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martes, 18 de agosto de 2026

Cassin a la Norte del Piz Badile

28 Julio 2026

Rubén Díaz, Antonio Suárez-Ramón

Piz Badile (3.308 m), Vía Cassin, NE (800 m, 6a)

 


Algunas escaladas son más importantes que otras.

 

Las 6 caras Norte clásicas de los Alpes: el Eiger por la ruta Heckmairel Cervino por la de los hermanos Schmidtlas Grandes Jorasses por la Walkerel Dru por la Allainla Cima grande de Lavaredo por la Comici y el Piz Badile por la Cassin. Estas vías son para mí un objetivo desde siempre. Algunos de sus croquis los he mirado tanto que ya casi me los sé de memoria. Con el paso de los años voy viéndolo menos factible, pero aun así me siguen atrayendo. Uno que tiene alma de clásico admira a estos escaladores que hace tantos años dejaron el listón tan alto con líneas tan buenas como estas en montañas tan bonitas. 

Los años pasan y la Walker ya ha quedado bien lejos, la Norte del Eiger intentada también. Este año queríamos probar suerte con una de las pequeñas o fáciles de las seis, el Piz Badile: hace ya unos cuantos años que vine a intentarla con Luque, pero aquella vez era demasiado temprano en la temporada, había demasiada nieve en la pared, y “nos conformamos” con el Nordkante, o Spígolo Norte, o espolón norte: una fantástica vía, fácil de grado, pero con un ambiente sensacional en su conjunto.

 

Leo en la Wikipedia el resumen de la vida de Ricardo Cassin y simplemente me aplana: el Fortísimo (2 de enero de 1909 - 6 de agosto de 2009) fue un montañero y empresario italiano, del que destacan sobre todo sus pioneras ascensiones en los Alpes en los años 30, y en los Himalayas en los 50 y 60; aunque escaló por todo el mundo. También fundó su propia empresa de material de montaña.

Nació en la región de Friuli, pero la muerte de su padre cuando era un adolescente hizo que se trasladara a Lecco en 1926 y comenzara a compaginar trabajo con estudios nocturnos. En Lecco también comenzó su afición a las montañas, primero las cercanas a su ciudad con el grupo conocido como "Ragni di Lecco pero pronto comenzó a abrir difíciles vías en los Alpes, como la primera ascensión en 1934 a la Picolíssima de las Tre Cime di Lavaredo, la apertura de la cara noreste del Piz Badile en 1937, o la primera ascensión de la cara norte de los Grandes Jorasses (macizo de Mont Blanc) en 1938.LSegunda Guerra Mundial paró su actividad alpinista y luchó contra los nazis como partisano.

Tras la guerra, en 1954, iba a figurar en la expedición italiana que finalmente subió por primera vez el K2, pero fue apartado por Ardito Desio, el líder de la expedición, según Cassin porque Desio se sentía amenazado por él.

En 1958 dirigió la expedición al Gasherbrum IV en la que Walter Bonatti y Carlo Mauri coronaron la cima por primera vez. En 1961 culminó una de sus ascensiones más conocidas, la del Denali por la cara sur, una vía muy técnica que recibió su nombre (Cassin). En 1975 fue el jefe de expedición en el intento frustrado de ascensión al Lhotse. Siguió escalando hasta los 80 años.

Fue nombrado en 1980 como Gran Oficial de la Orden al Mérito de la República Italiana, y en 1999 como Caballero de Gran Cruz de la misma Orden.

 



Creo que estamos perfectamente a la altura de esta vía. Pero con todo…

 

Llegamos el viernes pasadoLa previsión de la meteo para la semana nos marcaba el martes como mejor día: tras las lluvias del domingo y dejar el lunes reservado para secar la pared. El pasado sábado hicimos una escalada de calentamiento en Aosta y ya estamos descansadosDesde el idílico pueblo de Bondo subimos a primera hora de la tarde hasta el aparcamiento más altoya no es el de Laret, donde estuvimos Pablo y yo en 2011, sino uno un poco más abajo.  El motivo de este cambio es el enorme y terrible deslizamiento de tierras que sucedió en el Piz Céngalo hace unos años: ocurrió el 23 de agosto de 2017. Cerca de 4 millones de metros cúbicos de roca y lodo cayeron sobre el valle de Bondasca, afectando al pueblo de Bondo y dejando ocho desaparecidos debido al colapso de la cara noreste de la montaña. Este evento obligó a cambiar los accesos a los refugios SASc Fura y a Sciora.





