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martes, 18 de agosto de 2026

Cassin a la Norte del Piz Badile

28 Julio 2026

Rubén Díaz, Antonio Suárez-Ramón

Piz Badile (3.308 m), Vía Cassin, NE (800 m, 6a)

 


Algunas escaladas son más importantes que otras.

 

Las 6 caras Norte clásicas de los Alpes: el Eiger por la ruta Heckmair, el Cervino por la de los hermanos Schmidt, las Grandes Jorasses por la Walker, el Dru por la Allain, la Cima grande de Lavaredo por la Comici y el Piz Badile por la Cassin. Estas vías son para mí un objetivo desde siempre. Algunos de sus croquis los he mirado tanto que ya casi me los sé de memoria. Con el paso de los años voy viéndolo menos factible, pero aun así me siguen atrayendo. Uno que tiene alma de clásico admira a estos escaladores que hace tantos años dejaron el listón tan alto con líneas tan buenas como estas en montañas tan bonitas. 

Los años pasan y la Walker ya ha quedado bien lejos, la Norte del Eiger intentada también. Este año queríamos probar suerte con una de las pequeñas o fáciles de las seis, el Piz Badile: hace ya unos cuantos años que vine a intentarla con Luque, pero aquella vez era demasiado temprano en la temporada, había demasiada nieve en la pared, y “nos conformamos” con el Nordkante, o Spígolo Norte, o espolón norte: una fantástica vía, fácil de grado, pero con un ambiente sensacional en su conjunto.

 

Leo en la Wikipedia el resumen de la vida de Ricardo Cassin y simplemente me aplana: el Fortísimo (2 de enero de 1909 - 6 de agosto de 2009) fue un montañero y empresario italiano, del que destacan sobre todo sus pioneras ascensiones en los Alpes en los años 30, y en los Himalayas en los 50 y 60; aunque escaló por todo el mundo. También fundó su propia empresa de material de montaña.

Nació en la región de Friuli, pero la muerte de su padre cuando era un adolescente hizo que se trasladara a Lecco en 1926 y comenzara a compaginar trabajo con estudios nocturnos. En Lecco también comenzó su afición a las montañas, primero las cercanas a su ciudad con el grupo conocido como "Ragni di Lecco” pero pronto comenzó a abrir difíciles vías en los Alpes, como la primera ascensión en 1934 a la Picolíssima de las Tre Cime di Lavaredo, la apertura de la cara noreste del Piz Badile en 1937, o la primera ascensión de la cara norte de los Grandes Jorasses (macizo de Mont Blanc) en 1938.La Segunda Guerra Mundial paró su actividad alpinista y luchó contra los nazis como partisano.

Tras la guerra, en 1954, iba a figurar en la expedición italiana que finalmente subió por primera vez el K2, pero fue apartado por Ardito Desio, el líder de la expedición, según Cassin porque Desio se sentía amenazado por él.

En 1958 dirigió la expedición al Gasherbrum IV en la que Walter Bonatti y Carlo Mauri coronaron la cima por primera vez. En 1961 culminó una de sus ascensiones más conocidas, la del Denali por la cara sur, una vía muy técnica que recibió su nombre (Cassin). En 1975 fue el jefe de expedición en el intento frustrado de ascensión al Lhotse. Siguió escalando hasta los 80 años.

Fue nombrado en 1980 como Gran Oficial de la Orden al Mérito de la República Italiana, y en 1999 como Caballero de Gran Cruz de la misma Orden.

 



Creo que estamos perfectamente a la altura de esta vía. Pero con todo…

 

Llegamos el viernes pasado. La previsión de la meteo para la semana nos marcaba el martes como mejor día: tras las lluvias del domingo y dejar el lunes reservado para secar la pared. El pasado sábado hicimos una escalada de calentamiento en Aosta y ya estamos descansados. Desde el idílico pueblo de Bondo subimos a primera hora de la tarde hasta el aparcamiento más alto: ya no es el de Laret, donde estuvimos Pablo y yo en 2011, sino uno un poco más abajo.  El motivo de este cambio es el enorme y terrible deslizamiento de tierras que sucedió en el Piz Céngalo hace unos años: ocurrió el 23 de agosto de 2017. Cerca de 4 millones de metros cúbicos de roca y lodo cayeron sobre el valle de Bondasca, afectando al pueblo de Bondo y dejando ocho desaparecidos debido al colapso de la cara noreste de la montaña. Este evento obligó a cambiar los accesos a los refugios SASc Fura y a Sciora.





