LA MONTAÑA COMO PASIÓN, COMO ESCENARIO INFINITO SOBRE EL QUE DISFRUTAR INTENSAMENTE DE LA VIDA,
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DONDE LOS AMIGOS, EL ESTILO Y LAS FORMAS CUENTAN, Y MUCHO

viernes, 12 de abril de 2013

La Norte de la Palanca

20 Marzo 2004
Norte de la Torre de la Palanca (2.614 m), Vía del Ojal,  IV/3,450 m
Javi Sáenz

La inexpugnable apariencia de la cara Norte de la Palanca

Es lo bueno de escribir las cosas. De otro modo, no recordaría que ya llevaba cinco intentos en inviernos anteriores en los que no hubo manera. Junto con la Peña Santa, el Friero, Cabrones y Cerredo, la Palanca es para mí una de las principales caras norte de los Picos. Y claro, por tanto, deseada.


Letra horrible entonces, letra horrible hoy...
En alguno de los intentos frustrados habíamos llegado a entrar a la vía para darnos la vuelta a los dos largos. En otros simplemente renunciábamos de lejos y nos íbamos a otra cosa: o bien había demasiada nieve, o demasiado poca, o bien estaba blanda, o bajaban coladas de arriba… el caso es que no había manera.
Encontrar compañeros para ir a intentarla también es complejo: la norte en cuestión es de las más remotas de los Picos.


Primer largo, zócalo mixto
La logística casi obliga a dormir en Verónica o cercanías, para al día siguiente remontar hasta la collada Blanca, y desde allí seguir cruzando medias laderas y jous, acercándonos trabajosamente al objetivo. Si sumas las horas, entre las del primer día con el peso del material de vivac, un par de horas, y las del día de la escalada, otras dos más o menos, la lista de gente con ganas disminuye. Juaco, Estivi o Miguel fueron colegas de pateo hasta allí en inviernos sucesivos con respectivos chascos.



Embocando el túnel que da nombre a la vía



El caso es que se trata de una de las grandes clásicas invernales de Picos y yo tenía muchas ganas de hacerla.
La cara norte de la Torre de la Palanca tiene algo de intimidante: su anchura es considerable, bastante mayor en proporción a su altura. Está cortada por varias franjas de roca horizontales que le dan un aspecto inexpugnable: No tiene líneas directas evidentes, aunque luego sí se encuentran pasos para enlazar las distintas campas de nieve que cuelgan intermedias. Desde abajo, sin conocerla, da la sensación de que va a ser una escalada mucho más difícil.


Cascada final del cuarto largo
Hay varias vías de invierno clásicas y otras de roca o de verano que también se podrán hacer invernales. En nuestro caso íbamos a por la de la derecha de la pared, o la del Túnel, llamada así por la formación por la que te cuelas en el segundo o tercer largo, y que te permite empezar a sortear el primer muro de roca con el que te enfrentas. En total tiene unos cuatrocientos cincuenta metros, y como siempre en condiciones invernales, las dificultades pueden variar, pero una referencia sí puede ser IV/3.
Un año más y esta vez con Javi, por fin tuve la suerte de poder conseguirlo.




En esta ocasión tampoco la cogimos en las mejores condiciones: el día antes subimos al Tesorero de raquetas para ver la pared. Al día siguiente, salimos de Cabaña pisando nieve costra. 
Los largos iniciales, hasta el túnel, los hicimos desencordados. Luego, el del túnel y el siguiente, presentaban buen hielo de fusión, con algo mixto en el final de este último. También los largos finales, que tenían planchas de hielo entretenidas que daban un gran atractivo a la escalada. 
Lástima la parte intermedia en la que la nieve estaba algo más pesada de la cuenta.



Planchas heladas en los largos finales
Para alcanzar la arista ya cerca de la cumbre, había que superar una visera cornisada de un metro aproximadamente.
Sales de la escalada andando por una amplia planicie en la que hay que moverse unos cuántos metros para alcanzar el punto más alto, poco evidente. Como siempre que el tiempo lo permite, unas fotos, algo de picar y de beber. Ha sido una escalada rápida, bonita y disfrutona.


Cornisa en la arista






Después, el descenso por la vía normal se realiza hacia el Oeste, es decir, alejándonos de nuestro punto de partida, y añadiendo más distancia por tanto al pateo de regreso. Además, (esto lo sé gracias a la libreta), la nieve estaba horrible y nos fuimos hundiendo todo el rato. Aunque yo, contento por la ascensión no pensaba en esto. 



