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miércoles, 22 de abril de 2026

Escalada limpia en la cuarcita de Teverga

Viernes 17 abril 2026
Pared de Cuarcita de Santa María de Teverga
Rubén Díaz, 


La cantidad de roca que tenemos en Asturias es enorme. Es prácticamente toda caliza, y en general de alta calidad. Los afloramientos de cuarcita son menores (aunque sí que aparecen en bastantes zonas), y en general, que se puedan considerar destacables para escalar son realmente pocos. Me vienen a la cabeza el Pico Torres (vertiente leonesa) en el Puerto de San Isidro y Panondres (Navia).

Otra pared de cuarcita muy característica es la de Santa María en Teverga. Bien visible desde la carretera, aquí no había escalado hasta el otro día.

La escalada sobre cuarcita tiene sus particularidades: la adherencia es menor, la disposición de las presas (muchas veces invertida), la mosqueante sonoridad en ocasiones… por otro lado, cuando ofrece fisura o huecos, los seguros quedan realmente bien. A esto hemos venido, a cacharrear por estas vías de apariencia poco apetecible, muy verticales desde el primer metro.

Viernes tarde. Una hora de coche desde casa. Un minuto de aproximación desde el coche (literal). La pared se alza muy vertical desde el primer metro. Tardamos un rato en centrarnos con el croquis. Nos decidimos a empezar por una de las vías más fáciles de la parte izquierda: “Las viejas glorias nunca mueren” (V+,V+).

Me ato y me cuelgo los friends y fisureros. Atendiendo a las recomendaciones venimos con algunos de los números  pequeños repetidos. Empiezo a trepar con cautela y poco a poco me voy soltando. Apenas hay seguros fijos así que me esfuerzo en asegurar bien por mi lado. La escalada es muy vertical para el grado, pero la disponibilidad de buenos apoyos deja ir más o menos cómodo.

Una vez en la reunión de doble parabolt con argollas aseguro a Rubén que viene rápidamente. 



Vuelvo a salir a por el segundo largo, que en este caso parece menos evidente. Hay algún arbolillo y algo de suciedad por zonas, pero en general la roca es buena, los pasos chulos y los emplazamientos de seguros muy buenos: coloco desde aliens hasta el camalot del 3, y algunos fisureros también. Desde luego este es un buen sitio para cacharrear. 

Debajo de un característico techo alcanzo la reunión. Rubén llega y comentamos sensaciones. La vía teóricamente termina aquí, según el croquis, aunque por encima la roca continúa parecida y se ve un cordino en un puente o diente de roca a unos ocho metros por encima. Decidimos bajar y mirar para hacer otra. Venimos con cuerda de deportiva de 70 metros. Bajamos en dos veces sin problema. Al rapelar se aprecia bien lo vertical que es la pared.

Mirando el croquis en el suelo nos parece que el segundo largo hecho lo hemos combinado con la vía vecina de la derecha, que termina más alta, la “Romero-Herranz”. Como hay pocos seguros fijos y la roca ofrece, es fácil pasarse de una a otra en medio de la navegación.

Recorremos el pie de la pared pensando qué hacer ahora. Hacia la derecha son más duras de grado, pero por otra parte hay más chapas. Alguna parece incluso de corte deportivo. No nos cuadran con las marcadas en el croquis pero es que este dibujo es bien antiguo y quizá se abrieron o equiparon más posteriormente.



Volvemos a la izquierda y nos decidimos por la “Cante jondo” (V+, V+, 6a). Está comienza con una fisura algo ciega para llegar a un nicho sobre el cual un árbol con un desplome encima da paso a una atractiva fisura hasta la reunión. Vuelvo a tirar yo. 

Este largo me parece una escalada muy guapa. Como en la otra vía, solo hay un cordino en todo el largo, pero puedes asegurar a placer. Asegurando a Rubén observo lo estético del color de la roca. 

El segundo largo sigue la misma tónica, pero se ve que yo voy más hecho al sitio, a su estilo y su roca. Lo escalo más cómodo y estirando más entre seguros. Cuando me doy cuenta estoy llegando a la misma segunda reunión de antes. Se ve que el croquis engaña algo en cuanto a distancias. 