Salimos para arriba después de comer, con calor intenso. Tras cruzar el río por un bonito puente colgante, remontamos por terreno boscoso muy empinado, tal y como lo recordaba. En unas dos horas, con calma aunque con esfuerzo, llegamos a la soleada terraza del refugio, con unas vistas espectaculares.



Pasamos el resto de la tarde charlando con un guía español, Jorge Valle, con su cliente que es de Leónasí como con la pareja de italianos que conocimos en el parking, Ricardo y Ania, que viven en Arco. Nos dedicamos a especular entre nosotros sobre cuánta de esta gente que nos rodea y que no paran de llegar irán al día siguiente a la Norte, la Cassin, y cuánto atasco nos tocará. Es normal, esta escalada famosa atrae a mucha gente como nosotros. También especulamos sobre qué bajada hacer, si hacia Italia, al sur, como todo el mundo recomienda, o rapelar de vuelta a Suiza por el espolón norte, como ya hice con Luque en 2011 (él repitió mismo con Villa y Chus años después tras escalar la misma vía Cassin).

La cena es a las 18:30 h, luego echamos algo más de tiempo rematando las mochilas, y a eso de las nueve ya estamos tirados en las colchonetas para intentar dormir algo hasta las tres y veintecuando pitarán nuestras alarmas… Desayuno a esas horas intempestivas, mochila a la espalda y a remontar cuestas intensas a la luz de la frontal.

Sin prisa vamos subiendo, con bastantes frontales tanto por encima como por debajo. Cuando alcanzamos el hombro (2.590 m) que da paso a la vira que lleva hasta el pie de vía son las cinco y media, y ya hay al menos tres cordadas metidas en la pared, alguna ya en un tercer largo o así… Nos ponemosrápidamente el arnés y nos tiramos vira abajo: acabamos de adelantar a tres chicos ingleses con mucha pachorra: mejor aquí que ya en la vía. Al poco de iniciar destrepes monto un rápel en un tramo más aéreo, aquí Toni vuelve hasta el hombro a buscar los pies de gato que se dejó olvidados con las prisas..Apenas queda nieve en la terraza típica. Luego seguimos juntos desatados durante bastantes metros hasta el pie de vía. Al llegar allí, tras identificarlo por el bloque con cintajos que marcan los croquis, no tenemos a nadie a la vista por encima: ya han levantado al menos tres largos. Mucho mejor. 



Son las seis en punto de la mañana cuando Rubén empieza la vía escalando animado el llamativo diedro Rebuffat¡ojo al lujo! V de escalada técnica, de pisar y asegurar bien. Hay buena luz ya y el amanecer nos regala unas vistas preciosas.

Hacemos grupos de varios largos para ahorrar maniobras. No ensamblamos por ahora. Rubén tira los primeros tres largos (cuatro según algún croquis). 



Venimos con varias reseñas que vamos comparando para conseguir el máximo de información: no hay mucha pérdida,pero sí algo de confusión sobre número total de largos y dónde hacer las reuniones. Además, no tenemos referencias de la gente por encima que ya están lejos. Procuramos estirar metros en lo posible.

Enuestro cuarto largo llega el primer 5c+ de la vía, me pongo delante yo; diedro bonito, clavado. Encima de este punto hicieron su primer vivac Cassin y compañía durante la apertura. 



