LA MONTAÑA COMO PASIÓN, COMO ESCENARIO INFINITO SOBRE EL QUE DISFRUTAR INTENSAMENTE DE LA VIDA,
DONDE ESCALAR, ESQUIAR, PEDALEAR, CORRER, CAMINAR...
DONDE LOS AMIGOS, EL ESTILO Y LAS FORMAS CUENTAN, Y MUCHO

domingo, 20 de noviembre de 2016

Paseo otoñal por Nava

Domingo 30 Octubre 2016
Circular a las Foces del río Pendón, Nava
Susi, Marcos, Tomás, Martín, Diani, Paula, Javi y Jimena


Hasta este día, el otoño ha venido cálido y anticiclónico: en los últimos días ha habido niebla cerrada en la costa, pero en cuanto te alejas del mar, el cielo azul domina.
Asturias tiene muchas ventajas para los que nos gusta la montaña y aire libre: hoy, en apenas media hora de coche desde casa ya estamos aparcando en Fuensanta.
La excursión elegida, como otras veces, está sacada del libro “32 razones para ir al monte con niños”, de Orlando Merás. Las que hemos hecho hasta ahora nos han encantado. Está en Nava. Se trata de una ruta circular (PR-AS45) de unos diez kilómetros y unos cuatrocientos metros de desnivel: recorre primero el valle que lleva hasta las Foces del Río Pendón, y después gira para bajar de vuelta al punto de partida por la pista que sube a les Praeres.
El aparcamiento tiene unas cuantas plazas, pero casi no quedan libres. Se ve que esta excursión es un clásico.
Después de poner las botas, coger agua en la fuente y rematar las mochilas, salimos por la pista.
Somos cinco adultos y cuatro niños: dos de siete años, Tomás y Javi, y dos de cuatro años, Martín y Jimena.



La ruta empieza con algo de cuesta hasta alcanzar un primer collado, el collao Fornos: se inicia entre castaños y robles, que aún lucen bastante verdes para la época. Los niños juegan y corren adelante y atrás, aún frescos y con ganas de pasarlo bien.



En el collado Fornos un pastor llama a sus vacas, que acuden trotonas desde todas partes a por la deliciosa sal. Desde aquí, el camino nos va llevando hacia un valle, cada vez más cerrado, que termina en las foces que dan nombre a la excursión. El camino es cómodo, en suave subida, con vistas.



Cruzamos gente que viene corriendo, bastantes, preparando una carrera de montaña que se celebrará en breve en este mismo circuito circular. También bastante gente va caminando como nosotros. Está esto muy concurrido.
Los niños caminan contentos, jugando, con sus muchas simpáticas ocurrencias. Los mayores disfrutando y charlando sin parar.


Cuando las foces se cierran y nos acercamos al nivel del río, aparece algo de barro. Pronto empezamos a remontar la ladera hacia el Suroeste.






Nos toca ahora un tramo donde se concentra la mayor subida del día: tenemos que alcanzar un nuevo collado para llegar al llamado Malláu Pastor. Es una majada que marca aproximadamente la mitad de la excursión. Salimos de la sombra de los árboles y el sol cae plano sobre nosotros. Jimena quiere que la lleve a caballo, así que, una vez la subo a hombros, me pongo a ritmo: con sus casi veinte kilos no puedo andar esperando. Javi viene con nosotros y juntos los tres nos adelantamos considerablemente del resto.


Desde el alto vemos las cabañas de la majada Malláu Pastor donde vamos a parar a comer. Igual que nosotros lo ha pensado más gente, así que nos juntamos un buen grupo a la sombra de los árboles. Es la leche que a finales de Octubre busques la sombra en lugar del sol…


Después de comer los bocatas arrancamos pista abajo.
La pista va pasando por pequeños collados, bajando serpenteante hacia el valle. En los tramos de mayor desnivel está hormigonada. Recuerdo sufrir lo mío hace unos años subiendo estas rampas en bicicleta: tiene repechos muy empinados. Vamos charlando, alternando los juegos con los niños entre nosotros. Asomándonos a los bebederos a contar renacuajos, cogiendo palos, hojas…




Entretenidos llegamos a la zona baja, cerca ya del coche, donde en los prados trotan caballos y ponys. 
Hemos tardado en total unas cinco horas. Algo menos.
Para ser unos diez kilómetros y un desnivel de unos 400 metros, haber ido con dos niños de cuatro años, lo hemos hecho muy bien. La excursión es realmente recomendable. En una terraza saliendo de Nava nos regalamos una birra unos, un colacao otros.