Llega Rubén y volvemos a rapelar sin problema.

Hemos echado la tarde muy bien: han sido solo cuatro largos, pero entre centrarnos con qué es cada cosa, y que además, siendo escalada limpia pues todo lleva más tiempo… Me ha gustado el sitio y su escalada. No es una pared estética  pero creo que tiene cosas buenas. Eso sí, hay que venir cómodo en el grado para disfrutarlo. 

Me dejo como deberes apuntados para la próxima visita la “Romero-Herranz” y la “Lobo solitario”, esta última fue la primera vía abierta en la pared a cargo de el Pingüi, y eso es sello de calidad.


Mirando el croquis en casa con calma me doy cuenta de que es obra de mi amigo Miguel, incansable explorador de paredes, y dibujante y pintor de calidad. Ya se fue hace unos cuantos años. Se le echa mucho de menos.



lunes, 13 de abril de 2026

Norte del Taillón

6 Abril 2026
Pico Taillón (3.144 m), Norte Clásica (700 m, 55º-60º, IV)
Antonio Suárez-Ramón


Las condiciones lo son casi todo.
Hace unos años intentaba esta misma escalada con Luque y Rubén, en fechas similares. Aquella vez nos retiramos después de escalar laboriosamente cinco o seis largos de cuerda. La cosa no estaba.
En esta ocasión todo fue bien y no tuvimos ningún contratiempo.


Vamos en plan rápido, para no variar: salimos de casa el domingo a las dos de la tarde con idea de estar de vuelta al día siguiente.
Estamos en plena Operación regreso de Semana Santa, y sin embargo no tuvimos apenas tráfico. Las temperaturas están mucho más altas de lo deseable para ir a un asunto de piolets y crampones: el termómetro llega a marcar por encima de los 25 grados. En Gavarnie aún está a unos diez. El paisaje y la luz preciosos.
Una vez en el aparcamiento de la estación de esquí hay numerosas furgonetas. Nosotros somos casi el único coche, y desde luego somos los únicos pringaos que, después de cenar de pie abrigados con toda la ropa que traemos, montamos la tienda en el asfalto para pasar la noche.
Hemos dejado las mochilas ya listas: llevamos una cuerda de 60 m de 8,1 mm, siete cintas extensibles, cuatro friends, tres tornillos, dos clavos de roca y tres estacas de nieve.


Hacia las cuatro me despiertan unos pasos cercanos; parece que ya hay gente en movimiento. 
A las cinco pita la alarma, desayuno rápido y para cuando dan y media estamos arrancando por las pistas. La nieve aguanta bien pero mejor si pisas sobre huellas prensadas. Esperamos tener suerte...


Al llegar al Col de Tentes damos vista a nuestro objetivo a la luz de la luna: está precioso. Se ve cargado. Vemos tres frontales que parecen ir dirección a la norte clásica, pero cruzando directos desde el col.
Nosotros seguimos a por el flanqueo hasta el collado de Puerto de Bujaruelo. A mitad de recorrido paramos a poner los pinchos, el arnés, y sacar un piolet, vamos un poco más altos de la cuenta, pero bien. Va amaneciendo mientras remontamos las palas finales hacia el inicio de vía. La nieve aguanta, el optimismo sube.
Encontramos un depósito con tres pares de esquíes, y unas huellas recientes dirección a la cara Oeste: parece que la gente que vimos antes no iban a nuestra vía sino a alguna de las goulottes de esa cara. Tenemos la Norte entera para nosotros.


Voy remontando de manera oblicua embocando el tubo que da entrada a la vía. Paró a esperar a Toni. Al parar me pongo la capucha de la chaqueta: no hace frío pero tampoco calor.