Sigo delante otros dos largos del estilo, estirando las cuerdas casi completas, más de navegación en algún caso. No tenemos a nadie a la vista y eso nos hace tener que pensar más, pero a la vez, disfrutar más de la vía para nosotros. La roca es muy buena, con algo de hierba en algún punto. Vamos al sol a pesar de ser Norte (más bien Noreste).

En este punto la pared cede en ángulo y aquí Toni pasa a tomarla cabeza de cuerda para llevarnos hasta el antiguo nevero central (ahora ya no hay nieve ni nada parecido). Unos treslargos por encima de nosotros se levanta la segunda parte de la vía y de la pared, bastante vertical: vemos los puntitos de las cordadas superiores ya lejos. Estamos charlando tranquilamente en este relevo, haciendo el cambio de cuerdas, cuando de repente un silbido tremendo nos pasa justo al lado: una piedra de tamaño considerable que se estrella unos metros por debajo después de habernos pasado rozando a escasos centímetros… estamos en mal sitio: nos apresuramos para salir de aquí lo antes posible. Uno se da cuenta de cómo la mera suerte nos ha dejado indemnes y cómo uno de nosotros podría haberse quedado aquí seco, cambiando esta escalada tan placentera por una auténtica tragedia, en un solo segundo… Da que pensar. 



Tira Toni empalmando y con algo de ensamble por nuestra parte lo que algunos croquis marcan como tres largos (67 y 8).Seguimos hasta ese punto donde la pared vuelve a ponerse tiesa, aquí retomo yo el primero de cordada. Por detrás tenemos compañía cercana y que nos vendrá acompañando ya todo el resto de la vía: los dos jovenzuelos escoceses, Duncan y su hermano que vienen como motos, y también Ricado y Ania, los italianos, estos algo menos cerca. Más abajo se ven máscordadas: calculo que finalmente seremos unas diez en total, de las cuáles creo que nosotros somos la cuarta. A nuestra derecha en el espolón norte oímos a la gente evolucionar. A nuestra izquierda también hay una cordada, en lo que parece una vía bastante más seria.

Me pongo de nuevo delante ahora a por el largo nueve: 6a y bien atlético. Tiene varios clavos, pero a asegurar también entre ellos con Friends: muy bueno. Son unos treinta metros verticaleshasta el punto de salirse a la derecha: aquí dudo y me cuelgo para confirmar que estoy en el sitio correcto:  hay otro clavo más arriba hasta el que ya había subido y destrepado; no tiene sentido seguir por ahí. Hasta este punto hay que apretar bien. La continuación ya es más fácil, aunque vas con dudas hasta que te pegas de morros con la reunión de dos chapas, que no se ve hasta el último metro. Cincuenta metros.





El siguiente largo
 que me tocael diezes más fácil pero realmente bonito. Buena roca, algún clavo y buenas posibilidades de asegurar. 5b marca.


El largo once vuelve a marcar 6atambién para mí: este comienza primero en un diedro abierto, para luego superar un techito hacia la izquierda y continuar bastantes metros por terreno mantenido que va aflojando al finalRealmente muy guapo. Está bastante clavado. Hay gente que dice que este es el más difícil de la vía. A mí me pareció más duro y obligado sin duda el número nueve.

Por encima ya vemos más cercanas las chimeneas de salida: se ven largas e intimidantes (son tres largos completos). Son casi las once de la mañana, llevamos unas cinco horas en la vía cuando le paso las cuerdas a Rubén que vuelve lideraranimado: un primer largonuestro doce de unos cincuenta metros de terreno variado. Aquí se supera la terraza en la que Cassin hizo su segundo vivac durante la primera ascensión. Después de este tira otro, nuestro trece, que es en realidad dos de los originales y va todavía por terreno abierto: IV+/V de navegar con tendencia a la derecha y con algunos pocos clavos distanciados lo llevan a la base de la primera tirada de chimenea.Toni y yo tenemos que salir en ensamble unos metros para que alcance la reunión: son unos setenta metros y realmente es un buen largo.



