LA MONTAÑA COMO PASIÓN, COMO ESCENARIO INFINITO SOBRE EL QUE DISFRUTAR INTENSAMENTE DE LA VIDA,
DONDE ESCALAR, ESQUIAR, PEDALEAR, CORRER, CAMINAR...
DONDE LOS AMIGOS, EL ESTILO Y LAS FORMAS CUENTAN, Y MUCHO

viernes, 8 de mayo de 2026

Triplete por Vegacervera

Viernes, 1 de mayo 2026
Toni Suárez Ramón y Rubén Díaz 
“Días de vino y rosas”, 140 m, V+
“Merendero atómico”, 140 m, V
“Summertime”, 100 m, 6a


La previsión meteorológica era inestable, así que la opción leonesa ganó enteros. Hacía muchos años que no escalaba en las Hoces de Vegacervera y nos pareció buen plan para hacer unos cuantos largos, mayormente en autoprotección. 
Toni tiene hechas muchas vías por aquí así que nos dejamos liderar por él.
A las nueve y pico aparcamos al lado de un par de furgonetas en las que aún están durmiendo. Está fresco a la sombra y se ven bastantes chorreras de agua por las paredes, pero confiamos en que con el sol la cosa atempere y seque. Seleccionamos el material y salimos hacia las paredes.
Desde el coche apenas caminamos cinco minutos de carretera llana y ya estamos remontando hacia el pie de vía elegido para empezar en la pared de El Filandón.

Primera vía “Días de vino y rosas” (140 m, V+)

Croquis sacado del blog La Garafa

En el pie de vía sorteamos el comienzo entre los tres y le toca a Rubén.
Son las diez de la mañana cuando empieza la escalada.



Primer largo guapo para entrar en materia. 
El segundo largo es para Toni y ya tiene la clásica sección de las Hoces, en adherencia y con separación entre chapas: marca V pero no te gustaría escaparte cuando tienes la chapa a tiro, pero la anterior ya está tres metros por debajo de los pies…



El tercer largo me toca a mí, terreno amable de IV con múltiples opciones de aseguramiento. Por no leer el croquis con atención me paso del puente de roca donde luego veré que teóricamente se monta reunión y continúo unos diez metros más para montarla sobre friends.


Cuarto largo; vuelve el turno de Rubén, unos pasos de muro más verticales con chapas y pronto monta reunión sobre un puente de roca con cordinos y maillon. 



Terminamos la vía contentos. Son algo menos de las doce. Iniciamos rápeles por la vía vecina “Santa imagen”: en tres rápeles estamos en el pie de vía sin incidencias.
Recogemos las cosas y destrepamos hasta la carretera para acercarnos al pie de vía de la segunda vía elegida.

Segunda vía, “Merendero atómico”.

Croquis sacado del blog La Garafa

Tenemos encima una cordada en el tercer largo, pero que va muy lenta: ya estaban en el segundo largo cuando nosotros estábamos en el tercero de nuestra primera vía y creo que aún los vamos a alcanzar…
Le toca a Toni por turno. Empieza a escalar a la una de la tarde. El primer largo es estético con unas fisuras atractivas. Levanta unos cuarenta metros. 


Segundo largo me toca a mí, va por terreno más variado e indefinido. Fácil de asegurar y tiene unos cincuenta metros.
El tercer largo es una transición de III por entre arbustos y bloques. Encima está todavía la otra cordada iniciando el cuarto largo. Cuando llegan Rubén y Toni decidimos que vuelva a tirar yo para ahorrar maniobras de cambios de cuerdas. Llego junto a la pareja de segundos y me acomodo junto a ellos mientras su primero completa la vía. Llegan Toni y Rubén y tenemos que esperar un poco hasta que salen. Toni ya ha hecho la vía, así que nos deja disfrutar la última tirada a nosotros: echamos a suertes entre Rubén y yo quién tira el último largo y me toca a mí. Cuando han levantado unos quince metros los chavales de la otra cordada (de Gijón y de Pravia) arranco yo.
Es un largo muy guapo de roca estupenda con fisuras más o menos continuas. Llego a la reunión superior con la otra cordada aún por allí, pero ya saliendo andando a por los rápeles de la Levitación.