Reagrupados, a eso de las nueve menos cuarto, nos metemos a la vía en sí: vamos a empezar sin sacar cuerda porque de momento no parece necesaria. Continúo por el tubo de la entrada a unos 60º en nieve helada y que apenas reconozco de hace unos años. Hoy no hay que pensar, aquel día apreté bastante. Después sigo unas leves huellas que sin darme cuenta me van sacando hacia la derecha evitando la primera franja de roca. Cuando comentamos esto ya más arriba nos damos cuenta de que estamos haciendo la versión de la derecha de los croquis que hemos visto de la vía clásica. 


Paro a esperar a Toni de cuando en cuando. La nieve está más o menos bien y el ángulo es suave: una diferencia de ritmo aunque sea pequeña se traduce pronto en bastantes metros de separación. 
Solo en algún punto concreto en el que se pone más tiesa o dura, o las dos cosas, tenemos que prestar más atención y clavamos más en firme. Vamos remontando tranquilos.


La parte intermedia es más tediosa, sin cambios, solo remontar sin pensar. Estiro tramos, y paro a esperar a Toni. En las paradas aprovecho para disfrutar el paisaje: Grandiosos Pirineos.


Superamos algún paso más delicado (por la nieve suelta, no por otra cosa). No vemos necesidad de sacar la cuerda.
Estamos entrando ya en el tercio superior y vemos la parte final más aérea y cerrada, pero imaginamos que habrá paso. Efectivamente, salvo un par de resaltes cortos para superar franjas de roca, el resto es simplemente ir moviéndose a los lados buscando pequeños tubos y canaletas que van remontando.





La arista al sol parece cercana, aunque como siempre, engaña.
Por debajo de Toni aparece una cordada con esquíes en la mochila.
Doy el último tirón y salgo al sol de la arista. Al sol y al viento. Son las doce y cuarto: tres horas y media desde el comienzo. Ni mucho ni poco.
Al rato llegan los chicos con los esquíes, adelantan a Toni apenas a cincuenta metros de la arista, una pareja muy maja.


Cuando llega Toni nos damos un abrazo y recorremos los escasos metros que nos separan de la cumbre. Hace viento intenso, que nos enfría, no hay quien pare aquí. 


Después de un par de fotos y de echarnos un poco de crema que nos dio la chica esquiadora arrancamos hacia abajo por la huella de la normal a buscar algún punto más resguardado que nos deje comer algo.


En un collado cerca ya de la Falsa Brecha amaina la ventolera y podemos para a charlar y comer un poco. Vistas espectaculares a sur y norte.


Aún nos queda un buen pateo, así que sin mucha dilación seguimos hacia la Brecha de Rolando, espectacular enclave. Cruzamos y volvemos al norte. La bajada a Serradets está bastante cómoda: nieve dura y espectaculares vistas a las nortes encima del circo de Gavarnie.




Luego, tras el flanqueo al sur ya la nieve más profunda y el calor nos va minando las fuerzas. El regreso hasta el puerto de Bujaruelo se hace más pesado. Hay bastante gente, casi todos en esquíes y que tiran hacia España. En el tramo hacia el Col de Tentes va menos gente. 


Desde el Col hasta la estación también se hace pesado: personalmente me ha parecido más largo de bajada que de subida.


Llegamos al coche hacia las cinco. Casi doce horas desde que salimos por la mañana: yo me he encontrado bien de fuerzas todo el día, parece que el entreno de estos meses ha dado su fruto.
Nos cambiamos y pronto estamos carretera abajo en busca de una fuente donde cargar las botellas y calmar la sed. 


En la bajada cogemos ángulo al Swan de los Astazous y nos lo apuntamos como nuevo objetivo para otra temporada. 
La sed nos acucia, pero hoy lunes de Pascua es festivo nacional en Francia y está todo cerrado, y las fuentes de los pueblos las tienen desconectadas (!!). No será hasta estar ya en la autopista pasado Tarbes cuando podamos por fin parar en un área de descanso y coger agua y comprar unas cocacolas, que nos ayudarán a espabilar para el viaje de seis horas que tenemos por delante.
Llegamos a casa hacia las once y media.
Escapada exprés de lo más satisfactoria. Como siempre, comentamos que tenemos que hacer esto más a menudo. Qué guapos los Pirineos!


