LA MONTAÑA COMO PASIÓN, COMO ESCENARIO INFINITO SOBRE EL QUE DISFRUTAR INTENSAMENTE DE LA VIDA,
DONDE ESCALAR, ESQUIAR, PEDALEAR, CORRER, CAMINAR...
DONDE LOS AMIGOS, EL ESTILO Y LAS FORMAS CUENTAN, Y MUCHO

viernes, 22 de junio de 2018

Ecce homo. Roca en los Picos.

20 Mayo 2018
José Antonio Estévez
Sureste de Peña Olvidada “Ecce Homo” 170 m, 6b


Allende, el Agero, Fuentedé, escalar en Picos… Hubo una época en que esto era pura rutina para mí. Bueno para mí y para Estivi. La vida avanza, las cosas cambian, y un fin de semana como este se convierte en algo totalmente excepcional. Claro que Javi sigue igual.

El sábado de tarde nos vamos a Allende, para subir a la cabaña del Agero a tomarnos una cerveza con Miguel.
Somos cuatro: Javi, Jose Ramón, Estivi y yo. Nos sentamos bajo las encinas, rodeados de bloques de caliza que ocultan parcialmente la vista a las paredes, en la luz de la tarde, con los colores y las fragancias de la primavera.
Miguel está allí físicamente, de eso nos encargamos hace ya dos años. Pero sobre todo está allí en espíritu. O así lo percibimos nosotros.

La bajada la hacemos por una zona desconocida para mí. Bosque antiguo, sectores tranquilos, luz declinante, charleta.
La cena en casa de Javi se hace amena. Nos reímos y recordamos. Al día siguiente nosotros nos vamos a Picos a escalar algo, así que nos acostamos pronto.


El horario del teleférico sigue en modo invierno, el primero a las diez. Entre eso y la gran cantidad de nieve, la opción de Tajahierro o la Sureste de Peña Olvidada es la mejor.

Después de un rato en la cola, rodeados por esquiadores y turistas, por fin salimos al espectáculo de esta entrada de Picos.


La aproximación apenas da para calentar, y en poco más de veinte minutos ya estamos bajo la pared. Un largo por encima serpentean intimidantes (intimidantes para mí) los dos largos de fisura que dan sentido a la vía.


Estivi y yo, antaño cordada por largas temporadas, llevábamos mucho tiempo sin atarnos juntos. Como siempre ocurre con alguien con quien has vivido mucho, la sensación es como si no hubieran pasado todos estos años.


El primer largo (V), que es algo feo, se justifica porque te acerca a las fisuras, que atraen como imanes desde el suelo.
Cuando ya estoy en la reunión y bajo la fisura, el imán parece haber cambiado de polaridad y repelerme. Es el respeto natural cuando estás desentrenado y tienes por encima largos de este estilo y con esta firma…

El segundo largo (6a+) me pone a prueba: fisura de autoprotección, escalada atlética obligada, pocas concesiones. Resoplo, aprieto, confío. Y la cosa funciona. Es corto pero intenso.




El tercer largo igual, fisura de 6b. Vuelvo a resoplar, a apretar y a confiar. Y la cosa vuelve a funcionar.
Este ya estira unos cuantos metros, quizá cuarenta, pero hacia la mitad la cosa ya afloja y me deja respirar.

Gracias a Javi que me recomendó repetir algunos intermedios de Camalot, y llevar el 4, que quizá no es totalmente necesario, pero que hay que ver cómo tranquiliza cuando lo pones...

Estando fuerte es para probar lo que él me sugirió, y a lo que yo por supuesto no presté la más mínima atención: empalmar las dos tiradas en una.



El cuarto largo es más fácil, quizá 6a, es más variado de estilo y menos obligado. Más típico de Picos. Igualmente bonito y sobre una roca con un tacto tremendo.



Existe un largo más, y que ya se interna en terreno más “sucio”, digamos que de transición, y esto complica la bajada al llegar a la zona de las agujas. Así que rapelamos desde aquí. En dos rápeles largos llegamos al suelo.



