LA MONTAÑA COMO PASIÓN, COMO ESCENARIO INFINITO SOBRE EL QUE DISFRUTAR INTENSAMENTE DE LA VIDA,
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DONDE LOS AMIGOS, EL ESTILO Y LAS FORMAS CUENTAN, Y MUCHO

viernes, 13 de noviembre de 2020

Cainejo: Navegación por la Este del Picu

Viernes 4 Septiembre 2020

Alberto Boza

Picu Urriellu (2.519 m) Combinación Cainejo-Nani-Rompetobillos (300 m, 6a+)


En este año tan raro se me había pasado el verano sin pena ni gloria. Desde luego había escalado muy poco, cosa por otra parte bastante habitual últimamente... 

La propuesta de Boza me pareció buena: yo ya había hecho la Cainejo dos veces, pero habían pasado unos veinte años. La primera vez fue con Elías, hasta debajo del desplome, y de ahí creo que rapelamos. No recuerdo ningún incidente. La segunda vez fue con Brojos, en una concentración de escaladores en la Vega, la hicimos hasta cumbre, y recuerdo un escalar fluido, menos en el desplome que me colgué a reposar... Esta vez iba a ser muy diferente.

Nos juntamos en Arenas y salimos para arriba en la furgo de Alberto, mascarilla puesta y tal. Charla animada después de una temporada sin vernos. La pista hacia Pandébano más detrozada de lo que yo la haya visto jamás, con mi choche dudo que hubiera podido pasar. El parking totalmente saturado: me recordaba los veranos de finales de los 90, puede que incluso más.

Una vez arrancamos Alberto pone la marcheta y me sube a ritmo: el justo para que yo crea que puedo hablar a la vez que remonto las cuestas, pero la verdad es que voy muy alto de pulsaciones y él va de pancho. Cosa de la falta de forma. Por el camino hay gente subiendo y bajado; se ve mucho movimiento.

Remontando la Celada empezamos a visualizar la cara Este: cordadas arrancando en la Cepeda, en la Amistad, la Pidal, gente hacia la Sur, gente por el pie de la pared... Conforme recorremos los últimos metros vemos a dos tipos que avanzan al pie de vía de la Cainejo: bingo. Al llegar vemos cómo se preparan y pensamos que no van a ser ningún problema: por las trazas y la forma de moverse, tienen pinta de que van a ser rápidos.

Nos preparamos una vez han levantado un largo, y salgo yo delante a por la primera tirada. Pronto me doy cuenta de que hoy mejor me pongo a chupar rueda. Las sensaciones no acompañan. Llega Boza y ya lo aviso: "qué cabrón" me dice. 


Él arranca a por la navegación de la segunda tirada con maestría. La roca de la Este sigue siendo la misma de siempre. Su increíble tacto no ha cambiado. Soy yo que hoy no me veo: los pasos me parecen difíciles, los separados entre seguros inasumibles, el ángulo más vertical...

El tercer largo es el fino de placa, 6a+ le da la guía editada por mi compañero y cuatro chapas más un puente de roca. Entrando en la secuencia hace que Boza lo mire bastante, algo no le cuadra. Después de un rato pasa y llega a la reunión. Yo de segundo voy bien, pero en la secuencia me doy cuenta de que de primero por ahí iba a echar humo. Me comenta Alberto que han quitado una de las chapas. Es raro porque la chapa en cuestión llevaba puesta 25 años... Cosas de los reequipamientos.



La cordada de encima avanza aunque Alberto tiene que esperar a ratos.

Sigo sin buenas sensaciones así que me mantengo en retaguardia. El cuarto largo es más fácil, V, pero también de navegación, de segundo un placer.

Una tirada más corta, la quinta, V+, nos deja debajo del desplome, donde los chavales que nos preceden luchan por hacerlo en libre (sin éxito). 




 Aquí nuestro plan es cruzar a la izquierda hacia la Nani. Me veo mejor (y Boza me empuja a ponerme delante), así que arranco en diagonal a la izquierda, hasta los bloques en que cruza la otra vía. Remonto unos metros más y hago reunión en el nicho de abajo; en el nicho de encima tenemos otra cordada, de conocidos en este caso: Carlos Llerandi y un compañero. Hoy hay mucho tráfico por aquí.