Salimos para arriba después de comer, con calor intenso. Tras cruzar el río por un bonito puente colgante, remontamos por terreno boscoso muy empinado, tal y como lo recordaba. En unas dos horas, con calma aunque con esfuerzo, llegamos a la soleada terraza del refugio, con unas vistas espectaculares.



Pasamos el resto de la tarde charlando con un guía español, Jorge Valle, con su cliente que es de León, así como con la pareja de italianos que conocimos en el parking, Ricardo y Ania, que viven en Arco. Nos dedicamos a especular entre nosotros sobre cuánta de esta gente que nos rodea y que no paran de llegar irán al día siguiente a la Norte, a la Cassin, y cuánto atasco nos tocará. Es normal, esta escalada famosa atrae a mucha gente como nosotros. También especulamos sobre qué bajada hacer, si hacia Italia, al sur, como todo el mundo recomienda, o rapelar de vuelta a Suiza por el espolón norte, como ya hice con Luque en 2011 (y él repitió mismo con Villa y Chus años después tras escalar la misma vía Cassin…).

La cena es a las 18:30 h, luego echamos algo más de tiempo rematando las mochilas, y a eso de las nueve ya estamos tirados en las colchonetas para intentar dormir algo hasta las tres y veinte, cuando pitarán nuestras alarmas… Desayuno a esas horas intempestivas, mochila a la espalda y a remontar cuestas intensas a la luz de la frontal.

Sin prisa vamos subiendo, con bastantes frontales tanto por encima como por debajo. Cuando alcanzamos el hombro (2.590 m) que da paso a la vira que lleva hasta el pie de vía son las cinco y media, y ya hay al menos tres cordadas metidas en la pared, alguna ya en un tercer largo o así… Nos ponemosrápidamente el arnés y nos tiramos vira abajo: acabamos de adelantar a tres chicos ingleses con mucha pachorra: mejor aquí que ya en la vía. Al poco de iniciar destrepes monto un rápel en un tramo más aéreo, aquí Toni vuelve hasta el hombro a buscar los pies de gato que se dejó olvidados con las prisas... Apenas queda nieve en la terraza típica. Luego seguimos juntos desatados durante bastantes metros hasta el pie de vía. Al llegar allí, tras identificarlo por el bloque con cintajos que marcan los croquis, no tenemos a nadie a la vista por encima: ya han levantado al menos tres largos. Mucho mejor. 



Son las seis en punto de la mañana cuando Rubén empieza la vía escalando animado el llamativo diedro Rebuffat: ¡ojo al lujo! V de escalada técnica, de pisar y asegurar bien. Hay buena luz ya y el amanecer nos regala unas vistas preciosas.

Hacemos grupos de varios largos para ahorrar maniobras. No ensamblamos por ahora. Rubén tira los primeros tres largos (cuatro según algún croquis). 



Venimos con varias reseñas que vamos comparando para conseguir el máximo de información: no hay mucha pérdida,pero sí algo de confusión sobre número total de largos y dónde hacer las reuniones. Además, no tenemos referencias de la gente por encima que ya están lejos. Procuramos estirar metros en lo posible.

En nuestro cuarto largo llega el primer 5c+ de la vía, me pongo delante yo; diedro bonito, clavado. Encima de este punto hicieron su primer vivac Cassin y compañía durante la apertura. 



Sigo delante otros dos largos del estilo, estirando las cuerdas casi completas, más de navegación en algún caso. No tenemos a nadie a la vista y eso nos hace tener que pensar más, pero a la vez, disfrutar más de la vía para nosotros. La roca es muy buena, con algo de hierba en algún punto. Vamos al sol a pesar de ser Norte (más bien Noreste).

En este punto la pared cede en ángulo y aquí Toni pasa a tomarla cabeza de cuerda para llevarnos hasta el antiguo nevero central (ahora ya no hay nieve ni nada parecido). Unos treslargos por encima de nosotros se levanta la segunda parte de la vía y de la pared, bastante vertical: vemos los puntitos de las cordadas superiores ya lejos. Estamos charlando tranquilamente en este relevo, haciendo el cambio de cuerdas, cuando de repente un silbido tremendo nos pasa justo al lado: una piedra de tamaño considerable que se estrella unos metros por debajo después de habernos pasado rozando a escasos centímetros… estamos en mal sitio: nos apresuramos para salir de aquí lo antes posible. Uno se da cuenta de cómo la mera suerte nos ha dejado indemnes y cómo uno de nosotros podría haberse quedado aquí seco, cambiando esta escalada tan placentera por una auténtica tragedia, en un solo segundo… Da que pensar. 



