La Lloca.
Marea baja, atardecer, luz dorada, tranquilidad, movimientos conocidos…
La Lloca.
Marea baja, atardecer, luz dorada, tranquilidad, movimientos conocidos…
Otra pared de cuarcita muy característica es la de Santa María en Teverga. Bien visible desde la carretera, aquí no había escalado hasta el otro día.
La escalada sobre cuarcita tiene sus particularidades: la adherencia es menor, la disposición de las presas (muchas veces invertida), la mosqueante sonoridad en ocasiones… por otro lado, cuando ofrece fisura o huecos, los seguros quedan realmente bien. A esto hemos venido, a cacharrear por estas vías de apariencia poco apetecible, muy verticales desde el primer metro.
Viernes tarde. Una hora de coche desde casa. Un minuto de aproximación desde el coche (literal). La pared se alza muy vertical desde el primer metro. Tardamos un rato en centrarnos con el croquis. Nos decidimos a empezar por una de las vías más fáciles de la parte izquierda: “Las viejas glorias nunca mueren” (V+,V+).
Me ato y me cuelgo los friends y fisureros. Atendiendo a las recomendaciones venimos con algunos de los números pequeños repetidos. Empiezo a trepar con cautela y poco a poco me voy soltando. Apenas hay seguros fijos así que me esfuerzo en asegurar bien por mi lado. La escalada es muy vertical para el grado, pero la disponibilidad de buenos apoyos deja ir más o menos cómodo.
Una vez en la reunión de doble parabolt con argollas aseguro a Rubén que viene rápidamente.
Vuelvo a salir a por el segundo largo, que en este caso parece menos evidente. Hay algún arbolillo y algo de suciedad por zonas, pero en general la roca es buena, los pasos chulos y los emplazamientos de seguros muy buenos: coloco desde aliens hasta el camalot del 3, y algunos fisureros también. Desde luego este es un buen sitio para cacharrear.
Debajo de un característico techo alcanzo la reunión. Rubén llega y comentamos sensaciones. La vía teóricamente termina aquí, según el croquis, aunque por encima la roca continúa parecida y se ve un cordino en un puente o diente de roca a unos ocho metros por encima. Decidimos bajar y mirar para hacer otra. Venimos con cuerda de deportiva de 70 metros. Bajamos en dos veces sin problema. Al rapelar se aprecia bien lo vertical que es la pared.
Mirando el croquis en el suelo nos parece que el segundo largo hecho lo hemos combinado con la vía vecina de la derecha, que termina más alta, la “Romero-Herranz”. Como hay pocos seguros fijos y la roca ofrece, es fácil pasarse de una a otra en medio de la navegación.
Recorremos el pie de la pared pensando qué hacer ahora. Hacia la derecha son más duras de grado, pero por otra parte hay más chapas. Alguna parece incluso de corte deportivo. No nos cuadran con las marcadas en el croquis pero es que este dibujo es bien antiguo y quizá se abrieron o equiparon más posteriormente.
Volvemos a la izquierda y nos decidimos por la “Cante jondo” (V+, V+, 6a). Está comienza con una fisura algo ciega para llegar a un nicho sobre el cual un árbol con un desplome encima da paso a una atractiva fisura hasta la reunión. Vuelvo a tirar yo.
Este largo me parece una escalada muy guapa. Como en la otra vía, solo hay un cordino en todo el largo, pero puedes asegurar a placer. Asegurando a Rubén observo lo estético del color de la roca.
El segundo largo sigue la misma tónica, pero se ve que yo voy más hecho al sitio, a su estilo y su roca. Lo escalo más cómodo y estirando más entre seguros. Cuando me doy cuenta estoy llegando a la misma segunda reunión de antes. Se ve que el croquis engaña algo en cuanto a distancias.
Llega Rubén y volvemos a rapelar sin problema.
Hemos echado la tarde muy bien: han sido solo cuatro largos, pero entre centrarnos con qué es cada cosa, y que además, siendo escalada limpia pues todo lleva más tiempo… Me ha gustado el sitio y su escalada. No es una pared estética pero creo que tiene cosas buenas. Eso sí, hay que venir cómodo en el grado para disfrutarlo.
Me dejo como deberes apuntados para la próxima visita la “Romero-Herranz” y la “Lobo solitario”, esta última fue la primera vía abierta en la pared a cargo de el Pingüi, y eso es sello de calidad.
Mirando el croquis en casa con calma me doy cuenta de que es obra de mi amigo Miguel, incansable explorador de paredes, y dibujante y pintor de calidad. Ya se fue hace unos cuantos años. Se le echa mucho de menos.
Escapada breve a esquiar a Francia.
El plan inicial era ir la familia, pero el apretado calendario de competiciones de Jimena no nos da opción. Posponerlo tampoco era factible. Además Javi tenía a los colegas de viaje de estudios (al que no quiso ir…), así que decidimos ir nosotros. Al final se nos une Nando, que tenía organizado con sus hijas y también tuvo cambio de planes.