El siguiente largo marca V+, pero no es la navegación de la Cainejo, son pasos más claros, aunque algo atléticos.

Escalada placer. Tengo buenas sensaciones. El siguiente largo de IV nos deja en una hoquedad en la que alcanzamos a otra cordada más. 

Decidimos hacer travesía hacia la derecha a por el paso del Rompetobillos de la salida clásica de la Cepeda, a pesar de mi miedo a que allí haya un verdadero atasco...

Una vez allí, hacemos algo de cola aunque pasa rápido, y Boza me vuelve a empujar a tirar delante. De mano no me apetecía, pero luego se lo agradezco: salgo con bastante dignidad (he hecho ese paso muchísimas veces y no siempre tan fluido como hoy).

Del agujero al anfiteatro, y de allí a la cumbre, concurrida, con gente saliendo de la Oeste, de la Norte, de la Sur... Muy ínitimo no fue el momento.



Rapelamos sin incidencias detrás de dos chavales que están haciendo las cuatro caras en el día, vaya gallos (más gallo Boza que lo hizo saliendo de Pandébano hace unos años). 

La bajada de vuelta al coche amenizada por los encuentros con amigos: Edu Astudillo, José Camino y otros. 

Comentamos lo guapa que queda esta combinación, y que al final escalas diez largos entre una cosa y otra. En el coche, mascarillas de nuevo. Cerveza en Ortiguero y contentos cada uno para su casa.

En esta ocasión Urriellu me ha recordado otras épocas, mediados de los 90, cuando entrabas a la Oeste y en tu vía había cuatro o cinco cordadas... Por un lado contento, por otro un poco superado con tanto personal...

Con Boza un placer, como siempre. A ver si para la siguiente no le coloco toda la escalada dura a él...







martes, 29 de septiembre de 2020

Avanzando en el descubrimiento

Las cosas sencillas suelen ser las mejores. Y el contacto cercano con la naturaleza es, en mi opinión, esencial.

Los niños de hoy día viven inmersos en un mundo muy rápido, muy lleno de cosas, rodeados permanentemente de estímulos, no siempre positivos. Apenas les dejamos tiempo para aburrirse, ni tampoco suelen tener que sudar demasiado la camiseta para ganarse las recompensas. Y ambas cosas son necesarias. 

Estar cerca del suelo, de lo real y de lo básico, ayuda a coger referencias y asentar criterio. 




Una noche en una cabaña, cuando es la primera, es toda una aventura. Atizar la chimenea. Calentar la cena en el hornillo. Preparar los sacos de dormir. Salir a hacer un pis en mitad de la oscuridad y la niebla de la majada. Recibimos la visita tardía de Iñaki, que mientras nos tomamos tranquilamente una cerveza nos habla de cosas interesantes para todos. Jimena poco a poco se va echando y para cuando Iñaki se va, ya está dormida... 

Por la mañana desayunamos tranquilamente al sol. Luego nos vamos de paseo hasta la Cotorra de Escobaño. Desde Vegabaño se va en poco tiempo, y como además ya es una cumbre conocida, disfrutamos la subida. A la bajada, aún entrando en el bosque, sorprendemos a un corzo que subía hacia nosotros. A los pocos metros, nos sale otro que huye saltando veloz hacia Carombo. Desde ese momento caminamos en silencio con la esperanza de ver más. No hubo más suerte: bastante tuvimos.




Esa misma tarde arrancamos de nuevo, esta vez más cargados, con intención de acampar a nuestro aire.

La situación actual de regulación, en general de todas las cosas, está en máximos. Un Parque Nacional no va a ser la excepción. Algo tan sencillo como subir al monte, plantar una tienda al anochecer, dormir, y al día siguiente desmontarla e irte, sin dejar huella alguna, resulta que está prohibido en casi todas partes. 


