En medio de este tren de borrascas continuo en el que estamos inmersos cuesta encontrar el momento para ir a trepar un rato. Y se echa de menos.
Venimos por la tarde, el sol hace rato que se ha ido y la roca está fría. Nos cuesta calentar. No hay nadie.
Las vistas de este sitio mágico, con el embalse presidiendo en primer plano y la nieve al fondo sobre la Peña Rueda.
Unos largos para retomar sensaciones, recordar el tacto de la caliza.
Después de cinco o seis largos la luz mortecina nos hace recoger. Llegamos al coche casi a palpo. Para casa más contentos que al llegar.
Al día siguiente se reanudan las lluvias abajo y la nieve arriba. Invierno.




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