LA MONTAÑA COMO PASIÓN, COMO ESCENARIO INFINITO SOBRE EL QUE DISFRUTAR INTENSAMENTE DE LA VIDA,
DONDE ESCALAR, ESQUIAR, PEDALEAR, CORRER, CAMINAR...
DONDE LOS AMIGOS, EL ESTILO Y LAS FORMAS CUENTAN, Y MUCHO

viernes, 13 de marzo de 2015

Tiempos modernos en el Mampodre: Norte Polinosa

Sábado 7 de Marzo 2015
Mon Turrado y David Rodríguez
La Polinosa (2.159 metros), Canal Norte clásica (350 m, III,2)


No lo entiendo.
Tiene que ser que me falta mundo, porque lo que vimos el pasado sábado, a mí simplemente no me encaja.
En una zona en la que históricamente ha habido restricciones hasta para caminar (¡!).
Desde luego parto de la base de que quienes lo hacían, contaban con permiso para hacerlo. No me cabe en la cabeza que lo estuvieran haciendo sin él.



Después de dos meses de temporales, por fin se asienta el anticiclón.
Son las seis de la mañana cuando nos juntamos en Noreña Mon, David y yo, y partimos de charla animada dirección a la cuenca. A David lo acabo de conocer, pero a los pocos minutos es como si fuéramos amigos de siempre, hablando sin parar de temas varios. Mucha risa.



La mole de Peña Ten
La temperatura varía mucho en muy poca distancia: pasamos con cuatro grados positivos por el puerto de Tarna, y llegamos con seis negativos a La Uña. En Maraña hace un poco más de “calor”; menos cinco.
En el amanecer, los perros del pueblo salen a saludarnos, y Mon se encuentra con su amiga Chispa, protagonista la pasada temporada de una buena aventura alpina.



El día está azul y la nieve como el hormigón: yo a la entrada del valle de Valverde me pongo el casco y los crampones, aunque Mon y David siguen sin ellos. Dos días antes ellos estuvieron por Ubiña y también disfrutaron de una buena cramponada.
Alcanzada la base de las palas que ya nos dirigen a la canal, hora y media larga desde que salimos, paramos a comer algo, poner el arnés, ordenar el material y sacar los piolets. Hasta aquí aún nos acompaña Chispa, que por cierto acaba de cazar un topo delante de nosotros con la mayor facilidad. Al arrancar, y con objeto de intentar evitar un nuevo episodio de alpinismo canino, azuzamos al animal a base de voces y aspavientos para que se aleje de nosotros. No estamos seguros al principio, pero parece que finalmente lo hemos logrado.


Chispa y el topo que acababa de cazar
En la banda de roca al lado de la entrada de la canal montamos una reunión y salgo yo delante sin preguntar: Mon ya ha hecho la vía sin cuerda hace años y David prefiere ir viendo cómo va la cosa.
La nieve está perfecta para escalar. La roca está limpia y sobre ella voy colocando seguros de cuando en cuando. Terminando la cuerda supero un pequeño resalte con algo de hielo, y después monto reunión. En pocos minutos, hablando sin parar, llegan Mon y David.







Repetimos esta secuencia varias veces, siempre disfrutando con la escalada, recordando a los amigos, hablando de mil cosas. Queremos estirar el tema un poco y no nos damos prisa, porque si no, se nos acaba la actividad demasiado pronto: lástima la canal no mida otros trescientos metros en este mismo plan…
Me lo paso fenomenal buscando emplazamientos para los seguros, montando las reuniones, metiendo algún clavo cuando no hay alternativa… En mitad de una de estas se me escapa canal abajo el fisurero del 5: más de quince años en el arnés!


