LA MONTAÑA COMO PASIÓN, COMO ESCENARIO INFINITO SOBRE EL QUE DISFRUTAR INTENSAMENTE DE LA VIDA,
DONDE ESCALAR, ESQUIAR, PEDALEAR, CORRER, CAMINAR...
DONDE LOS AMIGOS, EL ESTILO Y LAS FORMAS CUENTAN, Y MUCHO
Mostrando entradas con la etiqueta Esquí de Montaña. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Esquí de Montaña. Mostrar todas las entradas

sábado, 4 de abril de 2026

Tiempo de calidad en Saint-Lary

Escapada breve a esquiar a Francia.

El plan inicial era ir la familia, pero el apretado calendario de competiciones de Jimena no nos da opción. Posponerlo tampoco era factible. Además Javi tenía a los colegas de viaje de estudios (al que no quiso ir…), así que decidimos ir nosotros. Al final se nos une Nando, que tenía organizado con sus hijas y también tuvo cambio de planes.


Hacía años que quería conocer esta estación por referencias de amigos y por mis visitas a la zona a hacer monte, esquiar de montaña y escalar. El viaje se dio bien y salvo el palo de recargar depósito a más de dos euros el litro (la cosa está bien caliente en Oriente Medio), llegamos en buen horario para cenar. El apartamento está correcto y sobre todo muy bien situado, a 1.700 m a pie de pistas en el Pla D’Adet.

El sábado madrugamos y antes de que abran las sillas estamos los tres empujando contra las barras del torno. Hace buen día y no hace frío. Empezamos subiendo hasta el Soum de Matte para coger la primera de las muchas y larguísimas pistas del día, en este caso la azul Corniche, para bajar a la zona Espiaube y remontar al otro valle. 

Durante todo el día sin descanso recorreremos pistas casi vacías, con nieve buena hasta las dos de la tarde aproximadamente, cambiando orientaciones en la estación. Nos salimos a menudo a zonas no pisadas y disfrutamos un montón de bajadas guapas. Lujo.

A última hora Nando tira al apartamento antes que nosotros, que aún exprimimos una hora más el forfait…

De vuelta al apartamento ducha, comer algo, siesta para el adolescente, y después bajamos al pueblo a pasear y tomar algo, hoy en coche. 

Gran animación en las calles, terrazas, música, restaurantes… Lo que viene siendo el apreski. Cenamos arriba en la pizzería justo al lado de nuestro portal. Un muy buen primer día.

El domingo amanece igual, con nosotros listos para coger la primera silla del día, con cielo azul y nieve crujiente, aunque con las piernas algo doloridas en las primeras bajadas. Hoy pretendemos hacer lo mismo que el día anterior aunque a mayores traemos las pieles de foca en la mochila por si nos animamos a remontar a alguna de las bonitas cumbres vecinas o a tirarnos hacia alguna pala sin remontes que luego haya que foquear.


Bajamos al Lac D’Oule: precioso bosque para llegar al embalse helado. Exploramos algunas otras pistas que ayer quedaron pendientes, incluida alguna negra que no nos parece tanto. Al igual que el día previo, apenas paramos nada: sillas, remontes, bajadas de pistas casi vacías para nosotros, bajadas de fuera pistas estupendas. Un lujo.

Hacia las dos Nando se retira y Javi y yo continuamos un rato más. Decidimos foquear desde la silla de La Soumaye hacia una cumbre vecina en la que vemos las insinuantes marcas de giros en una bonita pala orientada al sol.


Remontamos hasta el collado, aquí yo lo dejo descansando mientras me acerco hasta la cumbre cercana. 

Se llama Pic de Montarrouyes. Vistas preciosas a 360 grados. De vuelta con Javi, nos tiramos por la pala en inmejorables condiciones; hasta yo disfruto como un enano dejando mis propias huellas… 

Retornamos al apartamento encadenando descensos y remontes para ir cambiando de valles y sectores. 

Como el día previo, ducha, descanso y bajada al pueblo. Hoy bajamos en el teleférico, que está incluido en el precio del forfait (40 € adulto en estos días de final de temporada). 

En unos pocos minutos y disfrutando de las vistas, nos deja en el centro del pueblo. Nos tomamos una cerveza en una terraza (hace muy bueno), hacemos algo de compra (embutido y queso de la tierra, algunas cervezas más) y volvemos a subir al apartamento. Hoy cenamos en casa.

