LA MONTAÑA COMO PASIÓN, COMO ESCENARIO INFINITO SOBRE EL QUE DISFRUTAR INTENSAMENTE DE LA VIDA,
DONDE ESCALAR, ESQUIAR, PEDALEAR, CORRER, CAMINAR...
DONDE LOS AMIGOS, EL ESTILO Y LAS FORMAS CUENTAN, Y MUCHO

viernes, 21 de marzo de 2025

Las orejas del Lobo

Sábado 1 marzo 2025
Con Rubén
Peña Santa de Castilla (2.596 m), canal Estrecha.



Vaya día de curtir estamos teniendo. Salimos a las seis de la mañana de Vegarredonda con el cielo muy cerrado, a ratos nevando fuerte. A la luz de la frontal siguiendo huella de días previos hemos pasado el collado de la Fragua sin darnos cuenta. Con la luz del día las nubes abren un poco y aparece la alpina Torre de Santa María con nuestro objetivo del día, la Pili Cristina, pero no lo vemos claro para una escalada tan técnica (incluso con buen tiempo sería un reto serio para nosotros) y con este cielo de nubes entrando y saliendo, copos cayendo por ratos, la temperatura friísima y viento intenso del NE. El resto de vías de la misma torre aparecen en buenas condiciones, pero Rubén ha estado hace unas semanas por aquí y nos apetece otra cumbre.





Decidimos seguir hacia el Jou Santu a ver la Peña Santa. La vista de la Norte tampoco nos convence. Apenas la vemos por momentos; si bien las líneas principales parecen formadas, pero está super expuesta a un viento continuo y muy intenso por momentos. Las nubes circulan veloces de izquierda a derecha barriéndola. 



Nos queda como última opción ir hacia la Canal Estrecha o la Escalonada, más recogidas en estas condiciones. Con esfuerzo llegamos al pie: nieve profunda y pesada. 



Hacemos la canal en las mismas condiciones de nieve pesada pero con buenos resaltes de hielo. Hay coladas continuas de nieve polvo sobre nosotros, viento, ambiente duro, alpino. 





Llegamos a la Brecha Norte hacia las 12 menos cuarto. En ese momento el día nos da una tregua, nos da el sol y se calma algo el viento; justo lo que necesitamos para en lugar de dar vuelta para abajo, decidir continuar a por la cumbre...



La travesía de las llambrias tiene tramos bien expuestos, la nieve no es la mejor, pero llegamos bien. 





A la una y veinticinco estamos en el vértice geodésico. Mucho frío. Mucho viento. Nubes que nos envuelven por momentos, vistas parciales a las erizadas cumbres del Cornión. No podemos ni comer. El agua de las botellas prácticamente congelada. Somos conscientes de nuestra posición de total aislamiento, a la vez estamos muy contentos. 







Tras unos metros de arista nos tiramos en rápel hasta las travesías, volvemos a montar reuniones, a deshacer nuestros pasos por las llambrias expuestas.





Llego yo al rapel que nos enfocaría a la Brecha Norte y a la Estrecha, terreno ya pisado hoy. Pero cuando llega Rubén al collado encima de mí me comenta la opción de la canal Ancha; lo vemos más corto y rápido y decidimos bajar por ella. Todo va bien, bajamos con 2 rápeles a tope de cuerda separados por un largo destrepe intermedio.





Ya estamos “en el suelo”, todo correcto, recuperamos las cuerdas y las guardamos en la mochila. Son las tres y media de la tarde. Estupendo. Ahora solo queda “andar” las dos horas hasta Vegarredonda, allí recoger los sacos y en otra hora más aproximadamente, coche y para casa. Todo ha salido estupendamente. Una escalada en un ambiente tremendo y condiciones duras, estamos muy contentos.

En estas estamos de charleta animada buscando la mejor bajada para llegar a nuestra propia huella de esta mañana, apenas cien metros por debajo.

Vamos caminando, Rubén delante de mí unos ocho o diez metros, asomando a las canales y tubos comentando para ver la mejor opción.

De repente todo cambió.