Javi por entonces ya había hecho esta vía muchas veces, bastantes de ellas en solitario, y seguro que la habrá repetido después otras tantas. Para él se acerca más a rutina de entrenamiento, aunque lo disfruta igualmente. Yo lo pasé fenomenal. Como escribí entonces en mi libreta, por fin la Palanca.


Cabaña 6:30 h
Pie de vía 8:15 h
Inicio escalada 8:30 h
Cumbre 11:00 h
Cabaña 13:30 h

martes, 2 de abril de 2013

Un invierno en blanco

Es irónico, pero el mismo blanco de la nieve, tan ansiado cada año, es el que está haciendo casi imposible disfrutarlo. 
Excepto gente muy contumaz, en lo que a escalar se refiere, parece que pocos han conseguido pillar cacho esta temporada en los Picos o en la cordillera.
El invierno se ha pasado entre borrascas que bajaban la cota de nieve casi a ras de mar y cortos periodos de viento sur intercalados. No ha habido anticiclones por el medio. Han sido muy pocos los días de azul en estos tres meses. Menos aún los que yo he podido disfrutar en el monte.
Esto llega a cansar al más paciente.
La semana santa no iba a ser distinto. La previsión horrible: precipitación generalizada. El sábado daban casi veinte litros. Los planes se venían abajo, pero finalmente decidimos ir a Soto de cualquier modo. 



Tal y como anunciaban, el sábado cayó agua a dolor. Por la tarde, en los pocos claros que hubo, salí con Javi a ver lo fuerte que bajaba el río, los potentes chorros de la fuente, así como la perfecta adaptación al medio de algunos elementos locales, por adversas que sean las condiciones. Como mandan los cánones, volvimos a casa con más barro del recomendable. El resto del tiempo se pasó entre atizar la chimenea, vigilar la calefacción, canciones y juegos varios con los niños.


Al anochecer despejó y empezó a enfriar bastante. Las estrellas anunciaban una buena helada. 
Por la mañana madrugué en parte obligado por las demandas de desayuno y en parte por las ganas de dar un paseo.
A las ocho y media salí a por mi enésima ascensión a Beza (la n -2 o n-3 en solitario). Voy en zapatillas, en la mochila las botas, los crampones y un piolet.


A los diez minutos de salir, unos diez metros por encima de mí cruza veloz un corzo, estas cosas siempre me gustan. Poco después me tengo que parar a poner las botas, la nieve ya tapa la pista.
La cuesta, como siempre se hace valer.
Casi llevo una hora cuando debajo de la Canal de Misa me pongo los crampones y saco el piolet: la nieve está dura y el ángulo ya lo recomienda.
Una vez en la arista, la cuesta sigue, pero ahora se hace más entretenida entre el trabajo de crampones y buscar el mejor itinerario por pequeños corredores entre los espolones de roca. La nieve está totalmente helada y apenas dejo marcas de mi paso.


El tramo final está precioso; hacia el sur se forman onduladas cornisas. Distraído con los detalles llego a la cumbre redondeada, sin rastro de la cruz cubierta por la nieve. Las vistas a los Picos son tremendas. Mientras descanso (los mil metros de desnivel no son gratis) y como algo, un solitario buitre me sobrevuela, observándome intrigado.

El espectacular perfil de sierra del Cornión
Después de cinco minutos disfrutando, inicio el descenso. Bajo ahora hacia la normal, al norte: no me veo destrepando alguno de los tramos de antes. Aún siendo esto más fácil, tengo que prestar atención a los pasos y afianzar las pisadas en el embudo helado que voy bajando. El potencial tobogán es enorme.
El resto de la bajada fue tranquila. En la parte baja la nieve estaba mucho más blanda que al subir.
Llego al pueblo algo antes de las once y media, sin haber cruzado a nadie excepto una pareja casi ya entre a las casas.
Aunque el paseo es repetido, siempre es diferente: estoy contento. Cramponear nieve crujiente, la cumbre sólo para mí, las vistas espectaculares... 
No pierdo la esperanza aún de poder subir al monte y disfrutar de algún corredor en las próximas semanas.

