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sábado, 12 de enero de 2019

El inspector de Hacienda Alpinista

Uno tiende a flipar con las fotos y los vídeos de los gallos que pululan por ahí, haciendo cosas increíbles. En general estos son chavalería aún sin miedo a la muerte o verdaderos profesionales de la montaña y la escalada, dedicados en cuerpo y alma al asunto. Muchas veces son una combinación de ambas cosas. Eso desde luego no le quita mérito a lo que hacen. Pero es que cuando uno ve las cosas que hace el amigo Mick Fowler con sus colegas, a mí los otros simplemente me impresionan menos.

El tipo es un currante de oficina a tiempo completo (ahora ya está jubilado), con esposa y dos hijos (y lo que esto supone) y encima viviendo en Inglaterra, donde las posibilidades de hacer montaña o escalar son realmente escasas, es simplemente alucinante lo que escala el señor.
El tío tiene una trayectoria simplemente espectacular, que empezó en grandes cordilleras en 1987 en el Spantik, casi nada.

Acabo de leer su último libro, y lo he leído en inglés:

"No easy way, the challenging life of a climbing taxman"

que lo que podríamos traducir por:

"Sin camino fácil, la desafiante vida de un inspector de hacienda escalador"

Descripciones espartanas de escaladas increíbles (algunas de ellas ganadoras de Piolets D´Or), sin hablar ni una sola vez de grados de dificultad, sin apenas fotos (pero las que hay son alucinantes), sin croquis... Con una sorna y una ironía buenísimas, especialmente cuando se ríe de sí mismo.

Te puede estar contando de un vivac en el que se estaban escurriendo de una mínima plataforma en mitad de una tapia tremenda en una montaña virgen con expresiones del tipo "no era tan cómoda como nos hubiera gustado".
O de cómo su colega con una cagalera total, continúa escalando cagado encima durante cinco días y dos de bajada. Y lo que supone compartir con él una tienda mínima:"no era el ambiente más agradable en el que he estado"...
Te habla de las aproximaciones, de los yaks y de la gente con el mismo detalle que de las escaladas. Describe sus entrenamientos en casa o te cuenta cómo a veces, entre un viaje al Himalaya y el siguiente (va con carácter anual), no se ha puesto los crampones ni una sola vez!! Y entonces llega allí, a un valle completo sin explorar, y va y se abre un viote de miedo en un pico de esos que te retraen las gónadas.
Y con ese mismo tono te habla de su diagnosis de cáncer y de cómo seguir tirando palante.
Sesenta y pico tacos y con planes como para varias vidas...
Le quita importancia a lo que hace, y destila una pasión incontenible por las montañas y el alpinismo en su estilo más puro.

El libro es pura flema británica. Recomendable al cien por cien. Un crack total Mick Fowler.


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