El lunes amanece más nublado y frío. La nieve más helada y crujiente. Aprovechamos la mañana como los dos días previos, sin parar apenas entre bajadas, descansando en las sillas (en las largas perchas descansas menos). Hoy prácticamente no hay nadie y nos decidimos a probar algunas pistas de orientación norte que no habíamos hecho aún. Hacia la una y media vamos a por la última bajada y para celebrarlo elegimos una larga pista negra que enfoca al parking, lejano muchos metros por debajo. Yo voy con todos los sentidos alerta, Javi y Nando mucho más relajados… nada más empezarla alucinamos con las condiciones de la nieve, está sin pisar pero muy manejable! Disfrutamos tanto la bajada que al llegar abajo Javi y yo nos vamos a por otra más de despedida.

Volvemos a coger el telecabina, charlar tranquilamente y luego disfrutar la bajada. Estos minutos juntos, padre e hijo, haciendo esto que nos encanta en este paisaje espectacular y casi en exclusiva para nosotros, se me presentan (ambos lo comentamos luego) como ese llamado “tiempo de calidad”. Creo que lo recordaremos.

Una vez abajo recogemos los trastos, nos cambiamos y arrancamos viaje a las dos. Paramos a comer un bocata al sol en un apartadero de la carretera. De vuelta en el coche nos acomodamos para las seis horas que tenemos por delante. Javi se vuelve al modo adolescente con sus auriculares y nosotros a la charla de temas varios.


Estupendo fin de semana de esquí. Con Nando como siempre, un lujo. Su compañía y buen humor permanente hacen las cosas mejores y más fáciles siempre.

Estación ideal para visita familiar: para el año que viene, si se alinean los astros, volveremos con Paula y Jimena, les va a encantar.



martes, 3 de febrero de 2026

Bautismo de crampones

24 enero 2026
Peña Celleros (1.864m)
Javi, Nando, Raquel


El otro día Javi se puso los pinchos por primera vez.

No recuerdo la primera vez que yo me puse los crampones. Seguro que eran alquilados y de correas, eso fijo. Y el piolet también sería alquilado.


En su caso todo era material mío, las botas algo grandes para él. 


Veníamos remontando la ladera con un ambiente muy guapo. Nubes, viento, vistas que abrían y cerraban. Javi me comentaba que le gustaba la sensación de abrir huella, sin trazas por encima.




En un punto que el ángulo aumentaba y las ráfagas de viento nos zarandeaban, aunque la nieve todavía marcaba bien, decidimos poner los crampones.

Habíamos probado en casa para que viera cómo se debían poner y ajustar. Pero en mitad de la ventolera, con en frío acartonándote las manos a gran velocidad, pues claramente era otra cosa.

Una vez puestos, y aunque iba con las botas de esquiar, se movió ágil y sin problemas. El terreno era propicio: ángulo amable y nieve dura pero no hielo. Ideal.


Javi, motivado, llega a cumbre por delante de los demás.


Una vez juntos, salimos hacia la vertiente oeste, aún de crampones y con las tablas en la mochila, a buscar el mejor punto para ponerlas de nuevo y esquiar, ahora ya sí, hacia abajo.


Una vez sobre las tablas, nos encontramos la clásica nieve cantábrica, cambiante a cada metro. Javi que esquía muy bien en pista, aquí no entendía por qué los esquíes no obedecían y sus gestos no daban resultado. Ya le advertíamos que esto era diferente.


Frustrado y protestando bajó el último tramo hasta enlazar con la pista del Vallón. De aquí abajo ya esquiaba rápido y sin problemas. Al llegar a las taquillas en el aparcamiento decidimos probar el telecabina (no lo habíamos cogido ninguno aún) y pegar otra bajada desde el Cuitu. En esta bajada Javi vuelve a su estilo, a su esquiar rápido que yo no sigo, incluso iba buscando saltos por los laterales…

De camino al coche, bajo la nevada densa anunciada, nos preguntaba cuándo volvíamos a foquear: ya se había olvidado de la parte mala, del cansancio y del esquí defensivo… estupendo! volveremos.



miércoles, 14 de enero de 2026

Peña del Viento

Viernes 26 diciembre 2025
Peña del viento (1.993 m), solo

Aprovecho la mañana para esta ascensión a esta cumbre que hacía bastantes años que no visitaba. Como ha sido bastante improvisado vengo solo, pero más tarde quedo con Rubén que sube con el chaval pequeño a dar un paseo.
La nieve permite foquear desde el coche, que queda aparcado con otros cuantos en el empalme del camino de Wamba con la carretera del puerto.



