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lunes, 13 de abril de 2026

Norte del Taillón

6 Abril 2026
Pico Taillón (3.144 m), Norte Clásica (700 m, 55º-60º, IV)
Antonio Suárez-Ramón


Las condiciones lo son casi todo.
Hace unos años intentaba esta misma escalada con Luque y Rubén, en fechas similares. Aquella vez nos retiramos después de escalar laboriosamente cinco o seis largos de cuerda. La cosa no estaba.
En esta ocasión todo fue bien y no tuvimos ningún contratiempo.


Vamos en plan rápido, para no variar: salimos de casa el domingo a las dos de la tarde con idea de estar de vuelta al día siguiente.
Estamos en plena Operación regreso de Semana Santa, y sin embargo no tuvimos apenas tráfico. Las temperaturas están mucho más altas de lo deseable para ir a un asunto de piolets y crampones: el termómetro llega a marcar por encima de los 25 grados. En Gavarnie aún está a unos diez. El paisaje y la luz preciosos.
Una vez en el aparcamiento de la estación de esquí hay numerosas furgonetas. Nosotros somos casi el único coche, y desde luego somos los únicos pringaos que, después de cenar de pie abrigados con toda la ropa que traemos, montamos la tienda en el asfalto para pasar la noche.
Hemos dejado las mochilas ya listas: llevamos una cuerda de 60 m de 8,1 mm, siete cintas extensibles, cuatro friends, tres tornillos, dos clavos de roca y tres estacas de nieve.


Hacia las cuatro me despiertan unos pasos cercanos; parece que ya hay gente en movimiento. 
A las cinco pita la alarma, desayuno rápido y para cuando dan y media estamos arrancando por las pistas. La nieve aguanta bien pero mejor si pisas sobre huellas prensadas. Esperamos tener suerte...


Al llegar al Col de Tentes damos vista a nuestro objetivo a la luz de la luna: está precioso. Se ve cargado. Vemos tres frontales que parecen ir dirección a la norte clásica, pero cruzando directos desde el col.
Nosotros seguimos a por el flanqueo hasta el collado de Puerto de Bujaruelo. A mitad de recorrido paramos a poner los pinchos, el arnés, y sacar un piolet, vamos un poco más altos de la cuenta, pero bien. Va amaneciendo mientras remontamos las palas finales hacia el inicio de vía. La nieve aguanta, el optimismo sube.
Encontramos un depósito con tres pares de esquíes, y unas huellas recientes dirección a la cara Oeste: parece que la gente que vimos antes no iban a nuestra vía sino a alguna de las goulottes de esa cara. Tenemos la Norte entera para nosotros.


Voy remontando de manera oblicua embocando el tubo que da entrada a la vía. Paró a esperar a Toni. Al parar me pongo la capucha de la chaqueta: no hace frío pero tampoco calor.


Reagrupados, a eso de las nueve menos cuarto, nos metemos a la vía en sí: vamos a empezar sin sacar cuerda porque de momento no parece necesaria. Continúo por el tubo de la entrada a unos 60º en nieve helada y que apenas reconozco de hace unos años. Hoy no hay que pensar, aquel día apreté bastante. Después sigo unas leves huellas que sin darme cuenta me van sacando hacia la derecha evitando la primera franja de roca. Cuando comentamos esto ya más arriba nos damos cuenta de que estamos haciendo la versión de la derecha de los croquis que hemos visto de la vía clásica. 


Paro a esperar a Toni de cuando en cuando. La nieve está más o menos bien y el ángulo es suave: una diferencia de ritmo aunque sea pequeña se traduce pronto en bastantes metros de separación. 
Solo en algún punto concreto en el que se pone más tiesa o dura, o las dos cosas, tenemos que prestar más atención y clavamos más en firme. Vamos remontando tranquilos.


La parte intermedia es más tediosa, sin cambios, solo remontar sin pensar. Estiro tramos, y paro a esperar a Toni. En las paradas aprovecho para disfrutar el paisaje: Grandiosos Pirineos.


Superamos algún paso más delicado (por la nieve suelta, no por otra cosa). No vemos necesidad de sacar la cuerda.
Estamos entrando ya en el tercio superior y vemos la parte final más aérea y cerrada, pero imaginamos que habrá paso. Efectivamente, salvo un par de resaltes cortos para superar franjas de roca, el resto es simplemente ir moviéndose a los lados buscando pequeños tubos y canaletas que van remontando.





La arista al sol parece cercana, aunque como siempre, engaña.
Por debajo de Toni aparece una cordada con esquíes en la mochila.
Doy el último tirón y salgo al sol de la arista. Al sol y al viento. Son las doce y cuarto: tres horas y media desde el comienzo. Ni mucho ni poco.
Al rato llegan los chicos con los esquíes, adelantan a Toni apenas a cincuenta metros de la arista, una pareja muy maja.


Cuando llega Toni nos damos un abrazo y recorremos los escasos metros que nos separan de la cumbre. Hace viento intenso, que nos enfría, no hay quien pare aquí. 