Todo el suelo se pone en movimiento. Como a cámara lenta, Rubén que iba muy cerca del borde, se ve envuelto en una masa de bloques de nieve que lo tumban, lo giran, da unas leves voces, y sale volteado resalte abajo…Yo estoy apenas a diez metros, pero a mí no me afecta: mi suelo sigue quieto. Primer pensamiento: se va a hacer daño.

Unos pocos segundos y se para la nieve. Con el corazón acelerado busco ángulo y me asomo: lo veo, está bastantes metros por debajo, sentado con nieve hasta la cintura, pero está braceando como si estuviera apartándola de alrededor. Le doy una voz. Me responde, pero en medio del viento reinante no le entiendo. Parece que no está mal, pero estamos aún muy separados para entendernos. Empiezo inmediatamente a destrepar pero me paro en seco y me digo, ojo amigo por dónde vas, no vayas a repetir lo mismo. Observo la nieve y me parece que por donde acaba de bajar la avalancha puedo destrepar bien. Arranco toda leche cara a la pared, aunque por ángulo no hace falta. Voy perdiendo altura rápido y hacia la mitad de recorrido me vuelvo a parar a intentar hablar con él: me dice que llame al 112. Me pongo a sacar el móvil, pero me lo vuelvo a guardar: primero he de llegar a él, evaluar la situación, intentar ayudarlo y luego ya llamar pudiendo explicar bien las cosas.

Finalmente lo alcanzo: está sentado tapado de cintura para abajo, atrapada la pierna derecha y la otra ya fuera: esta es la herida, el tobillo. Está entero, salvo ese pie no hay nada más roto aparentemente. Está muy nervioso y dolorido. Trato de calmarlo, le ayudo a desenterrar la otra pierna, clavada en nieve a tope. También un piolet que enganchado a la goma está a más de un metro de profundidad… Quitamos toda la nieve posible a su alrededor, me saco mi plumífero de la mochila y se lo pongo. En cuanto me confirma que la lesión es el tobillo izquierdo, pero que lo demás está bien, respiro aliviado. No podemos salir de aquí solos, estamos en un sitio remoto y aislado, pero no hay nada realmente grave… Milagroso: todos esos metros de bajada, rebotando entre la nieve y cortados, con dos piolets en las manos, crampones en los pies... Realmente una suerte.

Desde su posición mi móvil no me da red, pero en cuando me muevo unos cien metros hacia el Boquete cojo cobertura. Son las cuatro en punto cuando hago la llamada a Emergencias: primero me cogen en Cantabria, explico la ubicación, me derivan a Asturias, vuelvo a explicar ubicación y situación general, pero me derivan a Castilla y León. Hablo con la persona, le explico la situación de nuevo, me pasa con la médico, le comento el alcance de la lesión. Me da instrucciones de abrigarlo, intentar protegerlo del viento, darle un analgésico si tenemos… De vuelta con el técnico me pide que le comparta las circunstancias del accidente y la ubicación exacta de GPS; me pasa un número de móvil, lo guardo y le mando por WhatsApp la ubicación. En contra de mi opinión (estaba equivocado por unos 200 metros) estamos en León, nos corresponde el rescate del equipo de Castilla León. Esto no me suena nada bien e intento convencerlos de que me deriven a la Morgal, ellos están a veinte minutos de vuelo y controlan la zona al dedillo… No hay nada que hacer. Les corresponde a ellos. Ponen en marcha el operativo: me dicen que pueden tardar una hora. Nosotros por ahora estamos al sol pero con bastante viento y un frío intenso. Por debajo hay mar de nubes. Me dice que si no pudiera entrar el helicóptero se activaría el rescate por tierra: pienso para mí que mejor que llegue el pájaro o vamos a pasar mucho frío…

Vuelvo con Rubén, está temblando violentamente, quizá entrando en hipotermia. Le ayudo a quitarse nieve de encima, a sentarse sobre las cuerdas para aislarse. Le doy un ibuprofeno 400 que trae en su mochila. Saco una manta de emergencia, aunque realmente no sirve de mucho, pero algo de viento le quitará. Está nervioso, pero intento transmitirle calma: el helicóptero nos sacará. No viene de Asturias, que habría sido mucho mejor por tiempo y por logística general, pero eso ahora es lo de menos.