Este camino de Wamba, que une León con Asturias a través de la collada Acebal, da paso al parque de Redes por la majada de Mericueria, sitio mágico. Además, bien cerca del collado está el lago Ubales, otro sitio realmente bonito y a mano. Todo esto viene a cuento de que es zona frecuentada y hoy salgo por huellas tanto de esquí como de raquetas.
La pista asciende de forma muy suave (tanto que de vuelta los esquíes apenas cogen velocidad) así que uno va disfrutando de las vistas en movimiento. A mi derecha, las Rapainas aparecen tan peladas como siempre, qué difícil encontrarlas cargadas en comparación con las cumbres circundantes.



A la altura de las cabañas de los Fornos abandono la pista para desviarme a la derecha. Pisar nieve nueva, cómo presta. Cojo el pequeño valle formado por el arroyo de Aliviada, a ratos por una ladera a ratos por la otra, buscando el mejor paso y evitando las zonas de arbusto y bosque bajo. 




Se abre el paisaje mientras remonto la loma izquierda y hacia las palas que levantan hasta el collado de las Agujas. Por aquí la nieve está helada por tramos y llego a ponerme las cuchillas como precaución, vengo solo y no hay nadie por la zona.
Subo foqueando hasta cerca del collado, un poco por debajo y aprovechando un pequeño llano, paro y me quito las tablas. El tramo final no es para mi nivel de esquí. 




Salgo caminando, piolet en mano, a ratos hundiéndome bastante, a ratos pisando hielo. Por encima de mí manadas de rebecos corretean a su aire sin prestarme apenas atención. Emboco el tramo final más empinado espetando el piolet hasta la cruz en nieve profunda sin transformar. Al poco rato estoy en la cima. Vistas en redondo, la clásica sensación de contento que me invade en el monte.





Hace vientecillo y frío así que enseguida salgo para abajo por mis huellas.
Llego de vuelta a las tablas, quito pieles, aprieto botas, y salgo disfrutando de los primeros giros. Bajo más a la derecha que por donde subí hace un rato por evitar las zonas de arbustos. La nieve cambia de condición cada pocos metros, pero más o menos me arreglo para pasarlo bien. Como siempre, tramos que te llevaron un buen rato hacia arriba se resuelven en pocos minutos de bajada.





El tramo más bajo está la nieve peor, algo encostrada, de esa que te engancha las tablas y termina tirándote de las rodillas, me afano en no caer. Llegado al punto bajo vuelvo a poner las pieles y remonto hasta la pista de Wamba. Hay gente tanto en esquíes como paseando, entre ellos me encuentro a Rubén y Nicolás, uno con tablas el otro con raquetas, que vienen de bajada del collado.


 
Bajamos juntos de charleta animada hasta el coche. Yo, que tengo a los guajes solos por casa, arranco apenas llegamos.
Otra mañana aprovechada por las montañas de San Isidro.


lunes, 15 de diciembre de 2025

Pequeñas esquiadas: Pico Mongayo y pico del Águila

Domingo 7 dic 2025,
Puerto de las Señales, Pico Mongayo (1.827 m) y Pico del Águila (1.848 m) en esquí de montaña,
con Rubén y Nando


Seguimos con nuestra intención de aprovechar la nieve todo lo posible.
La previsión de meteo no era demasiado buena y en días previos parece que había llovido algo en altura. Esta es la historia repetida de las últimas temporadas: nieva más o menos cuando toca, en noviembre y diciembre, pero luego viene la subida de temperaturas, con viento Sur y lluvia en cotas altas, y se va lo poco que había. Y empezamos de nuevo en la casilla de salida.