Al día siguiente a currar como si tal cosa, eso sí, con la sensación de haberlo pasado muy bien en el monte y haber podido hacer esta clásica tan bonita.

Gijón (5 abril) 14:00 h
Estación esquí Gavarnie-Gedre 20:30 h
Inicio aproximación 5:30 h
Inicio vía: 8:45 h
Fin escalada 12:15 h
Coche 17:00 h
Gijón (6 abril) 23:30 h


sábado, 4 de abril de 2026

Tiempo de calidad en Saint-Lary

Escapada breve a esquiar a Francia.

El plan inicial era ir la familia, pero el apretado calendario de competiciones de Jimena no nos da opción. Posponerlo tampoco era factible. Además Javi tenía a los colegas de viaje de estudios (al que no quiso ir…), así que decidimos ir nosotros. Al final se nos une Nando, que tenía organizado con sus hijas y también tuvo cambio de planes.


Hacía años que quería conocer esta estación por referencias de amigos y por mis visitas a la zona a hacer monte, esquiar de montaña y escalar. El viaje se dio bien y salvo el palo de recargar depósito a más de dos euros el litro (la cosa está bien caliente en Oriente Medio), llegamos en buen horario para cenar. El apartamento está correcto y sobre todo muy bien situado, a 1.700 m a pie de pistas en el Pla D’Adet.

El sábado madrugamos y antes de que abran las sillas estamos los tres empujando contra las barras del torno. Hace buen día y no hace frío. Empezamos subiendo hasta el Soum de Matte para coger la primera de las muchas y larguísimas pistas del día, en este caso la azul Corniche, para bajar a la zona Espiaube y remontar al otro valle. 

Durante todo el día sin descanso recorreremos pistas casi vacías, con nieve buena hasta las dos de la tarde aproximadamente, cambiando orientaciones en la estación. Nos salimos a menudo a zonas no pisadas y disfrutamos un montón de bajadas guapas. Lujo.

A última hora Nando tira al apartamento antes que nosotros, que aún exprimimos una hora más el forfait…

De vuelta al apartamento ducha, comer algo, siesta para el adolescente, y después bajamos al pueblo a pasear y tomar algo, hoy en coche. 

Gran animación en las calles, terrazas, música, restaurantes… Lo que viene siendo el apreski. Cenamos arriba en la pizzería justo al lado de nuestro portal. Un muy buen primer día.

El domingo amanece igual, con nosotros listos para coger la primera silla del día, con cielo azul y nieve crujiente, aunque con las piernas algo doloridas en las primeras bajadas. Hoy pretendemos hacer lo mismo que el día anterior aunque a mayores traemos las pieles de foca en la mochila por si nos animamos a remontar a alguna de las bonitas cumbres vecinas o a tirarnos hacia alguna pala sin remontes que luego haya que foquear.


Bajamos al Lac D’Oule: precioso bosque para llegar al embalse helado. Exploramos algunas otras pistas que ayer quedaron pendientes, incluida alguna negra que no nos parece tanto. Al igual que el día previo, apenas paramos nada: sillas, remontes, bajadas de pistas casi vacías para nosotros, bajadas de fuera pistas estupendas. Un lujo.

Hacia las dos Nando se retira y Javi y yo continuamos un rato más. Decidimos foquear desde la silla de La Soumaye hacia una cumbre vecina en la que vemos las insinuantes marcas de giros en una bonita pala orientada al sol.


Remontamos hasta el collado, aquí yo lo dejo descansando mientras me acerco hasta la cumbre cercana. 

Se llama Pic de Montarrouyes. Vistas preciosas a 360 grados. De vuelta con Javi, nos tiramos por la pala en inmejorables condiciones; hasta yo disfruto como un enano dejando mis propias huellas… 

Retornamos al apartamento encadenando descensos y remontes para ir cambiando de valles y sectores. 

Como el día previo, ducha, descanso y bajada al pueblo. Hoy bajamos en el teleférico, que está incluido en el precio del forfait (40 € adulto en estos días de final de temporada). 