La vía la abrieron juntos Javi, Estivi y Miguel. Se está convirtiendo en una clásica de la zona. Estoy muy contento de haberla escalado a vista, este grado y en este estilo.



El nombre se lo dio Miguel cuando se quejaba del lamentable estado en que le habían quedado las manos después de currar limpiando las excelentes fisuras: antes estaban cegadas de tierra, plantas y piedras.
Me lo puedo imaginar perfectamente, protestando en voz baja, gesto socarrón.


Qué mejor forma de recordarlo que escalando una vía de su creación, con un buen colega de ambos, y habiendo tenido que apretar para conseguirlo. Como a él le gustaba.

Gran fin de semana.

sábado, 2 de junio de 2018

Esquí de montaña en Picos, el Samelar

Sábado 14 de Abril 2018
Pico Samelar (2.229 m) desde el Jito Escarandi (1.276 m)
Esquí de montaña con Rosana, Chusa, Toño, Pablo y Nando

El amigo Toño mostrando cómo se hace

Ha sido un invierno de precipitaciones. Ha llovido y ha nevado de forma bastante continua y uniforme a lo largo de los meses. Apenas ha habido huecos de buen tiempo. Los pocos que hubo fueron breves y a menudo en días de entre semana. Con todo esto, las opciones para salir al monte no han muchas, y dado el gran volumen de nieve no transformada, el esquí de montaña ha sido casi la única opción.


Ya a finales de temporada, una buena previsión meteorológica nos animó a tirar a Picos. Y dentro de Picos, el mejor macizo para el esquí de montaña es el oriental. Pues para allá que nos fuimos.
En el Jito Escarandi ya apenas queda sitio para aparcar. Somos bastantes con la misma idea. Venimos seis: Chusa, Rosana, Nando, Pablo, Toño y yo. Salimos foqueando casi desde el mismo coche, aunque la cosa está un poco justa en algún punto ya. Vamos subiendo por la pista del Casetón de Andara adelantando gente caminando o con raquetas, y a otros con esquíes. También nos pasan otros.


El día está azul y en calma, sin viento. La nieve va mejorando conforme ganamos altura. Solo hay que preocuparse por hacer frente a la cuesta.
El objetivo final es el Samelar. Después de pasar por el Casetón y remontar unos giros y vueltasmaría por encima, alcanzamos un collado donde podemos ver bien su cara Norte, por la que nos tiraremos abajo.




Antes tenemos que bajar un poco para coger un pequeño valle hacia la derecha y ya remontar el tramo final.
Es desnivel va haciéndose notar, y más aún con los zuecos de nieve que se nos forman bajo las tablas, que hacen que pesen mucho más y nos levantan hasta treinta centímetros por encima del suelo…






Nos reagrupamos en el tramo final de ascenso, para el cual yo termino quitándome las tablas: sorteamos algunas rocas y la nieve está más dura que antes.
En la cumbre hace viento y este nos enfría rápido.



Quitamos pieles y nos preparamos para el descenso. Vamos a inspeccionar qué pinta tiene la bajada un poco más adelante, hacia el Noreste. La nieve está muy buena, y después de un tramo de arista llegamos a un collado desde el que nos vamos  a echar a la pala propiamente dicha. Esta es muy amplia, cosa que me relaja, inicialmente no es demasiado inclinada, pero más abajo parece ganar ángulo.




Salgo el último después de babear con los giros de mis amigos. En mi esquí  de supervivencia consigo ir librando, e incluso disfrutar a ratos. La nieve está suelta y me deja girar a pesar de mis gestos, sin llegar a pasar miedo, incluso cuando el ángulo se pone más duro. En un momento dado decido dejarme derrapar por unos cuantos metros para librar la zona más difícil.


Mis amigos me animan y vuelven a salir para abajo con facilidad y fluidez. Pronto salimos de la zona más norte, llegamos a terreno más plano y castigado por el sol, y la calidad de la nieve baja.
Con todo, seguimos pasándolo muy bien, incluso al remontar al collado del Macondiu entre resoplidos.