Tira Toni empalmando y con algo de ensamble por nuestra parte lo que algunos croquis marcan como tres largos (6, 7 y 8).Seguimos hasta ese punto donde la pared vuelve a ponerse tiesa, aquí retomo yo el primero de cordada. Por detrás tenemos compañía cercana y que nos vendrá acompañando ya todo el resto de la vía: los dos jovenzuelos escoceses, Duncan y su hermano que vienen como motos, y también Ricado y Ania, los italianos, estos algo menos cerca. Más abajo se ven máscordadas: calculo que finalmente seremos unas diez en total, de las cuáles creo que nosotros somos la cuarta. A nuestra derecha en el espolón norte oímos a la gente evolucionar. A nuestra izquierda también hay una cordada, en lo que parece una vía bastante más seria.

Me pongo de nuevo delante ahora a por el largo nueve: 6a y bien atlético. Tiene varios clavos, pero a asegurar también entre ellos con Friends: muy bueno. Son unos treinta metros verticaleshasta el punto de salirse a la derecha: aquí dudo y me cuelgo para confirmar que estoy en el sitio correcto:  hay otro clavo más arriba hasta el que ya había subido y destrepado; no tiene sentido seguir por ahí. Hasta este punto hay que apretar bien. La continuación ya es más fácil, aunque vas con dudas hasta que te pegas de morros con la reunión de dos chapas, que no se ve hasta el último metro. Cincuenta metros.





El siguiente largo
 que me toca, el diez, es más fácil pero realmente bonito. Buena roca, algún clavo y buenas posibilidades de asegurar. 5b marca.


El largo once vuelve a marcar 6a, también para mí: este comienza primero en un diedro abierto, para luego superar un techito hacia la izquierda y continuar bastantes metros por terreno mantenido que va aflojando al final. Realmente muy guapo. Está bastante clavado. Hay gente que dice que este es el más difícil de la vía. A mí me pareció más duro y obligado sin duda el número nueve.

Por encima ya vemos más cercanas las chimeneas de salida: se ven largas e intimidantes (son tres largos completos). Son casi las once de la mañana, llevamos unas cinco horas en la vía cuando le paso las cuerdas a Rubén que vuelve a lideraranimado: un primer largo, nuestro doce de unos cincuenta metros de terreno variado. Aquí se supera la terraza en la que Cassin hizo su segundo vivac durante la primera ascensión. Después de este tira otro, nuestro trece, que es en realidad dos de los originales y va todavía por terreno abierto: IV+/V de navegar con tendencia a la derecha y con algunos pocos clavos distanciados lo llevan a la base de la primera tirada de chimenea.Toni y yo tenemos que salir en ensamble unos metros para que alcance la reunión: son unos setenta metros y realmente es un buen largo.



Una vez juntos, Rubén arranca ahora a por la primera tirada de chimenea (largo catorce), 5b indica: lo escala con gran estilo y determinación, lo vemos estirar muchos metros en intimidante escalada exterior: ¡el fondo de chimenea quizá cuatro metros más dentro que por donde él va! Las cuerdas caen verticales a plomo por muchos metros.




Le damos nuestros cumplidos cuando llegamos junto a él a la reunión, y le volvemos a animar a seguir tirando delante, 
¡que lo hace muy bien! Resuelve esta segunda tirada de chimeneas apurando las cuerdas de manera más cómoda, quizá esta es algo más fácil, hasta que en los metros finales se enfrenta a lo que algunos croquis marcan como A0. Lo hace perfecto.





Estamos entrando ya en el tramo final de vía y ahora Toni vuelve a ponerse delante para los tres largos finales hasta salir al espolón norte. Son terreno más abierto, con algún diedro y muro vertical, los resuelve cómodo. Escalamos los tres disfrutando el momento. 




Al llegar a la arista miramos la hora: las dos y cuarto: 8 horas y cuarto para la vía. Dieciocho largos repartidos entre los tres. Bien.

Enlazamos con el espolón norte y mandamos a Toni continuar delante por este tramo aéreo pero sencillo. Hacemos otros dos largos a tope de cuerda hasta que decidimos poner los zapatos y atarnos en corto para ir ensamblados en cuerda corta.




Llegamos a cumbre muy contentos. Son las cuatro menos diez. Algo menos de diez horas desde el pie de vía. Comemos, bebemos y nos sacamos las fotos de rigor.



