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miércoles, 17 de junio de 2026

Caminando por los fiordos noruegos

Las escaleras Helgeland en Mosjøen, Noruega 

Se trata de 4175 escalones de granito, irregulares, para ascender desde el nivel del mar, hasta los 818 metros de la cumbre de  Øyfjellet, a lo largo de un recorrido de unos 3 km.

Estás impresionantes escaleras fueron construidas por sherpas nepalíes. Desconozco el contexto que los llevó a ello. El resultado es impresionante.


A lo largo de los años me ha tocado viajar algo por motivos de trabajo. No dema
siado, nada agobiante. Así he estado en Italia, en Holanda varias veces, en Estados Unidos varias veces también, o en Canadá. Nunca han sido periodos largos, no más de dos o tres semanas. En estos viajes he intentado (no siempre con éxito) aprovechar para visitar y conocer cosas más allá del entorno directo de trabajo.

Este mes de junio me ha tocado ir a Noruegacontretamente Mosjøen, un pequeño pueblo al norte del país situado a la orilla del fiordo Vefnsfjorden (esto será redundante, imagino)

Aquí me desplacé en un periplo de cuatro vuelos y más de diecisiete horas desde casaSalí del aeropuerto de Asturias a las 6:40 de la mañana y llegué Mosjøen casi a las once de la noche, aunque a plena luz del día. El trayecto desde el pequeño aeropuerto hasta el hotel ya me regaló paisajes muy guapos con lomas nevadas, brumas sobre el fiordo y un atardecer eterno.

Estamos en junio y ahora aquí anochece a eso de las once y media, y vuelve a amanecer hacia las dos de la madrugada. 



La habitación del hotel daba directa al fiordo y a una montaña que se levanta justo delante.
 No anochecía así que pude seguir disfrutando las vistas.



Al día siguiente, martes, después de trabajar, cenando en casa de un compañero que está desplazado allí, me hablaron de este recorrido de escaleras que sale desde el mismo pueblo, que tiene muy buenas vistas. Estas escaleras las podía ver directamente desde mi habitación de hotel y tenían buena pinta. Este día había estado muy feo, lloviendo bastante, y algo fresco.





El miércoles,
 estando de vuelta en el hotel tras terminar la jornada de trabajo, después de mandar algún correo electrónico más, con muchas horas de luz por delante, y con una climatología mucho más amigable, decidí ir a dar una vuelta sin mayores pretensiones que disfrutar de las vistas. Me cambié y salí en pantalón corto y camiseta, con zapatillas de calle. Crucé el fiordo por un puente cercano al hotel y me acerqué al arranque de las escaleras.

Arranqué con idea de darme la vuelta a la más mínima señal de cambio de tiempo (iba en camiseta) o a una hora determinada, estuviera donde estuviera. De hecho, al comenzar no creía que fuera a llegar arriba.

El camino es una sucesión continua de escalones hechos con piedras de granito. Son irregulares, bastante altos en general, y sin apenas reposo. El desnivel ganado es muy directo.

Voy calentando y cogiendo ritmo. Adelanto gente de todas las edades. Me cruzo con gente bajando también, algunos en atuendos de corredor. Con la altura voy ganando perspectiva y vistas alrededor.



Gano un primer collado donde 
el camino gira ligeramente a la derecha. Cruzo los primeros neveros: esto también era otra condición para dar la vuelta, si la cosa se ponía delicada por nieve.



Me esfuerzo por mantener el ritmo y cuando 
llego a la hora en la que me había fijado para darme la vuelta me veo relativamente cerca de cumbre. Me cruzo con un señor que me confirma que no me queda más de unos diez minutos, así que no lo dudo y sigo apretando.

Cruzo otros dos neveros más grandes y empinados, y con los últimos tramos de escaleras alcanzo ya la zona final de cumbre.




Llego arriba. 
Un cartel indica que estoy en la cima, a 818 metros sobre el nivel del mar. Me ha llevado unos cincuenta minutos levantar estos 4175 escalones. 



Me maravillo de las vistas en 360 grados Montañas suaves con algo de nieve. Fiordos marinos. Lagos. Bosques. Y todo esto bañado por una luz limpia y cálida que da nitidez.







