LA MONTAÑA COMO PASIÓN, COMO ESCENARIO INFINITO SOBRE EL QUE DISFRUTAR INTENSAMENTE DE LA VIDA,
DONDE ESCALAR, ESQUIAR, PEDALEAR, CORRER, CAMINAR...
DONDE LOS AMIGOS, EL ESTILO Y LAS FORMAS CUENTAN, Y MUCHO

lunes, 8 de agosto de 2016

Les Domes de Miage

24 a 29 Julio 2016
Juan y Juaco Piñera, Rafa Belderrain
Travesía de Les Dômes de Miage (3.673 m)


Después de varias temporadas por fin consigo volver a los Alpes. Es una visita express, como todo últimamente, pero estoy feliz.
Como siempre, los compañeros y el destino final no se definieron hasta el último momento. Es difícil cuadrar las ventanas de tiempo disponibles de los amigos, y que además estas se ajusten a los distintos gustos de actividad. Nos vamos cuatro: Rafa, Juan, Juaco y yo.
Yo quería volver a las montañas, sin importar demasiado la dificultad de las vías o ascensiones a acometer. Bueno, sin importar, pero que fueran fáciles, que no está uno en forma precisamente.
Hasta dos o tres días antes de salir, la intención era tirar a Ecrins, con multitud de opciones a intentar por allí. Pero Rafa sugirió probar con la travesía Dômes de Miage-Bionnassay, y claro, esto es irresistible.
Las referencias de la web de la Casa de la Montaña hablaban de buenas condiciones, así que para allí nos fuimos.

Cuatro paisanos con sus correspondientes aperos montañeros ocupan lo suyo, así que mi coche iba hasta arriba. Salimos a primera hora del domingo con intención de llegar esa misma tarde a la Meca. El viaje por Clermont-Ferrand se hace pesado, pero el paisaje nos parece más interesante que por la ruta del sur. Hacia las nueve y media de la tarde/noche estábamos en Chamonix, entrando en la gité que Rafa había reservado por teléfono. Para 18 € la noche está más que bien. Dormimos como lirones.
Por la mañana, la vista de las agujas de Chamonix, el Dru, la Aiguille de Midi, el Montblanc... Me sorprende lo muy grande que lo veo todo. La falta de costumbre.

A media mañana, en Les Contamines, paramos en la Oficina de Turismo a informarnos de los horarios de los autobuses para la vuelta y de paso entramos en el Bureau de Guides: nos informan de que la ruta normal para subir al refugio de Conscrits está cerrada y que debemos subir por el glaciar. Bueno, menos mal que nos hemos enterado, pensamos.


Aparcamos en Cougnon y después de preparar las mochilas con mimo, arrancamos bosque arriba a por los mil quinientos metros de desnivel que tenemos que remontar. Hace calor y hay mucha humedad. Sudamos como pollos hasta alcanzar el refugio de Trè de la Tette, donde hacemos una parada a descansar. Desde aquí, el paisaje empieza a ser más alpino y hay menos gente. Vamos acercándonos a la cabecera del glaciar, hay que destrepar bastante.




Desde lejos vemos gente cruzando el torrente glaciar con dificultad. Cuando llegamos al punto en cuestión, dudamos por dónde ir. Parece que con lo avanzado del día, el caudal ha subido mucho y las zonas de paso están complicadas. Después de quitarnos las botas y cruzar las gélidas aguas a un lado y al otro, finalmente volvemos atrás y remontamos por la ladera izquierda. Somos ocho personas buscando el paso a la parte alta del glaciar, lidiando con peligrosas morrenas. Yo me pego un buen susto en una grieta tapada por la nieve.
Sufriendo con las últimas cuestas y bajo las gotas de lluvia de una inminente tormenta, llegamos al refugio. Nos damos cuenta de que la gente no ha subido ni de coña por donde nosotros: estaba delicado y no había ni una huella. Creo que la chica del Bureau de Guides no nos ha informado bien.