Estamos como a media altura cuando oímos un helicóptero cerca. Parece que está posándose en el collado que da acceso a la norte de nuestro Pico. Seguimos a lo nuestro, buscando el mejor camino, evitando las zonas descarnadas (esperábamos más continuidad, aunque se consigue serpenteando un poco).
Ya en el tercio superior me avisa Mon de que procure no soltar cosas, que vienen dos tíos por debajo escalando sin cuerda (de los que llegaron en helicóptero). La nieve está realmente muy buena, pero hemos pasado dos resaltillos en chapa fina que yo personalmente en estos momentos no me los habría hecho a pelo…
Cuando nos alcanzan, Mon los reconoce como amigos de León. En la siguiente reunión nos saludamos, comentamos lo guapo que está el monte, y ellos siguen hacia cumbre más rápido.
En las últimas palas, ya al sol, asoma más tapín que antes, pero está helado y la sensación de seguridad al pinchar es total.




Una vez en la cumbre volvemos a coincidir con los dos leoneses, que ahora son tres con otro amigo que llegó por la normal. Nos despedimos: ellos se van ahora a hacer la Cruz.
Nosotros unas fotos, algo de picar, seguimos con el cachondeo.





La bajada por la normal de la Polinosa es bastante alpina, con palas de buena inclinación en las que conviene no despistarse, y heladas como hoy menos aún.


Ya estamos de nuevo en el fondo de la cuenca norte cuando vuelve a sonar el pájaro, y ahora lo vemos posarse a unos cientos de metros de nosotros, en nuestro camino de regreso al valle de Valverde. Ha venido a recoger a los que dejó antes, de los cuales acaba de llegar uno.



Cuando llegamos a su altura, después de saludar (al piloto lo conocemos todos, pero Mon además conoce a más gente), seguimos nuestro camino.
Al poco rato nos pasa veloz por encima, camino del pueblo.
Unos minutos más tarde vuelve a pasarnos por encima valle arriba; se ve que a recoger a los que no habían llegado antes. Yo simplemente no doy crédito. Esto empieza a ser demasiado desde mi punto de vista.

Se ve que soy un antiguo, pero es que a mí esto me cruje. Por lo menos en montañas de nuestra escala. Además, el recuerdo de lo que sucedió el pasado verano aquí mismo, le da para mí al tema aún mayor frivolidad. Lo siento pero no lo veo.


Voy hablando con David de sus muchos viajes y proyectos, Mon se ha adelantado. Vamos todos disfrutando del día.
Ya en el pueblo me encuentro con mi amigo Chus y otros dos colegas que han hecho la Cruz y que también comentan, como más gente por allí, lo excesivo del tema helicóptero.


En el bar nos tomamos unas cervezas, invitados todo sea dicho, precisamente por la gente del helicóptero.
Más tarde, ya solos, Josu nos saca unas tapas de cecina, de queso y de chorizo de venado: damos buena cuenta de todo ello.
Como decía Mon al salir hacia el coche, hoy hemos tenido un día de actividad “alto, rápido y Chigrero”. Bueno, muy rápido tampoco. Pero sin duda un gran día de montaña. Un placer de compañeros y de escalada. (algunas de las fotos son de David)

Noreña 6:00 h
Maraña 7:30 h
Pie de canal 9:45 h
Cumbre 12:40 h
Maraña 15:00 h

miércoles, 4 de marzo de 2015

Montañas de papel

Porque las montañas no son solamente las de roca y hielo. También hay otras que nos hacen soñar. Las Montañas también pueden ser de papel.

Las montañas de papel son esas a las que nos traslada cierta gente que tiene la difícil capacidad de transmitir su pasión por la montaña en sus escritos. Gente que en unas pocas líneas puede hacer que te suden las manos, o que te den escalofríos por la espalda. Esta gente te sabe contar sus esfuerzos, sus alegrías, sus inquietudes, miedos y deseos de forma que te hacen parte de ellos.

Desde siempre he disfrutado con la literatura de montaña, encontrando en ella un complemento fundamental a mi afición, digamos, física. En los libros (también en artículos en revistas, y más recientemente en webs, blogs y demás) encuentro fuentes de inspiración.