Consciente de que no conviene buscarse problemas gratis, a media tarde pasamos discretamente por la majada, evitando las zonas transitadas, ocultos tras las hayas frondosas. Superada la zona cercana al refugio, y a esta hora, las probabilidades de encontrarnos gente se reducen mucho, y vamos más relajados. Relajados aunque no demasiado: la cuesta y el peso se hacen notar. Hacemos paradas para descansar. La mochila pesa, y la sed parece que nos acosa. Una vez salimos del bosque, el paisaje se abre y disfrutamos de las vistas. Jimena ya no quiere subir más. A lo lejos las yeguas de Jose Luis se recortan contra el cielo. Remontamos los prados. Superamos el cadáver de una vaca, bastante aprovechado ya por los carroñeros. Esto sirve para despistar cansancios por un rato...



Después de bastante subir camperas y rodear bloques, cercanos ya al collado, encontramos un pequeño rellano donde plantar nuestra tienda. Una atalaya en la ladera, con imponentes vistas desde Peña Beza al perfil del Cornión, Vegabaño, el bosque de Cuestafría, el Frade, Llos, la Bermeja. Las nubes y la niebla juegan por las laderas, abriendo y cerrando la perspectiva. Montamos nuestra pequeña casa azul. Seguramente desde abajo no se vea...


Una vez montado el campamento, subimos a coger red para hablar con mamá: en la arista entra la señal: mandamos besos a casa. Aprovechamos para hacer cumbre en la cercana pica Neón. Sentados comiendo gominolas observamos el ganado pastando bajo nosotros. En la luz declinante, comentamos lo que nos han dicho de que una manada de lobos patrulla la zona...

Bajamos a la tienda anocheciendo. La luna llena se empieza a levantar. Aparece a ratos entre las nubes algodonosas. Abrigados, cenamos y nos acostamos. Para cuando dan las diez estamos en los sacos. Al poco rato todos dormimos. 

En mitad de la noche me despierto: no sé por qué. De repente escucho unos ruidos raros. Son como llantos. Medio dormido no entiendo qué es. Inquieto, especulo sobre cuál puede ser su origen... Al rato el sueño me vence.

Son las siete y Javi ya no para de moverse. Ayer ya me dijo que quería madrugar para salir con la cámara a ver si coge despistado algún rebeco. Se viste con todo, hace frío fuera, y sale en la tenue luz. Solo.


Lo dejo un rato a su aire y luego me uno a él. Juntos buscamos en silencio con los prismáticos. El amanecer es espectacular. Le nombro los picos que nos rodean. Observamos las nubes, el sol asomando. No hay suerte hoy con los bichos. 

Saludamos a un pastor que sube a ver el ganado. Nos pregunta si oímos anoche a los lobos. Ahora ya sé qué fue lo que me despertó anoche y que me parecían llantos: era la manada residente, aullando a la luna llena.

Cuando el sol da a la tienda vamos a despertar a la Bella Durmiente. Ha dormido como en casa... 

Desayunamos sentados en las esterillas: un nesquik caliente con cereales, galletas, alguna magdalena. Aquí arriba todo sabe tan bien!  Les saco fotos a los niños. Creo que estos momentos son importantes para ellos. Pero estoy totalmente seguro de que lo son para mí.  


Desmontamos la tienda, recogemos los trastos, hacemos las mochilas, y arrancamos de vuelta para el pueblo.

Apenas dos días en la montaña. Pero unas horas intensas y una experiencia magnífica. Confío en poder ayudarles a seguir avanzando en el descubrimiento.


sábado, 22 de agosto de 2020

Integral del Cornión

Sábado 25 y domingo 26 Julio 2020

Rubén Díaz

Integral del Cornión: Torres Argaos-Torres Cebolledas-Aguja GUA-Torre Santa María-Torre Horcada-Torre En medio-Tres Marías-Torre del Torco-Peña Santa de Castilla

 

Hay líneas tan evidentes que no hace falta que nadie te las explique. Están ahí llamándote por sí mismas.

La Integral del Cornión es uno de esos ejemplos.

El Cornión es el Macizo Occidental de Picos de Europa, el más grande en superficie de los tres, cuya cumbre más alta, Peña Santa de Castilla, es una de mis montañas favoritas.