Qué bien lo paso de paseo en días como este con tan buena compañía.

sábado, 29 de octubre de 2016

El porcentage ciclable: explorando valles por Somiedo

Domingo 25 Septiembre 2016
Nando del Pozo, José Antonio Estévez
Ruta exploratoria zona Valle del Lago, Somiedo (+-25 km, +1200 m, 6 horas)


-   Finu, ¿el domingo cómo lo tienes?
-      Diiime. Lo tengo… bien
-       ¿Una betetera de día completo?
-       Bueno
-       Dan algo de riesgo de agua pero pa la bici vale. Sobre todo hacia Occidente
-       Ahí tamos
-       ¿Somiedo?
-        Vale
-        Vete pensando ruta
-        Tengo pendiente una de exploración por allí, si te atreves…
-        Siempre
-        (Iconos varios de aceptación)

Así quedamos, por watsapp. Ya ni hablamos por teléfono…
Como siempre, lo que me apetecía era ir a escalar algo por el monte. Una vez más, cuando tengo libre la previsión no era segura, así que optamos por la bicicleta de montaña: no es que en bici no fastidie mojarse, pero no te quedas tan fuera de juego como si fueras a escalar en roca.
El recorrido propuesto se dividía en dos partes claras: la ida, por valles y collados en los que el mapa marcaba pista, y la vuelta, donde parecía que no estaba nada claro. Y así fue.
Salimos de casa con nube baja mojándonos mientras colocamos las máquinas en el techo del coche. En la hora y media de camino el cielo alterna, y la carretera a ratos está seca a ratos no.
La ruta comienza en el pequeño pueblo de Veigas (811 m) en la carretera que sube hacia la Farrapona. En medio de la niebla salimos carretera arriba. En menos de un kilómetro la abandonamos para internarnos en un angosto valle, por una pista que serpentea cuesta arriba en medio de arboleda.



El ángulo es duro, y el hormigón aparece más de lo que nos gustaría: cuando hay hormigón (que cuesta una pasta), es porque hay repecho duro. Estivi tiene problemas con el piñón del 1, y unido a la falta de forma, echa pie a tierra antes y más a menudo que Nando o yo. Aunque yo me sumo a empujar de vez en cuando, especialmente cuando el terreno muy  suelto me hace perder el equilibrio.
Son unos cuatro kilómetros hasta un collado en los que remontamos 400 metros de desnivel, así, para calentar (una media directa del 10% habla de repechos del 20% seguro…). Paramos un poco a disfrutar las vistas hacia el pueblo de Valle de Lago y hacia el valle que le da nombre, y hacia su cabecera, donde está el lago que los nombra a todos… Bajamos al pueblo y lo cruzamos en pocos minutos. Desde aquí el valle sube suave, salvo en dos o tres repechos, durante unos 6.5 km y unos 350 m de desnivel, en un paraje precioso, que lo convierte en una excursión típica de esta zona, tan típica de excursiones por otra parte.




Hasta aquí terreno ciclable al 100% (si te dan las piernas y el corazón). En adelante, comienza la exploración, y comienza como ya apuntaba el terreno: bici al hombro, remontar de ladera, cotolla, bloques de cuarcita… Vamos retrocediendo por el valle por la ladera Norte, ganando metros poco a poco. A ratos empujamos las bicis, a ratos tiramos de ellas. Otros, los peores, las porteamos.