La vía es realmente bonita, buena roca, equipamiento suficiente, no hemos tenido contratiempos y lo hemos pasado fenomenal. Realmente admirable la audacia del recorrido de Cassin y sus compañeros hace ya noventa años… Totalmente recomendable.

Las dudas sobre el descenso hace rato ya que las hemos disipado: bajaremos hacia Italia y ya veremos cómo volvemos hasta el coche en Suiza.

El descenso de esta montaña tiene varias líneas, pero todas ellas requieren destrepar y algún rápel. Nosotros no hemos cogido la ruta normal (por error), pero bajamos bien. Los rápeles finales hasta tocar lo que antaño era nevero o glaciar son más largos, pero sin problemas. 




Unas preciosas cabras montesas se pasean imponentes por donde vamos caminando. 

Son casi las siete cuando llegamos al refugio Giannetti, dondenos tomamos una cerveza de celebración después de reservar un taxi que nos recoja en el pueblo dentro de dos horas y media.






La bajada hasta Val Massino se hace bien larga (tenemos que perder algo más de dos mil metros desde la cumbre), por un paisaje de montaña espectacular, rodeados de cumbres y valles que invitan a volver por aquí. La parte final, ya metidos en bosque y con la luz declinando. Vamos separados bastantes metros, cada uno a lo suyo con sus cansancios y pensamientos.

Llegamos al parking a las nueve y media pasadas (15 horas y media en movimiento).

 

Empezar el día de madrugada, medio dormidos a la luz de la frontal, y terminarlo tropezando con las piedras y raíces del camino, otra vez con la frontal puesta, y con una rosca considerable encima. Una premisa típica en cualquier buena actividad en los Alpes.

 

La taxista nos pide 300 euros por llevarnos de vuelta a Bondo. Nos parece una exageración y nos negamos. No quiere negociar así que la despedimos. Por supuesto antes hemos hablado con un guía italiano que ha venido bajando con nosotros y que amablemente accede a llevar a Toni en su coche hasta Bondo a buscar el nuestro… Toni pasó algo de miedo con este tipo al volante en modo rally…

Mientras tanto, en medio de la oscuridad, Rubén y yo a ratos charlamos, a ratos paseamos y a ratos nos dormimos esperando el regreso de Toni. En esta espera también agotamos el agua y nos comemos lo que nos queda en la mochila: unas pocas galletas digestive acompañadas de sardinas en tomate, de la lata de emergencia de vivac. ¡Nos saben a gloria!



Cuando ya de madrugada llega Toni después de otro buen rato al volante, montamos la tienda entre los enormes árboles y nos derrumbamos los tres a dormir. Nos levantamos al amanecer, con sueño, a desmontar para evitar una más que posible multa.

 

Esa mañana nos pegamos una necesaria y satisfactoria ducha en el camping de Borgonolo, regentado por Guido y su familia: grandísimo escalador como nos cuenta su mujer mientras él, discreto, observa… Al día siguiente otra escalada en Albigna, esta más tranquila y corta, para cerrar una buena semana por los Alpes.



La Cassin al Badile. Estupenda escalada clásica y gran jornada de montaña disfrutada con mis amigos Rubén y Toni. Sin duda quedará para siempre en nuestro recuerdo.

 

Despertador 3:20 h

Salida SASc Fura 4:00 h

Hombro norte 5:25 h

Inicio Escalada 6:00 h

Fin vía 14:15 h (8 h 15 min)

Cumbre 15:50 h (9 h 50 min)

Refugio Gianetti 18:45 h

Val Masino 21:30 h (15.5 h)

 

domingo, 3 de julio de 2011

Piz Badile, Arco di Trento, Dolomitas 2011

19-26 Junio 2011
Pablo Luque

Piz Badile 3308 m, Val Bregaglia, Suiza, "Nordkante" Espolón Norte, 1000 m V


Arco di Trento, Dolomitas di Brenta, "Pantarei", 180 m 6b+


Tercera Torre Sella, 2696 m, Grupo Sella,  Dolomitas, Cara Oeste "Vinatzer" 350 m, V+


Una vez más, de viaje a los Alpes. Una vez más, pero en esta ocasión de forma distinta: nada de paliza de conducción, nada de dormir tirado en áreas de descanso de la autopista con el oído atento al coche, no te vayan a robar… Esta vez en avión desde Santander a Bérgamo.