Llegan los colegas, ponemos las zapatillas y recogemos las cuerdas. Son las dos y media.  
La vía está bien en conjunto, siendo los mejores el primero y el último largos.
Salimos por los hitos que marcan la dirección de los rápeles, la otra cordada anda perdida por encima en mitad de las gradas. 



Rapelamos en tres veces, con bastante trabajo por el viento que se ha levantado. 
Al tocar suelo, son las tres y cuarto, con mucha tarde por delante yo sugiero hacer la Levitación pero decidimos ir hasta las mochilas en el otro pie de vía a comer y beber algo antes de empezar la tercera vía del día.

Tercera vía “Summertime”

Croquis sacado de la guía de M.A. Adrados

Tras comentar algo la jugada decidimos hacer una vía de dos largos que tenemos justo encima. Se trata de “Summertime”, 100 m, 6a.

De nuevo Toni que la conoce nos la deja a nosotros. Por turno le toca a Rubén. Primer largo de casi cincuenta metros con varias secciones de placa técnica de moverse, muy guapo. Especialmente fino la zona de la tercera chapa.



Hay que pisar bien y fiarte.
El segundo largo es para mí, cincuenta metros muy buenos, especialmente una sección de canalizos donde hay que colocarse bien. Asegurando a los amigos disfruto de las vistas. 



Dos rápeles y al suelo de vuelta.


Son algo más de las cinco de la tarde. Se comenta hacer otra vía aunque sea más sencilla, pero decidimos dejarlo por tener los pies algo machacados. El tipo de escalada predominante en las Hoces nos los castigó especialmente.

De camino de vuelta paramos a tomar una cerveza en Cármenes, donde coincidimos con la colectiva del Torrecerredo, que van a pasar los tres días del finde pateando la zona, qué buen ambiente.


Al final terminamos haciendo tres vías, casi 300 metros en diez largos, con 8 rápeles. 
Estupendo sitio las Hoces de Vegacervera. Volveremos.

miércoles, 6 de mayo de 2026

La montaña y el riesgo

Del blog de Remi Thivel, un texto muy interesante de Alain Ghersen publicado recientemente en el Dauphiné Liberé sobre los accidentes de montaña en el contexto social actual.



texte-dalain-ghersen-sur-les-accidents.html

Traductor directo de Google se entiende perfectamente.

Texto de Alain Ghersen sobre accidentes invernales.

Disfruté este artículo de Alain Ghersen, publicado en el Dauphiné Libéré. ​​Trata sobre los riesgos que corremos en la montaña, riesgos que las propias montañas no merecen, y cómo se perciben estos riesgos. El artículo aborda las apariciones en los medios de comunicación de ciertos supuestos expertos que se sienten con derecho a criticar (metafóricamente hablando) a las víctimas de accidentes trágicos.

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“La montaña no es ni justa ni injusta. Es peligrosa.” Con estas sencillas palabras, el alpinista tirolés Reinhold Messner renuncia definitivamente a cualquier visión supersticiosa de la montaña. Basándose en su amplia y rica experiencia, una de las más completas en la historia del alpinismo, rechaza, a su manera, la expresión “Alpes homicidas” que se encuentra aquí y allá en la literatura alpina. En caso de accidente, el sentimiento de injusticia que se pueda experimentar es ciertamente legítimo; pero al estar condicionado únicamente por el dolor de los seres queridos de la víctima, sigue siendo subjetivo. A pesar de su peligro, la montaña no busca ni el bien ni el mal de quienes desean aventurarse en ella. Es más, este peligro no existe realmente en sí mismo, ya que solo se manifiesta desde el momento en que un ser humano se atreve a enfrentarlo. En este encuentro entre el hombre y la montaña que representa el alpinismo, solo el alpinista se guía por intenciones; El montañismo, al no ser una necesidad para la sociedad y seguir siendo una "inutilidad" (como Lionel Terray quiso señalar en el título de su relato autobiográfico), tiene como principal objetivo la libertad individual.

Desde los albores del montañismo, algunos han cuestionado la validez de esta libertad. Esta libertad resulta inquietante porque implica inherentemente aceptar los riesgos propios de las actividades de montaña, algunos de los cuales pueden ser mortales. Dado que no existen criterios racionales que distingan entre audacia y cautela, los propios escaladores pueden discrepar sobre el nivel de riesgo adecuado. En general, prevalece el principio de libertad individual mencionado anteriormente, y cada persona, en última instancia, reconoce sus propios límites y se centra en su propio bienestar.  

