LA MONTAÑA COMO PASIÓN, COMO ESCENARIO INFINITO SOBRE EL QUE DISFRUTAR INTENSAMENTE DE LA VIDA,
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viernes, 25 de octubre de 2019

De gatos monteses y nueces

Sajambre, Octubre 2019
Por fin hemos traído el sofá cama para la salita. La idea es poder invitar a amigos a pasar el fin de semana con nosotros, más cómodos, disfrutando de esto. Después de las maniobras de desalojo de los enormes sillones orejeros y del izado y montaje del bulto de Ikea, el resultado es satisfactorio. Como el día está bueno de momento, después de comer salimos de paseo cuesta arriba, como siempre, aquí casi todo arranca cuesta arriba… 



Las chicas están poco caminadoras hoy, así que a la altura de Miraño nos abandonan. Javi, entusiasmo puro, quiere tomar los atajos hasta en subida… Llegamos a Vegabaño con bastantes nubes en el cielo, bajas y amenazantes. Lo anunciado. Con todo, y a pesar de no quedar mucho rato de luz (he traído las frontales en la mochila), nos decantamos por ir hasta Barcinera y bajar por el otro camino. El anzuelo para Javi es la posibilidad de avistar algún bicho cuando la luz vaya declinando. Y claro, eso es irresistible para él.
Empieza a llover. Primero suave y luego con intensidad. Pero no hace nada de frío. A pesar de ir de pantalón corto, con el chubasquero puesto se está muy bien. Cuando salimos de la zona arbolada nos paramos en los puntos estratégicos en los que se coge perspectiva de las camperas, ya sea por encima o por debajo de nosotros, Javi saca los prismáticos y otea en busca de animales. No hay suerte. 




La luz va bajando y la lluvia hace que caminemos otro tramo. Vamos a llegar de noche y mojados. Como me columpie habrá bronca. Pero aun así, cuando escampa un poco y cogemos ángulo volvemos a pararnos y a mirar. En un momento dado, me doy cuenta de que estoy aquí sentado bajo la lluvia, en mitad del monte, con mi hijo de diez años (diez años ya!) a mi lado, que con la capucha puesta observa alrededor con los prismáticos y me lanza continuas preguntas sobre los animales, las cumbres, las nubes… Simplemente me encanta.




De nuevo sin suerte volvemos a ponernos en marcha. Estamos dando una curva al sendero cuando, yendo yo delante, a unos quince metros de nosotros veo un gato montés. Rápidamente se lo enseño a Javi. El bicho se gira, nos ve, y sin mucha prisa sigue otros doce o quince metros más por el camino antes de girar a la izquierda y desaparecer en la espesura. Ese caminar felino, esa cola gruesa, ese color mimético con el entorno, especialmente en el atardecer… ¡La primera vez en mi vida que veo uno! Ya ha merecido la pena el paseo.



Bajamos contentos con nuestra suerte. El resto del camino, bajo lluvia intensa a ratos, y de noche cerrada a la luz de la frontal en el tramo final, vamos rememorándolo. 
En casa comentamos la jugada.
Al día siguiente subimos hacia la otra vertiente, menos habitual para nosotros: vamos hasta la majada de Güembres.



Después nos dedicamos un rato a la recolección; el viento y la lluvia, intensos durante la noche, han tirado al suelo un montón de nueces. Recogemos especialmente en la pista, o en algún prado que sabemos a quién pertenece. Entre los cuatro hacemos una buena cosecha. Son frutos pequeños, pero muy sabrosos. El patriarca las va a agradecer.







Dos días apenas, pero hay que ver cómo recargan las pilas. 
A lo largo de los años he visto en nuestras pequeñas montañas cantidad de animales salvajes: rebecos, corzos, venados, zorros, jabalíes, ginetas, águilas, buitres, alimoches, lobos, y hasta un oso. Y este fin de semana un gato montés. Como dice un amigo…”El Puto paraíso”.

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