LA MONTAÑA COMO PASIÓN, COMO ESCENARIO INFINITO SOBRE EL QUE DISFRUTAR INTENSAMENTE DE LA VIDA,
DONDE ESCALAR, ESQUIAR, PEDALEAR, CORRER, CAMINAR...
DONDE LOS AMIGOS, EL ESTILO Y LAS FORMAS CUENTAN, Y MUCHO

viernes, 26 de febrero de 2021

Sobre las tablas, con el Cantábrico a tus pies


5 de enero 2021
Nando del pozo
Pico Pienzu (1161 m) Sierra del Sueve





Hay ocasiones excepcionales que no debes dejar escapar.
Este invierno ha traído a Asturias unas condiciones de nieve totalmente fuera de lo habitual. Tanto en la cantidad, como en la calidad de misma. 







Nevadas fuertes seguidas de periodos prolongados de tiempo frío mantuvieron el manto blando en zonas de cota muy baja durante muchos días. Ese mismo frío también conservó la calidad de la nieve en un tipo muy difícil de encontrar en estas latitudes: polvo.


Aprovechando estas circunstancias intentamos esquiar montañas tales como el Pienzu. La sierra del Sueve es una formación costera, al pie del Cantábrico. Su cumbre más alta mide 1161 metros, y se encuentra muy cerca en línea recta a las playas del concejo de Colunga y Caravia.

Poder esquiar con vistas al mar es toda una experiencia, y muy esquiva además.

Así las cosas, el día 5 de enero, recién estrenado el año, allá que nos fuimos a disfrutarlo.




El día no acompañó y no fuimos capaces de hacer cumbre: la visibilidad casi nula en la parte alta de la montaña nos hizo retroceder a escasos metros de la cima.

No obstante la retirada, nos dejó recuerdos imborrables y ganas de repetir. Cosa poco probable, dado que en 30 años no se recuerda otra similar.

En la bajada nos encontramos a Kico y Diana, que venían con la misma cara de felicidad que nosotros, si acaso más!


miércoles, 3 de febrero de 2021

Esquiando por las líneas del mapa

26 Diciembre 2020

Nando, Manolo, Pablo, Chusa

Vallinas del Torres y Valmartín 

Apurar los límites es algo que nos gusta. Podríamos decir que es algo intrínseco del montañero, llegar un poco más lejos, ver qué hay tras el recodo, al otro lado de la loma, asomarnos al borde a contemplar nuevos horizontes...

Subiendo al puerto yo insistía en intentar algo distinto, primero el Retriñón desde Felechosa o desde Cuevas, luego hacia Vegarada desde el Fielato... no conseguí convencer al personal. La sombra reinante en la vertiente norte, sumado a los coches ya aparcados en la zona, nos llevaron hasta el alto del Puerto buscando sol.

En la Raya, nada más aparcar coincidimos con Pablo, Inés, Brojos, Cristina, todos ellos han decidido ir a Fuentes a la estación, seguro que la nieve está mejor para esquiar. Pero nosotros queremos salirnos de ese entorno, buscar alguna cumbre, aunque sea repetida ya de muchas veces, aunque esquiemos menos... Mientras nos preparamos llega Juanín Piñera, que sí que se nos une.

La nieve arranca desde la misma carretera, aunque las lomas más bajas no van a dejar esquiar del todo por las cotollas aún no apisonadas de blanco. Arrancamos con esfuerzo los primeros desniveles, uniéndonos en una serpiente de esquiadores y raquetistas que remonta de forma casi continua. Nos dirigimos a las Vallinas del Torres. Estamos apurando la limitación provincial al máximo: vamos justo por la frontera.

Alcanzamos más conocidos, Velasco y compañía. Las zetas están muy bien trazadas, y llegamos a la arista con muy buenas sensaciones. Primero Nando, Juan y yo, por detrás Manolo, Pablo y más amigos. Ahora llega Chusa, que también se ha unido al grupo.




Caminamos unos metros por la cresta hasta encontrar una buena salida hacia la pala: a mí me impresiona el ángulo, aunque ya la he esquiado muchas veces (a mi manera, sin estilo, modo supervivencia on...). Sale Juan, luego Nando, luego salgo yo, mal que bien llego abajo junto a Juan. Nando viene cayéndose de forma reiterada: al llegar donde nosotros se da cuenta de que lleva las botas sin cerrar...

La nieve ha estado muy pesada, difícil de mover. Nadie baja con demasiado estilo. Nos juntamos todos y decidimos tirar ahora al Valmartín, de nuevo subiendo sobre la línea de límite provincial. De nuevo las zetas están muy bien trazadas, de nuevo llegamos arriba Juan, Nando y yo por delante del resto, y con muy buenas sensaciones en el esfuerzo...




Esperamos un poco por los colegas, y decidimos bajar de nuevo por la misma vertiente, ante la incertidumbre del otro lado, a pesar de que hay bastantes huellas hacia allí. La bajada, esta vez, está muy buena, hasta yo encadeno giros alegre. Pablo nos da una exhibición de técnica...