La Integral del Cornión consiste de una línea natural de cumbres que forma la espina dorsal del macizo de forma continua, sin apenas collados ni interrupciones, para terminar en su cota más alta y más imponente, la Peña Santa, la Perla de los Picos.

Recorrer esta línea de cumbres en el día está al alcance de pocos. Nosotros, conscientes de nuestras limitaciones, nos la planteamos con una noche de por medio. Esto hace que, aunque sigas teniendo que escalar (trepar en realidad; la mayor parte del terreno es sencillo) rápido y sin cuerda lo máximo posible, ahora vayas lastrado por el peso extra del material de vivac y la comida adicional. Pero esto es lo que venimos a buscar, nuestra aventura particular en los Picos. Y la encontraremos.

El recorrido empieza en el collado de la Fragua, a unos 1.900 metros.  Para llegar aquí nosotros invertimos dos horas de aproximación desde el coche en Pandecarmen (salimos a las 8:00 h, son unos 900 metros positivos), cargando cada uno con una cuerda, algo de hierro (poco), arnés, gatos, saco, esterilla, ropa, agua, comida, frontal… En total unos 13 kilos de mochila que se convertirán en el principal obstáculo del día.

En la subida a Vegarredonda nos partimos de risa con algunos de estos que nosotros llamamos “carrerinas”, tan de moda hoy día, con sus mallas, sus gafas y sus zapatillas especializadas, muy preparaos ellos, que intentan correr cuesta arriba y apenas consiguen descolgarnos a nosotros dos, puretas, de botas, bastante cargados y además de tranqui, dosificando para la larga jornada que tenemos por delante. Les falta monte y les sobran pijadas. Me pillan en otro momento y les arranco las pegatinas (yo de botas y de mochila).


Llegamos a collada de La Fragua las 10:00 h. La collada separa la Porra la Altiquera del Primer Argao, puntode inicio de la Integral. Podría considerarse la Altiquera la primera cumbre, pero se suele descontar.

Parada a comer y beber algo, y a poner el arnés y los fierros al mismo, que no hacen falta, pero todo sea por aligerar un poco los hombros.

El día está claro y hace algo de viento, esto nos refrescará y hará que deshidratemos menos. A ver si no aumenta y empieza a ser un problema…

Tenemos por delante unas once horas y media de luz, y un largo camino por recorrer. No sabemos aún hasta dónde vamos a llegar.  No hay problema, un hueco para tirar el saco, malo será…

 

Argaos:


Aquí empieza nuestra escalada, que recorre primero la dentada cresta de los Argaos: unas cinco o seis  cumbres de entre 2.024 metros el primero y 2.238 metros el último, que suben y bajan, a veces sencillos, a veces afilados. Este tramo lo hicimos entero desencordados, con cuidado en algún punto, pero sin problema.En la cresta adelantamos a tres tíos, vascos creo.


Al terminar los Argaos hay un collado verde, el Mosquil de Cebolledas, donde hacemos otra parada para comer y beber. Este collado da paso al segundo grupo de Torres, más grandes estas ya, las Cebolledas.

 

Torres Cebolledas:

 

Las Torres Cebolledas, las tres de altura similar en torno a los 2400 metros, presentan dificultades variables en función de por dónde las ataques. Las tres son muy alpinas y con paredes vertiginosas al Norte y al Sur. La primera, la tomamos por el lado Norte, aprovechando unas viras  verdes y escalando roca solo el tramo final. Casi se agradece los tramos de trepar donde repartes esfuerzo entre brazos y piernas. A la segunda pasamos por el propio filo calizo, siempre desencordados.

 


 


Cuando destrepamos al collado con la tercera Torre, paso aéreo, alcanzamos en el mismo a una cordada en la base del largo de IV grado que da paso a la cumbre de la Tercera. Tras vernos llegar veloces, amablemente nos ceden el paso: nosotros sin dudarlo aprovechamos el favor agradeciéndoselo. Por primera vez en el día nos encordamos. Rubén tira delante en gatos, yo detrás en botas. Largo bonito de escalar, roca buenísima.