lunes, 25 de marzo de 2013

Reconocimiento

El tiempo siempre pone a cada uno en su sitio.
Se ha necesitado mucho tiempo, cuatro décadas, para restituir las cosas.
Parece que tomar acción para restituirlas ha necesitado mucho más valor del que se requirió para estropearlas inicialmente.
Del mismo modo que uno critica lo que le disgusta, es bueno dar crédito a lo que le gusta, aunque sea quizá polémico. 
Reconocer el valor de las cosas es complicado y también lleva tiempo (aunque algunos lo manifestaron pronto).
En el momento inicial, los ánimos estaban alterados. Un año después llega el momento del reconocimiento.
El reto sigue ahí para los valientes. Y ahora vuelve a parecerse mucho más al original, y eso es gracias a una acción valiente. Ole.

martes, 19 de marzo de 2013

Con gorra visera y escayola

Tantos años por el monte, se van acumulando las vivencias y las anécdotas. Muchas se difuminan con el tiempo y hasta llegan a borrarse. A veces se quedan en el olvido hasta que las revives en una conversación con un colega. Otras en cambio, permanecen nítidas a pesar del paso de los años. Esta es de las que recuerdo bien, quizá por lo hilarante de la situación a la que llegamos.
Quizá en su día lo apuntara en mi libreta, aunque no estoy seguro. Fue en una tarde de verano en uno de los muchos fines de semana que acampábamos en Villa Ratón, en la zona de Horcados. No sé si fue nada más llegar y posar las mochilas después del porteo, o si ese día ya habíamos terminado de escalar; el caso es que teníamos por delante unas horas de luz y no sabíamos qué hacer.
Creo que fue cosa mía el proponerlo porque era una vía clásica de la zona que no había hecho. Es muy fácil y creía que podía hacerla bien sin cuerda. Miguel se apuntó directamente al plan (hasta los bombardeos le suelen venir bien), y Juaco y Churra, después de unas dudas por parte del primero, se decidieron también a venir, aunque en su caso sí llevarían una cuerda.
Desde Villa Ratón y sin peso se llega en un momento a muchas paredes. El espolón Rojizo de Santa Ana es una vía clásica, con algo menos de doscientos metros de roca de calidad, muy estética y de dificultad muy moderada. Tenemos que dar un pequeño rodeo para llegar a su base. En un rato de charla animada llegamos hasta el collado de la Canalona. Desde allí en poco tiempo más se rodea la cumbre de Santa Ana y se gana un punto desde el que tirarse trotando tranquilamente hacia el jou, dejando a la izquierda la zona de roca más compacta.
Una vez en la base, y enfocando la veta de roca rojiza que da nombre a la vía, nos calzamos los gatos y empezamos a trepar. Vamos hablando, riéndonos y disfrutando de la escalada. Los grandes agarres y el ángulo suave nos lo permiten. Por detrás, Churra y Juaco progresan también rápidamente en ensamble.
Por encima de nosotros hay una cordada escalando, con sus mochilas, sus voces y demás, a la que vamos dando alcance. En pocos minutos estamos a su altura aunque unos metros a su derecha. Los saludamos y nos responden con algún comentario de desaprobación hacia nuestro estilo (tienen razón, es claramente más temerario que el suyo). No pretendemos vacilar ni faltar al respeto a nadie, ellos están con su escalada y nosotros con la nuestra. Les respondemos que tienen razón y tal, pero mientras les decimos esto, ellos terminan de darse cuenta de que ya no es sólo que vayamos sin cuerda y a toda velocidad, sino que hay una cosa mucho más llamativa: ¡Miguel lleva una mano escayolada desde la mitad del antebrazo!
No recuerdo cuál era el alcance de la lesión. Está claro que no era mucho, dado que por allí andaba escalando como siempre. El caso es que una de las chorradas con las que nos veníamos riendo era su apreciación sobre lo bien que quedaba la escayola en los empotres de fisura… Genio y figura.
En unos pocos minutos llegamos al final de la vía, seguimos trepando por la arista hasta la cumbre, esperamos por Churra y Juaco y desde allí volvemos al vivac a encontrarnos con los demás amigos.


