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miércoles, 15 de julio de 2026

El año más frío del resto de nuestras vidas

Estamos en verano, y aunque vivo en Asturias, el calor se nota. Y se nota más de lo normal. No es que sea agobiante ni todo el tiempo. Se trata más bien de la tendencia general. Y de la aparición poco a poco y cada vez con más frecuencia de episodios puntuales como las “olas de calor”, algo que siempre ha existido, pero que ahora se presentan más pronto en el verano, y con más repeticiones que antes. La mar está más caliente de lo normal, desde hace años subiendo de temperatura de manera continua, inexorable. Y la temperatura del agua es el indicador clave, al ser el océano el regulador general. 

Estamos asistiendo a los efectos de eso que se nos venía anunciando por la comunidad científica desde hace tiempo (bastante tiempo ya en realidad). Ahora las señales son claras e inequívocas.

Como leía hace unos días, debemos ser conscientes de que en términos generales, 2026 probablemente va a ser el año más frío del resto de nuestras vidas. Ojo porque duele leerlo. Esto no es opinión: son datos y estadística.

A parte de esta reflexión, como cada año, a medio verano mi cabeza empieza a echar de menos la nieve…

Recuerdo ahora un breve paseo de raquetas con Paula el pasado invierno, por el entorno de San Isidro, dirección al Valmartín. 

Sin objetivo concreto más allá de disfrutar de las vistas y las sensaciones.








Objetivo cumplido, ganas de repetir. 

Y ganas de blanco otra vez.

jueves, 9 de julio de 2026

Rabadá Navarro al Picu Urriellu

12 Junio 2026

Picu Urriellu (2.519 m), vía Rabadá-Navarro (750 m, 6c+/A1)

Antonio Suárez-Ramón, Rubén Díaz

 

La cara Oeste depicu Urriellu. La pared por antonomasia para los escaladores asturianos.



13 años habían pasado desde mi última escalada en esta pared imponente. Aquella vez fue precisamente a esta misma vía, pero viniendo en el día desde casa: levantarte de tu cama, viajar hasta allí, hacer la aproximación, escalar la vía, bajarse del monte, desandar la aproximación y volver a casa a cenar. Esto fue con el jabalí de Martín. Un gran día, sin duda.

 

En estos 13 años me habían pasado unas cuantas cosas, pero como resumen principal el avance final de la lesión de cadera hasta su fase más limitante, la operación de prótesis y su recuperación, y poco a poco ir retomando la escalada hasta volver a mirar a esta pared con ganas de volver. 

 

Para ese impulso de volver ha pesado mucho las ganas y la ilusión de mis compañeros Rubén y AntonioEllos llevan toda la vida escalando, más de treinta años, pero no tenían hecha la Oeste. La principal diferencia entre ellos y yo es el no haber cuadrado con los compañeros adecuados en su momento. Yo soy un privilegiado y desde muy pronto me pude atar a gente que me ayudó a probar cosas que a priori me quedaban grandes, y que gracias a ellos, fui poco a poco haciendo. Por supuesto también cuenta el empuje personal, pero su impulso inicial fue básico.

 

Mi primera escalada en la cara Oeste de Urriellu fue la Leiva, en 1993, con Elías y con Miguel, nuestro mentor. Llevábamos dos años escalando. Con ese empuje inicial, al año siguiente, en 1994, Elías y yo hicimos la Rabadá-Navarro, la Sagitario y la Murciana en un único fin de semana. Un año después, 1995 y de nuevo con Elías y con Miguel hicimos la Directísima. Y en los años sucesivos siguieron otras como la Cuélebre con Gelo, la Cherokee way con Rafa, la Gizon con Rafa, la Zumbeltz con Elías, años más tarde la Festa del Paca con Martín. Por en medio algunas otras repeticiones de Leiva con Juanín y Rafa, y Murciana con Juaco. Así es como llegué a hacer diez vías distintas en la pared. Y la verdad que ya no me veía para más: las otras vías restantes se me escapaban por grado, por exposición, o por las dos cosas.

 

Escalando juntos ya el año pasado empezamos a hablar de la Oeste, y su ilusión hizo que entrenáramos, que nos esforzáramos juntos intentando mejorar como cordada, con la idea de intentar la Rabadá.

La Rabadá-Navarro es la primera vía abierta de la pared, y por tanto, en mi opinión la más importante e histórica. No es la más fácil, pero Toni y Rubén querían hacerla.