Dejar a Paula y a Javi en casa me ha costado bastante, es normal, desde que nació el niño no me había separado de ellos más de dos días.
El trayecto en coche a Santander es de charla animada y una vez llegamos al aeropuerto,  después de ajustar los pesos de las mochilas para no pasarnos con ninguna, embarcamos y en poco más de dos horas estamos en Italia. Son las doce de la noche: cogemos un taxi al hotel reservado, mañana recogeremos el coche de alquiler y esta combinación todavía nos sale más barato que recogerlo al llegar. Perfecto.
El hotel nos sorprende por el nivel para el precio que vamos a pagar: tiene hasta hidromasaje! Aunque Luque se lleva un chasco cuando después de llenar la bañera se da cuenta de que no funciona… Inaceptable!
El Lancia Epsilon no va ni cuesta abajo, pero así vemos mejor el paisaje del lago de Como. En Lecco, pueblo mítico de escaladores legendarios como Ricardo Cassin, paramos a comprar comida y gas, y seguimos hacia Suiza. 

El Piz Badile y el Piz Cengalo a la izquierda, con mucha nieve aún
Nuestro destino está en Val Bregaglia, un valle alpino precioso, con bosques densos y montañas afiladas. Entre ellas nuestro objetivo, el Piz Badile. Al llegar a Bondo, el último pueblo, por fin lo vemos, y se nos cae el alma a los pies: está totalmente blanco desde nuestra perspectiva. La vía pretendida, la Cassin, es totalmente roquera y de placa, con lo que directamente no se puede hacer. Después de pensarlo, nos decidimos a subir para verlo de cerca. Peaje para una pista entre pinos y luego porteo de hora y pico por un camino con un desnivel tremendo, en medio de un calor húmedo tropical.

Refugio SASC Fura
Después de una gran sudada llegamos al refugio Cabaña SASC Fura que está cerrado, pero la cabaña de invierno tiene de todo, cocina de leña, literas con colchones y mantas, platos, tazas… y nosotros porteando como burros.
Mucha más nieve de la esperada
Tiramos los trastos y salimos hacia arriba con las botas y el piolet para ver de cerca el espolón norte, Nordkante, que se eleva altivo hasta la cumbre: es una vía sencilla, pero una opción interesante en las condiciones alpinas en las que está, con campas de nieve a varias alturas, con rimaya de acceso, con cornisas en la arista hacia cumbre... Tendremos que llevar botas duras, crampones y piolet. La línea es muy llamativa y quedamos contentos con el nuevo objetivo, a pesar de haber rebajado el reto.
De vuelta en la cabaña,nos encontramos a dos puretas suizos con la misma idea para el día siguiente: ambos la han hecho varias veces, así como también la Cassin, de la que nos confirman que hemos venido con unas cinco o seis semanas de adelanto… La ignorancia es lo que tiene.
Nos acostamos temprano y en mitad de la noche llegan otros dos tíos que se acomodan como pueden en los bancos y en el suelo. A las cuatro nos levantamos, desayunamos y a las 4:40 salimos hacia el monte.

El vecino Piz Cengalo al amanecer, con su atrayente espolón norte

La hora y media larga de aproximación, de crampones en la parte final, nos colocan en el collado desde el que se entra al espolón y a la Cassin: podemos ver que la vira de entrada a esta última está delicada y expuesta a lo que va soltando la pared desde arriba.
Sacamos el material, nos encordamos e iniciamos la escalada en ensamble y con botas en los primeros cuatro o cinco largos, en los que sorprendentemente hay bastantes seguros. En un paso fino de placa me cambio de botas a gatos y nos montamos en el filo del espolón. Desde aquí vamos alternando la cabeza, empalmando largos y estirando las tiradas a 90, 100 o 120 metros. La roca tiene una calidad excelente, llevamos por encima a las otras dos cordadas que han escalado sin cuerda bastantes largos, y que siguen de botas, gente muy fina. Una vez más compruebo cómo los locales nos marcan la diferencia en los terrenos sencillos, los de botas, donde se nota la experiencia de vivir estas montañas todo el año.



La vía es interesante, moviéndonos a un lado y otro del filo, cuando estamos a la sombra el frío se nota, aunque son momentos breves. Estamos en el día más largo del año y el sol va muy alto, nos va dando casi todo el tiempo a pesar de la orientación 100% norte. En la Cassin, mucho más Noreste, por la mañana no hay ni una sombra.
Hacemos un flanqueo bajo un desplome hacia la sombra, donde pisamos nieve, desde aquí Pablo tira el único largo de V de la vía.
Tramos mixtos, buscando clavos no tapados, sobre roca mojada
Seguimos veloces hacia arriba, a veces montando algunas reuniones que están tapadas por la nieve, intentando evitarla con flanqueos y escalando otras veces sobre roca mojada de deshielo. Estamos disfrutando mucho la vía.