Un vivac de tantos: Javi, Estivi y Miguel
Del resto de fin de semana no recuerdo nada. Ni siquiera si Miguel siguió escalando o no al día siguiente (seguramente sí). Sólo me he quedado con unos breves pero disfrutados minutos sobre el espolón Rojizo.
Una vía preciosa por cierto.
He vuelto a hacer la vía sin cuerda, solo y disfrutándola. Pero claro, sin tener al lado a Miguel con su gorra visera, su escayola, y soltando sornas y chorradas, pues no para nada es lo mismo… 

jueves, 7 de marzo de 2013

La opción Vegarada


Sábado 2 Marzo 2013
Vegarada
Pico de Faro (2.112 m) corredor Norte, Huevo de Faro (2.156 m),
Bene Santos
Sergio Castaño


Por fin un día de sol.
Está claro que en nuestras montañas cantábricas está siendo un invierno mucho más propicio para el esquí de montaña que para la escalada invernal. Por lo que se lee, parece que por Pirineos la cosa está similar, salvando las distancias.
Pues no me resigno a no meter los piolets y la cuerda en la mochila. Algo había que pensar. Rebuscando por los libros me paré en una página mirada muchas veces. Tanto la guía de Salvi y Paco como la de Adrados la reseñan. Si bien como actividad de escalada en sí misma, a priori no me parecía muy interesante (por la dimensión), sucede que se encuentra en una zona muy buena para el esquí de montaña, que frecuento poco y que por tanto tiene el aliciente de la novedad. Además se llega rápido a su base.
Se trata de un pequeño corredor en la norte del pico Faro, en la zona de Vegarada: no presenta dificultades reseñables y por su longitud se supone que se hace rápido. Para allá nos fuimos.
Cuando Bene me recoge en casa hay 2 grados, uno de los días más fríos del año, que apenas ha helado. En Campomanes nos juntamos con Castaño, colega de Bene a quien yo no conocía: desde el primer momento me pareció muy majo.


Al empezar a bajar de Pajares hacia León el coche llega a marcar -12º. No hay tanta nieve como esperábamos, por zonas se ven grandes calvas. Parece que ha nevado con viento y la distribución no es regular, pero seguro que en Vegarada no vamos a pisar seco.
El viaje se hace largo, pero el paisaje es espectacular.
Cuando llegamos al desvío del casetón de Vegarada el sol ya está bien alto y la luz increíble, pero la temperatura sigue a unos 6 o 7 negativos. Estamos rodeados de cumbres perfectas para esquiar. Sólo el Faro, con su pequeña cara norte en sombra parece tener ángulo suficiente para pensar en escalar. Para allí nos vamos.
La idea inicial es aproximar con los esquís, dejarlos en la base del corredor, hacer la cumbre y bajar por la arista oeste para volver por la base de la norte a recogerlos de nuevo.
Nada más empezar nos damos cuenta de que la consistencia de la nieve puede hacer un suplicio el caminar por ella sin las tablas. De hecho, empezamos a dudar de si podremos hacer el corredor. La nieve está sin transformar salvo en zonas aisladas: polvo seco en el que hasta en esquís te hundes considerablemente. Vamos siguiendo una cómoda huella que nos va llevando por vaguadas, rodeando lomas, ganando altura cómodamente. Por encima de nosotros hay al menos tres chavales de raquetas a los que alcanzamos cuando empezamos a enfrentar la pala: aquí las vueltas María de la huella se hacen duras.


Paramos a comer algo en el límite de la sombra con la norte: las dudas son grandes, aquí los bastones se hunden casi un metro, no creemos que el corredor esté en condiciones, pero decidimos acercarnos hasta la entrada.
Después de ganar un poco más de altura hacia el oeste, cortamos de vuelta casi en horizontal hasta el comienzo de la canal. Llego el primero y hago una prueba: me quito las tablas y remonto unos metros por el corredor: la nieve hace huella pero me aguanta. ¡Bien! hemos tenido suerte.


Nos preparamos: vamos a llevarnos los esquís en la mochila, nos ponemos los pinchos y sacamos los piolets: yo traigo dos, pero mis amigos que son muy chulos vienen con uno. Castaño además ha olvidado el arnés, pero nos arreglaremos. De momento salimos sin encordar, el primer tramo es muy tumbado. Con la carga de nieve que tiene, seguro que alguno de los resaltes que indican en las guías está desdibujado. Remonto delante y voy buscando lo más evidente con tendencia a la derecha. Cuando empieza a ponerse más serio busco emplazamiento para una reunión destapando la roca tapizada y espero a los amigos, que llegan al minuto.


Desde aquí, en un largo de unos cincuenta metros salgo a la arista, habiendo pinchado buen hielo sobre ángulos muy suaves por una especie de canal encajonada a la izquierda del corredor principal. Este último nos parecía menos seguro y con nieve sin transformar. Monto reunión y aseguro a Bene y Castaño. Cuando llegan miro el reloj: nos ha llevado una hora aproximadamente. Comentamos que con mejor nieve y con botas de montaña en lugar de esquí, se podría hacer en bastante menos tiempo… El  corredor es fácil pero guapo.