La tarde, la cena y la noche fueron bien. A las cuatro de la mañana ya estamos desayunando (somos de los últimos). Salimos a las cinco pasadas aún de noche, ladera arriba. La nieve está perfecta. Vamos ganando altura a la vez que va a amaneciendo.




Cuando llegamos debajo de la aguja Bérangeré y su franja rocosa, adelantamos a dos grupos numerosos que son cursillos. Primera cumbre, de casi 3.600 metros: tocan ahora trepadas sencillas de roca para bajar al collado con el siguiente Dome.
Desde aquí el paisaje es el esperado de esta travesía: cumbres blancas, redondeadas, con arista nevada, a ratos más afilada a ratos menos.



A partir de la segunda cumbre nos empezamos a cruzar con gente que viene haciendo la travesía desde el otro lado. Todos ellos, igual que nosotros mismos, llevan una enorme sonrisa en la cara. Es terreno sencillo pero no permite errores: las laderas heladas se escapan cientos de metros a cada lado.



Vamos disfrutando como enanos, enlazando las cumbres de 3.600 metros, hasta un collado en el que la gente se tira a la derecha al glaciar para volver a Conscrits, y donde nosotros tenemos que ascender a una última cima para poder bajar hacia el pequeño refugio Durier, una cajita metálica en un collado a los pies de la Bionnassay, con vertiginosas laderas glaciares a los dos lados.
Esta última cima se presenta más difícil, y por primera vez en el día nos encordamos. Trepadas fáciles sobre roca, sube-baja e incluso un pequeño rápel final para posarnos en el último tramo de arista que finalmente nos lleva al refugio.
Mientras recorremos los últimos metros, vemos a dos cordadas destrepando en la parte alta de la Bionnassay hacia nosotros. Qué alpina se ve. Será para mañana.



Una vez en el refugio de Durier, a más de 3.300 m, nos pasamos el resto de la tarde primero holgazaneando al sol. Mientras comemos y bebemos, bromeando, nos deleitamos con las vistas: la sobrecogedora vertiente italiana del Montblanc se eleva inmensa, la arista del Brouillard, los enormes glaciares. Las enorme caída de dos mil metros hacia los valles de Saint Gervais. A lo lejos identificamos macizos vecinos como los Ecrins. Estamos colgados en una atalaya privilegiada…
Nuestro objetivo de mañana me transmite incertidumbre, con su bastión rocoso y su afiladísima arista de bajada.


Más tarde, cuando la nube nos envuelve, nos metemos dentro a dormir la siesta en las literas y a charlar con el resto de la gente en el pequeñísimo refugio donde nos hacinamos casi veinte personas.
Cena temprana y a dormir, que el día siguiente empieza a las tres!

Hoy ha sido sin duda para nosotros una gran jornada de montaña en un ambiente espectacular. Totalmente recomendable.
Seguro que el día siguiente también lo va a ser.

viernes, 1 de julio de 2016

El fuir de las cosas

Miércoles 8 Junio 2016
Fernando Calvo
Segunda Torre Cebolleda (2.445 m) Vía “Sorpresa” (320 m, V+)

Cuadrar agendas con los colegas no es fácil. Si a esto le sumas el impacto de lo variable de la meteorología cantábrica, a veces se pasan las semanas en blanco sin remedio. El mensaje de Fernando me animó a coger el día en el curro y a hacer la mochila con la ilusión de siempre.

Pie de vía: esta estampa bien merece las tres horas de pateo

Para estar a las seis de la mañana en Llovio, el despertador pita hacia las cinco, pero este es el juego al que jugamos los que nos gusta el barro…
Vamos amaneciendo en la carretera de los Lagos, con un imponente mar de nubes por debajo. Los perfiles de los Picos se recortan y los blancos de la nieve, aún abundantes, resaltan la belleza de nuestras montañas.