La pala final hacia el Casetón está ya muy pesada y no consigo girar para nada. Afortunadamente, Toño y Nando han bajado por delante, desviando la atención de la numerosa audiencia congregada a la puerta del refugio. Yo paso disimulando, trantando de no caer, por detrás de un morro que me oculta de su vista.
El tramo final lo hacemos por la Canal de las Vacas.



Lo hemos pasado muy bien, pero como todo es siempre mejorable, rematamos la jornada en la preciosa cabaña de Rosana, a la orilla del Duje, rugiente por el deshielo, disfrutando del sol, de la cerveza, de la comida y por supuesto, de la conversación.

Un día de disfrute completo.

viernes, 25 de mayo de 2018

La mejor escalada de la Historia

Calificada así por muchos, el propio Kurtyka siempre quiso huir de esa calificación, argumentando que no es posible calificar un poema como el mejor, o una obra de arte como la mejor, así tampoco se puede con una escalada...

Como dice mi amigo Javi, gente fuerte hay bastante. Ahora, que además de fuertes sean realmente buenos, de esos ya hay menos. El polaco es uno de ellos.

Extracción y traducción libre del artículo publicado en 1986 en el American Alpine Journal

La Pared Resplandeciente del Gasherbrum IV

Pakistan, Karakoram, Baltoro Muztagh
* Feature Article
* Authr: Wojciech Kurtyka
* Año de la escalada: 1985
* Año de la Publicación: 1986


DESDE EL 13 AL 20 DE JULIO, el austriaco Robert Schauer y yo, polaco, escalamos la virgen cara oeste del Gasherbrum IV hasta lo alto de la pared, aunque no llegamos a la cumbre. El descenso fue completado del 20 al 23 de Julio por la arista norte. La pared, de 2,500 metros de altura, ha sido llamada la “Pared Resplandeciente” y se ha ganado la reputación de ser una de las más bellas y difíciles caras de montañas de todo el mundo. Había sido intentada previamente cinco veces por fuertes equipos estadounidenses, japoneses y británicos.
Hicimos la ascensión en el más puro estilo alpino después de aclimatar escalando hasta 7.100 metros en la arista norte, donde dejamos un depósito de comida. Dramáticas circunstancias en las fases finales del ascenso, después de haber completado la escalada de la pared, impidieron que alcanzáramos la cima. Una pésima meteorología y las condiciones de la pared nos retrasaron y prolongaron peligrosamente la ascensión, haciéndonos sufrir de hambre y sed. El 20 de Julio, después de salir exhaustos de la pared a la arista cimera, abandonamos la aparentemente fácil travesía horizontal hasta la cumbre e inmediatamente comenzamos los rápeles de la arista norte.
La montaña parecía estar gobernada por un espíritu antipático que se oponía a cada esfuerzo e incluso a cada intención. Sorprendentemente, dejó de acosar nuestras mentes vacilantes en cuanto abandonamos a escasos metros de la cumbre. Sin embargo, salimos vivos de la cara; la escalada fue perfecta y muy instructiva sobre todas las posibles trampas y peligros de escalar en estilo alpino en las montañas grandes. A continuación unos pocos ejemplos sorprendentes.
#. Justo debajo de la cima,el 18 de Julio, el sexto día de escalada, a 7.800 metros, cuando ya habíamos terminado la comida y el gas, fuimos atrapados por una tempestad horrible. Protegidos únicamente por un modesto saco vivac, pasamos dos noches muy duras en una diminuta plataforma en la nieve, barridos por avalanchas y rastrillados por el huracán. Continuas
coladas de nieve nos enterraban, nos exprimían y nos ahogaban. El viento cambiante y cegador nos oprimía de tal modo que solo podíamos hacerle frente a cuatro patas.

¡Gracias, cielo enfadado, que despejaste en la segunta noche!

#. Los vivacs fueron miserables. La segunda y tercera noches, las pasamos sin dormir apenas y separados uno del otro, sentados sobre picos de roca muy incómodos y afilados. Los sacos de dormir fueron nuestro único refugio del frío cielo.

¡Gracias, Karakorum, por no haber viento esas noches!