Una vez juntos, Rubén arranca ahora a por la primera tirada de chimenea (largo catorce), 5b indica: lo escala con gran estilo y determinación, lo vemos estirar muchos metros en intimidante escalada exterior: ¡el fondo de chimenea quizá cuatro metros más dentro que por donde él va! Las cuerdas caen verticales a plomo por muchos metros.




Le damos nuestros cumplidos cuando llegamos junto a él a la reunión, y le volvemos a animar a seguir tirando delante, 
¡que lo hace muy bien! Resuelve esta segunda tirada de chimeneas apurando las cuerdas de manera más cómoda, quizá esta es algo más fácil, hasta que en los metros finales se enfrenta a lo que algunos croquis marcan como A0. Lo hace perfecto.





Estamos entrando ya en el tramo final de vía y ahora Toni vuelve a ponerse delante para los tres largos finales hasta salir al espolón norte. Son terreno más abierto, con algún diedro y muro vertical, los resuelve cómodo. Escalamos los tres disfrutando el momento. 




Al llegar a la arista miramos la hora: las dos y cuarto: 8 horas y cuarto para la vía. Dieciocho largos repartidos entre los tresBien.

Enlazamos con el espolón norte y mandamos a Toni continuar delante por este tramo aéreo pero sencillo. Hacemos otros dos largos a tope de cuerda hasta que decidimos poner los zapatos y atarnos en corto para ir ensamblados en cuerda corta.




Llegamos a cumbre muy contentos. Son las cuatro menos diez. Algo menos de diez horas desde el pie de vía. Comemos, bebemos y nos sacamos las fotos de rigor.



La vía es realmente bonita, buena roca, equipamiento suficiente, no hemos tenido contratiempos y lo hemos pasado fenomenalRealmente admirable la audacia del recorrido de Cassin y sus compañeros hace ya noventa años… Totalmente recomendable.

Las dudas sobre el descenso hace rato ya que las hemos disipado: bajaremos hacia Italia y ya veremos cómo volvemos hasta el coche en Suiza.

El descenso de esta montaña tiene varias líneas, pero todas ellas requieren destrepar y algún rápel. Nosotros no hemos cogido la ruta normal (por error), pero bajamos bien. Los rápeles finales hasta tocar lo que antaño era nevero o glaciar son más largos, pero sin problemas




Unas preciosas cabras montesas se pasean imponentes por donde vamos caminando. 

Son casi las siete cuando llegamos al refugio Giannetti, dondenos tomamos una cerveza de celebración después de reservar un taxi que nos recoja en el pueblo dentro de dos horas y media.






La bajada hasta Val Massino se hace bien larga (tenemos que perder algo más de dos mil metros desde la cumbre), por un paisaje de montaña espectacular, rodeados de cumbres y valles que invitan a volver por aquí. La parte final, ya metidos en bosque y con la luz declinando. Vamos separados bastantes metros, cada uno a lo suyo con sus cansancios y pensamientos.

Llegamos al parking a las nueve y media pasadas (1horas y media en movimiento).

 

Empezar el día de madrugada, medio dormidos a la luz de la frontal, y terminarlo tropezando con las piedras y raíces del camino, otra vez con la frontal puesta, y con una rosca considerable encima. Una premisa típica en cualquier buena actividad en los Alpes.

 

La taxista nos pide 300 euros por llevarnos de vuelta a Bondo. Nos parece una exageración y nos negamos. No quiere negociar así que la despedimos. Por supuesto antes hemos hablado con un guía italiano que ha venido bajando con nosotros y que amablemente accede a llevar a Toni en su coche hasta Bondo a buscar el nuestro… Toni pasó algo de miedo con este tipo al volante en modo rally…

Mientras tanto, en medio de la oscuridad, Rubén y yo a ratos charlamos, a ratos paseamos y a ratos nos dormimos esperando el regreso de Toni. En esta espera también agotamos el agua y nos comemos lo que nos queda en la mochila: unas pocas galletas digestive acompañadas de sardinas en tomate, de la lata de emergencia de vivac. ¡Nos saben a gloria!