Aparcados en Pandecarmen, sólo la furgo de Javi Malo nos acompaña. Aunque la temperatura es alta, no dejamos de coger piolet y crampones junto con el resto de aperos habituales para una escalada en roca en los Picos. Con esto y la falta de costumbre, la mochila “estilo ligero” pesa que no veas. Fernandín arranca cuesta arriba hablando sin parar. Me cuesta bastante seguirle el paso y más aún la conversación.

Llegando a Vegarredonda cruzamos a Javier y compañía que bajan con los caballos a hacer un porteo. Nos pregunta el destino y nos da mala referencia sobre la roca… Bueno, habrá que ir a verlo en directo, que es como mejor se juzgan las cosas. Además, por la zona hay múltiples alternativas caso de ser necesarias.

Con esfuerzo vamos tachando etapas de la aproximación: parada en el refugio viejo a coger agua (otro kilo pa la chepa), zetas hasta la base del Porru Bolu, collado de la Mazada, y flanqueo hacia Fuente Prieta a media ladera para llegar al pie de vía. Llevamos casi tres horas, y desde hace bastante rato todo sobre nieve. Y aunque la temperatura es alta, no nos hundimos demasiado.
Llegando al pie de vía vemos que el primer largo de canalizos está prácticamente tapado por la nieve, y en el nicho de la primera reunión ¡hay un rebeco! La estampa de la tapia desde esta perspectiva es motivante. A ver qué pasa cuando la empecemos a catar.


Nos colocamos en la rimaya a la derecha del nicho de la primera reunión: parece que podremos pasar fácilmente, por aquí se escapó el rebeco. Como suele pasar en estas circunstancias, tenemos que hacer delicados equilibrios entre la roca y la nieve, con cuidado de no dejar caer nada por la pala abajo, ni por el hueco de la rimaya, bastante profunda, y que puede frustrar el día irremediablemente. 

Primeros pasos en la vía
Con delicadeza nos vamos poniendo el arnés, quitando las botas, poniendo los gatos, sacando las cuerdas y los trastos de trepar… Finalmente empezamos a escalar.

Fer bavareseando en el segundo largo
Desde el nicho de la reunión, donde hay un puente de roca equipado, sale Fernando a por una fisura discontinua en bavaresa que se levanta serpenteante. La roca es mosqueante en algunos puntos, escachada, pero Fer resuelve con destreza. De acuerdo al croquis monta reunión en una pequeña terraza donde no hay nada, pero un clavo y un seguro flotante se dejan colocar.


Navegasao
Llego yo al rato a su lado y tras recuperar todos los cacharros salgo a navegar por un muro sin referencias claras, donde la única dificultad consiste en buscar la mejor calidad de roca y los mejores emplazamientos de seguro. Estiro los sesenta metros de cuerda y algo más; Fer tuvo que salir ensamblado unos metros hasta que mi voz le confirmó la reunión montada.
Toca ahora una transición fácil que Fernando empalma con el siguiente largo encajado en una especie de chimenea.


Sentado en la terraza mientras aseguro y me como una barrita, me recreo en el paisaje. Los recuerdos de amigos y vivencias me llegan por oleadas. Miguelón aparece una y otra vez en ellos…
Estirados unos cincuenta metros, Fernando monta reunión bajo una panza amarilla, una vez más sin nada emplazado pero que se deja equipar sin problema. La roca mejora por momentos y vamos ganando altura sobre la nieve.
Estamos en cara Oeste y apenas nos da el sol, así que aunque haga calor, trepamos con el forro puesto.


Me toca ahora un largo que gira inicialmente a la derecha, y en el que la roca empieza a ser la caliza de Picos que tanto nos gusta. De nuevo, apurando unos cincuenta y pico metros, sin encontrar ninguna referencia o seguro, monto reunión bajo una panza con un par de fisureros y un friend.



Fernando llega cantando feliz como una perdiz; se ve que nos gusta lo que hacemos y lo disfrutamos intensamente. Se coloca los trastos y arranca a por el último largo de la vía, que conforme ganamos altura nos va convenciendo más. 