Una vez abajo en el jou, Chusa y Juan aún deciden subir otra vez a disfrutar de esta buenísima nieve. Los demás arrancamos de vuelta hacia el puerto. El tramo final, tal y como anticipábamos, es un poco más rollo por la falta de nieve, y sobre todo de desnivel para deslizar. 


Una cerveza en el bar, con distancias, mascarillas y restricciones. De vuelta a casa con la cara sonriente después de un buen día de monte.

miércoles, 30 de diciembre de 2020

Wish you were here

 Sábado 21 Noviembre 2020

Nando del Pozo

Peña Maín “Wish you were here” (150 m, V+)

La nieve y el frío hicieron amago de entrar unas semanas atrás, pero se fueron totalmente. Estamos en una de esas fases de otoño cálido y estable, bastante habituales por otra parte. A estas alturas del año, escalar en roca en Picos es todo un regalo. Hoy hemos escogido un sitio de casi nula aproximación, una vía corta y además de las consideradas “placer”.

El sitio elegido es Peña Maín y nuestro objetivo es la primera vía que se abrió en la zona (creo), hace ya unos años, por Moreno y compañía, bautizada “Wish you were here” en memoria del gran Alfredo Iñiguez, que murió antes de tiempo, haciendo lo que tanto le gustaba en un sitio que tanto quería. Hoy día hay unas cuantas líneas más, a ambos lados, atractivas.


Desde el collado de Pandébano, tras un cómodo paseo se llega al pie de vía. La peña presenta aquí un pequeño zócalo rocoso muy bien orientado al sol, ideal para esta época del año, hacia el que habitualmente no miramos, pues nuestros ojos se dirigen hacia cumbres y paredes más grandes y altivas. Aunque aparentemente tenga algo de vegetación, hay un claro espolón y también llamativas placas a su izquierda.

Aparcamos con apenas dos o tres coches más alrededor. Qué contraste con dos meses atrás, cuando vine con Alberto y esto era un auténtico Tetris. Preparamos con calma las mochilas, ligeras, mientras saboreamos un té dulce que ha traído Nando en el termo. Estos detalles marcan la diferencia.

Sin prisa salimos por el sendero arriba, adelantados por algunos corredores. El paisaje y el ambiente tan guapo como siempre, hoy incluso más: las cumbres levemente pintadas de nieve, la luz oblicua, girones de niebla del amanecer en disolución, cencerros del ganado aún presente por las camperas, y en la altura el vuelo de algún buitre…

Poco más de veinte minutos y estamos posando la mochila al pie de vía. Observamos las referencias y comparamos con el croquis. No hay duda: se ve todo claro.

Dos rebecos cercanos nos observan trastear, y luego remontan a nuestra derecha, por la canal que entendemos será nuestro camino de bajada. 


Nando se anima a tirar delante el primer largo: se ve una chapa alta, marcando el camino. La escalada es bonita, sencilla, buena roca y múltiples opciones para asegurar; fisuras, puentes de roca, dientes… Llega al relevo y me avisa para salir.

El segundo largo es teóricamente el más obligado: tras un arranque con fisura, tiene algún paso de placa para enlazar canalizos y puntos de seguro. Se ve compacto.



Salgo a por ello confiado. Coloco un par de Friends pequeños al arranque, luego toca una levantada a por otro nicho, donde hay un buen puente de roca sin equipar, y también deja colocar trastos. De aquí una travesía ascendente de unos cinco o seis metros, en placa de adherencia, hasta alcanzar el gran canalizo que se ve desde pie de vía. Aquí hay un parabolt. El resto del largo sigue igual de guapo.



Mientras aseguro a Nando la vista se va al Picu, al Neverón, a los Albos, a Camburero y el valle hacia Bulnes, Amuesa… Está precioso. Saco fotos tratando de captar esta belleza, pero más tarde veo que no hacen justicia.

El tercer largo, V+, tiene un pequeño tramo vertical, con fisura de canto con algún clavo. La roca sigue siendo buena y algún parabolt protege zonas menos evidentes. El resto se deja asegurar sin problemas: hay muchos puentes de roca, agujeros y fisuras. Buenas sensaciones (es fácil).

Nando llega comentando lo guapa que es la escalada.

Nos queda el cuarto y último largo: tiene un diedro que arranca tieso, V+, y luego ya tumba para llegar a los bloques finales. El paso obliga a colocarse bien para no hacer más fuerza de la necesaria. Rápidamente estamos juntos arriba, recogiendo las cuerdas y comentando lo guapa que ha sido la vía, el acierto de haber venido.

Iñiguez estaría encantado escalando aquí, con estas vistas al Picu. Nosotros también lo hemos estado.


Subimos a la cumbre de Peña Maín. El terreno malo de andar si te sales del camino, lascas calizas afiladas entre hierba alta. Nos lleva unos cuarenta minutos. Las vistas arriba buenísimas.





La bajada al coche la hacemos de charleta planeando la siguiente. Volveremos: las vías vecinas tienen muy buena pinta y el plan de hacer un par de ellas rapelando parece muy cómodo.


Cerrada la hostelería nos compramos dos cervezas en la gasolinera de Arenas y nos subimos a tomarlas al alto Ortiguero, apoyados en el capó del coche mientras comemos algo y comentamos la situación. Tiempos de Covid, tiempos raros.