La espera se nos hace larga. Le doy algo de comer. El agua de las botellas está prácticamente congelada. Llevamos todo el día bajo cero: en cumbre daban las previsiones a medio día 15 negativos. Calculamos por sensaciones que ahora aquí al sol podemos estar a diez negativos. El viento continuo aumenta la sensación de frío. Rubén se echa, se incorpora, está muy dolorido e incómodo, pero es un tío duro. Los nervios de antes están más controlados. Él ya está en sombra así que decido intentar moverlo unos metros para aprovechar más el sol que aún queda. Así además vemos realmente cómo está del resto. Se incorpora apoyándose en mí, a la pata coja puede caminar así: remontamos unos metros y se vuelve a sentar de cara al sol declinante que en breve desaparecerá por la Forcadona y el Torco. Últimos minutos antes de entrar en sombra y que la temperatura se desplome. Hablamos analizando la situación. Está controlada.


Ya se nos ha ido el sol. El frío aumenta. Menos mal que hoy, a diferencia de lo habitual, ambos nos hemos puesto cubrepantalón y hemos traído plumífero…

Vuelvo al collado a llamar de nuevo a preguntar cómo va la cosa: me informa la misma persona (todo muy profesional): el pájaro está en el aire, a la altura de Velilla del Río Carrión me dice, y que le calcule unos diez minutos más.

Al cabo de un rato más oímos finalmente el helicóptero. Son las cinco y cuarenta. Asoma por la Forcadona. Yo en el collado con los brazos en Y. Ellos se arriman, acerca un patín a tierra y se baja un bombero rescatador y una sanitaria. Vienen con mochila.

Hablan con Rubén, analizan cómo está para sacarlo. Yo me separo con el bombero y las mochilas. En una maniobra corta de torno la sanitaria saca a Rubén. Se separan, entran dentro del aparato y vuelven a por nosotros. El bombero me explica que bajaron con mochilas por si tenían que abortar misión y quedarse en tierra con nosotros… Me une a él con mosquetón de seguridad y cinchas, igual con las mochilas. El pájaro vuelve, el viento muy intenso con nieve me obliga a cerrar los ojos. Unos segundos más y estoy sentado al borde de la cabina colocándonos para entrar. Nos quitamos los crampones y nos sentamos relajados. Se acabó el lío. Santos helicópteros.

El vuelo es breve, paisajes espectaculares, charla acelerada por nuestra parte, los nervios. El bombero nos saca fotos…

Aterrizamos en Riaño en el campo de fútbol, apenas a 50 metros del centro de salud: trayecto de medio  minuto de ambulancia y estamos entrando, Rubén en silla de ruedas. El médico lo revisa con calma y determina que no puede saber si tiene algo roto. Hace falta una placa. Nos llevarían en ambulancia a León. Lo pensamos, y les decimos que preferimos coger un taxi hasta Arriondas, que la logística es más sencilla (el coche está en los Lagos, la familia en Gijón…).

Una hora y cuarenta y cinco minutos de taxi, puerto del Pontón, desfiladero de los Beyos, Cangas de Onís, finalmente Arriondas. En el trayecto revisamos lo sucedido.

Ha sido la rotura de placa de viento: no muy gruesa, quizá unos treinta o cuarenta centímetros de espesor, y de unos treinta metros de ancho. Yo me quedé fuera (pura suerte). Esto es algo difícil de controlar, casi imposible de anticipar. Realmente fuera de nuestro control. Especulamos mucho con otras cosas que podrían haber pasado. Casi todas peores.

Rubén no se cayó por un fallo suyo. Él no hizo nada mal. Es prácticamente imposible anticipar la situación ¿Y qué? En el fondo da igual; el accidente lo tienes. Y eso es lo que hay.