Dejamos las mochilas para ir a hacer la cumbre del Huevo de Faro (2.156 m), a unos cientos de metros. Aquí la vista es imponente: con toda la cordillera blanca hace difícil orientarse, las cumbres secundarias parecen crecer cuando están nevadas. Hace frío y algo de viento que levanta la nieve en polvo. Está muy guapo.
Al volver hacemos la cumbre principal del Faro (2.112 m). Después recogemos las mochilas y aún de crampones recorremos la arista hasta un hombro por el que nos echamos a por las palas que caen al norte. Aquí Castaño ya se pone los esquís, Bene y yo aún bajamos caminando unos cientos de metros para quitarnos lo más pindio.


Por fin llegó la hora de esquiar: nos apretamos las botas, nos subimos a las tablas y disfrutamos unos cuantos giros que se nos hacen cortos (hoy disfruto yo más que Bene…). Pronto estamos de nuevo con las ataduras sueltas, llaneando hacia el coche.
Sentados al sol mientras recogemos y comemos algo, nos sorprendemos con la desconcertante actitud de algunos personajes que aparecen al volante de tanques de esos que cuestan tres o cuatro veces lo que un coche normal, y consumen y contaminan casi en la misma proporción.


En el viaje de vuelta comentamos que el día y la actividad han quedado redondos: foqueamos y escalamos un poquito, y esquiamos otro poco. Acertamos con la opción Vegarada.
Con las actuales condiciones, en cuanto a escalar no creo que hubiéramos podido hacer mucho más que lo que hicimos. Para esquiar seguro que sí.
Ha sido, una vez más, un buen día de montaña de los que hacen afición y que te generan nuevos planes para otras salidas. Buena señal.

Gijón 7:00 h
Campomanes 8:15 h
Vegarada 9:30 h
Empezamos a foquear 9:50 h
Pie de la canal 11:15 h
Arista 12:25 h
Cumbre Huevo de Faro 13:00 h
Cumbre Pico de Faro 13:25 h 
Vegarada 15:00 h
Gijón 17:45 h

lunes, 25 de febrero de 2013

La Era del Microentreno


Uno es uno y sus circunstancias. 
Sucede que en estos momentos tengo dos circunstancias claramente prioritarias, una de tres años y medio y otra de siete meses, y de lunes a jueves no tengo apenas tiempo para entrenar. 
Hay que adaptarse.

Lunes 25 de Febrero
13:00 h:
Bloqueo el ordenador, me levanto de mi sitio, bajo al parking, cojo el coche y conduzco hasta la Morgal.
13:15 h:
Salgo cambiado del vestuario y aquí empieza la sesión: de camino al tendejón de la bolera, mi lugar de entreno, ya voy agitando los brazos adelante, atrás y lateralmente, calentando los hombros. Hoy hace frío y todo está mojado, cinco grados marcaba el coche.
Al llegar, por un par de minutos más continúo estirando la espalda, los hombros, los antebrazos y algo las piernas.
13:20 h:
Primera suspensión, 1 minuto cuarenta de crono.
Me bajo y hago la primera serie de abdominales: 30 repeticiones de clásicos de frente.
Un minuto de estiramientos variados de piernas mientras recupero el aliento.
Primera serie de tracciones: 12 repeticiones clásicas de frente.
13:25 h:
Un minuto de estiramientos variados de piernas, abductores, apertura lateral (soy de madera).
Segunda serie de abdominales: ahora oblicuos, 20 repeticiones de cada lado.
Un minuto de estiramientos de piernas mientras recupero el aliento.
Serie de tracciones oblicuas con piernas apoyadas: 20 repeticiones.
Un minuto de estiramientos de piernas mientras recupero el aliento.
13:30 h:
Segunda suspensión: 1 minuto cuarenta de crono. Más o menos bien..
Serie de sentadillas clásicas: veinticinco repeticiones.
Un minuto de estiramientos variados de piernas mientras recupero el aliento.
Segunda serie de tracciones: 12 repeticiones de trasnucas clásicas.
Un minuto de estiramientos variados de piernas, abductores, apertura lateral (aún soy de madera).
13:35 h:
Serie de planchas clásicas, 30 repeticiones.
Un minuto de estiramientos variados de piernas mientras recupero el aliento.
Tercera suspensión: 1 minuto cuarenta de crono. Se hace larga, los antebrazos arden.
Serie de abdominales: tijeras arriba y abajo x 40 y seguidas tijeras horizontales x 40. Bufando.
Un minuto de estiramientos variados de piernas mientras recupero el aliento.
Tercera serie de tracciones: 12 repeticiones de biceps clásicas.
13:40 h:
Se acabó, algo congestionado camino al vestuario voy soltando un poco antebrazos y hombros.
13:50 h:
Duchado a toda leche llego al coche, engullo a toda velocidad la comida y conduzco hasta la oficina.
14:05 h:
Aparco. Entro en la oficina y a currar. ¡Y con un canto en los dientes!