Esta tirada marca un paso de V+ que coincide con el único clavo existente y que da nombre a la vía, tal fue la sorpresa de Adrados y compañía cuando se lo encontraron creyéndose hasta el momento aperturistas. No le veo por una panza, pero decide colgar la mochila para dar el paso más cómodo. A continuación sale veloz hasta la arista, desde donde me asegura al sol.
La secuencia de segundo no se me hace difícil, pero es verdad que la mochila echa para atrás: botas, crampones, piolet, agua, comida, algo de ropa… ¡Alpinismo!


Por esto venimos...

Desde aquí salimos desencordados trepando los filos de arista que nos llevan hasta la cumbre de la segunda Cebolleda. Seguimos cabalgando hacia la tercera: después de destrepar con cuidado al collado entre las dos torres, nos encordamos de nuevo para un largo de IV muy guapo, que antes de estar en su base parece imposible...


Cumbre de la Tercera Cebolleda: paramos a comer y echar un trago. De nuevo, me pongo las botas (Fernando ya se hizo el largo de cuarto en botas el muy clasicorro).



Destrepes aéreos hacia los rápeles que nos llevarán hacia la Aguja del GUA: en uno a sesenta metros alcanzamos la reunión de su base. El día ya nos ha rendido bastante, así que desde aquí salimos hacia abajo. La opción de hacer el Gua y el espolón Oeste de Santa María hoy la dejamos. En las reuniones Fernando me va señalando cómo algunos de sus clavos y argollas son cosecha de Miguel: fabricación casera que están aquí aportando a la gente…

El Guide currando


En tres rápeles a tope de cuerda nos posamos de nuevo en la nieve que remonta a la Horcada de Santa María, que a esta hora de la tarde aún nos deja caminar bastante bien a pesar del calor. Las grietas de retracción nos hacen pensar en otros macizos.

El pateo de regreso hacia Vegarredonda se hace más llevadero al poder deslizar muchos cientos de metros por los neveros. Llegamos con sed para tomarnos una cerveza con limón en casa del Malo.
De vuelta en el coche compruebo la hora: las siete y media: doce horas y media casi sin parar. Con una buena fundida por mi parte, vamos comentando en el coche lo bien que lo hemos pasado. Gran jornada de montaña, que es lo que veníamos buscando.



Respecto a la vía, la roca quizá no está a la altura de sus vecinas, pero por otro lado, es una vía larga, moderada de grado y que no tiene prácticamente nada de material, con lo que da juego para practicar el cacharreo. Concluimos ambos que es una vía para coleccionistas. Nos alegramos de haberla hecho.

En estas semanas, mi amigo Alberto ha publicado un nuevo libro que ayuda a disfrutar de estos lugares tan espectaculares: Ediciones Cordillera Cantábrica
Ya apetece ponerse a caminar con ver la foto de la portada...

Picture

Gijón 5:20 h
Llovio 6:00 h
Pandecarmen 7:00 h
Pie de vía 10:00 h
Arista 14:00 h
Cumbre 3ª Cebolleda 15:00 h
Fin Rápeles 16:00 h
Vegarredonda 18:00 h
Pandecarmen 19:30 h

Con Fernando un placer, como siempre.
Al día siguiente, jueves, a currar como si tal cosa.

lunes, 13 de junio de 2016

Maestro, compañero y amigo irrepetible

Noto un vacío extraño.
Estos días, su ausencia se me hace muy patente y el pensamiento me lleva una y otra vez a él.

En los últimos tiempos no nos veíamos apenas. Mis ocupaciones lejos del monte nos hicieron vernos menos cada vez, pero cuando coincidíamos la cosa seguía como siempre. Me frustra pensar que tenía que haberlo llamado más. Haber quedado con él para ir al monte, para salir con la bici, o simplemente a tomar una cerveza.
Imagino que siempre es así; uno se da cuenta de las cosas cuando ya no tienen remedio. La vida te enreda y estamos condenados a repetir errores.