Concluimos que, en realidad, no deberíamos estar allí de cualquier manera: la montaña estaba muy cargada, reciente. El día estaba perro, nubes, viento, nieve, frío intenso. Tuvimos suficientes señales a lo largo del día como para habernos dado la vuelta. Abortar la misión. Salimos del refugio con otros tres, y había otra gente por encima, pero ninguno de ellos pasó del Boquete. Nevaba a menudo. Estábamos solos en una de las mayores montañas de Picos de Europa y a ratos no veíamos apenas a cincuenta metros. A ratos sobre hielo, a ratos abriendo huella profunda. Aun así, continuamos hacia arriba. Escalamos bien, resolvimos los problemas que se presentaron con eficiencia, hicimos cumbre seguros y nos bajamos. Todo en buen horario. 

Llevamos más de treinta años en el negocio, y atados juntos muchísimas veces. Eso se nota. Pero también para mal: juntos apuramos en ocasiones en las que ya no deberíamos hacerlo. Esto es algo fácil de decir desde casa y quizá no tan fácil de evitar cuando eres alpinista y estás en la montaña.

En los días siguientes, hablando con amigos alpinistas y bomberos de Asturias, me explican que ese helicóptero que nos sacó, solo uno da cobertura a toda Castilla León, algo increíble para semejante superficie. Además, su base está al sur de Valladolid, muy lejos de los Picos. Está claro que los repartos de los rescates tienen su lógica política, geográfica y económica, y que las lesiones de Rubén no eran críticas, pero la cosa es que nuestra posición a unos 300 metros en línea recta a la frontera cambió un rescate desde Asturias y en unos veinte minutos desde la llamada, a una hora y media larga. Incluso a nivel de costes del vuelo, la diferencia parece enorme. Luego la bajada a Riaño (centro de salud) en lugar de directos a Arriondas (hospital), aunque esto es ya realmente secundario. 

Los chicos del teléfono, el helicóptero, la ambulancia, el centro de salud, todos encantadores y muy profesionales. Un diez.

Recuerdo cuando bajaba conduciendo el coche de Rubén por la carretera de los Lagos, a las diez de la noche, total soledad obviamente. Y pensar que podría estar haciendo este trayecto hacia casa, pero con una noticia mucho peor y definitiva…

Rubén tuvo mucha suerte (yo mucha más). No hubo rotura. Fue un esguince muy fuerte. Se quedará en unas semanas de muletas, rehabilitación y muchas complicaciones de trabajo. Ser autónomo tiene peajes.

Después de conversaciones con varios colegas alpinistas que han vivido experiencias similares de avalanchas, ya sea escalando, esquiando o caminando, todos llegamos a la misma conclusión: difícil de prever, una cuestión de estadística, y la única opción para reducir riesgo pasa por elegir bien el día. Evitar las condiciones dudosas y caso de estarlo, simplemente no ir. Porque si vas, aunque haya señales, terminas metiéndote más de la cuenta.

Esperamos haber aprendido algo de todo esto. De eso se trata en el fondo, de aprender e intentar seguir adelante, recordando que el alpinismo es intrínsecamente peligroso, y en último término, algo simplemente absurdo.

Le hemos visto muy bien las orejas el lobo en esta ocasión.



viernes, 14 de marzo de 2025

De rodaje por Villanueva

Viernes 7 marzo 2025. Villanueva de Proaza. Con Toni.

A falta de nieve para esquiar, retomamos las tardes de viernes roqueras. En esta ocasión con Toni y en Villanueva de Proaza.

Se trata de un pequeño sector cercano al pueblo, apenas a diez o quince minutos. Eso sí, en cuesta ariba pronunciada. 

En el pie de vía hay un bosque de encinas que a los dos nos recuerda al Cueto Agero.

El sector tiene una docena de vías entre el V y el 7b+. Predomina la placa vertical con finales algo desplomados. 


Ya había estado por aquí, pero hace ya varios años, así que me resulta prácticamente escalada a vista.

Hoy el cielo está oscuro y amenazante. De hecho escalamos con lluvia incipiente casi todo el tiempo. A ratos parecía que teníamos que plegar velas...

Con todo, el tacto de la roca es excelente y además estamos solos, cosa cada vez menos frecuente en los sectores de deportiva asturianos.