#. Todas las noches siguientes estuvimos bajo vientos furiosos e impetuosa ventisca. De nuevo, dormimos poco en la tienda vivac, enterrados en plataformas picadas en el hielo.

¿Quién tiene sueño?,¿qué es tener sueño?, ¿dónde estamos “ adormilado?”

#. Las condiciones de la pared se demostraron muy difíciles y peligrosas. La roca o estaba totalmente rota, o compacta como el mármol, con muy pocas posibilidades de protección. Debido a la falta total de puntos de reunion, era práctica habitual estirar los lardos de 40 a 80 metros- a pesar de la dificultad mantenida en el V grado. En total, escalamos cuatro largos de V grado - dos de ellos a 7.100 y 7.300 metros sobre roca marmólea muy técnica, sin un solo punto de seguro. La verdadera molestia fue la nieve muy profunda en el terreno mixto por el que tuvimos que hacer túneles verticales, exigiendo un trabajo tortuoso.

¡Qué bonita, que cuerda horripilablemente larga, bailando libre!

#. Las condiciones causaron un progreso más lento del esperado. Llevamos comida para cuatro vivacs y gas y bebida para cinco días, mientras que completar la escalada nos llevó once días. Finalmente nos salvó el depósito de comida al que llegamos al atardecer del novena día, que dejamos durante la escalada de aclimatación en la arista norte. Habíamos soportado cuatro días sin comer y tres días sin beber.

¡Oh, qué rico el té, qué dulces las 30 chocolatinas!

#. El agotamiento físico, el hambre, la sed y la falta de sueño causaron un buen número de sorprendentes sensaciones físicas. Particularmente asombroso fue el fenómeno experimentado ya por otros en grandes alturas, la sensación de la presencia de “el hombre que no está ahí”, o de “la tercera persona”. Fue tan intensa en algunos momentos, que los dos indistintamente esperábamos las reacciones y la participación de “la tercera persona”.

¿Por qué, querido amigo, no apareciste?

#. Por largos periodos de tiempo, yo oía extraños sonidos como música, cantar de pájaros o frases en susurros. Algunas veces era fácil descubrirlos como la transformación de sonidos reales, e identificar de dónde venían. Por ejemplo, el sonido dulce y apasionado de mujeres cantando, algo entre Bárbara Streisand y Santana, oído a las cinco de la tarde en los últimos días, venía del rozar de la cuerda sobre la superficie de la nieve dura, marcada por nuestras huellas.

Nunca pensé lo que podría salir de la nieve helada, ¡Bárbara Streisand!

#. Extraordinariamente intenso y casi preocupante fue la sorprendente tendencia y habilidad para asociar rocas, la nieve o las nubes con formas humanas. Se trasnsformaban en imágenes muy reales. Parecían moldeadas por algún misterioso espíritu escondido.

¿Quiénes sois, encantadoras y tranquilas figuras?

#. Particularmente doloroso, debido a la prolongada falta de sueño, fue el quedarse dormido repetidamente, de forma repentina e imprevista en los puntos de reunión, seguido de un igualmente repentino despertar con una sensación de terror.

¡Oh, es tan bonito dormir!

#. Igualmente desagradables eran las torturadoras visiones de comida y bebida.

¡Oh, arroz, oh pan!

* * * *
Aunque fue la escalada más bonita y misteriosa que haya hecho nunca, me siento abatido por haber fallado en alcanzar la cumbre. No puedo resistir la convicción de que una montaña tan bonita y su pared resplandeciente son demasiado espléndidas y perfectas para considerar ningún ascenso sin su punto culminante, la cumbre, como realmente completadas.

Area: Baltoro Mustagh, Pakistan.
Ascenso: Gasherbrum IV, 7925 meters, 26,000 pies, cara Oeste hasta los 7900 metros; descenso vía la arista Norte, del 13 al 26 de Julio, 1985.
Escaladores: Wojciech Kurtyka, Polonia, y Robert Schauer, Austria.
* “Pared Resplandeciente, Shining Wall” no es una traducción de Gasherbrum como ha aparecido en varias publicaciones. En Balti rgasha=bonital; brum=montaña.—Editor.


