LA MONTAÑA COMO PASIÓN, COMO ESCENARIO INFINITO SOBRE EL QUE DISFRUTAR INTENSAMENTE DE LA VIDA,
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DONDE LOS AMIGOS, EL ESTILO Y LAS FORMAS CUENTAN, Y MUCHO

sábado, 5 de febrero de 2022

Un día largo: Canal NE a PeñaSanta Enol

Sábado 15 Enero 2022

Rubén Díaz

Peña Santa Enol (2.478 m) Canal NE

 


Hacía mucho frío. La previsión ya lo anunciaba. Daba máxima en Peña Santa de seis bajo cero. Sensación térmica de 11 bajo cero. En el mejor momento. La mínima de mucho menos. Por suerte no habría viento porque entonces sí que iba a ser duro.



En la Fragua, la nieve como el hormigón. Las huellas eran profundas y bien definidas, solitarias. Eran como las de un perro solitario cruzando el collado. Nosotros caminábamos sobre la superficie helada sin apenas marcar. Especulamos si podrían ser del perro de alguien, pero no había huellas humanas asociadas. Claramente eran de lobo. Imaginaba el bicho, buscándose la vida en este desierto frío...

La media ladera justo después de la Fragua está como el cristal. El ángulo hace que cueste asentar las puntas de los crampones. La luz de emergencia se me enciente; Rubén pasa rápido y eficiente, pero yo me pongo cara a la pared.

 

Vemos a lo lejos una cordada remontando Cemba Vieya camino al Marqués. Por lo demás nadie. No tenemos claro el objetivo. Las condiciones parecen ideales, salvo por el frío intenso. Los ánimos no son los más altos, y ambos tenemos claro que no queremos complicarnos la vida en exceso. Los días anteriores habíamos hablado de la NO, es decir, la vía que va pegada a la Aguja de Enol por la vertiente norte. No sabemos de nadie que la haya hecho y los croquis y referencias de las guías son muy vagos. Cuando nos vamos acercando nos da la sensación de que en la mitad y en la salida al collado tiene franjas de roca. Con este frío no nos vemos escalando llambrias a mano desnuda y con crampones. Tras un rato de duda, decidimos seguir girando hacia el Jou de los Asturianos.

Al sol, sentados comiendo algo y preparando el material, le vemos mucho más color a la Canal NE: desde abajo se ve el primer resalte con planchas de hielo. A su izquierda, la vía de Tito ya racanea hielo, y asoma demasiada roca como para pensar en ella (al menos nosotros).




Salimos por fin a por la escalada, después de algo más de tres horas de aproximación. Cogemos ángulo en la primera pala de nieve, muy helada como hasta ahora. Los gemelos empiezan a calentar. Bajo el primer resalte con hielo de fusión metemos una estaca muy dura y sale delante Rubén en piolet tracción. Tornillos largos completos. Cosa rara en los Picos. Estira el largo a tope de cuerda y por fin me pongo en movimiento. Buenas sensaciones.

La Canal NE es una vía estupenda, tiene de todo, con dificultad moderada-baja, y con un ambientazo tremendo.

La segunda tirada la hago yo, por buena nieve helada, fácil, estirada a tope también e incluso ensamblando unos pocos metros para que me diera margen a llegar a un relevo montado en un puente de roca a la izquierda de la canal.

 


Vuelve a tirar Rubén y vuelve a tener una pequeña cascada sencilla donde mete tornillos. Escalada disfrutona (si acaso el frío intenso). De nuevo estira la cuerda a tope y yo arranco unos metros antes de que monte reunión sobre clavos existentes. De segundo aprovecho para entrarle directo a un buen moco de hielo que Rubén había evitado. Agradezco el afilado que le pegué hace unos días a piolets y crampones…




Me toca ahora a mí el largo más difícil teóricamente. La canal se encierra un poco, aflora más roca que antes a la izquierda y quizá toque algo mixto. Salgo tranquilo y meto una estaca justo antes del primer resalte de hielo. Me remonto y meto un tornillo, luego sigo y asegurando en la roca de la derecha, otro resaltillo en hielo, otro tornillo. Luego parece que aflora la roca pero se pasa bien, resalte final, cinta a un bloque de roca y me remonto a la arista nevada en el collado ya con la Aguja Enol.