Veinticinco minutos de entrenamiento condensado. Pasado mañana, con variaciones mínimas (más de pierna si me noto cansado de brazos), repetiré sesión. Así llevo unos cuantos meses.
Suerte que en la Morgal tengo vistas a la Cordillera, y si los busco, también a los Picos, y eso motiva.
Estoy inmerso en la Era del Microentreno: sé que vivo de rentas e intento estirarlas lo máximo posible. 
Hay quien me dice que así no merece la pena, que es demasiado poco tiempo. Es lo que hay: o esto, o nada. Será que no me organizo…

miércoles, 13 de febrero de 2013

Barro, resina y algo de polvo blanco

Resignación.
Otra semana más y comienza con la misma perspectiva. Ya casi he perdido la cuenta. Desde fin de año estamos metidos en una nube casi permanente. Siempre defiendo que las estaciones me gustan marcadas, que en invierno tiene que hacer frío y mal tiempo. Pues este año se está cumpliendo.
En su día, el anuncio me gustó mucho. Se desarrollaba en un típico bareto de carretera yankee. Dentro, los parroquianos con sobrepeso y gorra visera, agarrados a su cerveza o a una taza de café aguado, miraban desaprobadoramente al exterior: no sé si eran uno o dos los fulanos que pasaban corriendo. La secuencia se repetía por estaciones. Invierno, ventisca y súper nevada y los tipos fuera corriendo. Primavera con tromba de agua y los tipos corriendo. Verano, calorazo aplastante y los tipos corriendo. Otoño de viento tremendo, fuera los tipos corriendo. Los de publicidad de Nike que son muy finos decían, "nos llaman locos, pero son ellos los que están encerrados...".
Lo he buscado en youtube sin éxito.
A falta de opciones para escalar, el rocódromo vuelve de forma moderada a mis costumbres después de un largo periodo en el olvido (hasta había perdido el carnet). Al tacto de la resina, que tiene su encanto, el cuerpo recupera sensaciones y va echando el óxido fuera.
Con pocos cartuchos para gastar y queriendo usarlos para escalar, uno economiza al máximo, pero todo tiene un límite...
Pues eso. Que al mal tiempo buena cara.

Nando el domingo en una tregua de la nube, cinco minutos después diluviaba
También y como los del anuncio, haciendo caso omiso a las señales del cielo, de la familia y hasta de los vecinos, la bicicleta salvadora me permite meterme mis pequeños chutes de aire libre entre los largos periodos de vida indoor. Como el pasado domingo, Nando siempre está dispuesto: arrancamos delante de su casa bajo una densa cortina de lluvia y nos preguntamos retóricamente si seremos "los únicos mongoles en bicicleta con este tiempo". Circuito Monte Deva, entre quinientos y seiscientos metros de desnivel acumulado, veinticuatro kilómetros, dos horas. Llegar a casa empapado, entumecido de frío, lejos de cansarme me recarga las baterías. No vimos a nadie más.


Del mismo modo, y tras la última gran nevada en cotas bajas, aprovecho para dejar que el frío me azote el cuerpo: los casi 900 metros de desnivel del Angliru desde Viapará son una buena opción cerca de casa. Muy mala previsión meteorológica. Nieve muy húmeda y pesada en la primera parte y más suelta por arriba. Tres horas foqueando bajo la nevada, y con rachas de viento en la parte alta.

Luque a contrapelo

Somos los primeros del día, abriendo huella trabajosamente. Al bajar cruzamos ya a bastante gente.
Nos equivocamos de pala y después de unos estupendos giros (mucho más disfrutados por Luque que por mí) tenemos que volver a poner pieles y remontar otra vez unos ciento cincuenta metros...


No me queda más que afrontar este periodo de mal tiempo con resignación, barro, resina, y si se puede con algo de polvo blanco... Afortunadamente siempre hay algún amigo dispuesto a apuntarse a estas escapadas.