LA MONTAÑA COMO PASIÓN, COMO ESCENARIO INFINITO SOBRE EL QUE DISFRUTAR INTENSAMENTE DE LA VIDA,
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jueves, 20 de junio de 2024

Frescor primaveral

Domingo 9 junio 2024. Rubén Díaz. Peñas del Prado. Noches de escuela (210 m, 6a+) + Venus (180 m, V+).
En Gijón a las 8 de la mañana lloviendo. La nube baja a ras de suelo. Llevamos las botas además del material de escalar por si finalmente la lluvia nos obliga. Todo el camino hasta el Huerna con los limpias trabajando... Cuando salimos del Negrón a la provincia de León no llueve, pero el cielo sigue muy cerrado. Decidimos tirar hasta la collada Aralla y ver allí si hay opción. El termómetro muy bajo para la época. Al llegar al apartadero para el coche somos los únicos (es temprano). Las paredes se ven a ratos con la niebla que entra y sale. Se intuyen zonas mojadas. Vamos a acercarnos a ver si nos deja escalar algo.
La aproximación está muy guapa con los amarillos chillones de la flor de los arbustos. Y refrescante también con la mojadura que vamos cogiendo con todo el agua de la hierba que nos va pasando a pantalones y zapatos...
Alcanzada la base de la pared decidimos acercarnos al pie de vía de Noches de Escuela y Venus como opciones menos intimidantes y mojadas. El segundo largo de la primera tiene una zona de paso totalmente chorreado. Miramos entonces Venus, pero las opciones del primer largo a derecha e izquierda también están mojadas y no estamos para meternos al central de 6b+ de adherencia en frío. Después de debatir volvemos a decantarnos por la Noches. Esta la conocemos bien los dos y dadas las circunstancias nos parece la mejor opción. Hace frío. Tenemos puesto el primaloft con la capucha calada. Rubén se pertrecha para escalar con la chupa encima. Yo aseguro con los guantes puestos... Arrancamos a escalar a las 10 y media.
El primer largo bien, aunque yo de segundo me veo torpe en las adherencias. Llego al relevo y veo al colega asegurando con guantes... El tramo mojado del segundo largo lo libro bien, mejor de lo esperado.
El cielo sigue cerrado y la niebla nos envuelve a ratos. A ratos no vemos ni la salida por arriba ni el pie de vía, pero seguimos poco a poco y disfrutando.
Tercer, cuarto y quinto largo pasan fluidos y de repente estamos arriba. Hemo salido por el último largo de Venus.
Dos horas. Iniciamos maniobras de rápel hacia el pie de vía oculto en la niebla.
El tercer rapel se nos atasca al recuperar cuerdas; se ha formado un nudo de fuga sobre la cabeza de un clavo universal. Si intensas hacer esto a propósito imagino que las probabilidades son uno contra un millón... Rubén sube a recuperarla (está cerca) y destrepa luego con cariño. Tocamos suelo, comemos un bocado y echamos un trago, todo esto con las chaquetas puestas. Nos decidimos a probar ahora en la Venus. A la una y media empiezo a escalar; me toca a mí delante y me decanto por la variante de la derecha en la que se ve menos vegetación en las fisuras (estará empapada). Tras unas dudas al terminar las fisuras, consigo salir bien a la reunión. El día ha mejorado algo, pero la nube sigue entrando y saliendo y escalamos con las chupas puestas.
El siguiente largo para Rubén tiene tramos buenos de navegación, obligados, en esa escalada típica de León sobre lomos y adherencias. En algún punto te estás jugando un buen cerillazo si te vas...
El tercero es más llevadero pero realmente estético.
Luego Rubén ya está en el común con Noches de Escuela.
Me toca el último largo a mí. Todo bien.
Contentos. Son las tres y media. Esta también nos ha llevado dos horas. Iniciamos maniobras de rápel.
En este caso llegamos al suelo sin problemas. A las cuatro estamos sentados comiéndonos un bocata en el pie de vía. Se comenta brevemente escalar algo más, pero triunfa la opción cerveza.
Hemos esdado solos todo el día, cosa rara aquí. Diez largos de escalada, ocho rápeles. Buena coordinación.
Ha sido un día estupendo de escalada en un ambiente precioso.

