LA MONTAÑA COMO PASIÓN, COMO ESCENARIO INFINITO SOBRE EL QUE DISFRUTAR INTENSAMENTE DE LA VIDA,
DONDE ESCALAR, ESQUIAR, PEDALEAR, CORRER, CAMINAR...
DONDE LOS AMIGOS, EL ESTILO Y LAS FORMAS CUENTAN, Y MUCHO

martes, 10 de febrero de 2026

Quirós invernal

En medio de este tren de borrascas continuo en el que estamos inmersos cuesta encontrar el momento para ir a trepar un rato. Y se echa de menos.

Venimos por la tarde, el sol hace rato que se ha ido y la roca está fría. Nos cuesta calentar. No hay nadie.

Las vistas de este sitio mágico, con el embalse presidiendo en primer plano y la nieve al fondo sobre la Peña Rueda.

Unos largos para retomar sensaciones, recordar el tacto de la caliza.

Después de cinco o seis largos la luz mortecina nos hace recoger. Llegamos al coche casi a palpo. Para casa más contentos que al llegar.

Al día siguiente se reanudan las lluvias abajo y la nieve arriba. Invierno.

martes, 3 de febrero de 2026

Bautismo de crampones

24 enero 2026
Peña Celleros (1.864m)
Javi, Nando, Raquel


El otro día Javi se puso los pinchos por primera vez.

No recuerdo la primera vez que yo me puse los crampones. Seguro que eran alquilados y de correas, eso fijo. Y el piolet también sería alquilado.


En su caso todo era material mío, las botas algo grandes para él. 


Veníamos remontando la ladera con un ambiente muy guapo. Nubes, viento, vistas que abrían y cerraban. Javi me comentaba que le gustaba la sensación de abrir huella, sin trazas por encima.




En un punto que el ángulo aumentaba y las ráfagas de viento nos zarandeaban, aunque la nieve todavía marcaba bien, decidimos poner los crampones.

Habíamos probado en casa para que viera cómo se debían poner y ajustar. Pero en mitad de la ventolera, con en frío acartonándote las manos a gran velocidad, pues claramente era otra cosa.

Una vez puestos, y aunque iba con las botas de esquiar, se movió ágil y sin problemas. El terreno era propicio: ángulo amable y nieve dura pero no hielo. Ideal.


Javi, motivado, llega a cumbre por delante de los demás.


Una vez juntos, salimos hacia la vertiente oeste, aún de crampones y con las tablas en la mochila, a buscar el mejor punto para ponerlas de nuevo y esquiar, ahora ya sí, hacia abajo.


Una vez sobre las tablas, nos encontramos la clásica nieve cantábrica, cambiante a cada metro. Javi que esquía muy bien en pista, aquí no entendía por qué los esquíes no obedecían y sus gestos no daban resultado. Ya le advertíamos que esto era diferente.


Frustrado y protestando bajó el último tramo hasta enlazar con la pista del Vallón. De aquí abajo ya esquiaba rápido y sin problemas. Al llegar a las taquillas en el aparcamiento decidimos probar el telecabina (no lo habíamos cogido ninguno aún) y pegar otra bajada desde el Cuitu. En esta bajada Javi vuelve a su estilo, a su esquiar rápido que yo no sigo, incluso iba buscando saltos por los laterales…

De camino al coche, bajo la nevada densa anunciada, nos preguntaba cuándo volvíamos a foquear: ya se había olvidado de la parte mala, del cansancio y del esquí defensivo… estupendo! volveremos.