Algo parecido le había pasado con Estivi y con Javi, sus inseparables compañeros durante más de una década. No obstante, con ellos sí seguía hablando y viéndose de forma más regular.
En los últimos años salía de forma asidua con otros grandes amigos: Emilio, Larry, Dani y más gente. Con ellos había seguido como siempre, incansable, incombustible, explorando nuevas disciplinas, nuevos territorios, buscando la novedad.
Inquieto como pocos, también había retomado intensamente la pintura.


Nos conocimos hace casi veinticinco años, un día de verano. Lo recuerdo bien. Fue en la zona de escalada de Lañora: yo tenía unos diecisiete años y estaba escalando vías fáciles sin cuerda y por allí me encontré con un tipo de bigote que andaba haciendo lo mismo. Los dos habíamos ido en bicicleta. Por entonces, yo estaba empezando a escalar y él se estaba reincorporando después de unos cuantos años apartado del tema. Empezamos a hablar y pronto congeniamos.
En seguida nos adoptó a Elías y a mí, y nos fue llevando poco a poco por la senda del aprendizaje. Siempre fue de manera práctica, alejada de la docencia tradicional. Aquello desde luego no era un cursillo.

So, so you think you can tell heaven from hell, blue skys from pain.
Desde el primer día, todo lo que escalamos fue siempre largo a largo, alternando la cabeza de cuerda, sin concesiones. Fuimos subiendo el nivel de las vías conforme nosotros íbamos progresando y él recuperando la forma. Quizá a veces más rápido de la cuenta. Su actitud siempre fue crítica: había pocas concesiones para la autocomplacencia. Siempre se podía hacer mejor, más ligeros y especialmente más rápido.

can you tell a green field from a cold steel rail? a smile from a veil? do you think you can tell?

En aquella época él lo ponía casi todo: el coche, el material, el conocimiento… Nosotros la ilusión y las ganas de aprender. Gracias a él, sin ninguna duda, adelantamos años y años en el proceso de aprender a movernos por el monte.
En todo ese tiempo también seguíamos escalando con otros compañeros, de modo que no había exclusividad y también nos enfrentábamos a las cosas sin él.
Con el tiempo fuimos ganando experiencia, técnica y forma física, hasta el punto de ponernos a su nivel en algunas cosas. Sin embargo, en otras, yo al menos nunca fui capaz de seguirlo: en terreno sencillo de trepada, desencordados, simplemente se me escapaba de forma irremediable. Y creo que yo no me muevo mal ahí.
En aquellos primeros años, juntos repetimos algunas vías míticas abiertas por él, como “Antimateria” en el Agero o “Apocalipsis” al Pilar del Sella, en los Beyos. Con él hicimos Elías y yo nuestra primera vía a la Oeste del Picu: la “Leiva”. Más tarde, y con otros compañeros, repetí otras vías suyas como “Rescate emocional” o “El Manantial de la Noche” a la cara Sur de Peña Santa de Castilla, o “Cuélebre” a la cara Oeste de Urriellu. De todas ellas solo tengo buenas palabras: todas cinco estrellas.

And did they get you to trade your heros for ghosts? hot ashes for trees? hot air for a cool breeze? cold comfort for change?

Tengo pendientes otras vías suyas que espero poder hacer, como la “Rubén-Solís” al Fontán en Ubiña y otras más modernas en Picos. También hay algunas más creo que se me escaparán ya, como la “Oficio de Tinieblas” a la Peña Santa.

A lo largo de los años seguí escalando con él multitud de vías, especialmente en la zona de Horcados. Encadenamientos de varias vías en el día, combinando la escalada con la bicicleta…

Como conmigo y con Iñaki, hizo lo mismo con Eduardo y con otros. Los resultados son multitud de aperturas de nuevos itinerarios y gente influida por él y su estilo.