Reunión sobre una estaca muy dura y los dos piolets. Rubén sube tranquilamente. Mirando para Rubén remontar y recuperar el material se me va la cabeza a la primera vez que hice esta vía, 1994, con Miguel, sin cuerda. Aquel día apenas había hielo, era todo buena nieve transformada, pero justo en el paso del resalte que acabo de hacer, a mí, que venía detrás de él, se me fue una chapa de verglás de los pies y me quedé sujeto por los piolets con las rodillas apoyadas en roca, y un susto considerable. Salí rezando porque los piolets no desprendieran la parte superior de la chapilla. Hubiera sido Game Over definitivo. Salí, y seguimos tranquilos hasta cumbre y destrepamos el Marqués entero a pelo. De aquella me creía casi inmortal.

 


Desde esta reunión también puedo ver bien la salida de la otra opción que barajábamos para hoy, la NO: donde pensábamos desde abajo que habría una franja de roca tiene una buena goulotte helada justo hasta mí partiendo de la campa de nieve superior de las 2 o 3 que vimos desde abajo: habríamos pasado bien. Lástima no tachar otra vía más, descubrir nuevos recorridos siempre gusta. Aunque la vía de hoy nos está encantando por las condiciones. 

Rubén retoma el extremo caliente de las cuerdas (ironía en el frío reinante) saliendo por las planchas heladas que recorrimos con Martín hace ahora dos años. Hoy está aún más helado que aquel día, y el frío es más intenso. Mete tornillos de cuando en cuando y al liquidar los sesenta metros monta un relevo junto a un bloque, pero con estaca y tornillos.



 


Yo me he quedado frío en la reunión del collado. Subo hasta él pero no llego a calentar, así que le pido que salga de nuevo delante. Misma tónica, ángulo favorable, buen hielo. Serpentea evitando resaltes rocosos hasta remontar una pequeña cascada que nos pone a la altura de la salida al hombro del Marqués. Tornillos de nuevo. Reunión en roca con terraza cómoda.



Subo hasta él y salgo directo a la derecha a empalmar con el Marqués. La formación de nieve de esta zona no la he visto nunca como hoy: una enorme ola de nieve helada da un aspecto patagónico al sitio. A medio camino coloco un tornillo largo para no ir a pelo tantos metros, ni yo ni Rubén, ya que es travesía.

La tarde avanza y la luz oblicua avisa de que tenemos que espabilar.

Ultimo largo a cumbre manteniendo el estilo: hielo de calidad, ángulo tranquilo. Está realmente precioso. 




Cumbre solitaria para nosotros dos, comer algo y beber. Frío intenso: en las botellas se han formado bloques grandes de hielo. Vistas tremendas. 





La Peña Santa de Castilla saluda desde su cara Norte totalmente trazada de líneas de hielo. Ni un alma. Dónde están los alpinistas, me pregunto.




Salimos rapelando. Los tramos intermedios del Marqués habitualmente los destrepamos, pero las condiciones hoy nos invitan a rapelar. A media bajada vemos bajo nosotros en Cemba Vieya a la cordada que hizo el Marqués: extrañamente la única compañía que hemos tenido en un día espectacular y con unas condiciones excelentes. Misterios.

Se nos dan bien las maniobras, trabajamos eficientes, y nos posamos en “el suelo” de la Cemba Vieya rápido y sin incidencias.

 



La luz del atardecer nos regala unas vistas impresionantes: suaves perfiles sobre los que caminamos, atentos a los crampones, pues los toboganes son tremendos. 


Encendemos la frontal llegando a la Fragua, a las planchas heladas que esta mañana me asustaron, puesto que apenas notamos el relieve ya. Parece que las horas de crampones se notan y, si bien cara a la pared, paso bien tranquilo con un piolet. En la Fragua volvemos a cruzar las huellas de lobo y seguimos para abajo. Rubén charlando animado, yo aguantando el tipo como puedo.

A la altura de la cabaña de Remis vemos luces de gente que está acampada. En el refugio viejo paramos a cambiar el agua de las botellas: parece menos fría la de la fuente que la que traemos… También hay un buen grupo de chicos y chicas que van a pasar aquí la noche. A la altura de Vegarredonda también se ve ambiente de frontales. Nos quitamos los crampones y continuamos para abajo.

