierdo, por donde se veía bastante sangre, igual que en las manos y sobre todo en la pierna derecha, arrollando desde la rodilla. En realidad no era nada grave, sólo rasguños escandalosos…
Los rápeles fueron bien, con cuidado yo rapelaba por una cuerda mientras Estivi me aseguraba por la otra. Sobre todo al principio, que era muy aéreo y no era cosa de que me diera un vahído. Las maniobras, bien miradas, no nos dieron problemas.
Cuando las cuerdas se tensaron de golpe me quedé colgando como un chorizo por debajo del desplome. Giraba en el aire sin tocar roca. Lo primero que hice fue revisarme el cuerpo. Había pegado varias veces y con distintas partes: en una inspección rápida confirmé que no había nada roto ni ninguna herida grave: en la rodilla tenía una buena boca abierta, pero no parecía demasiado profunda.
Estivi me llamaba a voces. Yo lo oía como desde muy lejos. No lejos en la distancia, pero era como si no estuviéramos en la misma situación juntos… Cuando me di cuenta le contesté que estaba bien, que no tenía nada grave, y que fijara una cuerda para que yo intentara subir por ella, mientras me aseguraba por la otra.
El largo iba más tieso de lo que esperaba, salí de la reunión colocando como indicaba el croquis un friend del 4 en una fisura horizontal. Desde ahí me remonté al muro, colocando otros dos friends en una fisura poco profunda. Estaba tranquilamente mirando los siguientes movimientos cuando de repente me vi en el aire: me había saltado una pequeña laja de la mano izquierda, aparentemente roca sana. Mientras estuve en el aire, sentí cómo los tres seguros saltaban. En el medio de esto, pegué una vez contra la pared de forma leve, y luego otra más fuerte a la altura de la reunión, y seguí hacia abajo. En realidad, esto es una secuencia que reconstruí posteriormente analizando los recuerdos que me quedaron de esos segundos en forma de fotogramas.
Fue un vuelo de unos veinte metros, quizá algo más. Menos mal que la pared aquí va bien tiesa: de caerte, mejor que sea en una vía dura…
La reunión no era gran cosa, un clavo que reforcé al llegar con un fisurero y un friend pequeño. Los largos anteriores me habían costado, pero la vía a partir de aquí ya aflojaba. La parte dura estaba hecha y la cabeza podía relajarse un poco. “Chico Problemático”, además de una canción muy buena de ACDC también es una vía no menos buena de Horcados Rojos. Muy buena e intensa. Pero ahora ya estaba, las travesías de los largos anteriores ya hechas. La tirada de placa expo del tercero fue resuelta con cuidado. Los nervios al empezar estaban superados. Sólo me quedaban dos tiradas, las más fáciles de la vía, para salir a la arista...

El vivac en Villa Ratón no es cómodo, todo piedras que se te clavan en la espalda mientras duermes, no hay agua lo que obliga a portear todo lo que quieras beber, pero el ambiente es excelente. Aquí nos juntamos cada fin de semana con nuestros amigos de Santander, y disfrutamos de los Picos y sus escaladas. Compartimos experiencias.
El día antes habíamos hecho una vía muy buena. Por la mañana, después de subir en el primer cable, remontamos con el mochilón las pedreras hasta la base de la vía de “Las Placas” de Peña Olvidada. Sacamos los trastos de trepar y dejamos el resto detrás de una piedra. Ya conocía la vía de unos años antes con Miguel y con Iñaky. Escalamos los cuatrocientos metros de la vía sin incidencias: fui siempre de primero y en libre, los diez largos, alguno de ellos con exposición o intrincado, pero eso me gusta. Estivi funciona como un reloj, nos entendemos bien como cordada y hacemos cumbre en un buen horario. Nos dirigimos a la normal para volver a la gravera, recoger las mochilas con los sacos y subir al vivac.

El muro por el que discurre "Las Placas" de Peña Olvidada
Un nuevo fin de semana nos vamos a Picos, a la zona de Fuente De. Llevamos un verano muy activo de escalada en roca. Las cosas están saliendo bien y últimamente siempre conseguimos hacer lo que nos planteamos.
Quizá la confianza estaba llegando a límites peligrosos.