martes, 27 de diciembre de 2022

Mañanas roqueras leonesas

Peñas del Prado 5 noviembre 2022, "La Negra" (200 m, 6c+/A0), Rubenín
Repetimos destino mañanero. Hoy el día está claro y con el avance del otoño hace que refresque, y el termómetro llega a marcar dos grados bajo cero subiendo hacia la collada Aralla. Sabemos que al sol la cosa cambiará, además entre que subimos a las paredes habrá calentado seguro.
Al aparcar solo hay una furgoneta. Salimos caminando por las praderas, buscando el paso entre los varios cierres de alambre. Venimos con idea de repetir una vía que yo hice hace unas temporadas con Mon, y que le tengo buen recuerdo: “La cuenta atrás”. La cosa es que conforme nos vamos acercando al pie de vía nos da la sensación de que hay dos tíos justo donde empieza…
Paramos, miramos, dudamos, pero sí, parece que están justo en la zona donde entra la que queremos hacer. Manda huevos. Nadie más en toda la tapia, mira que hay vías aquí, no sé, treinta? Cuarenta? Y tiene que coincidir la única cordada con la vía de nuestro objetivo! Nada, vamos pensando alternativas. Rubén ha tachado ya unas cuantas por aquí, pero coindide que la clásica “La Negra” la tiene pendiente. Pues para allá que nos vamos.
Dejamos todo en el pie de vía y sale Rubén a por la primera tirada, fácil y de roca un poco regulera. Después el segundo lo vuelvo a mandar delante: ya que viene a vista, que distrute. Arranca por la izquierda, donde un escayo maldito pincha cantidad, y se nos agarra a las manos, a las mangas de la chaqueta, hasta a las cuerdas!
El resto del largo es muy guapo, con una roca estupenda. Se estira hasta acercarse a la base de un pilar tieso por donde pasa el largo duro de la vía. Según los croquis le dan 6c+. Yo ya lo hice hace tiempo, acerando. Empieza vertical con canto, para luego convertirse en unos pasos bloqueros e intensos. Tiene cantidad de clavos y de spits. Acerando no tiene misterio. Hago los primeros metros, guapos, y cuando se pone apretón, agarro y salgo rápido hacia la salida a la izquierda. Desde aquí se continúa por una fisura ancha, buena. Todavía se escalan unos cuantos metros divertidos que te hacen olvidar los aceros…
El cuarto largo es sencillo pero guapo, por lomos, por adherencias, alguna pequeña panza. Muy variado.
El quinto y último tiene otro paso curioso: es una panza en la que te tienes que levantar bien de pies para coger unos cantos salvadores y desde ahí ya afloja para terminar.
Un único rápel hacia la izquierda nos posa en terrazas de caminar. Desde aquí a la base es rápido, y de la base al coche igual.
La cordada de la mañana que nos hizo cambiar de planes, están haciendo otra vía después de “la cuenta atrás”, aprovechando bien la jornada. No hay nadie más: es tan sorprendente tener este paraíso de vías largas, a apenas veinte minutos del coche, a apenas una hora de casa, y que la gente no venga. No lo entendemos. A la vez pensamos, mejor para nosotros. Otra agradable salida mañanera.

domingo, 4 de diciembre de 2022

Merinas cantábricas

Lago de Luna (250 m, IV+), 1 octubre 2022, Rubén Díaz
No venimos con ningún objetivo concreto, únicamente pasar la mañana rodando un poco. No hay nadie en el aparcamiento cuando llegamos. Salimos prados arriba charlando sin prisa. Acercándonos a las paredes decidimos ir hacia la collada. “Lago de Luna” es una vía de las más fáciles de la zona, bastante larga, con un recorrido variado y algunos tramos realmente estéticos. Ambos la hemos hecho antes, pero nos parece buena opción para hoy. Nos ponemos la chaqueta, está fresco.
Sale Rubén delante al primer largo. Resuelve rápido. Cuando voy yo de segundo llego a un friend abandonado profundo en una fisura. Me peleo un rato pero desisto sin éxito. En la terraza de la reunión cojo los trastos y salgo a por el segundo.
Este comienza en placa, con algún separado, luego se interna en un diedro con fisura al fondo, y levanta unos cuantos metros por él, teniendo que mirar dónde pones los pies por momentos. Es un largo estupendo.
Ahora le toca a Rubén el tercero. Este es más feo, se trata de una travesía a la derecha, por tramos casi de caminar y descendente, que le quita continuidad a la escalada, pero que nos coloca en la vertical de la segunda parte de la vía.
El cuarto largo empieza por unos muros con formas, fáciles. Luego toma un espolón con pasos aéreos muy chulos. Se deja asegurar bien y de cuando en cuando aparece algún seguro fijo.
Vienes a un sitio en el que ya has estado muchas veces, a escalar una vía que ya has repetido también, y con un compañero habitual, pero el caso es que siempre hay cosas nuevas y sorprendentes. Por debajo de nosotros nos viene acompañando desde hace un buen rato un ruido poco habitual: un enorme rebaño de ovejas merinas se vienen trasladando desde el Oeste. Estas, blancas y marrones, alguna negra, por cientos, con sus varios mastines correspondientes ladrando de cuando en cuando, e imaginamos que con algún pastor (humano me refiero) aunque no acierto a divisarlo, se acercan al collado al pie de las paredes para luego seguir moviéndose poco a poco, como un ente único que fluye. De hecho, si abstraes la vista, talmente parecen un fluido que se va moviendo por las laderas. Rubén tira el siguiente largo, penúltimo. Se mantiene la tónica, el estilo, ambiente y calidad.
La última tirada es para mí, esta es más corta que las anteriores. Cuando el ángulo cede busco un punto cómodo, monto reunión y aseguro a Rubén. Hemos tardado unas dos horas en la vía.
Recogemos las cuerdas para acercarnos caminando a los rápeles, a unos ochenta metros al Este, en una ubicación mejor.
Tendemos las cuerdas: es un rápel este muy aéreo, desplomado por momentos. Salgo yo delante con un prusick de seguridad. El muro es realmente imponente. Quizá en parte también porque venimos de una vía fácil y tumbadita. Apurados los sesenta metros aterrizamos ya en terrazas desde las que sales andando para abajo, con algún destrepe fácil.
Al cabo de un rato recogiendo las cosas que dejamos al pie de vía. Hay ahora una cordada en nuestra vía, empezando. Nadie más.
Al cabo de otro rato estamos en el coche ya para tirar a casa, donde llegamos para comer con la familia. Un lujo las Peñas del Prado.