La verdad es que disfrutamos bastante. En un par de horas escalamos 6 vías entre el V+ y el 6c+.

Como hace años cuando estuve por aquí con Alberto, volví a fallar en la última chapa de la última vía de la derecha, "La arcellada".

Por otro lado me salió muy cómoda la llamada "Cus" , también 6c+ según los croquis. Con esta, satisfechos, cerramos la tarde.


El cielo seguía gris marengo y la nube a ras de suelo.

Lo pasamos muy bien. Qué guapo el valle del Trubia. Para repetir.


lunes, 3 de marzo de 2025

Paseo relajado en esquíes por Somiedo

 8 febrero 2025

Luque, Inés, Brojos, Cristina, Javi, Nando

Alto Prefustes (1.858 m) desde Santa Maria del Puerto, Somiedo

Tras juntarnos en Mieres y organizar coches nos dirigimos al Huerna para entrar a Somiedo desde León. Es salir del túnel y el termómetro se desploma. Cruzamos la Babia comentando la poca nieve que hay. La carretera al llegar al puerto ya está blanca. El termómetro en unos 8 negativos. Un paisano del pueblo nos abre hueco para aparcar con el tractor. Qué suerte!


Salimos desde Santa María del Puerto con el objetivo inicial de subir al Cornón (2.188 m), esquiada clásica de la zona. Había habido debate entre eso o tirar hacia Peña Salgada. Como Nando y yo habíamos subido el año pasado, yo forcé para tirar al otro lado. Además esta gente quiere ir en unas semanas a hacer la Silveretta así que les conviene meter volumen a las piernas...

La nieve, si bien al arrancar no lo llegamos a percibir, muy pronto nos damos cuenta de que está encostrada en general. Es decir, mala para disfrutarla en la bajada.

Vamos remontando metros, charlando sin parar de mil cosas. El grupo se estira pero nos reagrupamos a menudo. 



Alcanzado el collado de las Tres Cruces damos vista a la cumbre objetivo por primera vez; la vemos lejana, surge cierto debate sobre si convendría ajustar el objetivo a la baja...  Aún le damos otro tirón hasta ganar la loma que teníamos encima. En este rato Brojos ya ha empezado a derivar hacia la derecha, a una cumbre secundaria y mucho más cercana. Cris también decide tirar para allá. 

El resto aún seguimos un rato más dirección al Cornón, pero enfrentando una media ladera medio en bajada, viendo gente muy alta y lejana, calculamos que nos llevaría un buen rato subir, y con esa calidad de nieve tampoco nos dejaría disfrutar la bajada, sino más bien al contrario... y además también nos llevaría un tiempo considerable.

Una breve charla y concluimos que mejor dar la vuelta también nosotros, y acercarnos a donde están Brojos y Cristina. Es una cumbre menor llamada el Alto Prefustes (1.858 m). Apenas hemos remontado 400 metros desde el pueblo.


El paisaje es precioso. Disfrutar esos momentos con los amigos. Un bocado en la cumbre, charla animada. 

Ajustamos botas y arrancamos a por los primeros giros: estos son mejores de lo esperado, pero en cuanto alcanzamos el collado llamado Tres Cruces, la cosa empeora bastante. Las tablas se enganchan en la nieve costra y también en la vegetación. No deja girar. Con todo, cómo presta ver esquiar a alguien como Javi Aller, con esa facilidad y envidiable soltura incluso en estas condiciones... El que vale vale.

El bar de Santa María, el Coronel, está cerrado, así que nos movemos hasta Piedrafita de Babia en busca de un sitio donde tomarnos una cerveza. La tomamos y comentamos temas de material para llevar a la travesía de Austria.

Qué bonito Somiedo y qué pena la poca y regulera nieve...


martes, 18 de febrero de 2025

Grasa de caballo

Los pequeños zapatos de Javi de la talla 23 tienen algo de moho, después de dos temporadas en el trastero. Una vez se lo he quitado con un trapo, veo que están más o menos en buen estado: sin duda Jimena va a poder usarlos, como ya viene haciendo con otros pares. Como a todo hermano pequeño, a ella le toca heredar. Decido hidratar un poco la piel para disimular algunas zonas más erosionadas y darles mejor aspecto.