Estuve con la rodilla vendada unos tres o cuatro días, curando los puntos que no terminaban de sellar. En el hombro me ha quedado un rayado muy decorativo, seguro que con unos tres o cuarto puntos, la cicatriz sería más discreta, pero aquella tarde no quería ver más agujas.
Javi, que bajaba mi mochila además de la suya, se coló por el borde de un nevero, y pegó con la espinilla en una laja de caliza, un pequeño corte.
En mi casa dije que me había caído en la canal de la Jenduda. Dije que bajando la canal, en una curva se me había ido una piedra de un pie, y que con el peso de la mochila había bajado rodando unos metros. No era cuestión de que se preocuparan más cada vez que me fuera a escalar. Cualquiera que conozca el sitio, sabe que esto es totalmente posible. Ahora, cada vez que bajo por allí, me obligo a prestar atención, no me vaya a suceder de verdad lo que por entonces me inventé.
Dos semanas después, aún con las postillas frescas, hice la “Casiopea” a la Norte de la Torre de Salinas. De nuevo entera de primero. Y el resto del verano continuó parecido.

Sin embargo, lo sucedido ese domingo fue un gran toque de atención, y desde aquel día me quedó más claro que en esto puedes hacerte daño. Desde entonces procuro fijarme bien en lo que me rodea, en las reuniones que monto, en los seguros que coloco, y en la roca a la que me cojo. Y a no caer en excesos de confianza.

Uno sólo escarmienta en cabeza propia.


(“Chico problemático” sigue en mi lista de pendientes)

miércoles, 19 de junio de 2013

"La Negra" a las Peñas del Prado

Sábado 15 Junio 2013
Nando del Pozo
Peñas del Prado, “La Negra” 200 m, 6c+ (6a/A0)


Hubo un tiempo, años y años, en el que yo miraba con desdén a esta y a otras zonas de escalada de la Cordillera Cantábrica.
Por aquel entonces escalaba mucho y muy a menudo en los Picos. Como zonas aledañas “homologadas” tenía el Agero y algunas otras del valle de Liébana. Están claras mis influencias de juventud. Fuera de estas zonas (me refiero a escaladas de montaña, de largos, no a deportiva), el resto no las veía importantes. No digo que las despreciara, pero casi.
Por aquella época, y a pesar de las muchas recomendaciones de ir a conocerlas por parte de Candi y de otros amigos, la verdad es que nunca pasé por allí. Tenía metidas a las Peñas del Prado dentro de un lote de zonas de escalada en roca secundarias, o poco interesantes. Dentro de ese lote aún mantengo algunas que todavía no he visitado: está claro que soy algo terco.
Con los años, las restricciones en el tiempo libre me hicieron ver las grandes ventajas que ofrecían sitios como las Peñas del Prado, el Melluque y algunas otras, para poder escalar vías de montaña (o casi de montaña) sin tener que pegarte grandes viajes ni aproximaciones.
Así he venido visitando periódicamente las Peñas del Prado y comprobando la gran calidad de vías como “La Historia Interminable”, “Desgaste emocional”, “Lobishome”, “Noches de Escuela”, “Venus”, y otras. Hoy tocaba una clásica que estaba pendiente: “La Negra”.
Salimos de Gijón a las ocho de la mañana con cielo nublado. Por la autopista y en cincuenta minutos estamos aparcados debajo de la collada Aralla. Un solo coche a parte del nuestro, seguro que vendrá gente más tarde. Tras el reparto de trastos arrancamos por entre la hierba alta en busca del mejor camino. La primavera, retrasada por un invierno que no se quería marchar, está estallando por todas partes: flores, brotes, colores y olores intensos nos acompañan.
En el aire fresco de la mañana, alterno las miradas a la pared con el bucólico paisaje hacia el embalse de Casares, un placer para caminar.


Después de situarnos desde lejos para coger perspectiva e identificar referencias, nos aproximamos al pie de vía donde dejamos mochilas y zapatillas. Se ve venir el calor. Nando que ya va en camiseta, sale delante en el primer largo, algo herboso aunque sin llegar a molestar.


Al poco rato me toca el turno y trepo hasta él. Salgo después delante a por el segundo largo por un pequeño diedro en el que marca 6a+: sin problema, son apenas dos pasos y con chapas, otro tema sería si tuviera que colocar los trastos. Para arriba es mucho más fácil, escalada agradable sobre buena roca. Sigue habiendo chapas de cuando en cuando, aunque también coloco algún seguro adicional.