Una vez más, el tramo llano del Pozo del Alemán al coche parece que lo han estirado al doble o al triple de longitud respecto a esta mañana… Pero finalmente llegamos al coche. Trece horas y media después de arrancar. Se nos ha hecho más largo de lo habitual pero es lo que hay.

 


Qué guapos están los Picos!

 


Gijón 5:30 h, Pandecarmen 7:15 h, Arranque 7:30 h, Fragua 9:30 h, Pie de Vía Inicio escalada 11:00 h, Cumbre 16:20 h, Fin Rápeles 17:30 h, Pandecarmen 21:00 h

Trece horas y media de tostada (no estaba la nieve para correr). Unas diez de esas horas a pinchos puestos. Empezar y terminar con la frontal puesta. ¡Un poco más de media jornada, como dicen por ahí! 

Gran jornada de alpinismo, gran día de monte con Rubenín.

viernes, 28 de enero de 2022

Ausente y helado

Domingo 23 Ene 22
Puerto San Isidro. Lago Ausente
Salida montañera familiar

 


La previsión era de tiempo despejado y frío, tal y como venía en los últimos días. La opción de esquiar la había descartado por los comentarios de los amigos respecto a la nieve muy helada, demasiado. Como lo que queríamos era pisar un poco de nieve y pasar el día en el monte, la opción de ir hasta el lago Ausente me pareció perfecta.




Se trata de una excursión corta, sin apenas desnivel, pero que nos lleva hasta un paraje muy guapo, especialmente en invierno. Se puede acceder directamente desde el aparcamiento superior de la estación, o bien, salir desde la parte baja y añadirle algo más de recorrido por lomas suaves con buenas vistas.

Salimos de casa sin prisa, a eso de las once de la mañana. El trayecto hasta el puerto es cómodo y a pesar de que había tráfico, en poco más de una hora estábamos aparcando en Salencias. Dos días antes yo había subido por la tarde al Toneo con Luque, de pinchos desde el coche, y a tramos muy duro. Me daba un poco de respeto la nieve helada, y consciente de que resbalar en una pala es muy fácil, coger velocidad y hacerte daño si pegas con algo, también. Las botas de Paula y los niños son muy sencillas, blandas, y cantear es complicado. Si le añades el no haberlo hecho antes, pues más aún.

Por si acaso se complicaba la cosa, nunca se sabe, había cogido unos crampones, un piolet y un cordino por si tenía que amarrar a alguno para cruzar un tramo delicado. Todo esto oculto dentro de la mochila para no alarmar a la madre de las criaturas…

Arrancamos con calma y nada más empezar nos toca un primer obstáculo inesperado: cruzar un arroyo con bastante caudal, pisando sobre piedras resbaladizas y con las orillas heladas. Los ánimos están altos y una vez superado, no sin ciertas dificultades, las posteriores laderas de pendientes suaves de nieve con escobas intercaladas se suceden sin problemas, al revés, con disfrute.

Jimena va con su santa calma, acompañada de su madre, hablando sin parar, haciendo numerosas paradas para tirarse en la nieve a hacer ángeles, a lanzar nieve en polvo al aire, a escribir mensajes… Javi en cambio va por delante, en modo explorador, buscando el mejor trazado, atento a mis advertencias sobre las zonas más heladas (hay muchas de hielo vivo), y a las numerosas huellas de animales marcadas por todas partes (por cierto que algunas de ellas estamos convencidos de que eran lobos).

Al sol se está muy bien, pero se nota el frío. Cuando nos acercamos a la pista que viene de Cebolledo, por la que normalmente se va al lago, la sombra de la vertiente norte nos enfrenta a nieve aún más dura y zonas de hielo. Hay que andar con cuidado. Nos cruzamos bastante gente, de los cuales muchos no han llegado al lago por precaución.


Apenas hay desnivel, y no llevamos mucho caminando, pero es mediodía y el hambre empieza a apretar. En un parche de sol justo debajo de la dura rampa final al lago se me rebelan las tropas: hay que sacar un tentempié o no se avanza más. Aprovechamos la parada para preguntar tiempos a alguna gente que está bajando: apenas son diez minutos.