El tacto mismo de la lata de grasa de caballo ya me trae muy buenos recuerdos. Una vez abierta, su penetrante olor me traslada sin remedio, directamente, a tiempos de infancia, a preparativos de excursión, a autobús de grupo de montaña, a jornadas por el monte con sol, mojaduras, fríos, buzones de cumbre. A esas cosas que me hicieron aficionarme a la montaña de forma irremediable.
Mientras aplico una capa de grasa a los zapatos, pienso en las veces que he hecho esto con mis distintos pares de botas a lo largo de los años, y me traslado hasta las que fueron sin duda las más importantes: las primeras.

Cleta Bestard, como estas pero en gris


Por entonces yo no era muy ahorrador. Nada que ver con mi hermano. Si a eso le unimos que recibíamos una paga semanal muy ajustada, el resultado habitual es que nunca tenía pasta.
En las excursiones de los sábados con el grupo de montaña del colegio, como es natural yo me fijaba en el equipo de los demás. Por aquella época todo era muy “de andar por casa”. Entonces no existían las tiendas tipo Decatlón que acercan a la gente con más limitaciones (o poca gana de gastar) la posibilidad de material barato y hasta vistoso. No, que va. Por entonces había pocas tiendas de material deportivo, y este era más o menos un artículo de lujo. Mucho más si cabe en el caso del material de montaña. Apenas había nada. En realidad, ni siquiera se planteaba la necesidad específica (no siendo posible, no tiene sentido planteártelo). Lo que se llevaba habitualmente al monte era ropa desechada de la vida diaria, de ciudad, ya fueran pantalones vaqueros, o de chándal, camisas y jerseys viejos.
Atendiendo al estilo, eran tiempos en que aún se llevaban los pantalones de pana, de corte bávaro para los más preparados. Estos se combinaban muy habitualmente con una camisa tipo franela, de esas de cuadros, y con una camiseta debajo, esta de algodón por supuesto. Cuando refrescaba, sacábamos de la mochila un jersey de lana gruesa, que en mi caso me hacía mi Abuela: me hizo muchos a lo largo de los años, junto con calcetines que picaban, gorros y hasta pasamontañas, que también picaban. Los forros polares estaban aún en gestación. Si llovía o hacía viento, aparecían los clásicos canguros rojos o las capas de agua (el Gore Tex también estaba en fase I+D). Las mochilas eran características de la época y parecidas entre sí, con colores clásicos rojo, verde o azul.
En los pies lo habitual eran las botas de cuero, algunas potentes y pesadas, estilo Galivier (salvando las distancias). Mucha gente llevaba otras llamadas “tipo Cleta”. Estas eran algo más ligeras que las anteriores, y aún teniendo buena capa de piel, suela Vibram y cierto grado de canteo, ya eran casi las precursoras de las botas de Trekking que llegarían casi una década más tarde.

Con mi hermano, primeras excursiones de chirucas 

El caso es que yo, que llevaba varias temporadas yendo de excursión, me veía equipado más o menos en línea con la media, excepto en el calzado. Yo aún llevaba chirucas, de las clásicas marrones de tela. Esto era también bastante habitual, pero a mí me fastidiaba bastante, tanto por la imagen (algo más cutre), como por lo rápido que llevabas los pies empapados en cuanto cruzabas un prado húmedo, cuando había barro, ni qué decir cuando llovía…
Ya tenía echado el ojo a las botas que quería. Eran unas Cletas marca Bestard que había visto en el escaparate de Deportes Covadonga. Ese escaparate, por cierto, con los años me haría soñar despierto y dormido con sus mosquetones, pies de gato, piolets… con sus pósters de Boreal con gente como John Bachard o Catherine Destivelle…
Viendo los Reyes muy lejos, me planteé ahorrar las 5.000 pesetas que había visto costaban. Durante meses estuve centrado en esta operación ahorro, y cuando finalmente y tras penurias varias tuve reunida la cantidad, me fui muy contento a la tienda, me las probé y solté mi dinero más contento que la leche.