Este invierno, algunos se sintieron obligados a expresar públicamente su opinión sobre los recientes accidentes que involucraron a aficionados a la montaña, especialmente a profesionales. Curiosamente, agruparon accidentes de montaña, accidentes de tráfico y accidentes de esquí (avalanchas), invocando un denominador común: una cultura del riesgo caracterizada por una exageración desenfrenada. Su condena mezcla indiscriminadamente un valle (Chamonix), una escuela de formación (ENSA), una glorificación dañina de héroes y silencios culpables. Esta nebulosa amalgama, que pretendía revelar una especie de alienación colectiva, terminó resultando en una postura moralista excesiva que no da en el clavo. Declarar a posteriori que un accidente era evitable raya en la pereza intelectual y la inmodestia flagrante. Dado que solo se puede evitar lo que se puede prever, esto equivale a decir que algunos accidentes eran predecibles. Pero hablar de un accidente predecible es una contradicción en sí misma, ya que la persona lesionada, por definición, siempre se ve sorprendida por el accidente. Conocer el dramático desenlace de una historia facilita alterar virtualmente uno o más parámetros que contribuyeron al accidente. Pero este tipo de ejercicio mental generalmente nos enseña que todo se redujo a "muy poco". Y, al reflexionar, ese inefable "muy poco" no solo se aplica a todos, sino también a las historias con final feliz. Negar esta imposibilidad de control total sobre las propias acciones es haber olvidado, o no haber comprendido jamás, que moverse por las montañas implica adaptarse constantemente a un entorno inestable, cambiante y, hasta cierto punto, impredecible. Por lo tanto, cada accidente confronta a cada participante con su propia vulnerabilidad, por no decir su falibilidad; si bien a veces se pueden aprender lecciones de ellos, de ninguna manera se pueden transmitir a otros. Ninguna decisión puede considerarse perfecta, incluso cuando el resultado es un éxito: así, el "héroe de un día", como se representa en algunas imaginaciones, puede convertirse, tiempo después de su estatus heroico, en "el héroe involuntario de otro día". En caso de accidente que involucre a un experto, la humildad inherente a la profesión exige un silencio respetuoso y discreto. Un experto es, ante todo, un colega; por ello, su fallecimiento, cuando ocurre, requiere respeto y ausencia de juicio.

Durante más de veinte años, ENSA ha centrado su enseñanza en las exigencias específicas de la profesión de guía, en comparación con el montañismo amateur. Cada jornada de formación se estructura con la posibilidad de planes alternativos que tienen en cuenta las contingencias del entorno de montaña, por un lado, y las necesidades de los clientes, por otro. Cabe mencionar también las iniciativas emprendidas por organizaciones como Chamonix Guides Company (que imparte cursos de formación para jóvenes con el fin de ayudarles a evitar errores comunes) o La Chamoniarde (que ofrece cursos de formación diversos y variados para el público en general).  

A pesar de la existencia de estos programas de formación, aprender montañismo no puede hacerse sin riesgo; por lo tanto, debe formar parte de una auténtica cultura del riesgo, que integre toda la complejidad que este concepto implica. En lugar de culpar a una supuesta cultura del riesgo desastrosa, podríamos cuestionar la ausencia de una cultura del riesgo en el mundo actual, basándonos en dos fenómenos contemporáneos. Primero, en un mundo dominado por la ideología individualista, un mundo donde las instituciones públicas —para legitimar mejor su poder— se esfuerzan por mantener a los individuos infantilizados, individuos que se regodean en esta infantilización, ¿podemos aún desarrollar la autonomía para comprender situaciones inciertas donde nuestra propia seguridad está en juego? Segundo, y de forma complementaria, ¿cómo se forma un imaginario colectivo dentro de esta nueva ágora de las redes sociales? Este espacio virtual donde reina el deseo mimético y esencialmente se transmite a través de la imagen —una representación furtiva y engañosa de la realidad que tiene el poder de ocultar todo lo que no muestra— ¿cómo contribuye cognitivamente a la toma de decisiones afrontar un entorno tan complejo como la montaña?

El 27/04/2026 
Alain GHERSEN 
Guía de Alta Montaña 
Autor de "Riesgo y Montañismo" (Glénat, 2016)

miércoles, 29 de abril de 2026

Baja sessions

Chriss Isaak

La Lloca.