Pasamos primero por San Isidro, pero la cosa estaba muy justa. Continuamos entonces dirección al puerto de Las Señales, que con su altura superior seguramente nos garantiza más posibilidades. Las referencias de los colegas (Raúl) del día previo eran buenas para esta zona.
Al llegar al puerto tenemos la suerte de coger una de las últimas plazas disponibles para aparcar. Hay varias autocaravanas y grandes grupos de gente preparándose para salir con raquetas. A los pocos minutos llegan Luque e Inés y ya tienen que hacer maniobras creativas. Nos saludamos e intercambiamos pareceres. Saldrán con nuestro mismo objetivo.
Nos preparamos al sol y salimos hacia la sierra de Mongayo, foqueando ya desde la misma carretera, y con un cielo variable de nubes y claros. Tenemos gente por encima, pero parecen muy pocos. La cuesta es suave y entre árboles y vamos hablando tranquilamente.
Cuando ganamos perspectiva, vemos que la cumbre del Remelende presenta zonas grandes sin nieve, así que derivamos a la izquierda hacia el suave vecino Pico Mongayo.



Alcanzada la cresta, el viento norte nos saluda. Disfrutamos las vistas hacia Vega Pociello, el Canto del Oso, el Maciédome, el Tiatordos y otros cordales Redes y de Ponga. El ambiente está muy guapo, aunque estaría mejor con más nieve. Hacia el Sur, el Mampodre parece bastante más seco, y la peña Ten no tiene ni de lejos carga para esquiar.


Quitamos las pieles y nos dejamos bajar por las suaves laderas, que no dan suficiente pendiente para hacer giros. Intentamos avanzar remando lo menos posible. Nos dirigimos al venido Pico del Águila.



Alcanzada su ladera Este, volvemos a poner pieles y remontamos por huellas recientes esta vez con más ángulo. Cuando estamos llegando a la cumbre, la pendiente se suaviza y además aparecen grandes calvas. Derivamos entonces a la derecha y buscando un punto que deje salir hacia abajo girando sin esfuerzo, aquí volvemos a quitar pieles y apretar botas.



Son unos pocos giros y casi no dan para nada. Nos planteamos remontar de nuevo la pala para volver a pegar esta bajada, pero lo cierto es que la nieve tampoco está precisamente para tirar cohetes.


Embocamos entonces el pequeño valle que nos lleva de vuelta camino al puerto. Tenemos que hacer algún tramo corto derrapando por ser demasiado estrecho (para nuestro nivel). Pero continuamos aprovechando todo lo que podemos.
Últimos tramos ya de nuevo entre árboles, otra vez con pieles puestas, cruzando algún regato, y pronto de vuelta en el coche.


La cosa ha sido breve, pero no había para mucho más. Cerveza en Rioseco y a comer a casa.
Otra salida bastante pobre, pero como me dijo Luque cuando lo comentamos, la cuestión es aprovechar lo que hay e intentar disfrutar todo lo posible en el monte, y eso sin duda lo estamos haciendo.

miércoles, 26 de noviembre de 2025

El regreso de la nieve: Valmartín en esquíes

Domingo 23 Noviembre 2025
Nando del Pozo
Pico Valmartín (1.932 m) desde la Raya

Seis meses después de la última salida en esquíes por Pirineos, volvemos a pegar pieles y foquear, esta vez al lado de casa.


La primera nevada de la temporada ha llegado. Como viene sucediendo en los últimos años nuestra esperanza se eleva tan pronto como vemos el blanco aparecer en las montañas de la Cordillera. Como también nos viene pasando, los altibajos de la isoterma no nos dejan estar tranquilos. Dado lo efímera que es la nieve en nuestras latitudes, no nos queda otra que intentar aprovechar lo que hay sin pensarlo mucho.
El día antes varios colegas me habían informado de sus respectivas salidas: Rafa subió a la Rapaína, Kico al Boru, Luque por Pajares, Pablo por Fuentes...  No hay duda de que hay muchas ganas. Algunos hablaban bien, otros no tanto. La cosa es que, si bien la previsión meteorológica para el domingo no era buena, ante el miedo a que se nos fuera la capa blanca y volviéramos de nuevo a la casilla de salida (esto es, al verde prado), el domingo por la mañana Nando y yo subimos al puerto de San Isidro a dar una vuelta.


Mientras desayuno disfruto la luz del amanecer desde la cocina de casa. El cielo está cargado de nubes.