Estas botas me acompañaron varias temporadas (se ve que las compré grandes y que el pie ya crecía más despacio). Con ellas hice muchas excursiones, con ellas pisé barro, nieve, hojas, piedras, prados… Fueron mi primer equipo específico para montaña, y además el primer propósito de ahorro importante en la vida.


La sensación de aplicar grasa de caballo, su olor, el ritual, siempre me trasladará a tiempos lejanos ya. A lugares y a amigos. A inocencia y felicidad por la vida futura por disfrutar.



Esto se me quedó escrito sin publicar hace unos años. En la actualidad mi hijo ya calza un 41 y la niña un 39. Ella ha seguido heredando zapatos del mayor hasta hace poco.... Y yo sigo reviviendo todas estas cosas cada vez que abro una lata de grasa de caballo... ahora ya incluidos los recuerdos asociados a mis niños cuando eran pequeños. Tempus fugit.

jueves, 6 de febrero de 2025

Trainning lap

Con Rubenín.

Otra salida rápida en plan entrenamiento. Una más de tantas. Como siempre pasándolo muy bien.

Llegar al parking y solo está nuestro coche junto con otro y una furgo de gente durmiendo. El Meicín cerrado. El Macizo vacío. Todo para nosotros. 

En lo alto de Covarrubias nos encontramos con Juaco que viene con dos clientes (los del otro coche del parking?). Charlamos un rato poniéndonos al día y comentando las condiciones del invierno. Muy prestoso. 

Hay poca nieve asi que vamos a asegurar la actividad en la norte clásica. Juaco y compañía van para allá también. 

Hoy, a sugerencia de Rubén, decidimos meternos por una pequeña variante de entrada que yo no había hecho nunca: se trata de una pequeña cinta de nieve, estrecha y a ratos encajada, a ratos más abierta y colgada. Para cogerla hay que bajar un poco por la senda de las Merinas dirección Este, pero apenas te desvías cinco minutos. Tiene alguna zona mixta y alguna con la nieve algo delicada. Nada grave tampoco. No coge mucho ángulo y le da ambiente. Es una opción chula y para repetir otras veces, la verdad.


Después de esta pequeña variante de entrada, que puede medir unos cientocincuenta o doscientos metros, nos unimos ya a la clásica asturiana en la primera campa. Aquí entramos por la izquierda mixteando un poco.

Para arriba la combinación clásica de dosificar esfuerzo, analizar la nieve y regular la exposición. Jugamos con el poco hielo que nos encontramos.




Hacemos cumbre encantados. Otro pegue de entrenamiento en este terreno de juego tan guapo que tenemos al lado de casa.

La Fana de bajada está perfecta. 



Probando a jugar un poco con la GoPro de mi hijo Javi (a Rubén no le gusta nada...).



Y otra vez más, solos en cumbre en un día soleado y con buenas condiciones. 
Cerveza de rehidratación en Espinedo. Muy guapa jornada de monte.




domingo, 26 de enero de 2025

Peña Gorbea en bicicleta de montaña

30 Noviembre 2024
Miguel Vallina, Nando del Pozo
Circular con ascensión a Peña Gorbea (1.482 m), 25.9 km, 910 metros positivos.


Venir en el día desde casa en Asturias para dar una vuelta en bicicleta hasta la cumbre más alta de Álava parece un poco raro, pero la realidad es que se hace estupendamente.

Quedamos a las siete con intención de estar de regreso no muy tarde. Vamos tres: Miguel, Nando y yo. El viaje es cómodo. Cafetito en  el área de descanso de Altube a esperar a que levante un poco el sol, que las temperaturas están aún muy bajas para montarse en la bici.
Desde Murguía, bien abrigados, salimos por carretera unos pocos kilómetros hasta Zárate. Hace sol pero bastante frío. Cruzamos multitud de ciclistas, de carretera en su mayoría. 
Una vez en Zárate abandonamos el asfalto y tomamos una pista señalizada que nos empieza a meter en un precioso bosque de robles. La cuesta es llevadera y vamos remontando la ladera hacia el Este. Cruzamos gente caminando, algunos de subida y otros ya de bajada (aunque estos no vienen de Gorbea).