Cumbre (2.445 m). Recogemos la cuerda, Rubén se pone de nuevo las botas, y cresteamos un tramo hasta montar un rápel de 30 metros, el primero del día, que, con un destrepe añadido, nos deja en la base de la siguiente cumbre: la aguja del GUA. Esta es una aguja secundaria pero igualmente bonita,  con una caliza excepcional.


Aguja GUA:

 


Escalamos el GUA (2.386 m) de nuevo sin cuerda y flanqueamos su cumbre para destrepar por el otro lado hasta llegar a un nuevo rápel, el segundo del día, corto, aéreo, que nos ahorra un destrepe delicado.

 

Peña Santa de Enol:


 


 


Estamos ya en el collado con Peña Santa de Enol.  Esta la escalaremos por su espolón Oeste: estupenda vía de 3 largos en torno a IV grado, con roca excelente, con unas vistas espectaculares. El primero yo, el segundo Rubén, el tercero yo. Lo hicimos sacando aquí las dos cuerdas (para quitar peso a la espalda) y de gatos (los guides, que son muy finos ellos, se lo hacen de botas).


Cumbre de Peña Santa de Enol (2.478 m), son las dos y media de la tarde.

 

Nueva parada a comer y beber. Recogemos las cuerdas y salimos hacia abajo por la Grieta Rubia, la vía normal: destrepe aéreo, delicado de roca por zonas, donde no hay margen de error. Adelantamos a un tipo en solitario que nos sigue como referencia, pasándolo mal en el último tramo antes de la Horcada, algo que ya le habíamos advertido…

 

Hasta aquí, en línea recta, sin contar rodeos ni subidas y bajadas, la cresta ya suma unos dos kilómetros.

Estamos en la Horcada de Santa María, son las tres de la tarde, vamos bien, pero el sol, la mochila y la xatada ya empiezan a pasar factura. Ya no vamos tan ligeros como antes. Con todo, hasta aquí hemos invertido una hora menos que el año pasado (solo hicimos este tramo entonces), a pesar del peso extra. Es decir, vamos bien.

Tras breve un reposo salimos hacia la collada entre la Torre de la Horcada y la de En medio. Cruzamos ahora neveros y remontamos pedreras. Intentamos coger agua en un desagüe de nieve. Observamos de pasada los abundantes fósiles marinos desperdigados, sin ánimo de coger ninguno, no está la cosa para añadir peso…




Torre de la Horcada:

En la collada tiramos las mochilas y salimos a por la Torre de la Horcada: trepada aérea de chimenea, más difícil de lo que recordábamos ambos, yo hace muchos años que no paso por aquí. Foto de cumbre (2.447 metros) y para abajo, el destrepe me resulta difícil e inquitante. Si hubiéramos subido una cuerda, yo sin duda habría rapelado…


De nuevo en el collado (2.401 m) comentamos que nos falta frescura ya… se notan las horas, los metros recorridos y el sol en la cabeza.


Torre de En medio:

 

Recogemos las mochilas y nos vamos hacia la Torre de En medio (2.459 m). Después de hacer la cumbre, destrepamos hacia el Sur hasta una terraza. Aquí se concentra ahora nuestra mayor incertidumbre del día: tenemos por delante el tramo que no controlamos y que por relatos leídos puede ser “entretenido”. Hay que hacer un vertiginoso descenso de 150 metros, muy verticales, y sin escape fácil si tenemos un problema en medio. Sabemos que si hacemos este tramo sin problemas, tenemos muchas posibilidades de cumplir nuestro objetivo.


El primer montaje de rápel consiste en un trozo de cuerda rodeando un bloque enorme, tendrá unos ocho o diez metros de perímetro. Está descolorido y no tiene buena pinta, pero creemos que lo cambió Fernando en su repetición invernal del año pasado… Por si acaso, yo refuerzo con dos Friends sin carga para que baje delante Rubén.