En unos pocos minutos y disfrutando de las vistas, nos deja en el centro del pueblo. Nos tomamos una cerveza en una terraza (hace muy bueno), hacemos algo de compra (embutido y queso de la tierra, algunas cervezas más) y volvemos a subir al apartamento. Hoy cenamos en casa.

El lunes amanece más nublado y frío. La nieve más helada y crujiente. Aprovechamos la mañana como los dos días previos, sin parar apenas entre bajadas, descansando en las sillas (en las largas perchas descansas menos). Hoy prácticamente no hay nadie y nos decidimos a probar algunas pistas de orientación norte que no habíamos hecho aún. Hacia la una y media vamos a por la última bajada y para celebrarlo elegimos una larga pista negra que enfoca al parking, lejano muchos metros por debajo. Yo voy con todos los sentidos alerta, Javi y Nando mucho más relajados… nada más empezarla alucinamos con las condiciones de la nieve, está sin pisar pero muy manejable! Disfrutamos tanto la bajada que al llegar abajo Javi y yo nos vamos a por otra más de despedida.

Volvemos a coger el telecabina, charlar tranquilamente y luego disfrutar la bajada. Estos minutos juntos, padre e hijo, haciendo esto que nos encanta en este paisaje espectacular y casi en exclusiva para nosotros, se me presentan (ambos lo comentamos luego) como ese llamado “tiempo de calidad”. Creo que lo recordaremos.

Una vez abajo recogemos los trastos, nos cambiamos y arrancamos viaje a las dos. Paramos a comer un bocata al sol en un apartadero de la carretera. De vuelta en el coche nos acomodamos para las seis horas que tenemos por delante. Javi se vuelve al modo adolescente con sus auriculares y nosotros a la charla de temas varios.


Estupendo fin de semana de esquí. Con Nando como siempre, un lujo. Su compañía y buen humor permanente hacen las cosas mejores y más fáciles siempre.

Estación ideal para visita familiar: para el año que viene, si se alinean los astros, volveremos con Paula y Jimena, les va a encantar.



sábado, 28 de marzo de 2026

Reparación de Calzado Suelas

En el barrio La Arena en Gijón, “Reparación de calzado Suelas”.

Comercio de proximidad. Trato amable.


He reparado con este hombre zapatos, mochilas, resolado de botas de montaña, pies de gato con o sin puntera. Acabados profesionales. Muy recomendable.




Scarpa Vapor. Tercer o cuarto cambio. Suela nueva y listos para seguir dando guerra.

martes, 10 de marzo de 2026

Silvia Vidal: "Hay luz entre las cuerdas"

Me he leído del tirón el libro de Silvia Vidal.
Me ha gustado mucho.
Boza me lo recomendó hace tiempo a mí, yo lo recomiendo ahora por mi lado.



Casi siempre, los libros de montaña y escalada que más me gustan son como este de Silvia Vidal. Aunque relata en detalle sus expediciones y escaladas, y explica muy bien las cosas técnicas incluso para gente ajena al mundillo, sin embargo apenas le da importancia a los grados de dificultad de lo que hace (a pesar del nivelazo). 
Silvia Vidal centra su narración en los aspectos más difíciles de transmitir; los de las sensaciones, las inquietudes y los sentimientos. Los vividos en la montaña y los vividos en casa, relacionados también con la salud, con el amor y con la amistad.
Además explica en detalle las enormes odiseas que afronta antes de llegar al pie de vía, y también después de terminar la escalada para regresar sin dejar rastro de su paso. Y todo esto en total autonomía, incomunicada con el exterior, ya sea yendo sola o con sus compañeros. 
Con lo rápido que uno se siente solo y aislado en el monte, aunque apenas estés a unos pocos kilómetros de pueblos o carreteras, cuesta imaginarse la intensidad de la sensación estando como Silvia, sola durante meses en algunas de las regiones más remotas del planeta. Tremendo.

Compromiso total, aventura al máximo y desde el respeto absoluto por el estilo y por el entorno.
Silvia Vidal es una aventurera con mayúsculas. Y además lo cuenta bien. Difícil de mejorar. 
Muy recomendable.