Marea baja, atardecer, luz dorada, tranquilidad, movimientos conocidos…







 
Y con esta luz bucólica en las retinas y la suave música de Chriss Isaak en los oídos te vas para casa con los antebrazos de madera, que no eres capaz ni de abrir un yogur…

miércoles, 22 de abril de 2026

Escalada limpia en la cuarcita de Teverga

Viernes 17 abril 2026
Pared de Cuarcita de Santa María de Teverga
Rubén Díaz, 


La cantidad de roca que tenemos en Asturias es enorme. Es prácticamente toda caliza, y en general de alta calidad. Los afloramientos de cuarcita son menores (aunque sí que aparecen en bastantes zonas), y en general, que se puedan considerar destacables para escalar son realmente pocos. Me vienen a la cabeza el Pico Torres (vertiente leonesa) en el Puerto de San Isidro y Panondres (Navia).

Otra pared de cuarcita muy característica es la de Santa María en Teverga. Bien visible desde la carretera, aquí no había escalado hasta el otro día.

La escalada sobre cuarcita tiene sus particularidades: la adherencia es menor, la disposición de las presas (muchas veces invertida), la mosqueante sonoridad en ocasiones… por otro lado, cuando ofrece fisura o huecos, los seguros quedan realmente bien. A esto hemos venido, a cacharrear por estas vías de apariencia poco apetecible, muy verticales desde el primer metro.

Viernes tarde. Una hora de coche desde casa. Un minuto de aproximación desde el coche (literal). La pared se alza muy vertical desde el primer metro. Tardamos un rato en centrarnos con el croquis. Nos decidimos a empezar por una de las vías más fáciles de la parte izquierda: “Las viejas glorias nunca mueren” (V+,V+).

Me ato y me cuelgo los friends y fisureros. Atendiendo a las recomendaciones venimos con algunos de los números  pequeños repetidos. Empiezo a trepar con cautela y poco a poco me voy soltando. Apenas hay seguros fijos así que me esfuerzo en asegurar bien por mi lado. La escalada es muy vertical para el grado, pero la disponibilidad de buenos apoyos deja ir más o menos cómodo.

Una vez en la reunión de doble parabolt con argollas aseguro a Rubén que viene rápidamente. 



Vuelvo a salir a por el segundo largo, que en este caso parece menos evidente. Hay algún arbolillo y algo de suciedad por zonas, pero en general la roca es buena, los pasos chulos y los emplazamientos de seguros muy buenos: coloco desde aliens hasta el camalot del 3, y algunos fisureros también. Desde luego este es un buen sitio para cacharrear. 

Debajo de un característico techo alcanzo la reunión. Rubén llega y comentamos sensaciones. La vía teóricamente termina aquí, según el croquis, aunque por encima la roca continúa parecida y se ve un cordino en un puente o diente de roca a unos ocho metros por encima. Decidimos bajar y mirar para hacer otra. Venimos con cuerda de deportiva de 70 metros. Bajamos en dos veces sin problema. Al rapelar se aprecia bien lo vertical que es la pared.

Mirando el croquis en el suelo nos parece que el segundo largo hecho lo hemos combinado con la vía vecina de la derecha, que termina más alta, la “Romero-Herranz”. Como hay pocos seguros fijos y la roca ofrece, es fácil pasarse de una a otra en medio de la navegación.

Recorremos el pie de la pared pensando qué hacer ahora. Hacia la derecha son más duras de grado, pero por otra parte hay más chapas. Alguna parece incluso de corte deportivo. No nos cuadran con las marcadas en el croquis pero es que este dibujo es bien antiguo y quizá se abrieron o equiparon más posteriormente.



Volvemos a la izquierda y nos decidimos por la “Cante jondo” (V+, V+, 6a). Está comienza con una fisura algo ciega para llegar a un nicho sobre el cual un árbol con un desplome encima da paso a una atractiva fisura hasta la reunión. Vuelvo a tirar yo. 

Este largo me parece una escalada muy guapa. Como en la otra vía, solo hay un cordino en todo el largo, pero puedes asegurar a placer. Asegurando a Rubén observo lo estético del color de la roca. 