Encordado con él aprendí tanto en invierno como en verano cómo moverme por el monte, cómo interpretar el terreno y buscar las mejores opciones.
Juntos escalamos muchas veces sin cuerda, uno al lado del otro, vías fáciles en Quirós o en los Picos. Tanto en roca como en invierno.
Apasionado de la bicicleta de montaña conocía multitud de rincones: también pedaleamos juntos por pistas de montaña con buen y con mal tiempo.
Juntos conseguimos objetivos y también nos tuvimos que retirar. Muchas veces.

 and did you exchange a walk on part in the war for a lead role in a cage? 

Inquieto en todo, música clásica o de última tendencia, literatura, pintura...
Sus dibujos y croquis súper detallados nos guiaban por las paredes. Espectaculares. Junto con Cholo, años de dedicación recopilando información que se plasmó en la “Guía de escalada en los Picos”, publicación que llegamos a dudar viera la luz…



Nunca metió un comentario a este blog, aunque lo leía de siempre. Así me lo dijo pronto. Creo que le daba vergüenza, quizá ajena. Cuando algo de lo que yo contaba le llamaba la atención, o bien me mandaba un mensaje al móvil, o bien me llamaba directamente, casi siempre para darme consejo, siempre valioso para mí.



Su actitud siempre fue crítica y espartana. Espartana tanto en medios como en elogios: no es la flecha, sino el indio. Y el indio en general vale menos de lo que parece. En esa posición se ponía también a sí mismo de forma permanente.
Inconformista.
Iconoclasta.
Visionario. Buscador incansable de nuevos caminos, de nuevas aventuras, lejos siempre del asfalto y las multitudes.
Genial con las ocurrencias e irónico hasta la corrosión.


How i wish, how i wish you were here
Tantos porteos. Tantos vivacs. Tantas horas de coche juntos camino de las montañas. Tantas tardes haciendo Boulder en la playa. Tantas mañanas escuchando el “no dormí nada” después de una noche entera de ronquidos… Tanta risa pasada con sus ocurrencias.


we're just two lost souls swimming in a fish bowl, year after year, running over the same old ground. what have we found? the same old fears. wish you were here.

Maestro, compañero y amigo irrepetible.

Ya se te echa de menos. Y la cosa no va a hacer sino aumentar.

viernes, 13 de mayo de 2016

Apurando la nieve por Andara: Corredor NE al Jierru

Lunes 2 Mayo 2016
Juan y Juaco Piñera
Corredor NE del Jierru 2.424 m, (400 m, 2, II)


Después de una buena temporada sin suerte con la meteo, por fin llegó el día. La primavera ya muy avanzada hizo que nos apuntáramos a un plan refrendado por las referencias: como tantas veces, Fernando nos dio la idea. 
La vía en cuestión ya la tenía mirada muchas veces en la guía de Adrados: un corredor muy a mi nivel (fácil) y en el macizo Oriental de Picos, es decir, poco usual. 
El tema es que yo no controlaba muy bien dónde estaba, y desde luego me echaba para atrás la bajada, que Adrados describía poco más que dando la vuelta al Mundo… Pero Fer la describe muy directa y cómoda, así que, después de confirmar directamente con él que dispondremos de sus propias huellas para seguir, para allá que nos vamos.


A las seis salimos de Gijón con fresco dadas las fechas. A las ocho y cuarto estamos aparcados en las Vegas de Sotres, preparándonos.
La aproximación se hace larga por un lado, pero cómoda por otro. Larga porque casi desde que empiezas estás viendo todo lo que te falta, y es un buen desnivel. Cómoda porque hasta la mitad aproximadamente la hicimos en seco, y en cuanto pisamos nieve fue para poner los crampones, porque estaba como el mármol. Desde la pista de Aliva, una vez lo identificamos, se ve por dónde va el corredor: ¡qué buena pinta tiene! Como tantas veces, Salvi y Paco se apuntaron la primera: parece mentira que no se hubiera escalado antes de 2005.
Los algo más de mil metros de desnivel hasta la entrada nos llevan unas buenas dos horas, y desde hace rato vemos por detrás a otras tres figuras que vienen con las mismas intenciones. Más hacia atrás, se disfrutan imponentes vistas del Central, desde Peña Castil hasta Peña Olvidada. Apoyados contra el muro de caliza que da entrada al corredor preparamos los trastos; previsiblemente nos encordaremos pronto.