Cuando ya de madrugada llega Toni después de otro buen rato al volante, montamos la tienda entre los enormes árboles y nos derrumbamos los tres a dormir. Nos levantamos al amanecer, con sueño, a desmontar para evitar una más que posible multa.

 

Esa mañana nos pegamos una necesaria y satisfactoria ducha en el camping de Borgonolo, regentado por Guido y su familia: grandísimo escalador como nos cuenta su mujer mientras él, discreto, observa… Al día siguiente otra escalada en Albigna, esta más tranquila y corta, para cerrar una buena semana por los Alpes.



La Cassin al BadileEstupenda escalada clásica y gran jornada de montaña disfrutada con mis amigos Rubén y Toni. Sin duda quedará para siempre en nuestro recuerdo.

 

Despertador 3:20 h

Salida SASc Fura 4:00 h

Hombro norte 5:25 h

Inicio Escalada 6:00 h

Fin vía 14:15 h (8 h 15 min)

Cumbre 15:50 h (9 h 50 min)

Refugio Gianetti 18:45 h

Val Masino 21:30 h (15.5 h)

 

viernes, 21 de marzo de 2025

Las orejas del Lobo

Sábado 1 marzo 2025
Con Rubén
Peña Santa de Castilla (2.596 m), canal Estrecha.



Vaya día de curtir estamos teniendo. Salimos a las seis de la mañana de Vegarredonda con el cielo muy cerrado, a ratos nevando fuerte. A la luz de la frontal siguiendo huella de días previos hemos pasado el collado de la Fragua sin darnos cuenta. Con la luz del día las nubes abren un poco y aparece la alpina Torre de Santa María con nuestro objetivo del día, la Pili Cristina, pero no lo vemos claro para una escalada tan técnica (incluso con buen tiempo sería un reto serio para nosotros) y con este cielo de nubes entrando y saliendo, copos cayendo por ratos, la temperatura friísima y viento intenso del NE. El resto de vías de la misma torre aparecen en buenas condiciones, pero Rubén ha estado hace unas semanas por aquí y nos apetece otra cumbre.





Decidimos seguir hacia el Jou Santu a ver la Peña Santa. La vista de la Norte tampoco nos convence. Apenas la vemos por momentos; si bien las líneas principales parecen formadas, pero está super expuesta a un viento continuo y muy intenso por momentos. Las nubes circulan veloces de izquierda a derecha barriéndola. 



Nos queda como última opción ir hacia la Canal Estrecha o la Escalonada, más recogidas en estas condiciones. Con esfuerzo llegamos al pie: nieve profunda y pesada. 



Hacemos la canal en las mismas condiciones de nieve pesada pero con buenos resaltes de hielo. Hay coladas continuas de nieve polvo sobre nosotros, viento, ambiente duro, alpino. 





Llegamos a la Brecha Norte hacia las 12 menos cuarto. En ese momento el día nos da una tregua, nos da el sol y se calma algo el viento; justo lo que necesitamos para en lugar de dar vuelta para abajo, decidir continuar a por la cumbre...



La travesía de las llambrias tiene tramos bien expuestos, la nieve no es la mejor, pero llegamos bien. 





A la una y veinticinco estamos en el vértice geodésico. Mucho frío. Mucho viento. Nubes que nos envuelven por momentos, vistas parciales a las erizadas cumbres del Cornión. No podemos ni comer. El agua de las botellas prácticamente congelada. Somos conscientes de nuestra posición de total aislamiento, a la vez estamos muy contentos. 







Tras unos metros de arista nos tiramos en rápel hasta las travesías, volvemos a montar reuniones, a deshacer nuestros pasos por las llambrias expuestas.





Llego yo al rapel que nos enfocaría a la Brecha Norte y a la Estrecha, terreno ya pisado hoy. Pero cuando llega Rubén al collado encima de mí me comenta la opción de la canal Ancha; lo vemos más corto y rápido y decidimos bajar por ella. Todo va bien, bajamos con 2 rápeles a tope de cuerda separados por un largo destrepe intermedio.





