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sábado, 23 de mayo de 2026

El despegue

Javi va a cumplir diecisiete años. Está entrando en esa edad de plenitud física en la que no se te pone nada por delante.


Hace unos años, quizá tenía doce, estuvo saliendo conmigo con la bicicleta de montaña, ya destacando por su tozudez en el apretar los pedales cuesta arriba. Una característica poco habitual en esa edad. Recuerdo a la gente con la que nos cruzábamos parando a comentar el tema. Igual pasó cuando empezó a foquear; la gente se paraba a ver aquel crío remontando las palas como si tal cosa.

La bici la dejó apartada unos años, pero ahora ha vuelto con ganas. Desde hace unos meses salimos a repetir recorridos clásicos de cerca de casa. Incluso sale él solo a veces. La BTT en Gijón es generosa en opciones y en cuestas.

Un domingo de hace unas semanas me dijo que quería salir, pero además que quería subir al Fario. Esta es la cumbre del concejo, más lejana y por tanto la salida más dura de entre las normales.

Elegí para este objetivo la ruta de subida por la Olla, el cementerio, valle de Rioseco, peña de los Cuatro Jueces, y de esta ya a la cima del Fario. El desnivel acumulado ronda los 850 metros. Son relativamente pocos kilómetros en la subida, unos 18. Tiene repechos por encima del 20%. Con todo, este recorrido es más suave que otras alternativas al mismo destino. Luego el descenso viene a ser otros tantos km por otra vertiente.

La bajada sería por el Bosque de pinos hasta el collado con el Montedeva, de aquí hacia Caldones por la cuesta de la Radio, y de aquí abajo hacia Vega y volver a casa por la pista del Parque Fluvial.

La subida fue muy bien. Javi tiró de mí en los tramos que ya conocía, y yo le fui diciendo que guardara fuerzas que la cosa era larga… 

Llegamos a la cumbre del Fario por debajo de las dos horas, que no está nada mal. La bajada fue laboriosa en su primera parte por la cantidad de barro y charcos. Después de esto disfrute total  en el bosque.


A la semana siguiente volvemos a salir, esta vez a por la clásica del Picu Sol. Ruta más corta y explosiva. Aquí ya llegó antes que yo a cumbre. De vuelta para casa me comentaba que le está gustando de nuevo la bicicleta de montaña, y que además le gusta más subir que bajar… (igual que a mí).


Un auténtico placer compartir estas salidas con mi hijo. En breve me costará seguirle el ritmo. Y estaré encantado. Está iniciando el despegue. La vida sigue.


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