El viendo azota las cuerdas hacia el lado del JouSantu, y le lleva un buen rato bajar y encontrar la reunión. Cuando me toca, desmonto el refuerzo de Friends y me confío al descolorido trozo de cuerda. El rápel es largo, unos 50 metros, y muy aéreo, los muros enormes, compactos, intimidantes. Ahora me alegro de venir con dos cuerdas y no con una y un cordino de kevlar como nos planteamos, por aligerar…

Llego a la reunión con Rubén: muy colgada, tres clavos a cañón y un spit. Unidos por cordino reguleros, que ahora sí, reforzamos con alguno nuestro. Confiamos en que las cuerdas recuperen bien, y así es a pesar del viento. 

Tiro yo delante ahora, muros tiesos, lucha con las cuerdas para llevarlas al sitio. El nudo bloqueador se hace necesario al menos tres veces para poder organizar el tema. 50 metros más abajo llego a una repisa más cómoda con un relevo con tres clavos buenos, y cordinos con buen color. El último rápel vuelve a ser largo y muy aéreo. Este el que más: los últimos 15 o 20 metros vas separado de la pared, y para cuando tocas suelo estás al menos a 6 metros de la misma. Tremendo. Con razón algunos lo llamaron “la madre de todas las bajadas”. Con todo, cuando llega Rubén y recuperamos cuerdas miro el reloj: nos ha llevado una hora. Muy bien.


En este punto, tras este tremendo descenso, no podemos evitar pensar en relatos novelescos y fantasiosos que circulan en el imaginario alpinístico asturiano hace décadas. En fin…

 

Tres Marías:

Estamos ahora más relajados de cabeza.

Tenemos por delante ahora el tramo de las Marías. Primero por la vertiente del JouSantu, trepando roca compacta, buscando el mejor recorrido, a ratos placas, a ratos filos. Avanzamos desencordados y de botas.


La distancia engaña, el Torco que vemos tan lejano, no lo está tanto. Cuando nos acercamos a la Tercera María vemos de lejos una canal que la recorre y que termina aparentemente en un tramo tieso: ese va a ser el largo que nos comentaba Fer,  que hay que atarse y escalar con atención. Así es, llegamos al sitio y tras montar una reunión, escalo un diedro chimenea lavado, que me hace apretar más de lo previsto. Después simplemente estiro las cuerdas hasta la arista, cincuenta metros más arriba.

 



De esta cumbre, después de crestear un rato, hacemos cumbre en la segunda María, y después un rápel corto pero agradecido, el destrepe alternativo habría sido muy aéreo para nuestras cabezas cansadas.

 



Afrontamos la Primera María, pero rápidamente vemos la lógica de flanquearla por el Oeste hasta el collado con el Torco: canalizos demasiado compactos de frente.

En el collado tiramos las mochilas y trepamos a pelo con sumo cuidado hasta su cumbre: tiene unos seis u ocho metros delicados. Cumbre y destrepe al collado, de nuevo con sumo cuidado.

 

Torre del Torco:

 



 Ahora nos queda el Torco, que se sube andando. Diez minutos más tarde estamos en su cumbre: son las ocho y cuarto de la tarde. Hemos invertido diez horas hasta aquí. Estamos muy contentos.

 

La bajada del Torco la hacemos por su normal, y esta no es nada a despreciar: es aérea y tiene unos neveros muy serios, huecos por el interior, que los hacen peligrosos. Destrepamos por un lateral, luego pasamos un túnel por debajo del nevero, al otro lado. Intentamos cargar agua a las botellas en un drenaje. Luego hay que buscar el mejor camino para llegar abajo. Este tramo nos lleva más de una hora.


 

En el declinar de la luz de la tarde buscamos un sitio donde tirar los sacos, en las inmediaciones de la fuente de las Balas. Después de posar las cosas nos vamos a ver si da agua, nuestra última preocupación: afortunadamente mana bien, y podemos beber sin preocupaciones.

 

Cenamos y nos tiramos en los sacos. Estamos contentos por nuestra actividad, todo ha salido como esperábamos.