Ya estamos “en el suelo”, todo correcto, recuperamos las cuerdas y las guardamos en la mochila. Son las tres y media de la tarde. Estupendo. Ahora solo queda “andar” las dos horas hasta Vegarredonda, allí recoger los sacos y en otra hora más aproximadamente, coche y para casa. Todo ha salido estupendamente. Una escalada en un ambiente tremendo y condiciones duras, estamos muy contentos.

En estas estamos de charleta animada buscando la mejor bajada para llegar a nuestra propia huella de esta mañana, apenas cien metros por debajo.

Vamos caminando, Rubén delante de mí unos ocho o diez metros, asomando a las canales y tubos comentando para ver la mejor opción.

De repente todo cambió.

Todo el suelo se pone en movimiento. Como a cámara lenta, Rubén que iba muy cerca del borde, se ve envuelto en una masa de bloques de nieve que lo tumban, lo giran, da unas leves voces, y sale volteado resalte abajo…Yo estoy apenas a diez metros, pero a mí no me afecta: mi suelo sigue quieto. Primer pensamiento: se va a hacer daño.

Unos pocos segundos y se para la nieve. Con el corazón acelerado busco ángulo y me asomo: lo veo, está bastantes metros por debajo, sentado con nieve hasta la cintura, pero está braceando como si estuviera apartándola de alrededor. Le doy una voz. Me responde, pero en medio del viento reinante no le entiendo. Parece que no está mal, pero estamos aún muy separados para entendernos. Empiezo inmediatamente a destrepar pero me paro en seco y me digo, ojo amigo por dónde vas, no vayas a repetir lo mismo. Observo la nieve y me parece que por donde acaba de bajar la avalancha puedo destrepar bien. Arranco toda leche cara a la pared, aunque por ángulo no hace falta. Voy perdiendo altura rápido y hacia la mitad de recorrido me vuelvo a parar a intentar hablar con él: me dice que llame al 112. Me pongo a sacar el móvil, pero me lo vuelvo a guardar: primero he de llegar a él, evaluar la situación, intentar ayudarlo y luego ya llamar pudiendo explicar bien las cosas.

Finalmente lo alcanzo: está sentado tapado de cintura para abajo, atrapada la pierna derecha y la otra ya fuera: esta es la herida, el tobillo. Está entero, salvo ese pie no hay nada más roto aparentemente. Está muy nervioso y dolorido. Trato de calmarlo, le ayudo a desenterrar la otra pierna, clavada en nieve a tope. También un piolet que enganchado a la goma está a más de un metro de profundidad… Quitamos toda la nieve posible a su alrededor, me saco mi plumífero de la mochila y se lo pongo. En cuanto me confirma que la lesión es el tobillo izquierdo, pero que lo demás está bien, respiro aliviado. No podemos salir de aquí solos, estamos en un sitio remoto y aislado, pero no hay nada realmente grave… Milagroso: todos esos metros de bajada, rebotando entre la nieve y cortados, con dos piolets en las manos, crampones en los pies... Realmente una suerte.

Desde su posición mi móvil no me da red, pero en cuando me muevo unos cien metros hacia el Boquete cojo cobertura. Son las cuatro en punto cuando hago la llamada a Emergencias: primero me cogen en Cantabria, explico la ubicación, me derivan a Asturias, vuelvo a explicar ubicación y situación general, pero me derivan a Castilla y León. Hablo con la persona, le explico la situación de nuevo, me pasa con la médico, le comento el alcance de la lesión. Me da instrucciones de abrigarlo, intentar protegerlo del viento, darle un analgésico si tenemos… De vuelta con el técnico me pide que le comparta las circunstancias del accidente y la ubicación exacta de GPS; me pasa un número de móvil, lo guardo y le mando por WhatsApp la ubicación. En contra de mi opinión (estaba equivocado por unos 200 metros) estamos en León, nos corresponde el rescate del equipo de Castilla León. Esto no me suena nada bien e intento convencerlos de que me deriven a la Morgal, ellos están a veinte minutos de vuelo y controlan la zona al dedillo… No hay nada que hacer. Les corresponde a ellos. Ponen en marcha el operativo: me dicen que pueden tardar una hora. Nosotros por ahora estamos al sol pero con bastante viento y un frío intenso. Por debajo hay mar de nubes. Me dice que si no pudiera entrar el helicóptero se activaría el rescate por tierra: pienso para mí que mejor que llegue el pájaro o vamos a pasar mucho frío…