El terreno es ideal para la bicicleta de montaña, con algunos repechos más exigentes pero en general suave. Eso sí, subida continua. Hacemos alguna parada a comer algo y a disfrutar de las vistas: árboles centenarios, grupos de caballos potentes pastando las praderías.




Una vez superada la línea de bosque, que ha cambiado de los robles dominantes primero, a hayas y más tarde a pinos (se ven claramente las cotas de altura que marcan las distintas especies) salimos a terreno abierto y amable: lomas suaves con camperas y vistas panorámicas. 



Ganado el collado que separa el Gorbea de la cumbre secundaria del Araza, ganamos vista al norte y a nuestra cumbre objetivo: se ve la cumbre casi al alcance de la mano, aunque a la vez sabemos que nos queda un buen repecho aún.


El tramo final requiere salirse del leve camino marcado y bacheado de piedras (perfecto para caminar pero no para las bicicletas) por la campera a la derecha para, remontando fuerte aquí, ganar la cumbrera y seguir remontando ya sí hasta la misa cruz. 


Llegamos muy contentos. Hay bastante gente, en su mayoría caminantes pero también vemos alguna otra bicicleta. Sigue estando bien fresco. Mirando alrededor Nando nos muestra algunas otras cumbres vecinas bien famosas para los vascos: el Amboto se ve cercano. La reserva de Urkiola se extiende espectacular. 




Es un paisaje suave en general, amable comparado con los cordales típicos en Asturias. Asoma la caliza por muchos sitios, y la vista es panorámica en todas direcciones: al norte a la costa y al sur ya más mesetario. Nos sacamos unas cuantas fotos de recuerdo.


Salimos ahora hacia abajo dirección Oeste por la enorme loma del Gorbea: prados infinitos de perfil redondeado que nos permiten circular bastante rápido. Mis amigos se distancian de mí rápidamente. Me esperan de cuando en cuando para reagruparnos y no confundir algún cruce. 


No tiene mucha pérdida en la parte alta, y se ve el valle hacia el que nos dirigimos y que nos sumergirá de nuevo en los bosques.
Hay varios tramos un poco más trialeros en los que se viven amagos de caída, alguno de ellos librado de pura casualidad por mi parte. No es tanto que sean demasiado técnicos como el hecho de llevar ya bastante rato en este tipo de terreno: ganas confianza, aumentas la velocidad, y entonces es cuando aparece la piedra en la que rebotas de manera descontrolada... Finalmente no hubo que lamentar ningún impacto indeseado...
Una vez de nuevo en el bosque el terrreno se hace de subebaja por zonas, predominando la bajada en todo caso. De nuevo zonas de bosque espectaculares con abetos, pinos, robles, etcétera. En esta pista encontramos más gente de paseo, a caballo, con niños... El sitio es realmente precioso.
Vamos paralelos al río Larrea con sus puentes, remansos y pozas, una chulada.


Llegamos al pueblo de Sarria y de este a Murguía, donde dejamos el coche esta mañana. Son las dos y media de la tarde. Mientras nos cambiamos de ropa nos comemos un bocata. Después nos vamos hasta una de las numerosas terrazas de los bares del pueblo: nos tomamos una cerveza y picamos algo más. Comentamos lo mucho que nos ha gustado la excursión. Nando es la tercera vez que la hace, pero Miguel y yo somos nuevos en la zona y nos ha encantado.
De camino de vuelta paramos a tomar un café en Unquera: una caja de corbatas para casa, que siempre ayuda llevar algo dulce de vuelta. 
Tres horas y cuarenta minutos de ruta para unos 26 km y 900 metros positivos en un paisaje precioso para la bicicleta de montaña.


Ruta totalmente recomendable, realmente bonita. Gran día con muchas risas con estos dos elementos.



Gijón 7:00 h
Murguía 10:30 h
Peña Gorbea 13:00 h
Murguía 14:15 h