Ha llegado por fin un libro esperado hace tiempo: “Historias de Vivac” de Alfredo Iñiguez.


 Sé que el mío es uno de los primeros ejemplares como cliente particular. Para esto he partido sin duda de una posición privilegiada. Nada más cogerlo ya se me puso una sonrisa en la cara y no tardé más de diez minutos desde que salí de la tienda hasta que lo empecé. Desde su primera página (incluido el prólogo) me está gustando. Voy casi por la mitad en dos sentadas.

Su autor simplemente derrocha talento. A lo largo de las páginas, con gran ritmo, va pasando por descripciones detallistas de las situaciones más variadas, algunas realmente inverosímiles. Serio en algunas ocasiones, cargado de ironía y de humor en las más. Imaginativo y sagaz. Con continuas referencias históricas que reflejan su respeto a sus predecesores.

En este libro se nos describe la Edad de Oro de la escalada libre en España, desde un punto de vista protagonista. Esa época en la que se amontonaron (en el tiempo, no en el espacio) la mayoría de las aperturas de las vías que hoy llamamos clásicas.


En un momento dado Iñiguez agradece la ayuda de la gente con la que empezó a escalar, gente gracias a la cual él mismo dice adelantó años de aprendizaje. 
Curiosamente yo tuve la gran fortuna de conocer a varios de esos mismos elementos históricos (Luis Rubio, Miguel Rodríguez, Luismi Cuartuquilo…), década y media después que él, y también tuve el privilegio de aprender de ellos y compartir con ellos muchos días de montaña. A lo largo de los años me han ido contando historias y anécdotas varias de aquellos días (me encantaría que también las escribieran). Iñiguez lo ha puesto por escrito y además lo ha hecho de forma brillante.

Para mí, el hecho de conocer bastantes de los escenarios narrados, algunas de las gentes y sumado al haber recorrido muchas de sus vías, hace que me sitúe, que la sensación aumente y que disfrute el libro intensamente.

Además del relato de esta época histórica, por otro lado Iñiguez nos transmite de múltiples formas su pasión por la montaña en su concepto más amplio y sincero, desde el fondo del asunto y sin necesidad de maquillajes o postizos adicionales. Esa pasión no se quedó en los ochenta sino que continuó a lo largo de toda su vida y abarca la montaña en todas sus dimensiones.

Leo con avidez pero también con pena porque lo voy a liquidar en muy poco tiempo. Aunque lo bueno si breve...

Lamentablemente Iñiguez nos dejó hace unos años ya, en un mal día en su querida Quirós. 
Los textos ya estaban listos por entonces, pero ha sido gracias al empuje de su familia que ahora los podemos disfrutar.
También sin duda gracias a Boza por haber apostado por su edición: estoy seguro de que va a ser un éxito.


No hace falta tener las botas puestas o la cuerda amarrada para vivir la montaña. 
Gracias Iñiguez, pleased to meet you.



jueves, 19 de febrero de 2015

Mare e Monte: el Pienzu blanco

Sábado 14 de Febrero 2015
Nacho Fuentes
“El Pienzu” desde el Fito



El mayor temporal en décadas. Nevadas en niveles que casi no se recordaban. Tráfico ferroviario cortado con la meseta durante una semana. La autopista a ratos sí a ratos no.  Desde primeros de Enero la cosa apenas da tregua.
Un nuevo fin de semana con nivel cuatro de riesgo de avalancha en la cordillera y en Picos, previsión de vientos fuertes y precipitaciones varias.
Con este escenario no está la cosa para mucho más que un paseo, y que sea por una zona controlada…
Así salimos la mañana del sábado mi amigo Nacho y yo: Con tanta nieve es una buena oportunidad para subir a sitios bajos a los que habitualmente no llega: es increíble cómo cambia el blanco el paisaje, cómo cualquier pequeña loma gana interés y estética. Nos vamos al Pienzu.