Vuelvo con Rubén, está temblando violentamente, quizá entrando en hipotermia. Le ayudo a quitarse nieve de encima, a sentarse sobre las cuerdas para aislarse. Le doy un ibuprofeno 400 que trae en su mochila. Saco una manta de emergencia, aunque realmente no sirve de mucho, pero algo de viento le quitará. Está nervioso, pero intento transmitirle calma: el helicóptero nos sacará. No viene de Asturias, que habría sido mucho mejor por tiempo y por logística general, pero eso ahora es lo de menos.

La espera se nos hace larga. Le doy algo de comer. El agua de las botellas está prácticamente congelada. Llevamos todo el día bajo cero: en cumbre daban las previsiones a medio día 15 negativos. Calculamos por sensaciones que ahora aquí al sol podemos estar a diez negativos. El viento continuo aumenta la sensación de frío. Rubén se echa, se incorpora, está muy dolorido e incómodo, pero es un tío duro. Los nervios de antes están más controlados. Él ya está en sombra así que decido intentar moverlo unos metros para aprovechar más el sol que aún queda. Así además vemos realmente cómo está del resto. Se incorpora apoyándose en mí, a la pata coja puede caminar así: remontamos unos metros y se vuelve a sentar de cara al sol declinante que en breve desaparecerá por la Forcadona y el Torco. Últimos minutos antes de entrar en sombra y que la temperatura se desplome. Hablamos analizando la situación. Está controlada.


Ya se nos ha ido el sol. El frío aumenta. Menos mal que hoy, a diferencia de lo habitual, ambos nos hemos puesto cubrepantalón y hemos traído plumífero…

Vuelvo al collado a llamar de nuevo a preguntar cómo va la cosa: me informa la misma persona (todo muy profesional): el pájaro está en el aire, a la altura de Velilla del Río Carrión me dice, y que le calcule unos diez minutos más.

Al cabo de un rato más oímos finalmente el helicóptero. Son las cinco y cuarenta. Asoma por la Forcadona. Yo en el collado con los brazos en Y. Ellos se arriman, acerca un patín a tierra y se baja un bombero rescatador y una sanitaria. Vienen con mochila.

Hablan con Rubén, analizan cómo está para sacarlo. Yo me separo con el bombero y las mochilas. En una maniobra corta de torno la sanitaria saca a Rubén. Se separan, entran dentro del aparato y vuelven a por nosotros. El bombero me explica que bajaron con mochilas por si tenían que abortar misión y quedarse en tierra con nosotros… Me une a él con mosquetón de seguridad y cinchas, igual con las mochilas. El pájaro vuelve, el viento muy intenso con nieve me obliga a cerrar los ojos. Unos segundos más y estoy sentado al borde de la cabina colocándonos para entrar. Nos quitamos los crampones y nos sentamos relajados. Se acabó el lío. Santos helicópteros.

El vuelo es breve, paisajes espectaculares, charla acelerada por nuestra parte, los nervios. El bombero nos saca fotos…

Aterrizamos en Riaño en el campo de fútbol, apenas a 50 metros del centro de salud: trayecto de medio  minuto de ambulancia y estamos entrando, Rubén en silla de ruedas. El médico lo revisa con calma y determina que no puede saber si tiene algo roto. Hace falta una placa. Nos llevarían en ambulancia a León. Lo pensamos, y les decimos que preferimos coger un taxi hasta Arriondas, que la logística es más sencilla (el coche está en los Lagos, la familia en Gijón…).

