Urriellu, 12 Junio 2026
Picu Urriellu (2.519 m), vía Rabadá-Navarro (750 m, 6c+/A1)
Antonio Suárez-Ramón, Rubén Díaz
La cara Oeste del picu Urriellu. La pared por antonomasia para los escaladores asturianos.
13 años habían pasado desde mi última escalada en esta pared imponente. Aquella vez fue precisamente a esta misma vía, pero viniendo en el día desde casa: levantarte de tu cama, viajar hasta allí, hacer la aproximación, escalar la vía, bajarse del monte, desandar la aproximación y volver a casa a cenar. Esto fue con el jabalí de Martín. Un gran día, sin duda.
En estos 13 años me habían pasado unas cuantas cosas, pero como resumen principal el avance final de la lesión de cadera hasta su fase más limitante, la operación de prótesis y surecuperación, y poco a poco ir retomando la escalada hasta volver a mirar a esta pared con ganas de volver.
Para ese impulso de volver ha pesado mucho las ganas y la ilusión de mis compañeros Rubén y Antonio. Ellos llevan toda la vida escalando, más de treinta años, pero no tenían hecha la Oeste. La principal diferencia entre ellos y yo es el no haber cuadrado con los compañeros adecuados en su momento. Yo soy un privilegiado y desde muy pronto me pude atar a gente que me ayudó a probar cosas que a priori me quedaban grandes, y que gracias a ellos, fui poco a poco haciendo. Por supuesto también cuenta el empuje personal, pero su impulso inicial fue básico.
Mi primera escalada en la cara Oeste de Urriellu fue la Leiva, en 1993, con Elías y con Miguel, nuestro mentor. Llevábamos dos años escalando. Con ese empuje inicial, al año siguiente, en 1994, Elías y yo hicimos la Rabadá-Navarro, la Sagitario y la Murciana en un único fin de semana. Un año después, 1995 y de nuevo con Elías y con Miguel hicimos la Directísima. Y en los años sucesivos siguieron otras como la Cuélebre con Gelo, la Cherokee way con Rafa, la Gizon con Rafa, la Zumbeltz con Elías, y años más tarde la Festa del Paca con Martín. Por en medio algunas otras repeticiones de Leiva con Juanín y Rafa, y Murciana con Juaco. Así es como llegué a hacer diez vías distintas en la pared. Y la verdad que ya no me veía para más: las otras vías restantes se me escapaban por grado, por exposición, o por las dos cosas.
Escalando juntos ya el año pasado empezamos a hablar de la Oeste, y su ilusión hizo que entrenáramos, que nos esforzáramosjuntos intentando mejorar como cordada, con la idea de intentar la Rabadá.
La Rabadá-Navarro es la primera vía abierta de la pared, y por tanto, en mi opinión la más importante e histórica. No es la más fácil, pero Toni y Rubén querían hacerla.
Alberto Rabadá y Ernesto Navarro, fortísimos escaladores aragoneses, fueron los primeros en escalar esta pared en el verano de 1962, abriendo esta imponente vía. Se trata de una hazaña tremenda de la que en muchas ocasiones durante la escalada no puedes dar crédito de por dónde se aventuró esta intrépida cordada, de su visión y valentía. La Oeste es una pared muy vertical y sostenida, sin apenas repisas ni escapes, con un grado de dificultad muy importante para la época de su apertura. Rabadá y Navarro dejaron el listón muy alto en cuanto a su estilo también.
Nosotros planificamos la escalada para junio, antes de que llegue la gente y el calor a esta meca. Decidimos hacerla fuera del fin de semana para intentar evitar también el tráfico en la vía. Y además antes de la Travesera, que moviliza mucha gente alrededor de la carrera.
Largo uno: Empiezo yo delante. No hace frío y la roca tiene la temperatura perfecta. Voy haciendo aceros en lo más difícil y escalando entre seguros. Resuelvo sin problema. Toni y Rubén comentan al llegar lo vertical que es. Nos ha llevado unos cuarenta minutos.