El Sueve es una pequeña sierra costera que se levanta entre los valles del río Piloña, el del Sella, y la rasa costera de Colunga y Caravia. Se trata de una zona muy guapa, muy rica en fauna (es muy habitual ver gamos, venados, jabalíes, asturcones…) y además es muy accesible en poco tiempo.
Su cumbre más alta, el Pienzu, se eleva sólo hasta los 1.161 metros, pero se encuentra a una distancia realmente corta de la línea de costa. Esto hace que sea una de las mayores elevaciones de Europa en distancia relativa al mar.  También hace que en verano tenga muchos días una nube enganchada que puede arruinar tu día de playa en sus faldas…

La majada del Bustacu
A las ocho y media salgo de casa. A las nueve recojo a Nacho en Villaviciosa. A las nueve y media ya estamos en el Fito empezando el paseo.
En estos primeros momentos hace mucho viento gallego y la lluvia nos azota fuerte en la cara, pero tenemos ganas de caminar y la previsión para la mañana no es mala. Con las chupas puestas y la cabeza gacha remontamos las primeras lomas. Pronto, en cuanto cambiamos de vertiente, el viento amaina; quizá sólo porque estemos protegidos con el cambio de ángulo. La lluvia también ha parado.

Vamos disfrutando de las vistas de los valles, de los cordales cercanos blancos desde muy abajo, de la nube negra y continua que se engancha en la cordillera y también en la costa.


Charlando llegamos a la majada del Bustacu, donde los prados están saturados de agua y la nieve empieza a cubrir el suelo. Desde aquí la cuesta aumenta y la conversación disminuye en la misma proporción.

Pronto estamos abriendo huella en nieve abundante. No está muy incómoda y vamos ganando altura tranquilamente. Cuando alcanzamos un pequeño collado se nos abre la perspectiva hacia el Norte: nos quedamos bobos mirando las olas del mar en medio de las laderas blancas. El contraste es realmente sorprendente.
Aquí nos cruzamos con un grupo de corredores de montaña que, entre chistes, trotan alegres arriba y abajo.

Lastres al alcance de la mano

Ambiente de montaña con vistas a la playa
La parte final de la ascensión la hacemos por una loma donde el ángulo, siempre suave, gana unos grados. Esto nos deja unas guapas estampas de la línea de playas al lado de la montaña blanca. Insólito.

Alcanzada la cumbre el viento gallego nos vuelve a azotar violentamente: está claro que veníamos protegidos por nuestro lado. Unas fotos rápidas, unos saludos a la gente que va llegando.
Indignado me agacho a recoger una lata de mejillones vacía: es increíble que la gente se suba con la lata, se la coma, y luego la deje en el sitio. Creía que estas cosas estaban superadas, pero veo que no.

Mi amigo Nacho, seguramente la persona más fuerte que conozco
La bajada por la vertiente Oeste es mucho más incómoda por el tremendo viento que nos zarandea, acompañado a ratos de afilada lluvia. Las manos se quedan frías.
Recogemos más abajo otra lata, ahora de refresco, tirada en mitad de la nieve: duele a la vista. Cuánto capullo.

A esta hora hay mucha más gente subiendo en nuestra dirección, pero me temo que van a pillar peor tiempo que nosotros: la cosa parece cerrarse por momentos.
Bajamos comentando que la nieve se quitará en breve, en cuanto caliente un poco.


 A las dos y media estamos tomando el vermut en la Villa, encantados con el paseo.

Mirador del Fito 580 m (9.30 h)
Majada del Bustacu
Cumbre Pienzu 1.161 m (12:00 h)
Majada Bustacu
Mirador del Fito (13:30 h)

Unos 14 km y 600 metros desnivel positivo aproximadamente.
El lunes 16 la previsión vuelve a dar cota de nieve a 700 metros. No querías taza…?

jueves, 5 de febrero de 2015

Reflexiones llanas y mojadas

Dos semanas de exilio laboral en la lluviosa, fría y frustrante planicie holandesa (yo diría que es casi cóncava), invitan a las pajas mentales.