El paisaje sigue precioso. Las nubes ayudan a mejorar la luz. Nos recreamos con las vistas y con el vuelo de los buitres mientras recuperamos resuello y comentamos resignados que siguen pintando bastos. Por fin, el estrecho camino mejora y podemos montarnos en las bicis, aunque sea alternando con desmontes.





Llegamos a la Vega Camayor, donde el camino tira hacia los lagos de Saliencia y de allí a la Farrapona. Las dudas vuelven a aparecer: aseguramos ruta o seguimos con el plan original de exploración? Las nubes abren un poco más y nos dejan ver nuestro siguiente collado objetivo, el Tarambicu, a más de 1.800 m. Decidido, seguiremos sufriendo. La subida vuelve a ser desmontados, y ya llevamos hora y media desde el lago…





En el collado empezamos a ciclar, trialero a ratos, luego por buenas camperas donde nos reconciliamos con las bicis, disfrutando como enanos con un paisaje espectacular, solitario. Sin camino ni senda recorremos los puertos ante la mirada de algunas vacas, algunos rebecos y me imagino yo, algún oso oculto (estamos justo al límite de una gran zona restringida). Pasamos brañas con restos abundantes de cabañas, señales inequívocas de la gran actividad ganadera que antaño existía por estos lugares solitarios hoy. Tras unos momentos de duda en los que sacamos el mapa (no somos gente de gps), aprovechamos para comer y echar un trago, reemprendemos un nuevo tramo malo, apenas ciclable independientemente del seguro médico que tengas (Nando siempre apura más que nosotros, debe de tener cobertura premium).


En el Cantu de Bobia empezamos a atisbar el estrecho valle por el que subimos esta mañana: ya estamos rematando el tema. Pero aún nos toca bajarnos por una empinada ladera (bicicleta en mano gran parte) hasta entrar en el bosque, donde las cabañas de Llamera ya nos dan paso a una empinadísima pista de hormigón (una caída sería fatal) y después de esta, soltando frenos ya, dejarnos ir  por el primer tramo de la mañana y hasta el coche.


Resumen de la ruta:
Unos 25 km,
Desnivel positivo aproximado 1.200 metros,
Porcentaje ciclable (aquí hay opiniones encontradas): digamos una franja entre el 60% y el 80% (ja!)
Horario invertido total: 6 horas (casi para hacerla caminando…)
Disfrutada: muuuuucho
Recomendable? Sí, para la gente que le “gusta el Barro” (es decir, salirse del camino trillado).

Nada como salir de monte con amigos y sufrir un rato para justificar las birras y demás: en Pola de Somiedo recuperamos sales, proteínas y grasas perdidas a base de productos de la tierra.


domingo, 23 de octubre de 2016

Recordando a Miguel

Sábado 15 Octubre 2016
Pablo Luque
Espolón Asturcones (180 m, V+), Castro Candilejas, Queroseno (120 m, V+) Cueto Agero


La salida del día era al Cueto Agero. El motivo era reunirnos unos cuantos para despedir a Miguel en ese sitio que tanto le gustaba, y dejar un punto de referencia suya allí.
Han pasado cinco meses ya. Aunque pueda parecer demasiado tiempo para esto, creo que la época elegida y el día que finalmente quedó han sido ideales. Fue Eduardo quien tomó las riendas del tema y lo coordinó todo. Y se lo agradezco. Lástima lo que pasó y que al final no pudiera estar allí.

No se me ocurre ningún sitio mejor que el Agero para recordar a Miguel y para sus cenizas. En realidad, yo para recordarlo no necesito nada especial: me viene a la cabeza cantidad de días y en los lugares más insospechados. Es lo que pasa con la gente que te marcó en la vida, que los tienes presentes aunque ellos ya no estén. En todo caso, el Agero es sitio es ideal por muchas cosas: historia, belleza, ambiente, accesibilidad…

Fotaza de Simón, Luismi y Miguel tras la segunda repetición del Espolón Sur del Agero (gentileza de Luismi)
La cita es a media tarde, así que madrugar a escalar parecía buena opción; seguro que Miguelón preferiría que estuviéramos escalando un día como este. Y puestos a escalar, qué mejor que buscar una vía suya de las varias de la zona: el Espolón Asturcones lo abrió en el año 81 junto a Luis Rubio. Si a esto le sumamos que yo no la tengo hecha, no puedo pedir nada más.