Tirado en el saco, en silencio, recuerdo la primera vez que subí a Peña Santa. Fue en el año 1992. Iba con mi amigo Iñaki, y queríamos controlar la Canal Estrecha, como vía normal y de descenso, porque al día siguiente queríamos escalar la Sur Clásica (500 m, V). Iba a ser nuestra primera vía larga. Esa tarde hicimos la Estrecha y la cumbre a la Peña Santa, solos. Al día siguiente hicimos la Sur Clásica, solos en la pared. Gracias a unos chavales que en Vega Huerta nos dejaron unos fisureros. No teníamos casi nada de material. Teníamos 17 años. 

Yo tengo 45 años y Rubén 46, o 47. Toda la gente que nos cruzamos en el recorrido eran más o menos como nosotros. ¿No hay relevo? ¿Dónde está la juventud? ¿Qué está haciendo la chavalería? Se están perdiendo algo realmente increíble. Con estas reflexiones me quedo roque.

Dormimos regular: el suelo del vivac está inclinado y nosotros demasiado cansados para conciliar bien el sueño.

 

Peña Santa de Castilla:

A las ocho de la mañana ya estamos desayunando. El día está claro. Salimos hacia Peña Santa con una cuerda, el arnés, los gatos y una botella de agua. Nuestra intención inicial es subir por la ruta original, que ninguno de los dos conocemos. Remontamos por el nevero hasta al lado de la Forcadona, aquí nos salimos a la izquierda por gradas fáciles buscando el paso más lógico. Hemos ganado bastante altura, hasta una cueva de la que hemos oído referencias, pero en este punto no vemos paso evidente para una cordada del siglo XIX. Decidimos destrepar a buscar otro paso más abajo a la izquierda. Los puntos que nos parecen más evidentes nos obligarían a trepar en llambrias finas. La otra alternativa que vemos es sobre roca dudosa. No lo vemos. Después de debatir la situación, decidimos bajar todo lo ganado y subir por la Canal Estrecha.

Todo este periplo nos ha ocupado más de hora y media, pero una vez en la Canal, nos ponemos los gatos y ganamos altura a gran velocidad.

En pocos minutos estamos en la Brecha Norte, y poco después, tras sortear las trepadas y llambrias del lado norte, llegamos a la cumbre. Son las diez de la mañana. Aquí hemos completado nuestra versión de la Integral. Otras versiones, más estrictas, continúan cresteando hacia el espolón Asturias. Estamos solos en la cumbre disfrutando de las vistas en 360 grados. Muy contentos.

 

Al cabo de un rato iniciamos el descenso. Cruzamos a varias parejas que vienen ascendiendo. En la Canal rapelamos tranquilamente, sin gente por encima.

 

Una vez fuera de la canal, bajamos destrepando ligeros hasta el nevero y nos dejamos deslizar felices en dirección a nuestro vivac. Allí nos tiramos a descansar un rato, comer y beber, antes de echarnos a la espalda las mochilas para el largo descenso.

 

La bajada se nos hace dura, muy dura, por el calor y lo cansados que vamos.

Por citar a Amandi, rosca, llanta, walkingdead, corpo-escombro, estoy Malhoy…

Tres horas más tarde estamos en Pandecarmen.

El tramo final desde Vega La Piedra se me ha hecho eterno.

 

Todo llega y todo pasa. En el coche nos cambiamos de ropa, de calzado, repartimos los trastos de cada uno, nos ponemos la puta mascarilla, y arrancamos pa casa.

 

Resumen:

Sábado 25 de Julio

Pandecarmen: inicio a las 8:00 h

Argaos  Inicio a las 10:00 h Sin encordar

Cebolledas: 1 largo a la tercera, 1 rápel 30 m a la base GUA Tercera torre cumbre 12:55 h

GUA sin encordar, 1 rápel al collado con Santa María, cumbre GUA 13:20 h

Santa María: 3 largos espolón Oeste (IV), destrepe grieta Rubia, cumbre Santa María 14:30 h

Horcada Santa María: recoger 2 botellas de agua escondidas, 15:00 h

Torre de la Horcada: sin encordar, ojito al destrepe, cumbre 15:55 h

Torre de Enmedio, caminando.Cumbre 16:15 h. Descenso en 3 rápeles de 50 m muy aéreos, especialmente el último, volado, inicio rápel 16: 45h, suelo 17:45 h