¿Qué soy? ¿Qué creo que soy? ¿Qué me gustaría ser?



Voy a empezar por la segunda pregunta: ¿qué creo que soy? O quizá la pregunta correcta sería ¿qué me creo que soy? 
Esta no es especialmente fácil de responder, pero tampoco debiera ser la más difícil. Desde hace muchos años, yo me creo escalador y alpinista, y desde hace muchos años creo que eso me distingue del resto de la masa, digamos que me he creído superior de algún modo. (Chorradas y flipes mentales)
Como es natural, con los años algunas cosas importantes han ido pasando en mi vida y han redefinido prioridades de lo que creo que soy. Por orden, la lista vendría a ser más o menos la siguiente: padre, marido, hijo y hermano, amigo, escalador, alpinista, ciclista, esquiador, y por último otras cosas mucho menos interesantes como oficinista.
Aún me sigue quedando en el fondo cierta sensación de superioridad (estúpida); todavía creo que puedo hacer cosas que la mayoría no puede, o no se atreve (cada vez menos, es cierto, pero uno tiene su historia acumulada). Lo cierto es que cuando las hago es porque me lo paso bien, no para ser “mejor” o “distinto” (aunque algo me lo creo, vamos que sigo flipado).

Pajas mentales buenas las de este...

La tercera pregunta, ¿qué me gustaría ser?, tampoco debería ser complicada, ya que es lo que querría conseguir si pudiera cambiar algunas cosas… En este caso la cosa sería más o menos así: padre, marido, hijo y hermano, amigo, escalador, alpinista, esquiador, corredor y ciclista (obsérvese que lo de oficinista ha desaparecido sin dejar huella, y a su vez ha aparecido un nuevo punto, si bien está casi al final; corredor). Con esta lista yo seguiría creyéndome “distinto”, ya que la mayoría de la gente no escala, y la mayoría de los escaladores no hace alpinismo.


La semana anterior por Pajares con factor 4 de avalancha
¿Cuál es la realidad?, es decir, ¿qué soy realmente? (primera pregunta y respuesta mucho más triste…)
Si tomamos un año con sus 52 semanas, le descontamos 4 de vacaciones y digamos por lo alto otras dos más de apaños entre festivos y puentes, nos quedan 52 – 6 = 46 semanas. A 40 horas/semana en la oficina (más sentado que otra cosa), me sale la friolera de 1840 horas sentado delante del teclado, o en salas de reuniones, o similares. Apasionante.



Entre semana, de lunes a viernes, consigo arañar una sesión o dos de entreno, o de “microentreno” más bien.  Desde que me diagnosticaron la lesión de cadera, el correr ha quedado casi descartado, y con ello pierdo la opción más fácil para entreno de volumen en poco tiempo. Procuro entonces coger la bici (nocturna con luz cuando la meteo lo permite), o el gimnasio si no queda más remedio.
Los fines de semana procuro hacer una salida de bicicleta de montaña desde casa (buen terreno) y darle una hora y media o dos. Esto lo mantengo bastante bien a lo largo del año. Digamos que con la bici tengo una regularidad semanal o casi. O sea, que puedo decir que sí que soy algo ciclista de montaña.
Menos mal que nos queda esto...
Con una frecuencia muy baja doy sesiones cortas de tablón, de roco o de búlder natural; podría ser una a la semana. La deportiva también la tengo bastante abandonada; a pesar de saber su importancia, apenas alguna tarde perdida cada dos meses. Si tengo el día entero, sin duda prefiero ir de monte. Es decir, que como escalador deportivo, más bien poco, apenas 6 o 7 días al año. Lo que me extraña que me siga levantando de vez en cuando a vista por los 6cs o hasta 7as... (bueno, ahora hace tiempo que no salgo, igual ya no me salen).
La frecuencia de salidas al monte que vengo siguiendo últimamente es de una vez cada 4 semanas en salida completa (jornada entera de monte). Voy a decir 1,5 veces cada 4 semanas. Esto sale al año lo siguiente: 52/4 = 13 * 1,5 = 19,5 salidas de jornada completa. Esto siendo optimista. De estas, si le quitamos un 20% que se fastidian por la meteo, me quedan 15 salidas de jornada completa al año. Si estas las repartimos entre alpinismo, escalada en roca en montaña, esquí de montaña, y bicicleta de montaña, claramente no da para ser muy muy de nada.