El segundo largo sigue la misma tónica, pero se ve que yo voy más hecho al sitio, a su estilo y su roca. Lo escalo más cómodo y estirando más entre seguros. Cuando me doy cuenta estoy llegando a la misma segunda reunión de antes. Se ve que el croquis engaña algo en cuanto a distancias. 

Llega Rubén y volvemos a rapelar sin problema.

Hemos echado la tarde muy bien: han sido solo cuatro largos, pero entre centrarnos con qué es cada cosa, y que además, siendo escalada limpia pues todo lleva más tiempo… Me ha gustado el sitio y su escalada. No es una pared estética  pero creo que tiene cosas buenas. Eso sí, hay que venir cómodo en el grado para disfrutarlo. 

Me dejo como deberes apuntados para la próxima visita la “Romero-Herranz” y la “Lobo solitario”, esta última fue la primera vía abierta en la pared a cargo de el Pingüi, y eso es sello de calidad.


Mirando el croquis en casa con calma me doy cuenta de que es obra de mi amigo Miguel, incansable explorador de paredes, y dibujante y pintor de calidad. Ya se fue hace unos cuantos años. Se le echa mucho de menos.



lunes, 13 de abril de 2026

Norte del Taillón

6 Abril 2026
Pico Taillón (3.144 m), Norte Clásica (700 m, 55º-60º, IV)
Antonio Suárez-Ramón


Las condiciones lo son casi todo.
Hace unos años intentaba esta misma escalada con Luque y Rubén, en fechas similares. Aquella vez nos retiramos después de escalar laboriosamente cinco o seis largos de cuerda. La cosa no estaba.
En esta ocasión todo fue bien y no tuvimos ningún contratiempo.


Vamos en plan rápido, para no variar: salimos de casa el domingo a las dos de la tarde con idea de estar de vuelta al día siguiente.
Estamos en plena Operación regreso de Semana Santa, y sin embargo no tuvimos apenas tráfico. Las temperaturas están mucho más altas de lo deseable para ir a un asunto de piolets y crampones: el termómetro llega a marcar por encima de los 25 grados. En Gavarnie aún está a unos diez. El paisaje y la luz preciosos.
Una vez en el aparcamiento de la estación de esquí hay numerosas furgonetas. Nosotros somos casi el único coche, y desde luego somos los únicos pringaos que, después de cenar de pie abrigados con toda la ropa que traemos, montamos la tienda en el asfalto para pasar la noche.
Hemos dejado las mochilas ya listas: llevamos una cuerda de 60 m de 8,1 mm, siete cintas extensibles, cuatro friends, tres tornillos, dos clavos de roca y tres estacas de nieve.


Hacia las cuatro me despiertan unos pasos cercanos; parece que ya hay gente en movimiento. 
A las cinco pita la alarma, desayuno rápido y para cuando dan y media estamos arrancando por las pistas. La nieve aguanta bien pero mejor si pisas sobre huellas prensadas. Esperamos tener suerte...


Al llegar al Col de Tentes damos vista a nuestro objetivo a la luz de la luna: está precioso. Se ve cargado. Vemos tres frontales que parecen ir dirección a la norte clásica, pero cruzando directos desde el col.
Nosotros seguimos a por el flanqueo hasta el collado de Puerto de Bujaruelo. A mitad de recorrido paramos a poner los pinchos, el arnés, y sacar un piolet, vamos un poco más altos de la cuenta, pero bien. Va amaneciendo mientras remontamos las palas finales hacia el inicio de vía. La nieve aguanta, el optimismo sube.
Encontramos un depósito con tres pares de esquíes, y unas huellas recientes dirección a la cara Oeste: parece que la gente que vimos antes no iban a nuestra vía sino a alguna de las goulottes de esa cara. Tenemos la Norte entera para nosotros.


Voy remontando de manera oblicua embocando el tubo que da entrada a la vía. Paró a esperar a Toni. Al parar me pongo la capucha de la chaqueta: no hace frío pero tampoco calor.


Reagrupados, a eso de las nueve menos cuarto, nos metemos a la vía en sí: vamos a empezar sin sacar cuerda porque de momento no parece necesaria. Continúo por el tubo de la entrada a unos 60º en nieve helada y que apenas reconozco de hace unos años. Hoy no hay que pensar, aquel día apreté bastante. Después sigo unas leves huellas que sin darme cuenta me van sacando hacia la derecha evitando la primera franja de roca. Cuando comentamos esto ya más arriba nos damos cuenta de que estamos haciendo la versión de la derecha de los croquis que hemos visto de la vía clásica. 