De camino en coche, la temperatura está alta, mucho más que los días previos.
El puerto tiene nieve aunque justa. Subimos hasta Cebolledo a ver qué aspecto tenía; las pistas están blancas lo suficiente, ya se ve gente ya foqueando y seguramente esquiaríamos más aquí que fuera de pista (estas parecen pisadas), pero preferimos irnos al monte de verdad. Bastante esquiamos en estación cuando no hay otra opción... 


Volvemos atrás y aparcamos en el parking de la Raya: hay un montón de autocaravanas y bastantes coches. Gente preparándose para salir con raquetas o con esquíes. Vemos a varios conocidos: Jame arranca con un un buen grupo dirección Fuentes. Nosotros nos preparamos y salimos en dirección contraria: vamos hacia el Valmartín a ver qué tal está la cosa. Son las diez de la mañana.




La subida hacia esta cumbre es corta, cómoda y suave. Arrancamos desde la misma carretera remontando una pista que va cogiendo altura muy suavemente, rodeando lomas en dirección a la línea de cumbres. Hoy solo hay huella en el primer tramo. Hay nieve suficiente, aunque está totalmente sin consolidar: normal, está recién caída y no ha habido tiempo para nada. Los bastones se hunden bastante si les metes presión. Si te bajas de las tablas te hundes hasta más arriba de la rodilla. Además, las abundantes escobas son una auténtica trampa. Por ahora eso no nos molesta, aunque sabemos que va a ser así dentro de un rato cuando bajemos.
A ratos cogemos ángulo con el telón de fondo del Pico Torres: cumbre alpina y emblemática de esta zona de cordillera.


El cielo está muy nublado pero eso deja una luz guapa: de mal tiempo pero guapa.
Al asomar a un pequeño collado ganamos vista a la pala de las Vallinas del Torres y vecinos. Desde aquí observamos cómo una buena manada de rebecos remonta la ladera alejándose de nosotros.


La nube ha venido subiendo por los valles y a ratos envuelve las cumbres vecinas. El paisaje, como siempre que la nieve lo decora, está especialmente bonito.
Nos queda el tramo final: ganar el amplio collado (collada Valmartín) y remontar luego la loma final que lleva a cumbre. Esta loma tiene una cinta de nieve estrecha que se queda seca hacia el norte y cae vertiginosa hacia el sur.


En el collado ganas vistas al norte: se ven cumbres secundarias también blanqueadas, brañas de cabañas y pequeñas charcas. Hacia el sur numerosas cimas entre nubes de algodón.
Subimos sin prisa. Unas zetas y vueltasmaría en el tramo final y llegamos a la cumbre. Son las once y media. Hace bastante viento y no se está cómodo. 


Apenas paramos: quitamos pieles, apretamos botas, calzamos tablas, y salimos para abajo con precaución: siendo la primera esquiada en meses y con la condición de la nieve todo junto llama a la prudencia.


Giros lentos y controlados en esta zona de arista. Incluso algún tramo corto derrapado para quitar los metros más empinados. De nuevo esquiando más ágil ganamos el collado principal y de este en media ladera hasta la otra collada menor. Toca ahora remontar unos metros y empezar la zona arbustiva. 
Apenas se esquía mucho más desde aquí.



En el tramo final nos encontramos a mi amigo Manu, que viene con una chica del Torre. Paramos a charlar:  a ellos el día antes les cogió lluvia intensa esquiando en Riopinos... qué cosa más desagradable! También nos cuentan cómo de noche sube la gente a hacer trompos en el parking helado hasta altas horas de la madrugada, en plan película Fast´n Furious, dando voces y molestando sin educación a la gente que está allí tranquila pasando la noche: desde luego cada uno tenemos nuestras aficiones y gustos, y todos serán respetables, pero algunos tienen el nivel de civismo más bajo de la cuenta. De eso no hay duda. Nos despedimos. Siguen por nuestras huellas hacia el Valmartín.
Nosotros apuramos los últimos metros hasta la carretera y de esta hasta el coche caminando.
Ha sido una salida corta, unos 8 km y 450 m de desnivel. Dos horas y media. Con todo, como siempre, disfrutada.
Recogemos y tiramos para casa, a donde llegamos a la hora del vermut. Lujo.


Al día siguiente llueve en altura y se va buena parte de la nieve, pero parece que la semana enfría y volverá a caer. Veremos qué tal. Si no se puede esquiar, habrá que intentar hacer algo de alpinismo!
Por lo pronto, ya hemos esquiado este noviembre. Sin queja.