Nando recorre el largo disfrutando, sonriente y contento como siempre (yo no lo he visto nunca enfadado). Le hago sitio en la reunión y me preparo para la siguiente tirada: es la más difícil de la vía y ya desde aquí anticipo aceros. Un pequeño desplome, con chapas y clavos a medio metro unos de otros indica la concentración de la dificultad: está cotado de 6c+. Después de unos breves momentos mirando la secuencia y acariciando presas (más paripé que otra cosa…), me agarro al primer clavo y hago tres aceros seguidos hasta colocarme de nuevo en posición de escalada. Salgo ahora en libre a terreno más amable, que se estira otros quince metros hasta el siguiente relevo. La secuencia de cuatro o quizá cinco movimientos concentrados, bloqueros, exigían un intenso apretón para el que no estoy preparado.



Nando resuelve sin problemas y me alcanza rápidamente: “con unos estribos hubiera ido como un señor”, me comenta. No los necesitó para nada. Por debajo, aún en el suelo, una cordada se prepara para nuestra vía, también hemos visto pasar a más gente y abajo en la carretera ya se ven media docena de coches.
Por encima tenemos ahora un largo sobre roca muy compacta, chapado, con pasos de adherencia típicos de la zona. Es apenas V, pero obliga a escalar, movimientos muy guapos.


Escalo después el último largo que comienza con un tramo vertical, aéreo, pero con muy buen canto. Después tiene un paso simpático en el que hay que levantarse de pies con poca cosa para las manos, hasta alcanzar buena presa de nuevo. Muy chulo. Llego a la reunión final y aseguro al amigo que llega rápidamente. Son las doce, hemos tardado dos horas justas y vamos bien para cumplir mi intención de escalar otra vía.
El aéreo rápel nos posa en unas terrazas desde las que vamos derivando hacia abajo.


Un vistazo a la fisura de “No hay caliza na Galiza” me hace pensar que necesito más trastos grandes que los que he traído, pero me quedo con la copla de su buen trazado para otro día. Su nombre también me trae recuerdos de Budiño, Galiñeiro, Monte Ferro… qué granito!
Llegamos al pie de vía, recogemos las cosas y nos vamos rápido para el sector de la Collada. Hay gente debajo de la “Lago de Luna”, la más evidente de la zona. A su izquierda comienzan tres o cuatro vías más, pero no vemos ningún seguro ni posibilidades evidentes para colocarlos sobre sus placas compactas. 


Finalmente me decanto por “Sin aspiraciones a nada”, que va a la derecha de los otros chavales y donde al menos aflora algún parabolt. El primer largo es muy guapo, de canalizos. El segundo cruza un techito más aparente que difícil. Desde la segunda reunión, se ve el tercero como una muy estética placa de adherencia; Nando viene con dolores en un gemelo (tanta bici, tanta bici), así que decidimos evitarla derivando a la izquierda: El no llevar croquis y no conocer grados ni vías del sector, unido a la idea de volver pronto a casa, hace que al poco rato me ancle a una reunión desde la que en dos rápeles muy limpios nos vamos al suelo.


Recogiendo las cosas en el pie de vía observo con inquietud los dudosos progresos de un chaval sobre un primer largo a pocos metros de nosotros: pocos seguros y muy mal colocados. De repente, el único friend que había puesto en los diez metros que lleva se sale con el movimiento de la cuerda y baja hasta su asegurador. Segundos después, se le cae un fisurero que trataba de colocar. Nada que no nos haya pasado a todos alguna vez. Trasteando entre la hierba de una fisura bastante tiesa, sin protección alguna colocada, y hablando de otras cosas, lo que me extraña es su falta de preocupación (la suya y la de sus colegas): pura inconsciencia claramente. No soy muy amigo de dar consejos, pero no me callo una recomendación para que se centre en lo que está haciendo. Con poca gana de verlo bajar por el aire y estamparse en la terraza en la que estamos (no sería el primero ni el segundo que me toca ver en directo), nos despedimos y salimos dirección al coche.
De camino a casa nos sorprenden los muchos neveros que aún resisten a nuestro alrededor en cumbres modestas, e incluso en orientaciones sur… Hoy mismo varios amigos (Rafa, Jose, Iñigo…) están corriendo la Travesera de Picos, seguro que estará bien blanca. El puerto de Pajares lleva nuestras conversaciones hacia las muchas opciones de actividad a realizar.
A las cuatro en casa, contentos después de hacer una vía nueva de unos doscientos metros (Adrados es algo optimista en sus mediciones) y otros dos largos más de otra vía que habrá que venir a completar.
Las Peñas del Prado, una joya más de la Cordillera Cantábrica. Candi tenía razón.