Alcanzamos y superamos la salida a la arista de la vía clásica de Cassin, y continuamos otros cuatro largos aproximadamente hasta la antecima; aquí decidimos dar la vuelta ante el mal aspecto de la nieve inestable que hace falta cruzar hacia la cumbre. Estamos literalmente al lado, pero está delicado. 

Hemos tardado cuatro horas para los mil metros de vía, son las once menos cuarto: comemos y bebemos algo e iniciamos lo que será una enorme secuencia de destrepes y rápeles de vuelta abajo. 


En la antecima
En los rápeles, algunos van perfectos, otros con leves atascos, y alguno con atasco serio de cuerdas, aunque nada que no se resuelva con algo de paciencia e imaginación. Algún rápel lo montamos sobre cintas en dientes de roca, al tapar la nieve las instalaciones fijas. 



Un error mío con una cuerda enganchada nos hace desviarnos del espolón por tres largos, nos buscamos la vida por la Noreste con instalaciones menos fiables. Una corta trepada posterior nos pone de vuelta en el espolón: no hemos perdido demasiado tiempo, porque los suizos están aún al lado.


Con algunos tramos de destrepe llegamos a la base de la vía a las cinco horas de empezar el descenso: nos ha llevado una hora más que la escalada. Son las cuatro de la tarde.
Aquí tendré que volver para hacer la clásica de Cassin, que se ve muy guapa, y la cumbre, que ha quedado pendiente.

Luque, que también vino, aunque no salga en las fotos
Como hemos decidido quedarnos a dormir aquí (para mañana dan mal tiempo), nos tomamos la tarde con calma, charlamos en el refugio con los suizos y con la otra cordada que llega más tarde, y que resultan ser dos aspirantes a guía austriacos haciendo méritos: no hemos ido mal pensando con quién nos comparábamos…
El miércoles amanece feo, conseguimos llegar al coche sin mojarnos, pero desde ahí, el resto de la jornada está lloviendo sin parar o muy nublado. Una pena porque estamos pasando por sitios muy guapos: San Moritz, el paso Bernina, o Madonna di Campiglio, donde apenas podemos entrever las enormes paredes y torres de los Dolomitas del grupo Brenta. Seguimos hacia Arco di Trento, una zona de escalada mítica de los 80, más lejos de la montaña y donde la meteo da mejor previsión. Arco es un sitio muy bueno para estos periodos entre ventanas de buen tiempo en el monte. Dentro de unas semanas se celebrará aquí el famoso master de escalada en el que participan gallos de la compe y la deportiva de nivel mundial.

Gente ordenada, escrupulosa  y preocupada por la imagen

Nos informamos de las opciones y nos vamos a un camping. En este valle estamos al pie de un mogollón de roca y paredes, con vías de todos los tamaños y estilos. Nos compramos una guía para aclararnos. Hay un montón de escaladores, pero también muchas familias con críos, gente con bicis a montón… sobre todo alemanes.


El jueves amanece muy nublado pero temprano nos vamos a trepar: salimos caminando desde el camping y en quince minutos estamos al pie de la vía elegida, “Concordia”, siete largos bien asegurados y bastante directos, para poder rapelar en caso de lluvia. Tal cual, cuando estoy llegando a la cuarta reunión me empieza a llover torrencialmente: rápeles y al suelo. Hace un calor tremendo y la roca seca rápido, así que esperamos un rato y volvemos a trepar otras cuatro vías, esta vez levantamos como máximo segundos largos, plaqueros y de mucha calidad, hasta 6c/6c+. 


La tormenta anunciada vuelve, esta vez mucho más intensa. Volvemos al camping y el resto de tarde, sin lluvia ya, nos la pasamos paseando por las calles y plazas del pueblo, entrando en las muchas tiendas de montaña, algunas exclusivas como la de La Sportiva, o una de Salewa.  Paseando por las calles y plazas, mientras intento robar conexión WiFi a algún incauto, voy pensando que por estas mismas sitios se habrán paseado Edlinger, Legrand o Moffat, o más recientemente Andrada o Sharma. No nos aburrimos.