Con este escenario, la respuesta a la primera pregunta es mucho más dura que las otras. Pone las cosas en su sitio.
Atendiendo al tiempo que dedico a lo largo del año, el orden real de lo que soy viene a ser el siguiente: puto oficinista, padre, marido, ciclista, amigo, hijo y hermano (apenas dedico tiempo a los colegas o a mis padres y hermanos), alpinista y por último escalador y esquiador.
En este caso sí que está y en primer lugar muy destacado el oficinista. No está el corredor. Y el alpinista y el escalador están en posiciones muy, muy retrasadas. Pero esto es lo que hay. Y con un canto en los dientes!


Esto me recuerda a "El replandor"
De cualquier forma, aprendiz de mucho, maestro de nada, y botella medio llena siempre!

Bueno, voy a bajar al gimnasio del hotel, a la elíptica, o a mover algo de hierro, que siempre será mejor que no hacer nada. A ver si me dejo de películas. 
...Si al menos hubiera una barra de dominadas!!

domingo, 1 de febrero de 2015

El camín encantáu

1 Enero 2015
Llanes, Ardisana, “El camín encantáu”

Atrás quedaron los años en los que el día 1 de enero significaba levantarse tarde, resacoso, estragado, y hacer poca cosa. Ahora el despertador natural suena más o menos a la misma hora que el resto del año, y no da opción. El mío, el despertador digo, suele tener forma de niña rubia, rizosa, guapísima.



Dado que nos habíamos retirado prudencialmente pronto, la cosa no fue tan dura, y como el día estaba azul, aprovechamos para ir de excursión con los enanos y nuestros amigos Aurora y Rafa. Después del maratón gastronómico navideño, viene bien un paseo y comer un bocata por el campo.
Las rutas marcadas no son lo que más me gusta, pero yendo con niños son una buena alternativa; no tanto porque estén marcadas, como porque encuentras referencias y consejos en internet. Cuando vas con un niño de cinco años y una niña de dos, no conviene arriesgar.
La ruta elegida, llamada “el camín encantáu”, consiste en un pequeño recorrido circular de unos nueve o diez kilómetros, parte de los cuales son por carretera. Nosotros aprovechamos esto para llevar la silla de la pequeña. Con sus trece kilos largos, empieza a ser demasiado para la mochila…



Es una excursión montada claramente con fines turísticos, pero esto no quita para que sea muy guapa: toca varios pueblos pequeños localizados en un valle interior de Llanes, paralelo a la costa, a los pies del Benzúa y tiene buenas vistas a los Picos en algún punto.
En el recorrido te encuentras con carteles explicativos sobre los usos y costumbres de las gentes de la zona, las tradiciones y demás. También hay figuras de madera de personajes de la mitología asturiana: trasgos, diaños, el nuberu, el cuélebre, etcétera.
Sin prisas llegamos al punto de comienzo, La Venta, hacia las doce. Una vez preparados y orientados, después de ver la primera figura de la ruta, la reunión de trasgos, empezamos a caminar. Salimos del pueblo por entre prados llanos, para en seguida comenzar una subida hacia el pueblo de Maletería por una pista. La pista gana perspectiva sobre el tranquilo valle.




Alcanzado este pueblo, los niños se entretienen con un rebaño de ovejas, nosotros observando la arquitectura del lugar. Los perfiles del Picu, de Cabrones y Cerredo recortan el cielo. A continuación salimos por una estrecha carretera dirección norte y en un rellano soleado paramos a comer el bocadillo.