 

Alberto Rabadá y Ernesto Navarrofortísimos escaladores aragoneses, fueron los primeros en escalar esta pared en el verano de 1962, abriendo esta imponente vía. Se trata de una hazaña tremenda de la que en muchas ocasiones durante la escalada no puedes dar crédito de por dónde se aventuró esta intrépida cordada, de su visión y valentía. La Oeste es una pared muy vertical y sostenida, sin apenas repisas ni escapes, con un grado de dificultad muy importante para la época de su apertura. Rabadá y Navarro dejaron también el listón muy alto en cuanto a su estilo. 

 

Nosotros planificamos la escalada para junio, antes de que llegue la gente y el calor a esta meca. Decidimos hacerla fuera del fin de semana para intentar evitar también el tráfico en la vía. Y además antes de la Travesera, que moviliza mucha gente alrededor de la carrera.



Con esta idea, s
ubimos el jueves 11 por la tarde, cuando el sol ya había bajadoVenimos en taxi de Sotres a Pandébano para evitar incertidumbres con el aparcamientoEl reparto de material entre tres se hace más llevadero, pero la falta de costumbre de portear se nota: las otras cosas adicionales, saco, tienda, comida…






Llegamos a la Vega y acampamos entre otras decenas de tiendas: con este escenario nos entran dudas de si estaremos solos en la vía. Tener cordadas por delante o por detrás siempre genera incertidumbre. Hay mucha gente, guiris y algunos amigos guías a quien saludo: Sergio, Jose Camino, Juan Luis



D
espués de una noche de sueño intermitente (los nervios se notan), el viernes madrugamos bastante, y a eso de las siete ya estamos caminando pedrera arriba hacia el pie de víaPor delante de nosotros sube un chaval solo, con un gran petate blanco, y va al pie de vía de la Rabadá. Afortunadamente parece que no va a entrar por ahora, así que llegamos nosotros y rápidamente nos preparamos para la escalada. Sin mucho tiempo para pensarlo, a eso de las siete y media empezamos. 


 

Largo uno: Empiezo yo delante. No hace frío y la roca tiene la temperatura perfecta. Voy haciendo aceros en lo más difícil y escalando entre seguros. Resuelvo sin problema. Toni y Rubén comentan al llegar lo vertical que es. Nos ha llevado unos cuarenta minutos.


 

Largo dos: el largo clave de la vía. Continúo yo delante: subo alternando libre y artificial, economizando los Friends. Me voy encontrando los muy pocos seguros fijos que ayer me dijo detalladamente Juan Luis en el refugio: primero un clavo y un fisurero apenas comenzado el largo, luego un tricam ya después de la primera secuencia dura, más arriba un friend naranja y la chapa en la zona intermediaJuan Luis está en ese mismo momento guiando a una pareja en la Leiva y desde allí me manda ánimos de vez en cuando. Me cuesta trabajopero consigo completarlo sin problemas. Me lleva casi media hora hacerlo. Es la cuarta vez que escalo este largo y lo encuentro extremadamente pulido. 



Rubén y Toni llegan trabajosamente al cabo de un buen ratoEscalar esto de segundo no es para nada más fácil: hay que tener en cuenta que tienes que ir quitando los seguros, algunos de los cuales yo de primero usé para hacer pasos de estribo. Todos le teníamos mucho respeto a este largo: es el más difícil de la vía y se hace notar.



Largo tres: sigo delante yo. Fisura ancha y pocos seguros fijos. Me esfuerzo por asegurar adecuadamente. El largo casi apura las cuerdas cuando alcanzo la reunión en la punta de la Lastra. Me relajo porque esto da paso a una sección que recuerdo más llevadera. Llegan Rubén y Toni repitiendo lo muy vertical y sostenida que es la vía hasta aquí. Llevamos ya tres horas y cuarto en la vía.



Largo cuatroun corto muro de 6a para entrar después en la Cicatriz. Ahora se anima Rubén a tirar delante y lo resuelve con solvencia. 




Largo cinco: segundo tramo de la Cicatriz. Sigue Rubén delante, que se está soltando en su bautismo en la Oeste. De nuevo resuelve perfectamente. De segundo a mí me resulta más difícil y mantenido de lo que recordaba. 




 Largo seisdesde el final de la Cicatriz hasta la cornisa del Entreacto. Vuelo a ponerme yo delante. Este es un largo más enrevesado y hay que buscar el paso lógico. Asegurar desde el arranque de la Travesía pensando en los aperturistas es simplemente sensacional. Cuando llegan los colegas yo animo a Rubén a que lidere la mítica Travesía. Son las doce y media pasadas. Llevamos ya cinco horas en la vía.






Largo siete: la Gran Travesía: Rubén lo escala con tranquilidad. Está disfrutando como un niño. Nos agrupamos en la reunión de la Guitarra y montamos el rápel.