Apenas paro un par de minutos. A
ún me queda la bajada, estoy en camiseta y esto puede empezar a enfriar… 



Salgo para abajo contento. Sigo cruzando gente subiendo, y adelanto gente bajando, jóvenes y mayores disfrutando el paseo.

Me lleva la bajada otros cuarenta y cinco minutos.



No pensaba tener esta oportunidad, así que no me h
abía traído el reloj, por lo que los tiempos son sacados de la información de las fotos (saqué muchas, era todo muy guapo).

Estoy muy contento con esta excursión/sesión de entreno. Un auténtico privilegio haber podido disfrutarlo en un día cualquiera de semana, después de trabajar.


Después de llegar al hotel salgo a tomar una cerveza y a cenar con compañeros. Estupendo día.

Tendré agujetas de los escalones durante varios días. No obstante, es un buen desnivel en poca distancia y tiempo para mí.

 

martes, 2 de junio de 2026

Tiempos de restricciones

Miércoles 20 Mayo 2026
Rubén Díaz y Toni Suárez Ramón 
Fresnidiello, vía “Los ojales” (180 m, 6a) y “Los capitanes” (180 m, 6a)


Tras varios fines de semana frustrados por la lluvia, decidimos cogernos un día de vacaciones y aprovechar para escalar. Siendo día de escuela y coordinando agendas familiares, no salimos de Gijón hasta las 9. Hace calor. Al llegar al desvío de la pista hacia Áliva nos paramos a leer el cartel del Parque: venimos prevenidos por rumores de prohibición total de circulación por las pistas, y específicamente por esta en concreto a la que queremos acceder. No leemos nada nuevo. Seguimos adelante hasta la zona de aparcamiento bajo las paredes de Fresnidiello. Aquí hay un solitario coche aparcado (apenas hay nadie por ningún lado, normal siendo miércoles de mayo). Al llegar al coche vemos que tiene una nota en su parabrisas. 


Esta nota nos hace decidir llevar nuestro coche hasta una de las plazas de aparcamiento de las invernales del Texu. Esto es posible hoy, pero en unas pocas semanas será imposible (las plazas se saturan con gente camino de Pandébano): ya no solo no hay forma de subir dirección Urriellu, sino que tampoco podremos venir a hacer cosas hacia Áliva…
Dejo a mis colegas con las mochilas y me voy a aparcar. Está cerca y hoy no nos supone gran impacto, pero la previsión de lo que esto supone a futuro y en otros sitios me va poniendo de mal humor…
Hacemos la aproximación tranquilos y llegados a la base de la pared, nos decantamos por una de las vías del centro, “los Ojales”.


Echamos a suertes quién comienza y le toca a Toni. 

Son las doce cuando arranca a por el primer largo, que es por cierto el más difícil del día. 6a de pasos finos y delicados. Muy guapo y bien abierto.


 Segundo largo para Rubén. V. Canalizos porosos típicos de Fresnidiello.


Tercer largo para mí. IV. Terreno de navegar más indefinido. Buena roca.



Cuarto largo para Toni. V+. Guapo, muro vertical al comienzo, luego modera el ángulo. Muy bueno.



Quinto y último largo para Rubén. IV. De nuevo canalizos porosos que parece que subes por una escalera, pero donde asegurar se vuelve algo creativo. 



Son las dos y cuarto cuando nos juntamos todos en la última reunión y empezamos a organizar el primer rápel.


Bajamos fluidos y sin problemas.
Me ha gustado la vía, abierta entre otros por mi amigo Dani con Pochaco y otros. 

Al tocar suelo, después de comentar brevemente la jugada, decidimos optimizar logística e ir a por la vecina vía Los Capitanes. 


Me toca a mí arrancar, y a eso de las tres ya estoy empezando el largo. Es IV.


Segunda tirada muy aparente y estética en su arranque para Toni. V. 


Tercer largo de porosos canalizos para Rubén.



Cuarto largo para mí, tiene unos pasos finales de muro que marcan 6a. Sin problemas.



Quinto largo para Toni. IV.

Sexto y último largo para Rubén. IV.


Nos juntamos en la última reunión, son las cuatro y media pasadas. Nos ha llevado algo más de hora y media la segunda vía. 