lunes, 3 de junio de 2013

Fin de temporada en Ubiña

Domingo 26 Mayo 2013
Pablo Luque
Ubiña, Integral de los Castilllines y Siete (2.365 m)



A veces me cuesta encontrar compañero. Y no es de extrañar. Estos planes no le apetecen a todo el mundo:
  • la previsión meteorológica era regular tirando a mala,
  • las referencias en cuanto a condiciones de la nieve muy pobres,
  • las probabilidades de pegarse el madrugón, pegarse el pateo-porteo y encontrarse con que finalmente no consigues hacer nada, eran muy altas.
  • era mucho más inteligente ir a trepar en roca en alguna escuela leonesa y cuando empezara a llover tirar para casa
…Pero la cabra tira al monte.

A las diez y media de la noche del sábado, haciendo la mochila en el trastero, me llama Pablo para negociar: de la idea inicial de tirar a Picos con objetivo poco claro (inicialmente al Neverón) me convence para cambiarnos hacia Ubiña. Parece que el mal tiempo (que seguro va a llegar) entra antes por el oriente, así que cuanto más hacia Galicia, más horas de estabilidad. En teoría.
Con este cambio tampoco madrugaremos tanto. Hay menos coche y menos aproximación.
A las siete en la Pola hay seis grados, no ha helado. A las ocho en Tuiza hay ocho grados, y aquí tampoco ha helado.



Visto desde el parking hay menos nieve de la que esperábamos encontrar, y con este calor previsiblemente estará blanda, aunque nunca se sabe. Con idea de poder adaptarnos a la opción que se presente mejor, llevamos hasta pies de gato. Con una cuerda cada uno, algo de hierro repartido, los dos piolets, los crampones… llevamos una mochila de verdad: parece que nos vamos al Trango. Al menos dejamos en el coche los tornillos (mis tornillos tienen muchas horas en la mochila y muy muy pocas en el hielo), que ya vamos a pasear bastantes trastos… quién sabe si para nada!
El Meicín llega pronto. De camino vemos en las laderas las marcas dejadas por las grandes avalanchas de este largo invierno. Sabemos que está Luis porque abajo aparcamos detrás de su coche, pero es temprano y no queremos molestar, así que cargamos agua y seguimos para arriba. Seguimos ahora en dirección a los Castillines.



La Norte clásica de Peña Ubiña parece que se podría hacer, pero la nieve que estamos empezando a pisar está algo blanda… no la íbamos a disfrutar. Seguimos hacia arriba pensando ahora en hacer la integral de los Castillines, y continuar luego si podemos en dirección a los Fontanes, para sumar alguna cumbre más.
La huella que venimos aprovechando es de bajada, y las zancadas no le valen ni siquiera al 1.90 de Pablo. Charlando de la omnipresente crisis, de la burbuja inmobiliaria y otros apasionantes temas, con esfuerzo ganamos finalmente la línea que divide Asturias y León. 



En el collado entre el Puerta de Arco y el primero de los Castillines hay poca nieve, vamos pisando entre la roca suelta y la gravilla. Cuando nos dirigimos a la segunda cumbre, un tramo de nieve helada nos obliga a poner los crampones. Aprovechamos ya para poner el arnés. La nieve dura se termina pronto y volvemos a pisar roca. 




En la cumbre del segundo Castillín, la cosa se afila: los cortes hacia ambas provincias ya son de decenas de metros y los pasos empiezan a ser aéreos: nos encordamos a treinta metros y ahora sí, vamos disfrutando de la trepada: fácil pero aérea, con ambiente. Alternando la cabecera progresamos a ratos en una vertiente y a ratos en la otra, a veces en roca y a veces sobre nieve.