La canal va cerrándose y cogiendo ángulo. Monto una reunión a la derecha y sacamos las cuerdas, que pesan menos extendidas que en la mochila. Estiro los sesenta metros y monto otro anclaje de relevo ahora al lado izquierdo, a unos quince o veinte metros de un pequeño resalte en el que aflora el hielo.




El resalte es de apenas ocho metros y suave de ángulo, pero disfruto cada pioletazo que le doy. Aprovecho para meter los dos tornillos que he traído, uno largo al entrar y uno corto al salir. Podía haber asegurado en roca a la derecha, o incluso evitar el hielo vivo por la izquierda, pero he preferido aprovecharlo. Después vuelvo a la nieve más o menos helada y asegurando en roca por la derecha. Apuradas las cuerdas vienen los colegas rápidos por detrás.





Repetimos de nuevo la secuencia dos veces, apurando las cuerdas por terreno fácil y evidente, paralelos a una franja de roca que nos cierra y se curva a izquierdas. En el segundo de estos largos, cuando llevo unos cincuenta metros, estoy acercándome al segundo resalte de hielo, que se estrecha por la derecha bajo unos desplomes, y por la izquierda con llambrias de caliza. El espesor del hielo es justito para mí. Miro dónde colocar antes algún seguro decente o montar un nuevo relevo: no lo veo, así que decido tirar a por el resalte en directo, metiendo en su base un tornillo: el hielo está aquí algo podre y el roscar no me da buen rollo. Además, pinchando arriba, bastante estrecho, no tengo clara la salida a nieve. Miro a mi izquierda y decido destrepar e irme a por la otra opción de salida.
Monto un buen relevo al pie de una franja de roca que parece enlazar con nuevos corredorcillos nevados por encima.


Cuando llegan Juan y Juaco miran con inquietud hacia arriba: yo tampoco lo tengo claro del todo. Me pasan los pocos trastos que había colocado, y empiezo trepando en roca unos seis metros fáciles, con canalizos.


Salgo a un tramo de nieve, calentado ya por el sol, y que por momentos suena hueco. Con atención voy repartiendo el peso entre manos y pies, colocando algún fisurero o friend a la izquierda.
Apuro la nieve contra una nueva franja de roca, por encima de la cual vuelve a intuirse un nuevo tramo de nieve, ¿más fácil? Al salir veo que la cosa sigue similar. He de dosificar el material porque no hemos traído mucho, y la cosa exige atención. Me esfuerzo en concentrarme en cada movimiento: especialmente porque el sol ha estado cambiando la consistencia de la nieve, y según el apoyo, no transmite mucha seguridad.
En un momento dado me encuentro con la espalda apoyada en oposición contra un lomo de roca, con el pie izquierdo pisando nieve en proceso de desaparecer, el pie derecho abierto contra un diente de roca de un canalizo, las manos desnudas con un piolet en la derecha tirando con cariño, y la izquierda colocando un alien alto en una fisura.  El largo va exigiendo más de lo previsto, pero lo voy disfrutando.
Enlazo luego un nuevo tramo de nieve escasa y hueca, saliéndome cuando no da más de sí a la derecha, a buena roca, hasta alcanzar una pequeña arista de nieve, corta, y que da paso a otro corredor en sombra. Me quedan apenas cinco metros de cuerda y casi nada en el arnés. Meto un clavo universal en una fisura ciega y hago travesía descendente hacia la canal vecina, con cuidado de no desprender la poca nieve posada en las llambrias. Cuando ya la cuerda no da más de sí, inquieto ante el panorama, miro a mi izquierda y localizo un nuevo punto para clavar, esta vez una buena “v” (la única que tenía, por otro lado). La refuerzo con los dos últimos fisureros que me quedan y lo uno todo con una cinta larga donde coloco la placa de seguro en el mosquetón del camalot del 1, que, inútil donde estoy, es lo último que me queda en todo el arnés. Me anclo y aviso a los colegas para que suban.