Una vez recargados los depósitos remontamos por la empinada ladera (el camino normal está muy helado) y llegamos finalmente a la soleada cuenca en la que se aloja el lago. Está totalmente helado. El paisaje es precioso.


Comemos algo más ahora reconfortados por el sol. Los niños exploran la orilla, se tiran resbalando por las laderas…

Ha merecido la pena el esfuerzo final, me reconocen todos. No siempre consigo convencerles y en ocasiones nos perdemos el premio final.

El camino de regreso vuelve a ser cómodo y disfrutón. Incluso el cruce del arroyo casi para llegar al coche nos resulta ameno. Llegamos a casa para merendar.

Hemos aprovechado bien el día y las tropas están contentas. 



Seguro que les quedará buen recuerdo y este me ayudará a fututas convocatorias. Tendré que andar fino para mantener el nivel…



viernes, 7 de enero de 2022

Hablar con propiedad

“Yo está vía la voy a probar en trotter, porque ya empiezo a estar cansado, tengo los popeyes de madera.” Así me decía mi buen colega Elías en uno de nuestros primeros escalando en roca. Por aquella no sabíamos casi nada, apenas teníamos material ni mucho menos estilo, pero sí mucho empuje e ilusión. Se refería entonces a escalar en “Top Rope”, es decir, con la cuerda por arriba. Seguramente habríamos escuchado la expresión a alguno de nuestros mentores, en las travesías donde hacíamos búlder en la playa, pero no nos habíamos quedado bien con el término. Absorbíamos como esponjas, unas veces con más éxito que otras. 

1991. Ya llovió. Cuando empiezas en algo tan increíble como la escalada, lo normal es apasionarse totalmente. Eso fue lo que nos pasó a unos cuantos chavales de 15 años por aquel entonces. Ibamos a la playa a hacer búlder, sin saber qué significaba exactamente. Ibamos casi a diario, a medio día, después de comer y antes de volver a clase, a donde llegábamos con las manos sucias, con una buena sudada, y con los antebrazos como Popeye... En las traves de la playa coincidíamos con gente mayor que escalaba muy bien. Hacían todos esos pasos que a nosotros nos costaban horrores, o simplemente no nos salían... Esa gente nos iba educando en esto de la escalada, en los conceptos básicos. Esa misma gente nos acompañó las primeras (y muchas más) a escuelas de escalada donde, en mitad de la anarquía necesaria, nos seguían enseñando cómo, qué, y por qué. 

Gracias a Luque, Juaco, Juan, Luis, Miguel, Manu y tantos otros.
“Voy a abrir vía yo, y si eso ya la haces tú luego a vista y quitas las chapas”. Frase escuchable cualquier día en cualquier zona de deportiva, donde las vías están completamente equipadas y por tanto no se abren, las chapas no se ponen ni se quitan, y donde el asegurador atento al milímetro a pasos y movimientos de su colega, nunca podrá hacer esa vía a vista, sino como mucho, al flash. 

“Después de meter un birdbeak, un rp, y dos gancheos malos, conseguí llegar a un punto donde maceé una v falcada con un taco, que junto con un bong y una flor de pitonisas chungalís, todo triangulado me dejó anclarme, meter la placa y asegurar al colega.” 
Cuando te alejas de la deportiva, donde los conceptos y los materiales al final son cuatro cosas, las probabilidades de no entender nada para alguien ajeno al mundillo se multiplican. Eso del artificial o de la “Alpina” (como gustan de llamar a la escalada en el monte las nuevas generaciones) es ya puro sánscrito. 
Simplemente otro idioma. 
Cada disciplina u oficio desarrolla su propio lenguaje, y la escalada es un buen ejemplo. 

Me parece que el Diccionario escrito por Tino Núñez, editado por mi amigo Alberto, y prologado por mi también amigo Mon, puede servir para varias cosas importantes: aclarar dudas a muchos que empiezan y que no tienen por qué saber, recordar o corregir cosas a algunos que llevan tiempo escalando y que parecen mezclar conceptos, y además, por el modo en que está escrito, hacerles sonreír a todos ellos. 
Hablar con propiedad es importante.
 