Paro a esperar a Toni de cuando en cuando. La nieve está más o menos bien y el ángulo es suave: una diferencia de ritmo aunque sea pequeña se traduce pronto en bastantes metros de separación. 
Solo en algún punto concreto en el que se pone más tiesa o dura, o las dos cosas, tenemos que prestar más atención y clavamos más en firme. Vamos remontando tranquilos.


La parte intermedia es más tediosa, sin cambios, solo remontar sin pensar. Estiro tramos, y paro a esperar a Toni. En las paradas aprovecho para disfrutar el paisaje: Grandiosos Pirineos.


Superamos algún paso más delicado (por la nieve suelta, no por otra cosa). No vemos necesidad de sacar la cuerda.
Estamos entrando ya en el tercio superior y vemos la parte final más aérea y cerrada, pero imaginamos que habrá paso. Efectivamente, salvo un par de resaltes cortos para superar franjas de roca, el resto es simplemente ir moviéndose a los lados buscando pequeños tubos y canaletas que van remontando.





La arista al sol parece cercana, aunque como siempre, engaña.
Por debajo de Toni aparece una cordada con esquíes en la mochila.
Doy el último tirón y salgo al sol de la arista. Al sol y al viento. Son las doce y cuarto: tres horas y media desde el comienzo. Ni mucho ni poco.
Al rato llegan los chicos con los esquíes, adelantan a Toni apenas a cincuenta metros de la arista, una pareja muy maja.


Cuando llega Toni nos damos un abrazo y recorremos los escasos metros que nos separan de la cumbre. Hace viento intenso, que nos enfría, no hay quien pare aquí. 


Después de un par de fotos y de echarnos un poco de crema que nos dio la chica esquiadora arrancamos hacia abajo por la huella de la normal a buscar algún punto más resguardado que nos deje comer algo.


En un collado cerca ya de la Falsa Brecha amaina la ventolera y podemos para a charlar y comer un poco. Vistas espectaculares a sur y norte.


Aún nos queda un buen pateo, así que sin mucha dilación seguimos hacia la Brecha de Rolando, espectacular enclave. Cruzamos y volvemos al norte. La bajada a Serradets está bastante cómoda: nieve dura y espectaculares vistas a las nortes encima del circo de Gavarnie.




Luego, tras el flanqueo al sur ya la nieve más profunda y el calor nos va minando las fuerzas. El regreso hasta el puerto de Bujaruelo se hace más pesado. Hay bastante gente, casi todos en esquíes y que tiran hacia España. En el tramo hacia el Col de Tentes va menos gente. 


Desde el Col hasta la estación también se hace pesado: personalmente me ha parecido más largo de bajada que de subida.


Llegamos al coche hacia las cinco. Casi doce horas desde que salimos por la mañana: yo me he encontrado bien de fuerzas todo el día, parece que el entreno de estos meses ha dado su fruto.
Nos cambiamos y pronto estamos carretera abajo en busca de una fuente donde cargar las botellas y calmar la sed. 


En la bajada cogemos ángulo al Swan de los Astazous y nos lo apuntamos como nuevo objetivo para otra temporada. 
La sed nos acucia, pero hoy lunes de Pascua es festivo nacional en Francia y está todo cerrado, y las fuentes de los pueblos las tienen desconectadas (!!). No será hasta estar ya en la autopista pasado Tarbes cuando podamos por fin parar en un área de descanso y coger agua y comprar unas cocacolas, que nos ayudarán a espabilar para el viaje de seis horas que tenemos por delante.
Llegamos a casa hacia las once y media.
Escapada exprés de lo más satisfactoria. Como siempre, comentamos que tenemos que hacer esto más a menudo. Qué guapos los Pirineos!


Al día siguiente a currar como si tal cosa, eso sí, con la sensación de haberlo pasado muy bien en el monte y haber podido hacer esta clásica tan bonita.

Gijón (5 abril) 14:00 h
Estación esquí Gavarnie-Gedre 20:30 h
Inicio aproximación 5:30 h
Inicio vía: 8:45 h
Fin escalada 12:15 h
Coche 17:00 h
Gijón (6 abril) 23:30 h