Los montajes en el camping son espectaculares: autocaravanas con avances, mesas, parrillas, parabólicas. Por debajo de estos la categoría de las furgonetas, también con múltiples anexos, dispositivos, accesorios. Todos ellos con bicicletas, algunos con motos incluso. Luego están los que vienen en coche, pero con buenas tiendas chatet, con mesas para comer o jugar a las cartas... Por último estamos nosotros: todo está empapado de la última tormenta, no tenemos nada. Para cenar nos sentamos en el suelo sobre la bandeja del coche (esto fue idea de Luque, que está muy viajao), y miramos con tristeza nuestro hornillo con tortelinis, mientras nos llegan los olores de las barbacoas circundantes. Tenemos una cuchara para los dos, todo sea por la ligereza... La gente al pasar nos mira y nos sonríe, con una mezcla que yo interpreto como de educación, pena y de incredulidad ante lo precario de nuestra situación. Somos los parias del camping...
Cada día hablo con Paula y me cuenta cómo se las arregla para lidiar sola con el niño y el resto de cosas.

El plan para el viernes es escalar por la mañana y salir a medio día dirección a Dolomitas para escalar el sábado, que es cuando escampa el cielo. Así lo hacemos, madrugamos y a primera hora y con mucho calor escalamos la “Pantarei” en la pared de San Paolo: seis largos variados de hasta 6b+. Muy guapa. Hoy podemos acabarla sin mojarnos y volvemos al camping a por una ducha antes de coger el bólido.

Tres horas de carretera hacia el norte nos llevan hasta Bolzano y de allí a Wolkenstein, un sitio donde ya se te caen las pistolas al suelo con el paisaje de Dolomitas: enormes macizos de caliza con tapias impresionantes, rodeados de valles idílicos de prados y bosques, con instalaciones de esquí alucinantes, pueblos impecables… Esto es precioso.

El valle hacia Wolkenstein y Bolzano

Impresionante Sassolungo

La tapia por la que discurre la Miccelucci

La carretera es una pasada y riadas de motos fluyen continuamente arriba y abajo. Subimos al Passo Sella, donde tenemos localizada nuestra cumbre objetivo: la Tercera Torre Sella. La torre en concreto es muy guapa, tiene una buena pared y la ventaja de una aproximación ridícula de veinte minutos. Otros objetivos que hemos comentado, la Marmolada o el Lavaredo, tienen demasiada nieve para la primera experiencia de Dolomitas, y para los días disponibles (y dan miedo).
La vía elegida es una clásica de los años treinta (ojo al dato), la “Vinatzer” tiene unos 350 metros, máximo V+. El descenso tiene algo más de incertidumbre, con destrepes y rápeles, y esperemos que sin nieve porque aquí vamos de playeros.

La Tercera Torre en el centro de la imagen, la vía por el centro de la pared
Bajamos a dormir a Canazei no sin parar varias veces por el camino a admirar las tapias del Sassolungo, el resto del grupo Sella, la Miccelucci, el Cattinaccio, a lo lejos, muy nevada, la Marmolada… Esto es enorme. En el pueblo buscamos el camping, que se llama “La Marmolada” y salimos a pasear un rato mirando al cielo, confiando que no vuelvan las tormentas. Aún así nos caen algunas gotas sueltas. Los moteros lo tienen invadido todo, parece que regalasen las bemeuves de mil.
Sábado: seis de la mañana en pie, salimos del camping y conducimos hasta el collado mirando el termómetro: cuando cogemos las mochilas marca 1ºC. En la misma carretera hay otras dos cordadas cogiendo los trastos, salimos delante para ganar la posición. A medio camino de las torres nos cruzamos a dos fulanos que vienen de vuelta, se retiran por el frío… Luque y yo nos miramos desde debajo de la capucha y con los guantes puestos. Seguimos hacia el pie de vía.
Cruzar de playeros el empinado nevero de la base exige atención; está helado y la rampa de doscientos metros no apetece patinarla a esta hora. En la terraza encontramos un clavo y empezamos a mirar los 3 croquis que traemos sin encontrar similitudes entre lo que vemos en la roca y en el papel. Esperamos a los italianos que llegan, y que conocen la vía, les dejamos ir delante. Van muy lentos, pero los tenemos de referencia todo el rato.

En una reunión con Luccio, treinta y pico años escalando en Dolomitas
La vía va pasando por las zonas lógicas de una apertura de la época, diedros, fisuras. Es bastante aérea pero fácil en general y se asegura muy bien. Hay clavos de cuando en cuando, que parece ser lo único que chapan los italianos; nosotros metemos cosas por el medio. La roca es una caliza muy vieja y gastada, con aspecto desagradable y fracturado en muchos sitios, sin embargo en realidad es muy sólida. 
Algún resalte y desplome y otras tiradas más nos dejan en la vira intermedia por la que va el descenso.
En frente, en la segunda torre, observamos a varias cordadas progresar por vías como el Spígolo Demetz o la Messner, y alguna más: es un espectáculo verlos escalar.