Encadenar es lo que es. 
Escalar a vista es escalar a vista, y eso es algo muy concreto y bien definido, aunque mucha gente parece no entenderlo (o no quieren entenderlo). 
El Pinkpoint, que está muy poco de moda, es un matiz que marca una diferencia que puede ser abismal en un encadenamiento en tu límite. 
 Los excéntricos son lo que son, si bien dentro del mundo de la escalada también hay muchos otros a los que se les puede aplicar el término por distintos motivos. 

Hay muchos términos que quizá hoy día estén en desuso, pero que formaron parte integral de la escalada durante mucho tiempo: por ejemplo el ocho.   

Yo me lo he comprado por las tres razones mencionadas y alguna más: seguro que hay cosas que no sé y siempre hay que estar dispuesto a aprender, otras cosas igual las tengo liadas y las puedo aclarar, y por último ya me he reído bastante con varias definiciones. 

El saber no ocupa lugar, y el leer entretiene. Muy recomendable. 

(para la segunda edición, echo en falta algunos términos más viejunos (talabarte), o importaciones exteriores (baudrier), pero es verdad que nunca han sido de mucho uso).

jueves, 30 de diciembre de 2021

El grado de incertidumbre: Arrieta-Pomeda a Ubiña

Sábado 18 Diciembre 2021 Rubén Díaz Peña Ubiña (2.417 m), Cara norte, vía Arrieta Pomeda (300 m, AD)
Cuando llegué a lo que creía que era el final de la travesía, miré el clavo y el cintajo y decidí reforzar con otro. La fisura por la derecha parecía que cegaba después de unos mazazos, pero la de encima admitió el pitón plano casero de Rubén, cantando bien al cabo de unos ocho o diez golpes. Triangulé con una cinta cosida que llevaba ya suficientes años en el arnés como para abandonarla sin remordimientos. Metí otro friend de refuerzo y di una voz a Rubén para que subiera. Desde aquí teníamos que rapelar hasta una pequeña goulotte colgada que daba acceso a las campas superiores, pero que no tiene salida por abajo. Confiábamos que la cosa fuera bien. Al final, esto es lo que buscamos. Un poco de incertidumbre, que nos haga sentir vivos. Que nos enfrente a la realidad. Que veamos que nuestras acciones tienen consecuencias directas, que hay que pensarlo bien, y luego actuar.
La Arrieta-Pomeda a Peña Ubiña es una vía más de las que recorren la Norte asturiana, en este caso en el límite con la arista Este. La abrieron estos dos prolíficos alpinistas allá por 1978. Se trata de una sucesión de corredores y campas de nieve que avanzan en diagonal hacia la derecha, interrumpidas en algún tramo para enlazar. La salida final tiene un muro de roca no muy grande, pero sí obligado. En la Red no se encuentran apenas referencias de repetidores ni croquis. Señal clara de que no se hace mucho. Cuando después de un buen rato detrás de ellos, alcanzamos finalmente a Gelu, Augusto y su colega, ya estábamos cerca de la entrada. Ellos venían a abrir algo duro de frente y a nuestra derecha: gente así, con inquietud, empuja el nivel hacia arriba. Nos contaron un poco de la Arrieta (son los únicos conocidos que sabía que la habían hecho): lo suficiente como para saber que la salida final en roca sí sería IV grado. Los despedimos deseándoles buena jornada y continuamos a lo nuestro.
En la entrada paramos a preparar un poco el material, recoger bastones y sacar el segundo piolet. Aprovechamos para echar un trago y comer algo. Eran casi las once de la mañana y llevábamos dos horas y media desde el coche: las distancias engañan. Arrancamos sin cuerda, Rubén delante de mí, por los primeros corredores fáciles. La nieve estaba variable, sinceramente esperábamos que estuviera mejor, pero más o menos dejaba progresar con seguridad.
Libramos alguna zona con calvas de nieve hasta arrimar a un bloque en el que decidimos sacar la cuerda: salió Rubenín delante por terreno sencillo, estirando los 60 metros hasta montar relevo sobre friends.