Después de un par de fotos y de echarnos un poco de crema que nos dio la chica esquiadora arrancamos hacia abajo por la huella de la normal a buscar algún punto más resguardado que nos deje comer algo.


En un collado cerca ya de la Falsa Brecha amaina la ventolera y podemos para a charlar y comer un poco. Vistas espectaculares a sur y norte.


Aún nos queda un buen pateo, así que sin mucha dilación seguimos hacia la Brecha de Rolando, espectacular enclave. Cruzamos y volvemos al norte. La bajada a Serradets está bastante cómoda: nieve dura y espectaculares vistas a las nortes encima del circo de Gavarnie.




Luego, tras el flanqueo al sur ya la nieve más profunda y el calor nos va minando las fuerzas. El regreso hasta el puerto de Bujaruelo se hace más pesado. Hay bastante gente, casi todos en esquíes y que tiran hacia España. En el tramo hacia el Col de Tentes va menos gente. 


Desde el Col hasta la estación también se hace pesado: personalmente me ha parecido más largo de bajada que de subida.


Llegamos al coche hacia las cinco. Casi doce horas desde que salimos por la mañana: yo me he encontrado bien de fuerzas todo el día, parece que el entreno de estos meses ha dado su fruto.
Nos cambiamos y pronto estamos carretera abajo en busca de una fuente donde cargar las botellas y calmar la sed. 


En la bajada cogemos ángulo al Swan de los Astazous y nos lo apuntamos como nuevo objetivo para otra temporada. 
La sed nos acucia, pero hoy lunes de Pascua es festivo nacional en Francia y está todo cerrado, y las fuentes de los pueblos las tienen desconectadas (!!). No será hasta estar ya en la autopista pasado Tarbes cuando podamos por fin parar en un área de descanso y coger agua y comprar unas cocacolas, que nos ayudarán a espabilar para el viaje de seis horas que tenemos por delante.
Llegamos a casa hacia las once y media.
Escapada exprés de lo más satisfactoria. Como siempre, comentamos que tenemos que hacer esto más a menudo. Qué guapos los Pirineos!


Al día siguiente a currar como si tal cosa, eso sí, con la sensación de haberlo pasado muy bien en el monte y haber podido hacer esta clásica tan bonita.

Gijón (5 abril) 14:00 h
Estación esquí Gavarnie-Gedre 20:30 h
Inicio aproximación 5:30 h
Inicio vía: 8:45 h
Fin escalada 12:15 h
Coche 17:00 h
Gijón (6 abril) 23:30 h


lunes, 3 de noviembre de 2025

Cerbillona: preciosa ascensión otoñal

26 Octubre 2025
Nando del Pozo
Macizo Vignemale, Pico Cerbillona (3.248 m) y Pic Central (3.227 m)


Visita express a Pirineos. 
Salimos de casa a primera hora del sábado. La idea es subir esa tarde al refugio de Baysselance, en la zona del macizo del Vignemale. Seis horas y pico de viaje que culminan en Gavarnie, donde paramos a contactar por teléfono en previsión de perder red en el monte, como después sucedió. Está precioso con los colores de los bosques, y los perfiles de las cumbres espolvoreadas de nieve por encima.



La pista hasta la presa de Ossoune remonta el valle por varios kilómetros, se encuentra en buenas condiciones para el coche, aunque hay que prestar atención en algún punto. Por el camino cruzamos algún coche de bajada, y al llegar al final aparcamos junto a otros dos. Está la cosa tranquila. 
La idea inicial de escalar algo en roca arriba se vio modificada por las previsiones meteorológicas de los días pasados e incluso de esta misma tarde noche: se anuncian nevadas y vientos lo suficientemente intensos como para descartar los pies de gato... Subiremos más ligeros, con un cordino de 30 metros por si acaso, pero sin nada de material, más allá de crampones y piolet. Es decir, vamos a caminar. Mientras preparamos las mochilas, se nos va la vista a las cumbres más altas, el Vignemale destaca altivo.
Hemos leído en la web del refugio que se ha caído hace meses el puente que cruza el río en la cabecera del valle, antes de las cascadas, así que recomiendan salir por la izquierda de la presa mirando hacia arriba. Los carteles indican unas tres horas de subida. Salimos andando tranquilos a eso de las tres y media. 




El paisaje es muy bonito, el andar inicialmente es muy cómodo y con poco desnivel, hasta que se encaja el valle, y la cuesta se hace intensa. A nuestra derecha ruge furiosa una cascada de unos treinta o cuarenta metros de altura.


Remontamos sin prisa, el cielo se va oscureciendo y empieza a caer nieve. Nos ponemos las chaquetas. 
Alcanzamos las cuevas Russell, curiosos refugios excavados en la roca viva. 


Nos queda el tramo final que remontamos con esfuerzo. Cuando estamos llegando nos cruzamos con un grupo que baja del glaciar.

El refugio está cerrado, pero en cuanto entramos vemos que hay luz y leña. Tenemos abiertas zonas de comedor, cocina, dormitorio... Perfecto. Lo único importante que no hay es agua, poro otro lado normal de cara al invierno. Al poco rato llega el grupo que habíamos visto antes: son vascos, y vienen desde Bujaruelo pasando por el col de Cerbillona, bajando el glaciar: tremenda paliza de más de 25 km y mucho desnivel acumulado. Gente recia y además, como pronto comprobaremos, muy simpática.