Hace frío y llevamos puesta toda la ropa: aquí en la vira tenemos que esperar una hora hasta que los italianos resuelven el largo clave: una fisura de unos doce metros que termina contra un techito y sigue luego otra vez por fisura-diedro. Es V+, nada del otro mundo, pero estos bufan bastante: para cuando me toca a mí, estoy frío, pero en cuanto arranco lo veo fácil. Se asegura muy bien y tiene canto. Salgo tranquilo a la reunión, que aún tiene mucho tráfico. 





De ahí para arriba, otros cuatro largos de III y IV nos dejan en la cumbre. En el medio de esos cuatro largos, estando en una reunión asegurando a Luque, cojo el mosquetón de la cámara como tantas veces para tirar una foto y se me sale la cámara: vuela por muchos metros antes de pegar una, dos y tres veces, y vuela más hasta llegar al nevero de la base. Me cago en todo: todas las fotos de la semana (y algunas eran muy buenas) se han ido al garete. Aún así intentaremos buscarla para ver si la tarjeta de memoria no se ha roto…




Llegamos a la cumbre a las seis horas de empezar, mucho tiempo para 350 metros relativamente fáciles, pero el frío y el atasco de cordadas han hecho su parte. Hemos disfrutado mucho de nuestra primera vía de Dolomitas, desde luego un destino para repetir.



Sigue haciendo frío, así que iniciamos el descenso con un rápel a la vertiente contraria. Desde ahí, destrepes muy aéreos aunque fáciles nos van llevando a tornillo alrededor de la torre. Alcanzamos la vira sin rastro de los italianos por detrás y continuamos bajando. Cruzamos a dos ingleses que inician la retirada a media vía, han entrado muy tarde, pero también los dejamos atrás en cuanto cogemos los rápeles de la canal con la segunda torre. En cuatro rápeles estamos en el nevero de la base. Recogemos los trastos y gastamos una hora buscando la cámara: la encuentra finalmente Luque en la nieve, está reventada como era de esperar, y está casi todo menos la tarjeta de memoria. Una pena.



Cogemos el coche y nos despedimos de Dolomitas camino de vuelta a Arco: preferimos tirar unas horas de viaje para acercarnos a Bérgamo y evitar sorpresas el último día. 


Llegamos al camping a última hora de la tarde, nos registramos, montamos nuestro ínfimo campamento (se ve muy cutre al lado de los montajes de autocaravanas, californias, tiendas-chalet que dominan la zona), nos damos una ducha y de aquí nos vamos a cenar. La pizzería la Linterna está bajo las paredes, en la terraza disfrutamos de una pizza y un par de cervezas, el único lujo de la semana desde que dejamos el hotel de la primera noche, y es que Luque es un espartano de la leche.
El domingo por la mañana después de desmontar el chiringuito, les damos a la pareja alemana que tenemos acampados delante, y que también tienen un despliegue discreto, el cartucho de camping gas que nos va a sobrar y no podremos meter en el avión. Después de que se vayan hacia la piscina también les damos los dos paquetes de tortelini que nos van a sobrar (Luque tiene una obsesión con los tortelini y ha comprado paquetes como para parar un tren, pero cada uno tenemos lo nuestro...).
El viaje a orillas del lago di Garda es una pasada: yates, tablas de windsurf, pueblos con estilo, italianos conduciendo a su manera... Más tarde paseamos por el centro de Bérgamo, muy guapo. Nos comemos un bocata de tirados en un parquecillo, mientras nos preguntamos si tendremos un aspecto muy marginal para los locales…
Entrega de coche, facturación al límite del peso y embarque de nuevo consiguiendo las plazas de puerta de emergencia de mitad del avión (con alguna truñida por Luque que es grande). El vuelo sin problemas, Santander y coche de vuelta a casa en mitad de unos calores tremendos, atascos hasta Torrelavega, ha sido día de playa para los castellanos.
A las once de la noche en casa.
Un viaje perfecto (a excepción de la cámara), he disfrutado mucho tanto los destinos, como los estilos y la compañía: hemos escalado cuatro días de los seis posibles, a pesar de haber llovido tres de ellos.
La vuelta a casa y el reencuentro con la familia mejores aún, si es posible.