El siguiente largo arrancaba similar, pero pronto al acercarme a la roca empecé a encontrar clavos que fui chapando. Movimientos sencillos sobre nieve a medio transformar, luego más dura y un poco más tiesa, y cada vez más mixto. Claramente se trataba de la travesía que nos dejaría en el rápel para enlazar con la segunda parte.
Seguía siendo fácil, y cuando llevaba chapados cuatro o cinco clavos creí llegar al rápel, que me pareció algo cutre, así que reforcé. Estaba medio colgado, con los pies sobre algo de nieve helada, no muy cómodo. Cuando Rubén estaba a medio camino hacia mí, me dí cuenta de que por encima había otro clavo, y unos cinco o seis metros más a la derecha en travesía casi descendente parecía que estaba el rápel correcto (varias cintas ajadas y descoloridas por los inviernos).
Llega el colega, le cuento la película, así que sale a intentar llegar al rápel. La cosa era más rara de lo que parecía a simple vista, y después de mirarlo un rato volvió a mi reunión. Metimos alguna pieza adicional de refuerzo sin carga, para ver cómo trabajaba la instalación. Salí yo para abajo el primero, fueron unos quince metros de rápel bastante aéreo hasta que llegué a la canalilla estrecha, donde la nieve estaba más dura. Busqué dónde colocar algo: un allien amarillo más los dos piolets bien anclados me dieron confianza para avisar a Rubén de que bajara. Con Rubén en la parte más tiesa del rápel, me di cuenta de que yo me había anclado la cuerda al arnés. En ese momento piensas, si salta el rápel nos vamos los dos a tomar por saco... Pero como era de esperar, habíamos montado una buena reunión, y llegó tranquilamente hasta mi lado. Me pasó otro allien para reforzar y recuperamos la cuerda. En ese momento vuelves a pensar, mejor que haya salida por arriba, porque ya no podríamos volver por donde hemos venido. Tira Rubenín por la goulotte, y tras un paso algo delicado por escaso de nieve-hielo, un poco de tapíntracción y sale a la campa de nieve. Estira a tope y arranco yo ensamblando unos metros antes de que montara reunión.
De segundo es mero trámite: le alcanzo y continúo por nieve sencilla, asegurando en bloques que asoman cada bastantes metros. Cuando se acaba la cuerda monto reunión con dos friends en unas muy buenas fisuras a unos veinte metros del muro de roca de salida final.
Rubén viene hasta mí, le paso el material, y sale sin dudar a ver qué nos depara este último largo. A los quince metros toca roca, encuentra un clavo, mira a derecha, no lo ve claro, mira a izquierda y ve otro clavo: vamos bien. Se trata de un muro bastante tieso. Se quita los guantes, se levanta con tiento, mete un fisurero algo y, después de mirar la pinta del terreno, opta por quitarse los crampones (tal y como nos habían avisado Gelo y Augusto). Sin ellos resuelve rápido y seguro la salida por una chimenea bastante tiesa.
Una vez gana la arista, saliendo al sol (y al aire) me avisa para que suba. Me gusta el largo, especialmente me gusta lo bien que lo ha resuelto, sin dudar. Sí que tendrá algún paso de IV, y se agradece quitar los pinchos para ganar tacto en los pies. Nos calzamos de nuevo los crampones y recogemos la cuerda. Salimos por la arista Este disfrutando las vistas: la Fana tiene formas suaves en la nieve.
Compartimos la cumbre con unas cuantas cordadas de gallegos que vienen todos de la vertiente de Torrebarrio: Elixir, Maripaz, Espolón Oeste... Todos contentos, cada uno con su escalada. Comemos algo y salimos para abajo.
La nieve está buena y deja bajar con seguridad. Collado Terreros y para abajo. Nos paramos en el Meicín a quitar crampones, unas cuantas horas después de calzarlos esta mañana, y seguimos hacia Tuiza. Llegamos al coche después de algunos resbalones. Hemos echado algo más de ocho horas y media.Tres horas para la vía. Sin correr, pero sin parar. Nos ha parecido una vía interesante, similar a la Canal Central, si acaso más guapa esta última. Buena actividad en cualquier caso, y otra vía más apuntada en la libreta de Ubiña. Sexta ola; marcarilla de nuevo en el coche. Contentos volvemos a casa. Tuiza 8:25 h Inicio escalada 11:10 h Fin escalada 14:20 h Cumbre 14:30 h Tuiza 16:45 h