 



Largo ocho: rápel y flaqueo hasta reunión de Directísima: lo hago yo delante que conozco el terreno. Siendo tres todo lleva más tiempo y tardamos un rato en estar juntos de nuevo. 

 


Largo nueve
transición fácil hasta la base del Diedro de los cien metros, cruzando la Murciana. Voy de nuevo yo delante. Mientras aseguro a los amigos charlo con una pareja chilena, son majísimos vienen haciendo la Murciana encantadosCuando nos reagrupamos aquí, hacemos una pausa para comer y beber algo, por primera vez en el día. Son las dos y media: ya llevamos siete horas. Estamos en un punto en el que ya le empezamos a ver color a la vía, aunque sigue quedando un montón.



Largo diez
. Ahora Toni se anima a tirar de primero. Este primer largo del diedro de los cien metros estira a tope de cuerdas es más mantenido de lo que yo recordaba. Le lleva un buen rato,  además de exigirle escalar, no localiza la reunión, que está situada casi a sesenta metros y fuera de la fisura por la que vienes escalando.

 

Largo once: Rubén, resigue la chimenea hasta coronar y dar vista hacia Rocasolano.

 

Largo doceBajamos destrepando a Rocasolano: otro sitio mítico de la pared, esta es la primera terraza de dimensiones suficientes para que te permita caminar tranquilo desde que empezamos en el pie de vía.




Lar
go trece: tiro yo. Este lo recuerdo bien de otras veces: tiene con un par de pasos de panza, apretones, pero bien asegurados. Estiro casi toda la cuerda y la reunión te planta en el límite de la Oeste con la Norte. Asegurando te deja sacar fotos buenas a los compañeros con una vista vertiginosa hacia Vega Urriellu. Uno empieza a pensar ya en la cumbre, aunque todavía se hace bien de rogar.

 



Largo catorce: tiro yo de nuevo. La cosa va aflojando, por terreno algo más indefinido y evitando zonas de roca dudosa.



Largo quince: tira Rubén, el último de la vía, 
pero aún nos obliga a unos buenos pasos de fisura y panza final. La vía no regala ni uno solo de los largos, casi si me apuras, ni uno solo de sus 750 metros de recorrido.

 

Nos ponemos las zapatillas y salimos caminando hacia cumbre. Me adelanto para sacarles unas fotos y vídeos a mis amigos, que llegan felices con la satisfacción de haber escalado la Oeste y por su primera y mítica vía: la Rabadá-Navarro.

Son casi las seis y media mientras nos sacamos las fotos de rigor. Once horas para la escalada. Nos ha llevado un buen rato más que mis escaladas previas, pero es cierto que siendo tres todo lleva más tiempo. Además, no nos hemos apresurado nada, ¡veníamos disfrutando el momento y tampoco teníamos mucho margen de aceleración!

 


Después de unos minutos 
de descanso, fotos y celebración, nos dirigimos a los destrepes del Anfiteatro, seguimos por los rápeles en la SurContinuamos de charleta animada bajando la canal de la Celada y remontamos de regreso a la Vega para desmontar la tienda, recoger los trastos y arrancar para abajo. Llegando a Pandébano, encendemos las frontales. Llamamos al taxista para suba a recogernos, pero parece que no le viene bien a estas horas, y simplemente nos deja tirados… (impresentable la calidad del servicio público). Suerte que coincidimos con unos chavales muy majos que bajan a Toni hasta Sotres, donde recoge su coche y vuelve a subir a por nosotros. Terminamos llegando a casa a la una de la mañana y con una fundida de las que hacen afición.

 

Ha sido una gran jornada de escalada en esta Meca de los Picos.

Tengo la sensación de haber contribuido a que mis amigos cumplieran un sueño. Me ha encantado acompañarlos en este día. Para mí también ha sido un día importante al verme de nuevo recorriendo esta pared mítica. Pegamos una rosca de las buenas.

 

Mi agradecimiento para José Camino y Juan Luis Guilluy por sus consejos, referencias y ánimos, tanto antes como durante la escalada.

 

Ya se están haciendo planes para subir a repetir otra vía de la Oeste, pero eso será otra historia.

 

 

 

miércoles, 17 de junio de 2026

Caminando por los fiordos noruegos

Las escaleras Helgeland en Mosjøen, Noruega 

Se trata de 4175 escalones de granito, irregulares, para ascender desde el nivel del mar, hasta los 818 metros de la cumbre de  Øyfjellet, a lo largo de un recorrido de unos 3 km.

Estás impresionantes escaleras fueron construidas por sherpas nepalíes. Desconozco el contexto que los llevó a ello. El resultado es impresionante.