Pasamos la tarde en el comedor, comiendo, charlando y apañando una bota rota de uno de los vascos. 



Nando y yo salimos en mitad de la nevada a buscar un regato en el que llenar las botellas. Lo hay y no está lejos. Vemos que la nevada va in crescendo. 
A última hora llega un chaval francés que viene solo, haciendo el GR. Se nos une en el comedor.
Es una sensación agradable estar en el refugio, compartiendo vivencias con montañeros, con el fuego atizado, mientras fuera nieva y sopla viento intenso.
Nos acostamos a eso de las nueve y media sin mucha prisa por madrugar porque la previsión dice que el día siguiente estará bastante bueno, pero a partir de las nueve aproximadamente.


El día amanece encapotado: nieva a ratos y la nube nos envuelve. De vez en cuando se abre la vista y vemos laderas blancas alrededor. Desayunamos y nos preparamos sin prisa. Mientras estamos en ello llega un chaval francés que viene desde Pont D´Espagna: salió a las 5 de la mañana... Sale hacia el monte un poco por delante de nosotros. 
Arrancamos primero en bajada. Rodeando la arista que baja del Petit Vignemale, hay que perder casi doscientos metros de cota para girar hacia la entrada del valle que nos lleva al glaciar.


Llevamos delante al chico francés, le vamos siguiendo y al cabo de un rato lo alcanzamos. Seguimos juntos caminando laboriosamente por entre los contrafuertes rocosos que nos llevan al glaciar. Cuando lo alcanzamos, estamos en el plató llano. Aquí alcanzamos a otro grupo de tres chicos franceses y paramos a poner los pinchos y sacar el piolet. 


El día ha venido abriendo, pero sopla fuerte el viento en las crestas y el frío y la roca tapizada no nos invita demasiado a la trepada del Vignemale. Aún así nos acercamos hasta la cabecera del glaciar y remontamos hasta el zócalo de roca. 



Tras un corto debate, aquí decidimos cambiar de plan, vamos a intentar las vecinas cumbres del Cerbillona y del Pic Central. El Vignemale ya lo hemos ascendido los dos (yo en diciembre de 1.999 con Estivi, ya llovió!), y sin embargo las otras cumbres vecinas no. Nos despedimos del chaval francés, que se queda enfrentándose solo a la trepada.




La subida hasta el collado no presenta problemas, y de este hasta la primera cima tampoco. El  Cerbillona es una bonita cumbre de 3.248 metros. Aquí el viento nos zarandea mientras miramos alrededor: se abren las vistas hacia el Oeste: intentamos identificar en las nubes los macizos del Balaitus y sus vecinos. Observamos también el valle que va hacia Bujaruelo y por el que subieron nuestros vecinos vascos del refugio el día anterior: se antoja una ascensión tremenda.






Bajamos al Col de Cerbillona y de este, en apenas unos minutos estamos en la cumbre del Pic Central. Aquí casi no paramos, está frío y muy ventoso. Al otro lado a mí la vista se me va a la arista que lleva al Montferrat, pero que en las condiciones actuales no es nada apetecible: nieve nueva sobre roca pulida y cresta afilada, con este viento...


En el Vignemale, nuestro colega francés está en la cresta, un punto diminuto de color entre la roca marrón y el cielo. Se mueve lento, con cautela. Más abajo, dos de los tres chavales franceses también van trepando hacia la cresta.


Bajamos al glaciar y nos deleitamos con las vistas hacia el Este: está el monte realmente precioso.



Vamos charlando de mil cosas, volviendo a pisar nuestras huellas de hace un rato. Perdemos toda la altura ganada hasta el cruce de Baysselllance y desde aquí subimos los doscientos metros perdidos esta mañana.





Una vez en el refugio buscamos el punto de fachada más resguardado del viento, y aprovechando el sol, nos sentamos tranquilamente a comer. Desde aquí la perspectiva es inmejorable: la Brecha de Rolando, el Taillón y los Gabietos, el Cilindro, el Casco, la torre de Marboré, los Astazous intuidos, y por detrás de todos ellos, enorme, el Monte Perdido. Esta panorámica se nos ofrece a ratos, nunca completa, con las nubes que los envuelven a veces a unos a veces a otros. 



Comemos, rehacemos la mochila, y salimos para abajo encantados de las ascensiones y el ambiente del monte.
La bajada se nos hace corta. En poco más de hora y media estamos en el coche. Por en medio numerosas paradas a deleitarnos con las vistas. 




Y lo mismo una vez ya en el coche, especialmente en el trayecto final bajando hacia Gavarnie. 


Veníamos para quedar un día más, pero por motivos familiares decidimos acortar y volver a casa esa misma jornada. Antes de las doce en casa.

Como siempre, volvemos encantados de estas visitas rápidas. Cada nueva zona, cada nuevo valle, cada nueva cumbre. Preciosa ascensión otoñal. Qué joya son los Pirineos!