viernes, 24 de diciembre de 2021

XXVI Semana de Montaña de Villaviciosa

La semana pasada tuve el privilegio de participar en la Semana de Montaña de Villaviciosa.
Esta ha sido mi primera vez dando una proyección formal al público. Bueno, la primera no, porque había hecho una hace unos años en el bar La Corrada en Cimadevilla. Pero lo cierto es que en esta ocasión era una semana de montaña oficial, que ha tenido a lo largo de los años ponentes de gran renombre. Se celebra en el teatro Riera de la Villa, un sitio muy chulo. La combinación del Covid y de mi poco tirón hizo que apenas se juntaran unas decenas de personas en el patio de butacas, varios de ellos amigos que vinieron a verme hablar. Di una charla con fotos de mis escaladas en los Alpes a lo largo de casi tres décadas.
Mi falta de experiencia me hizo cometer varios fallos importantes: se me olvidó la música que había llevado, no cogí el puntero láser, y sobre todo, hizo que se me fuera de larga. Antes de terminar ya me había dado cuenta de que había metido más contenido de lo recomendable. La limitación de tiempo y el haber empezado algo tarde, hizo que no tuviera el ritmo adecuado. Seguramente hubo gente que se aburrió. Por otra parte, a pesar de todo, me encontré cómodo hablando y contando anécdotas varias. Después de la proyección, los amables organizadores me obsequiaron con varios recuerdos, con productos de la tierra (estupendo arroz con leche de Los Caserinos), y además me invitaron a cenar (en la Fábrica de Chocolate). Durante la cena hablamos de montaña, cómo no: de todo alrededor de la montaña. Desde escaladas en los Alpes, los Pirineos o en los Picos, a las distintas formas de acercarse al monte y entender la montaña que vivimos todos hoy día. Hablamos de las enormes diferencias que existen respecto a nuestros comienzos, del declive general de los grupos de montaña y las excursiones colectivas, con las que nosotros empezamos y aprendimos nuestros primeros pasos. Gente maja la del Grupo de Monaña Llamaello a la que estoy muy agradecido por la oportunidad. Buena experiencia, algunas cosas aprendidas.

martes, 7 de diciembre de 2021

Primer foqueo invierno 21-22

Viernes tarde, miniventana de buen tiempo. Arrancamos del parking con nube metida, desagradable niebla. Después de calentar un rato cuesta arriba bajamos a buscar a Manolo, que llegaba más tarde. Una vez los tres juntos arrancanos de nuevo para arriba y hacia la mitad de la subida la suerte nos sonrió. Buenas vistas a las Marías, buena nieve fuera pista en la loma final. Solos, cosa rara, disfrutamos de una bajada merecida. Nando y yo aun remontamos otro tramo de nuevo, por el placer de hacerlo. Seiscientos metros positivos para una breve sesión inicial. Cerveza en el puerto. Gran tarde
3 de diciembre 2021 Nando del Pozo, Manolo Crespo

domingo, 21 de noviembre de 2021

La cuarcita de Panondres

En una semana para olvidar, en la que he visto cómo dos amigos han sufrido pérdidas irreparabbles, las dos absolutamente terribles, me doy cuenta una vez más de que todo a nuestro alrededor está en un equilibrio muy inestable, que nada es seguro ni permanente, y de lo importante de apreciar las cosas pequeñas de la vida.
Descubrir nuevos sitios siempre gusta. Si además son tan especiales como este, pues más aún. Queda un poco a desmano si piensas en escalar en Asturias, pero precisamente por eso tiene encanto.
Adicionalmente, la roca de este lugar, cuarcita, con sus formas y su tacto y su escalar tan particular, le da un punto original.
Aproximación cómoda, pie de vía más aún. Vistas imponentes con el telón de fondo del Cantábrico. Equipamiento moderno e impecable. Excelente trabajo. Hace ya tiempo que Nando me decía que merece la pena. Gelu también.
Me alegro de haber venido, y estoy seguro de que repetiré. Salud y montaña.