Tercera María a pelo hasta un largo de chimenea (IV), paso jodido con mochila pesada

Segunda María a pelo, fácil, rápel corto

Primera María: flanqueo lado de las Pozas, mochilas al collado, trepada fina a pelo y destrepe

Torco: subida andando, cumbre a las 20:15 h, bajada hacia JouSantudelicada por nevero grande e inestable, muy hueco, túnel, destrepe lateral, carga agua en goteos

Vivac cerca de la Fuente de las Balas 22:00 h

Domingo 26 de Julio

Peña Santa: intento a la vía original, trepada hasta casi la altura de la Brecha Norte, no lo vemos claro, destrepe y Estrecha. De gatos. Cumbre 10:30 h.

Bajada 13:30  a 17:30 h. Bajada dura, sol, cansancio, peso mochilas, 3.5 horas al coche.

 

Mochila aproximada (cada uno):

Cuerda 3.5 kg

Hierro 2 kg

Gatos 0.5 kg

Arnés 0.5 kg

Comida 1.5 kg

Agua 2.5 kg

Saco 1.5 kg

Ropa 1.5 kg

Otros 0.5 kg

 

Nuestro material (entre los dos):

2 cuerdas 8.1 mm

6 express

5 friends

1 juego fisureros

Cintas y cordinos

1 Maza y 4 clavos

 

Nuestros largos encordados:

Tercera Cebolleda: 1 largo IV (40 m)

Torre Santa María: 3 largos IV (140 m)

Segunda María: 1 largo IV (50 m)

 

Nuestros rápeles:

Tercera Cebolleda: 1 de 30 m

GUA: 1 de 20m

Torre de En medio: 3 de 50 m, aéreos. Convendría cambiar el cordino del primero (10-12 m)

Segunda María: 1 de 20 m

Torco: 1 de 30 m (hay opción de hacer más)

Peña Santa 3 de 30 m

 

Resumen aproximado:

Argaos (IV-, 1000 m)

Cebolledas (IV+, 1000 m)

GUA (III, 60 m)

Peña Santa Enol, Espolón Oeste (IV, 150 m)

Torre de la Horcada (III+, 60 m)

Torre de En medio (II)

Marías (IV+, 500 m)

Torre del Torco (II)

Peña Santa Castilla (III+, 200 m)

 

Conclusiones:

Una nueva aventura completada. Esta largamente deseada. De la experiencia vivida destaca especialmente la coordinación perfecta con mi compañero Rubén.

También destacar que se me caerá la uña del dedo gordo del pie derecho.


La clave para tener éxito en esta actividad es para mí doble:

Primero elegir bien el equipo que llevas, aligerando todo lo posible para minimizar el peso de la mochila. Segundo, la capacidad personal y elegir bien el compañero: por longitud, conviene escalar lo máximo posible sin cuerda, pero a la vez, los dos tenemos que estar muy alineados: cuando uno quiere encordarse, que el otro lo sugiera por delante. Cuando uno cree mejor destrepar, que al otro le parezca lo adecuado.

Rubén y yo estamos así: pensamos lo mismo sin apenas hablar. Y él escala muy bien, rápido y seguro el terreno de grado fácil sin encordar.

 

Gracias por el apoyo directo a Fernando, Kico y Martín por las referencias y datos. Gracias  también a Alberto Boza. Indirectamente también a Augusto y la entrada en su blog.

Como ya han pasado unos cuantos días y uno en casa es muy valiente, analizando los datos, ya tengo reto para el año que viene (cadera funcional mediante): completar la integral pero en un solo día. Nosotros salimos de la Fragua a las 10 de la mañana, después de 2 horas de pateo porteando, y llegamos al Torco a las 20. Si dormimos en la Fragua, empezamos dos horas antes (las 8), si no llevamos peso extra de saco y comida, escalamos igual de bien y no tenemos contratiempos, tenemos que llegar a Peña Santa…

Hay que ver qué bravo soy desde el sofá…