Desde aquí cogemos nuevos caminos que, tras cruzar unos prados blancos donde la helada no ha levantado en todo el día, continúan después entrando en el bosque que faldea la ladera de la colina hasta el pueblo de Villanueva.



En el bosque nos recreamos con la plasticidad visual y el sonido de las hojas removidas con los pies. Como tantas veces, confirmamos que hay muchas cosas bonitas que son gratis, que solo hay que salir a buscarlas, con los ojos abiertos y dispuesto a apreciarlas.


Saludamos al Pataricu, al Diañu Burlón y al Nuberu, cada uno con su historia.
Salimos del bosque ya entre las casas de Villanueva, y de allí al pueblo de Palaciu. En ambos apreciamos la estética de muchas de sus casas, así como algún gato holgazaneando. El sol va muy bajo y la temperatura no levanta, así que aprovechamos para tomar un café en un chigre.




De Palaciu a Ardisana apenas unos cientos de metros.
Desde aquí emprendemos el regreso ya por la carretera (estamos recortando un tramo) a lo largo del valle. Saludamos a algunos caballos, a las ovejas, y terminamos bailando junto al coche.


Una gran manera de empezar el año.

jueves, 8 de enero de 2015

Intento al Neverón: primera retirada del año

2 Enero 2015
Bene Santos
Intento al Neverón de Urriellu (2.559 m) Canal NE 250 m, III/2

Primera salida del año, y primera retirada. Empezamos bien.

Amanecer en Pandébano
Las referencias de condiciones eran inciertas: lo mismo las había de exitosas aperturas de nuevas vías por los gallos, que de imposibilidad de aproximar con los coches. Las fotos de la carretera de Sotres el día antes no auguraban nada bueno… Con este escenario decidimos tirar hacia el Central para ver si se podía hacer algo. Nuestro objetivo inicial era la canal Noreste del Neverón de Urriellu, una clásica invernal de Picos, en principio de las fáciles, y que ambos teníamos pendiente (y seguimos teniendo!).
La alternativa si la cosa estaba fastidiada ya en la carretera, era dejar el coche en la curva de Sotres e intentar el Cueto Tejao o el Jierro en el macizo Oriental.
Una vez llegamos a la curvona de Sotres, aún de noche cerrada, no vemos nieve por ninguna parte, así que decidimos apurar a por la pista de Pandébano para probar suerte. Bajamos a las cabañas y empezamos a remontar la pista: el entusiasmo y el optimismo nos invaden. Pronto se termina: apenas dos curvas recorridas cuando el coche empieza a patinar en una mínima capa helada. Se queda aquí. Toca patear.
Es muy extraño, apenas hay nieve por zonas más altas, pero la pista tiene lo justo para limitar los coches. A la luz de la frontal nos preparamos y salimos resignados a un desnivel y tiempo extra de porteo. Dejamos una de las cuerdas y algo de fierro para aligerar las mochilas que, aun así, como siempre en invierno, pesan lo suyo.
El amanecer nos confirma lo raro del manto de nieve: en general hay muy poca y está dispersa, no sabemos si por el viento. La luz del amanecer en Pandébano ilumina nuestro objetivo, lejano desde aquí.


Los Albos espectaculares
La subida hasta Collado Vallejo fue cómoda, como siempre, charlando. Desde aquí bajamos con cuidado (alguna chapa de hielo en mal sitio, ojito) y empezamos a remontar hacia Vega Urriellu. Al poco rato nos cruzamos a una pareja de franceses que han pasado la noche en el refugio, solos. Paramos ahora a poner los crampones pues a ratos está durísimo: esto nos hace imaginar un gran día por delante. Llegamos a la Vega bastante frescos, pero mirando el reloj veo que nos ha llevado tres horitas… La mañana avanza y conforme vamos subiendo, desde la misma vega, la nieve va perdiendo consistencia: empezamos a hundirnos hasta la rodilla en un polvo seco y suelto. Buscamos las zonas venteadas donde brilla el hielo para intentar cansar menos. Incluso estas están mal, muchas veces consisten en una chapa fina que restalla bajo nuestro peso, corriendo por ellas fisuras, y sonando desagradablemente a hueco.