Cuando llegamos a Allende, el cielo está azul, pero algunas nubes corren veloces en altura. Hacemos la aproximación a las paredes hablando sin parar (no sin algún despiste, como viene siendo habitual). A las diez de la mañana ya estábamos amarrándonos.
Pablo y yo estamos bastante flojos últimamente (más yo), por circunstancias similares, pero el grado de la vía nos encajaba bastante bien a ambos.


Empiezo yo delante en el primer largo, donde después de navegar un poco entre bloques y desplomes, monto reunión en una terraza. El segundo largo tiene el paso más duro de la vía, un V+ de los de antes: una fisura corta pero atlética en la que resoplé para chapar el clavo, después ya bien.
La roca es excelente, y el trazado elegante. Ni siquiera los arbolillos que pueblan algunas terrazas la afean. Además sirven para montar cómodos relevos.


Pablo estira casi sesenta metros por terreno variado. El viento ha ido in crescendo y a ratos hay que esperarse a que amaine la ráfaga antes de emprender algún paso. Después de una transición sencilla vamos a por las últimas dos tiradas: aquí está el largo con más seguros de la vía, unos cuatro o cinco clavos. Escalada realmente bonita.



Ya en la arista, mientras aseguro a Pablo, zarandeado violentamente por el viento, me recreo con las vistas mientras me vuelven a la cabeza fotogramas de mis primeas escaladas en estas paredes, hace más de veinte años, por supuesto con Miguel.


Al llegar abajo, como aún es temprano, aprovechamos para escalar otro rato en el Resquilón. La Queroseno es la opción elegida: cuatro largos sobre roca buenísima, con chapas separadas con alegría siempre que haya alternativa para colocar trastos. Hacemos tres de los cuatro largos y rapelamos para llegar a tiempo a la cita.




En la cabaña ya está bastante gente que se ha acercado para la cita. Saludamos a Miguel hijo, y a Javier,  hermano. Están Luismi, Simón, Emilio…
Luismi nos cuenta lo del suegro de Edu, y cómo se tuvieron que ir. Una pena que no estén él y Noe, y más aún por un motivo tan triste.
Más tarde llegan Estivi, Javi, José Ramón… Pero esperaba más. Echo de menos a otra gente con la que contaba. Gente diría casi que imprescindible. Comentado esto entre nosotros, nos sorprende. Imagino que unos por unas cosas y otros por otras, o no han podido o no han querido venir. 
En fin, no importa, los que estamos aquí somos suficientes para lo que queremos hacer hoy. 
Además Miguel nunca fue amigo de muchedumbres y huía de los saraos y de los focos de atención como de la peste…


El ambiente es relajado, las risas están presentes de continuo recordando anécdotas varias del amigo. Simón y Emilio van buscando el sitio ideal entre las hermosas encinas que nos rodean.



Van a ser dos arbolinos, un haya y un acebo. Excavan los agujeros, colocan los cepellones, los riegan y hasta los abonan con estiércol recogido de las cercanías. Los protegen con piedras para evitar que sean pisados.


Finalmente, Javier, hermano de Miguel, saca las cenizas y las echa en la tierra de cada uno de los dos árboles. Son momentos emocionantes en los que a mí se me hace un nudo en la garganta, y se ve alguna lágrima. La luz baja del atardecer de otoño nos envuelve, filtrada entre las ramas de las encinas. La temperatura va cayendo.



Todo se ha hecho con cariño, es un símbolo y una muestra de respeto. Ha sido bonito.
Un abrazo a Miguel hijo, estrechar manos con el hermano, Javier, saludos cordiales con el resto. Nos despedimos y salimos hacia el pueblo.

Amigo Miguel, ya tengo un motivo más para venir por el Agero de vez en cuando.