Empezamos a rapelar como antes, coordinados en las maniobras, y de nuevo rápidamente estamos en la base. 

Esta segunda vía también me ha gustado. Buen homenaje de Iñaki Arregui y Andrés Villar a compañeros muertos en servicio de rescate.

Son las cinco y cuarto. Hemos hecho las dos vías (son fáciles y no muy largas) y rapelado en unas cinco horas en total. Nos movemos bien como cordada de tres. Otra sesión de entreno pero esta vez disfrutando vías nuevas (para Rubén y para mí, Tomi ya las conocía).

Por tiempo podríamos hacer otra vía más seguramente, pero las obligaciones familiares no nos lo permiten.
Comemos un bocado y salimos hacia abajo. 

Caminando de vuelta al coche por la pista así como durante el trayecto de vuelta a casa volvemos a hablar de la situación de restricción de circulación por las pistas. Cada vez somos más gente viniendo a disfrutar de estas montañas. De eso no hay duda. Todos los parques nacionales implantan medidas de restricción, es así. La cuestión es la arbitrariedad en algunos casos. 
No vemos que sea algo fácil de organizar, y conociendo con quién tratamos, nos parece que los montañeros y escaladores tenemos todas la de perder: no somos un colectivo de peso para que nos escuchen. Visto lo que ya sucede en el Cornión y la carretera de los Lagos hace años y ahora esto en las pistas del macizo Central y las otras del Cornión… se va a complicar mucho hacer algunas cosas de las que veníamos disfrutando.
Me pregunto para qué sirve la Federación de Montaña, si no puede influir algo más. 
Me parece que estoy perdiendo algo que me pertenecía, que formaba parte de mí y que disfrutaba desde niño, y que dudo que vaya a volver.


sábado, 23 de mayo de 2026

El despegue

Javi va a cumplir diecisiete años. Está entrando en esa edad de plenitud física en la que no se te pone nada por delante.


Hace unos años, quizá tenía doce, estuvo saliendo conmigo con la bicicleta de montaña, ya destacando por su tozudez en el apretar los pedales cuesta arriba. Una característica poco habitual en esa edad. Recuerdo a la gente con la que nos cruzábamos parando a comentar el tema. Igual pasó cuando empezó a foquear; la gente se paraba a ver aquel crío remontando las palas como si tal cosa.

La bici la dejó apartada unos años, pero ahora ha vuelto con ganas. Desde hace unos meses salimos a repetir recorridos clásicos de cerca de casa. Incluso sale él solo a veces. La BTT en Gijón es generosa en opciones y en cuestas.

Un domingo de hace unas semanas me dijo que quería salir, pero además que quería subir al Fario. Esta es la cumbre del concejo, más lejana y por tanto la salida más dura de entre las normales.

Elegí para este objetivo la ruta de subida por la Olla, el cementerio, valle de Rioseco, peña de los Cuatro Jueces, y de esta ya a la cima del Fario. El desnivel acumulado ronda los 850 metros. Son relativamente pocos kilómetros en la subida, unos 18. Tiene repechos por encima del 20%. Con todo, este recorrido es más suave que otras alternativas al mismo destino. Luego el descenso viene a ser otros tantos km por otra vertiente.

La bajada sería por el Bosque de pinos hasta el collado con el Montedeva, de aquí hacia Caldones por la cuesta de la Radio, y de aquí abajo hacia Vega y volver a casa por la pista del Parque Fluvial.

La subida fue muy bien. Javi tiró de mí en los tramos que ya conocía, y yo le fui diciendo que guardara fuerzas que la cosa era larga… 

Llegamos a la cumbre del Fario por debajo de las dos horas, que no está nada mal. La bajada fue laboriosa en su primera parte por la cantidad de barro y charcos. Después de esto disfrute total  en el bosque.


A la semana siguiente volvemos a salir, esta vez a por la clásica del Picu Sol. Ruta más corta y explosiva. Aquí ya llegó antes que yo a cumbre. De vuelta para casa me comentaba que le está gustando de nuevo la bicicleta de montaña, y que además le gusta más subir que bajar… (igual que a mí).


Un auténtico placer compartir estas salidas con mi hijo. En breve me costará seguirle el ritmo. Y estaré encantado. Está iniciando el despegue. La vida sigue.