Llego al colladito entre el segundo y el tercer pico: escarbando un poco en la nieve encuentro una reunión con un par de clavos. Me anclo y recupero cuerda hasta que aparece Pablo. Por encima tenemos ahora un paso de A0 para salir después a unas llambrias con canalizos que dan a la cumbre del Tercer Castillín.
Da pereza, pero habiendo traído los gatos sería tontería no usarlos. Haciendo equilibrios me quito las polainas. Luego una bota, me calzo un gato. Ahora otra bota, me calzo el otro gato… Menos mal que hemos sacado la otra cuerda, porque aunque no haga falta, porque si me tengo que levantar por aquí con ese petate y con el peso añadido de las botas… Son solo dos movimientos de A0: primero me agarro a un clavo que ya era viejo cuando Udaondo empezó a escalar, y estirando a tope llego a chapar un spit también con solera. De ahí para arriba es fácil y está muy clavado. A los pocos metros llego a la reunión y recupero cuerda. Las manos se quedan algo tiesas al contacto con la roca.




El cielo empieza a tener una capa de nubes altas cada vez más densa. Por debajo, el mar de nubes antes sólo en el valle, también va ganando cota. Estamos en una franja limpia, que se supone que desaparecerá a eso de las dos de la tarde. Sin viento ni frío, disfruto de las vistas.






Llega Luque que continúa trepando hasta la cumbre buscando la reunión para rapelar hacia el collado con el Siete. No se ve bien, pero yo creo recordar dónde está: la localizo y empiezo a montar el rápel. Salgo delante colocando las cuerdas. Una plancha de hielo de varios metros se desprende cuando la piso: “el invierno se acaba ya” pienso. Como precaución contra atascos, hacemos dos rápeles de treinta metros. En el collado con el Siete recogemos los trastos. La tentación de echarnos hacia el valle nos asalta, pero es pronto y podemos hacer algo más aún.



Después del Siete yo creía que podíamos coger bajada antes de llegar al Crestón. En la arista, nos asomamos sobre Cuevapalacios: primero tenemos grandes cornisas de nieve húmeda, después unas palas inclinadas de nieve pesada con solución incierta, eso unido a un cielo cada vez más cubierto nos hicieron pararnos en seco. Las opciones eran claramente dos: seguir hacia el Crestón y los Fontanes, o darnos la vuelta y volver a hacer cumbre en el Siete por terreno conocido. El estado de la nieve no parecía bueno como para tirar al Pasu Malu, así que en poco más de un minuto teníamos clara la decisión y ya retrocedíamos.




La bajada del Siete es aérea y conviene no despistarse. El tramo final para llegar a la nieve nos obliga a agudizar los sentidos: cara a la pared destrepamos un diedro de roca de calidad dudosa, mojado a tramos por chorretones de nieve fundida. Vamos encontrando primero un clavo con un cordino (parece un descuelgue), luego un puente de roca equipado, luego otro clavo: sin duda estamos destrepando un largo de escalada…
Una vez en la nieve la única preocupación es no fastidiar una rodilla en esta masa tipo pescadería. Finalmente no está tan mal y perdemos altura rápidamente.
Inmersos en la nube llegamos delante del refugio, donde nos encontramos con un chaval, el primero que vemos en el día. Viene ataviado de Trail runner hasta el último detalle, con bastones y tal. Nos saludamos y sale trotando grácilmente por delante de nosotros. Desaparece engullido por la niebla de la bajada. Sorprendentemente llegamos al pueblo casi a la vez. Por lo bajini comentamos que si yendo charlando, con botas de invierno, diez o doce kilos de mochila y mi hándicap de cadera, nos ha sacado apenas medio minuto, como lo hubiéramos cogido hace una temporada y en plan ligero, de la pasada le arrancamos las pegatinas de Salomón... Claro que el tipo igual venía desde el Espigüete, eso no lo sabemos… ¡Qué boca tenemos!
En el parking reconozco algún coche: sé que hoy está por aquí Rosa, con las Unaauna, y con compañeros y amigos míos que han venido a la Ubiña. Seguro que lo están pasando bien.
Quitarse las botas húmedas, un placer barato.

1.100 metros desnivel, algo de nieve, algo de roca, algo de incertidumbre. Aunque Pablo reniegue ahora, sé que la próxima vez picará de nuevo: lo pasamos como los indios. Si es que, como dice uno que yo me sé, a los que nos gusta el barro…

Gijón 6:40 h
Pola Siero 7:00 h
Tuiza 8:00 h
Inicio pateo Tuiza (1.230 m) 8:20 h
Cumbre Tercer Castillín (2.396 m) 12:15 h
Cumbre Siete (2.356 m) 13:00 h
Tuiza (1.230 m) 14:45 h
Gijón 16:30 h