Largo dos: el largo clave de la vía. Continúo yo delante: subo alternando libre y artificial, economizando los Friends. Me voy encontrando los muy pocos seguros fijos que me dijo detalladamente Juan Luis ayer en el refugio: primero un clavo y un fisurero apenas comenzado el largo, luego un tricam ya después de la primera secuencia dura, más arriba un friend naranja y la chapa en la zona intermedia. Juan Luis está en ese mismo momento guiando a una pareja en la Leiva y desde allí me manda ánimos de vez en cuando. Me cuesta trabajo, pero consigo completarlo sin problemas. Me lleva casi media hora hacerlo. Es la cuarta vez que escalo este largo y lo encuentro extremadamente pulido.
Rubén y Toni llegan trabajosamente al cabo de un buen rato. Escalar esto de segundo no es para nada más fácil: hay que tener en cuenta que tienes que ir quitando los seguros, algunos de los cuales yo de primero usé para hacer pasos de estribo. Todos le teníamos mucho respeto a este largo: es el más difícil de la vía y se hace notar.
Largo tres: sigo delante yo. Fisura ancha y pocos seguros fijos. Me esfuerzo por asegurar adecuadamente. El largo casi apura las cuerdas cuando alcanzo la reunión en la punta de la Lastra. Me relajo porque esto da paso a una sección que recuerdo más llevadera. Llegan Rubén y Toni repitiendo lo muy vertical y sostenida que es la vía hasta aquí. Llevamos ya tres horas y cuarto en la vía.
Largo cuatro: un corto muro de 6a para entrar después en la Cicatriz. Ahora se anima Rubén a tirar delante y lo resuelve con solvencia.
Largo cinco: segundo tramo de la Cicatriz. Sigue Rubén delante, que se está soltando en su bautismo en la Oeste. De nuevo resuelve perfectamente. De segundo a mí me resulta más difícil y mantenido de lo que recordaba.
Largo seis: desde el final de la Cicatriz hasta la cornisa del Entreacto. Vuelo a ponerme yo delante. Este es un largo más enrevesado y hay que buscar el paso lógico. Asegurar en el arranque de la Travesía pensando en los aperturistas essimplemente sensacional. Cuando llegan los colegas yo animo a Rubén a que lidere la mítica Travesía. Son las doce y media pasadas. Llevamos ya cinco horas en la vía.
Largo ocho: rápel y flaqueo hasta reunión de Directísima: lo hago yo delante que conozco el terreno. Siendo tres todo lleva más tiempo y tardamos un rato en estar juntos de nuevo.
Largo once: Rubén, resigue la chimenea hasta coronar y dar vista hacia Rocasolano.
Largo doce: Bajamos destrepando a Rocasolano: otro sitio mítico de la pared, esta es la primera terraza de dimensionessuficientes para que te permita caminar tranquilo desde que empezamos en el pie de vía.
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Largo catorce: tiro yo de nuevo. La cosa va aflojando y por terreno algo más indefinido y evitando zonas de roca dudosa.
Nos ponemos las zapatillas y salimos caminando hacia cumbre. Me adelanto para sacarles unas fotos y vídeos a mis amigos, que llegan felices con la satisfacción de haber escalado la Oeste y por su primera y mítica vía: la Rabadá-Navarro.
Son casi las seis y media mientras nos sacamos las fotos de rigor. Casi once horas para la escalada. Nos ha llevado un buen rato más que mis escaladas previas, pero es cierto que siendo tres todo lleva más tiempo. Además, no nos hemos apresurado nada, ¡veníamos disfrutando el momento y tampoco teníamos mucho margen de aceleración!
Ha sido una gran jornada de escalada en esta Meca de los Picos.
Tengo la sensación de haber contribuido a que mis amigos cumplieran un sueño. Me ha encantado acompañarlos en este día. Para mí también ha sido un día importante al verme de nuevo recorriendo esta pared mítica. Pegamos una rosca de las buenas.
Mi agradecimiento para José Camino y Juan Luis Guilluy por sus consejos, referencias y ánimos, tanto antes como durante la escalada.
Ya se están haciendo planes para subir a repetir otra vía de la Oeste, pero eso será otra historia.



























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