Una hora y cuarenta y cinco minutos de taxi, puerto del Pontón, desfiladero de los Beyos, Cangas de Onís, finalmente Arriondas. En el trayecto revisamos lo sucedido.

Ha sido la rotura de placa de viento: no muy gruesa, quizá unos treinta o cuarenta centímetros de espesor, y de unos treinta metros de ancho. Yo me quedé fuera (pura suerte). Esto es algo difícil de controlar, casi imposible de anticipar. Realmente fuera de nuestro control. Especulamos mucho con otras cosas que podrían haber pasado. Casi todas peores.

Rubén no se cayó por un fallo suyo. Él no hizo nada mal. Es prácticamente imposible anticipar la situación ¿Y qué? En el fondo da igual; el accidente lo tienes. Y eso es lo que hay.

Concluimos que, en realidad, no deberíamos estar allí de cualquier manera: la montaña estaba muy cargada, reciente. El día estaba perro, nubes, viento, nieve, frío intenso. Tuvimos suficientes señales a lo largo del día como para habernos dado la vuelta. Abortar la misión. Salimos del refugio con otros tres, y había otra gente por encima, pero ninguno de ellos pasó del Boquete. Nevaba a menudo. Estábamos solos en una de las mayores montañas de Picos de Europa y a ratos no veíamos apenas a cincuenta metros. A ratos sobre hielo, a ratos abriendo huella profunda. Aun así, continuamos hacia arriba. Escalamos bien, resolvimos los problemas que se presentaron con eficiencia, hicimos cumbre seguros y nos bajamos. Todo en buen horario. 

Llevamos más de treinta años en el negocio, y atados juntos muchísimas veces. Eso se nota. Pero también para mal: juntos apuramos en ocasiones en las que ya no deberíamos hacerlo. Esto es algo fácil de decir desde casa y quizá no tan fácil de evitar cuando eres alpinista y estás en la montaña.

En los días siguientes, hablando con amigos alpinistas y bomberos de Asturias, me explican que ese helicóptero que nos sacó, solo uno da cobertura a toda Castilla León, algo increíble para semejante superficie. Además, su base está al sur de Valladolid, muy lejos de los Picos. Está claro que los repartos de los rescates tienen su lógica política, geográfica y económica, y que las lesiones de Rubén no eran críticas, pero la cosa es que nuestra posición a unos 300 metros en línea recta a la frontera cambió un rescate desde Asturias y en unos veinte minutos desde la llamada, a una hora y media larga. Incluso a nivel de costes del vuelo, la diferencia parece enorme. Luego la bajada a Riaño (centro de salud) en lugar de directos a Arriondas (hospital), aunque esto es ya realmente secundario. 

Los chicos del teléfono, el helicóptero, la ambulancia, el centro de salud, todos encantadores y muy profesionales. Un diez.

Recuerdo cuando bajaba conduciendo el coche de Rubén por la carretera de los Lagos, a las diez de la noche, total soledad obviamente. Y pensar que podría estar haciendo este trayecto hacia casa, pero con una noticia mucho peor y definitiva…

Rubén tuvo mucha suerte (yo mucha más). No hubo rotura. Fue un esguince muy fuerte. Se quedará en unas semanas de muletas, rehabilitación y muchas complicaciones de trabajo. Ser autónomo tiene peajes.

Después de conversaciones con varios colegas alpinistas que han vivido experiencias similares de avalanchas, ya sea escalando, esquiando o caminando, todos llegamos a la misma conclusión: difícil de prever, una cuestión de estadística, y la única opción para reducir riesgo pasa por elegir bien el día. Evitar las condiciones dudosas y caso de estarlo, simplemente no ir. Porque si vas, aunque haya señales, terminas metiéndote más de la cuenta.

Esperamos haber aprendido algo de todo esto. De eso se trata en el fondo, de aprender e intentar seguir adelante, recordando que el alpinismo es intrínsecamente peligroso, y en último término, algo simplemente absurdo.

Le hemos visto muy bien las orejas el lobo en esta ocasión.