Mientras aseguro, miro hacia abajo a la salida original por el resalte de hielo: viendo las huellas de Fernando y sus clientes en el fácil corredor superior, pensaba que había cambiado cuatro metros de resalte de hielo por cincuenta y pico metros de mixtos… Nos quedó un largo interesante, variado, que ha exigido escalar. Pipa lo pasé!



Salimos desde aquí ahora ya por pendientes nevadas fáciles, aún por remontar metros para la arista somital. Un nuevo largo de cuerda apurado y nos desencordamos para hacer cumbre. Antes, mientras recogemos las cuerdas, comemos algo al sol que pega de lo lindo, parando por primera vez desde que empezamos.



Desde la cumbre admiramos las vistas, identificamos cumbres tanto del Oriental como del Central, las vistas al mar...
Nos queda ahora la incertidumbre final del descenso. La guía de Adrados propone recorrer todo el macizo de Andara, para acabar bajando por el Casetón y de allí a la carretera de Sotres a Tresviso. Claramente una paliza en sí mismo, y más teniendo el coche en las Vegas. Fernando ya me dejó claro que por la Canal Lechugales primero y girando luego hacia la derecha se enlaza fácilmente con la Canal de Jierro por la que subíamos esta mañana. Y que, en principio sin dificultades técnicas, se llega al coche en mucho menos tiempo. Nos preguntábamos si incluso no sería más razonable la bajada por Jidiello antes de la “opción Adrados”. Sospecho que no ha hecho el corredor y bajado por donde propone…



Al pie del resalte que da paso a la cumbre de la Morra (apenas unos quince metros de desnivel) con chupetón de hielo colgando incluido, decidimos tirar para abajo dando por concluida la ascensión con nuestra cumbre original. La canal de Leguchales tiene la nieve muy recalentada por el sol y se hacen buenos zuecos a pesar del antiboot. Controlamos los 80 metros de desnivel que me dio de referencia Fernando y efectivamente vemos sus huellas girar a derechas hacia un collado colgado. Desde aquí, cada vez más encajados, vamos bajando rápidamente y sin problemas hasta enlazar la canal de la mañana. Ya con las cabañas de las Vegas a la vista, simplemente disfrutamos primero deslizando por la nieve, y luego observando las flores, las vacas y las ovejas. La primavera se abre paso a toda velocidad y la nieve está en fuga.




Llegando abajo, una mirada atrás, vemos a los tres que nos seguían esta mañana ya bajando la parte baja canal.
A las cinco y media estamos cambiándonos en el coche, felices y contentos con esta actividad tan guapa.

Material utilizado (lo usamos todo…):

  • medio juego de fisureros
  • allien del 1, camalot 0.5, 0.75 y 1
  • un clavo universal y una “v”
  • 1 tornillo corto y uno largo
  • seis express extensibles

En la vía encontramos únicamente 1 clavo casero a la entrada dela canal y una reunión de dos clavos con cordino y mosquetón encima del primer resalte de hielo.

La mitad de las fotos de Juan.
Un gran día, descubriendo nuevo terreno para nosotros. Vía muy recomendable. Con los hermanos, como siempre, un placer.

Gijón 6:00 h
Vegas de Sotres 8:30 h
Pie de canal 10:30 h
Arista 14:30 h
Cumbre 15:00 h
Vegas de Sotres 17:30 h
Gijón 20:00 h