A lo largo de los años me ha tocado viajar algo por motivos de trabajo. No dema
siado, nada agobiante. Así he estado en Italia, en Holanda varias veces, en Estados Unidos varias veces también, o en Canadá. Nunca han sido periodos largos, no más de dos o tres semanas. En estos viajes he intentado (no siempre con éxito) aprovechar para visitar y conocer cosas más allá del entorno directo de trabajo.

Este mes de junio me ha tocado ir a Noruegacontretamente Mosjøen, un pequeño pueblo al norte del país situado a la orilla del fiordo Vefnsfjorden (esto será redundante, imagino)

Aquí me desplacé en un periplo de cuatro vuelos y más de diecisiete horas desde casaSalí del aeropuerto de Asturias a las 6:40 de la mañana y llegué Mosjøen casi a las once de la noche, aunque a plena luz del día. El trayecto desde el pequeño aeropuerto hasta el hotel ya me regaló paisajes muy guapos con lomas nevadas, brumas sobre el fiordo y un atardecer eterno.

Estamos en junio y ahora aquí anochece a eso de las once y media, y vuelve a amanecer hacia las dos de la madrugada. 



La habitación del hotel daba directa al fiordo y a una montaña que se levanta justo delante.
 No anochecía así que pude seguir disfrutando las vistas.



Al día siguiente, martes, después de trabajar, cenando en casa de un compañero que está desplazado allí, me hablaron de este recorrido de escaleras que sale desde el mismo pueblo, que tiene muy buenas vistas. Estas escaleras las podía ver directamente desde mi habitación de hotel y tenían buena pinta. Este día había estado muy feo, lloviendo bastante, y algo fresco.





El miércoles,
 estando de vuelta en el hotel tras terminar la jornada de trabajo, después de mandar algún correo electrónico más, con muchas horas de luz por delante, y con una climatología mucho más amigable, decidí ir a dar una vuelta sin mayores pretensiones que disfrutar de las vistas. Me cambié y salí en pantalón corto y camiseta, con zapatillas de calle. Crucé el fiordo por un puente cercano al hotel y me acerqué al arranque de las escaleras.

Arranqué con idea de darme la vuelta a la más mínima señal de cambio de tiempo (iba en camiseta) o a una hora determinada, estuviera donde estuviera. De hecho, al comenzar no creía que fuera a llegar arriba.

El camino es una sucesión continua de escalones hechos con piedras de granito. Son irregulares, bastante altos en general, y sin apenas reposo. El desnivel ganado es muy directo.

Voy calentando y cogiendo ritmo. Adelanto gente de todas las edades. Me cruzo con gente bajando también, algunos en atuendos de corredor. Con la altura voy ganando perspectiva y vistas alrededor.



Gano un primer collado donde 
el camino gira ligeramente a la derecha. Cruzo los primeros neveros: esto también era otra condición para dar la vuelta, si la cosa se ponía delicada por nieve.



Me esfuerzo por mantener el ritmo y cuando 
llego a la hora en la que me había fijado para darme la vuelta me veo relativamente cerca de cumbre. Me cruzo con un señor que me confirma que no me queda más de unos diez minutos, así que no lo dudo y sigo apretando.

Cruzo otros dos neveros más grandes y empinados, y con los últimos tramos de escaleras alcanzo ya la zona final de cumbre.




Llego arriba. 
Un cartel indica que estoy en la cima, a 818 metros sobre el nivel del mar. Me ha llevado unos cincuenta minutos levantar estos 4175 escalones. 



Me maravillo de las vistas en 360 grados Montañas suaves con algo de nieve. Fiordos marinos. Lagos. Bosques. Y todo esto bañado por una luz limpia y cálida que da nitidez.







Apenas paro un par de minutos. A
ún me queda la bajada, estoy en camiseta y esto puede empezar a enfriar… 



Salgo para abajo contento. Sigo cruzando gente subiendo, y adelanto gente bajando, jóvenes y mayores disfrutando el paseo.

Me lleva la bajada otros cuarenta y cinco minutos.



No pensaba tener esta oportunidad, así que no me h
abía traído el reloj, por lo que los tiempos son sacados de la información de las fotos (saqué muchas, era todo muy guapo).

Estoy muy contento con esta excursión/sesión de entreno. Un auténtico privilegio haber podido disfrutarlo en un día cualquiera de semana, después de trabajar.


Después de llegar al hotel salgo a tomar una cerveza y a cenar con compañeros. Estupendo día.


Tendré agujetas de los escalones durante varios días. No obstante, es un buen desnivel en poca distancia y tiempo para mí.