No queremos ni comentarlo, pero la cosa va pintando bastos. Con bastante trabajo remontamos hasta un punto bajo la pared: en un temporal parche de sol nos paramos a comer, poner el arnés y ordenar los trastos de cara a la escalada. Miro la hora y veo que son las doce y media: cuatro horas y media hasta aquí…
Aún albergamos la esperanza de que por encima del cono de deyección de la canal la cosa cambie. Desde este punto vemos la primera banda de roca poco cubierta, aunque parece que se puede pasar sin grandes problemas.
Vuelvo a arrancar abriendo huella para este último empujón: hoy Bene me está dejando disfrutar a mí de esta tarea… Apenas cien metros pero me cuestan un montón: me sigo hundiendo en nieve polvo inconsistente. Ya bajo las rocas, cuando el ángulo se hace más serio, pincho algo más duro: aquí suena bien a hielo del que nos gusta. Derivo a la izquierda y bajo unos desplomes monto reunión con un par de clavos reguleros. Llega Bene y después de comentar la jugada y encordarnos, salgo delante a ver qué pinta tiene. Apenas avanzo diez metros cuando tiramos la toalla: la tónica se repite. Nieve polvo, chapas huecas, y previsión de seguir igual. El sentido común dice que nos retiremos.




Fastidia darse la vuelta después de pegarnos la paliza hasta aquí, y cuando además sabemos que la vía no se nos debería resistir demasiado. Pero a la vez, sería una pena hacer esta escalada en tan malas condiciones, sin disfrutarla. Eso ya sin pensar en que además puede resultar algo peligroso… El “equipo amarras” se retira por hoy.
Sin duda las condiciones han ido empeorando cuanto más arriba estábamos, pero la cosa promete, y si transforma se puede poner muy bien. Mientras tanto hay que tener paciencia.
El camino de vuelta, siendo igual de largo, se hace quizá menos pesado. No es lo mismo bajar que subir, claro. Nos paramos de cuando en cuando a disfrutar de las vistas, siempre presididas por la imponente tapia Oeste del Picu, que por algo se conoce internacionalmente. Comentamos que a pesar de la paliza y la retirada, ya nos compensa por el hecho de disfrutar estos paisajes grandiosos para nosotros solos (ahora vemos a lo lejos un par de figuras cerca del refugio).



De bajada cruzamos a otros dos chavales que suben hoy a dormir con la esperanza de hacer el Neverón al día siguiente: les informamos de nuestra experiencia, no muy positiva, pero a la vez de que tendrán la huella abierta… Nos preguntan también por la canal de las Balas a Tiros de la Torca: desde lejos nos parecía tener huella en la entrada, pero el estrechamiento lo vimos muy escaso, creemos que tampoco está formada.

Llegamos al coche a las cinco, flipando con lo muy abajo que está: bien por debajo de lo que creíamos. Han sido nueve horas sin apenas parar y con unos 1.500 metros de desnivel directo (seguramente sea más). Sin duda, un buen entrenamiento.
Una cerveza en el Cares en Arenas nos devuelve parte de los fluidos perdidos, y volvemos a casa contentos, ya pensando en la próxima salida.


20 km y 1.500 metros desnivel positivo aproximadamente

Al día siguiente hubo dos accidentes en los Picos, uno de ellos fatal. El monte en invierno es delicado, y si no está para la nieve, siempre nos queda la roca!


Gijón 6:00 h
Inicio 8:00 h
Vega Urriellu 11:00 h
Pie de Vía 12:30 h
Vega Urriellu 14:00 h
Pandébano 16:30 h

Coche 17:00 h