Hacía años que quería conocer esta estación por referencias de amigos y por mis visitas a la zona a hacer monte, esquiar de montaña y escalar. El viaje se dio bien y salvo el palo de recargar depósito a más de dos euros el litro (la cosa está bien caliente en Oriente Medio), llegamos en buen horario para cenar. El apartamento está correcto y sobre todo muy bien situado, a 1.700 m a pie de pistas en el Pla D’Adet.
El sábado madrugamos y antes de que abran las sillas estamos los tres empujando contra las barras del torno. Hace buen día y no hace frío. Empezamos subiendo hasta el Soum de Matte para coger la primera de las muchas y larguísimas pistas del día, en este caso la azul Corniche, para bajar a la zona Espiaube y remontar al otro valle.
Durante todo el día sin descanso recorreremos pistas casi vacías, con nieve buena hasta las dos de la tarde aproximadamente, cambiando orientaciones en la estación. Nos salimos a menudo a zonas no pisadas y disfrutamos un montón de bajadas guapas. Lujo.
A última hora Nando tira al apartamento antes que nosotros, que aún exprimimos una hora más el forfait…
De vuelta al apartamento ducha, comer algo, siesta para el adolescente, y después bajamos al pueblo a pasear y tomar algo, hoy en coche.
Gran animación en las calles, terrazas, música, restaurantes… Lo que viene siendo el apreski. Cenamos arriba en la pizzería justo al lado de nuestro portal. Un muy buen primer día.
El domingo amanece igual, con nosotros listos para coger la primera silla del día, con cielo azul y nieve crujiente, aunque con las piernas algo doloridas en las primeras bajadas. Hoy pretendemos hacer lo mismo que el día anterior aunque a mayores traemos las pieles de foca en la mochila por si nos animamos a remontar a alguna de las bonitas cumbres vecinas o a tirarnos hacia alguna pala sin remontes que luego haya que foquear.
Bajamos al Lac D’Oule: precioso bosque para llegar al embalse helado. Exploramos algunas otras pistas que ayer quedaron pendientes, incluida alguna negra que no nos parece tanto. Al igual que el día previo, apenas paramos nada: sillas, remontes, bajadas de pistas casi vacías para nosotros, bajadas de fuera pistas estupendas. Un lujo.
Hacia las dos Nando se retira y Javi y yo continuamos un rato más. Decidimos foquear desde la silla de La Soumaye hacia una cumbre vecina en la que vemos las insinuantes marcas de giros en una bonita pala orientada al sol.
Remontamos hasta el collado, aquí yo lo dejo descansando mientras me acerco hasta la cumbre cercana.
Se llama Pic de Montarrouyes. Vistas preciosas a 360 grados. De vuelta con Javi, nos tiramos por la pala en inmejorables condiciones; hasta yo disfruto como un enano dejando mis propias huellas…
Retornamos al apartamento encadenando descensos y remontes para ir cambiando de valles y sectores.
Como el día previo, ducha, descanso y bajada al pueblo. Hoy bajamos en el teleférico, que está incluido en el precio del forfait (40 € adulto en estos días de final de temporada).
En unos pocos minutos y disfrutando de las vistas, nos deja en el centro del pueblo. Nos tomamos una cerveza en una terraza (hace muy bueno), hacemos algo de compra (embutido y queso de la tierra, algunas cervezas más) y volvemos a subir al apartamento. Hoy cenamos en casa.
El lunes amanece más nublado y frío. La nieve más helada y crujiente. Aprovechamos la mañana como los dos días previos, sin parar apenas entre bajadas, descansando en las sillas (en las largas perchas descansas menos). Hoy prácticamente no hay nadie y nos decidimos a probar algunas pistas de orientación norte que no habíamos hecho aún. Hacia la una y media vamos a por la última bajada y para celebrarlo elegimos una larga pista negra que enfoca al parking, lejano muchos metros por debajo. Yo voy con todos los sentidos alerta, Javi y Nando mucho más relajados… nada más empezarla alucinamos con las condiciones de la nieve, está sin pisar pero muy manejable! Disfrutamos tanto la bajada que al llegar abajo Javi y yo nos vamos a por otra más de despedida.
Volvemos a coger el telecabina, charlar tranquilamente y luego disfrutar la bajada. Estos minutos juntos, padre e hijo, haciendo esto que nos encanta en este paisaje espectacular y casi en exclusiva para nosotros, se me presentan (ambos lo comentamos luego) como ese llamado “tiempo de calidad”. Creo que lo recordaremos.
Una vez abajo recogemos los trastos, nos cambiamos y arrancamos viaje a las dos. Paramos a comer un bocata al sol en un apartadero de la carretera. De vuelta en el coche nos acomodamos para las seis horas que tenemos por delante. Javi se vuelve al modo adolescente con sus auriculares y nosotros a la charla de temas varios.
Estupendo fin de semana de esquí. Con Nando como siempre, un lujo. Su compañía y buen humor permanente hacen las cosas mejores y más fáciles siempre.
Estación ideal para visita familiar: para el año que viene, si se alinean los astros, volveremos con Paula y Jimena, les va a encantar.