Artículo original:


The Shining Wall of Gasherbrum IV
Pakistan, Karakoram, Baltoro Muztagh
* Feature Article
* Author: Wojciech Kurtyka
* Climb Year: 1985
* Publication Year: 1986
FROM JULY 13 to 20, Austrian Robert Schauer and I from Poland climbed the virgin west face of Gasherbrum IV to the top of the wall, though we did not get to the very summit. The descent was completed from July 20 to 23 via the north ridge. The 2,500-meter-high face has been called the “Shining Wall” and has gained the reputation of being one of the most beautiful and challenging mountain faces in the world. It had already been attempted five times by strong American, Japanese and British teams.
We did the ascent in the purest alpine-style after an acclimatization climb to 7100 meters on the north ridge, where we left a food cache. Dramatic circumstances in the last stages of the ascent, after we had completed climbing the face proper, prevented our reaching the exact summit. Appalling weather and conditions on the face delayed us and dangerously prolonged the ascent, making us suffer from hunger and thirst. On July 20, after emerging exhausted from the wall onto the summit ridge, we abandoned the apparently easy horizontal traverse to the summit and immediately started the abseils down the north ridge.
The mountain seemed to be ruled by an unfriendly spirit which opposed the germ of every effort and even of every intention. Surprisingly, it ceased to harass our faltering minds when we abandoned the last meters to the summit. However, we got off the face alive; the climb was perfect and very instructive of all possible traps and hazards of alpine-style climbing in the high mountains. A few striking examples follow.
#. Just below the summit on July 18, the sixth climbing day, at 7800 meters, when we had run out of food and fuel, we were trapped by a horrifying tempest. Protected only by a modest bivouac sack, we spent two hard nights on a tiny snow ledge, swept by avalanches and raked by the hurricane. Masses of snow constantly buried, squeezed and suffocated us. The whirling, blinding wind so oppressed us that we could fend off the snow only by crawling on all fours.
Thank you, angry sky, you cleared on the second night!
#. The bivouacs were miserable. The second and third nights, we sat almost sleepless and separated from each other, very uncomfortably, on spiky, rocky pinnacles. The sleeping bags were the only shelter from the cold sky.
Thank you, Karakoram, you were windless those nights!
#. All the following nights were troubled by furious winds and impetuous spindrift. Again we had little sleep in the bivouac sack, buried on ledges hacked into the ice.
Who is sleepy, what is sleepy, where is this “sleepy?”
#. The conditions on the face proved very difficult and dangerous. The rock was either completely rotten or of completely compact marble, which offered poor protection. Due to the total lack of belays, it was the common practice to extend the pitches from 40 to 80 meters—though some were of sustained Grade V difficulty. Altogether, we climbed four pitches of Grade V—two of them at 7100 and 7300 meters in technically very hard extremely compact marble without a single belay point. The real nuisance was the very deep snow on the mixed ground through which we tunneled vertically, demanding tortuous work.
How beautiful, the horrifying long rope, swinging away free!
#. The conditions caused slower progress than expected. We carried food for four bivouacs and fuel and drink for five days while the complete climb lasted eleven days. Finally we were saved by the food cache reached on the evening of the ninth day at 7100 meters, left during the acclimatization climb on the north ridge. We had endured four days without food and three without drinking.
Oh, how wet was the tea, how sweet were 30 candies!
#. The physical exhaustion, hunger, thirst and lack of sleep caused a number of astonishing psychic sensations. Particularly amazing was the phenomenon experienced by others at high altitudes, the feeling of the presence of the “man who isn’t there,” of the “third person.” It was so intense that at times both of us instinctively awaited the reactions and the participation of the “third person.”
Why, dear friend, did you not appear?
#. For long periods I heard strange sounds like music, the twittering of birds or whispered talk. Sometimes it was easy to discover them as transformed real sounds and to trace them to where they came from. For instance, the sound of beautiful and passionate women singing, something between Barbra Streisand and Santana, heard at five P.M. on the last days, came from the rubbing of the rope sliding over the rough snow surface punctuated by our steps.
I’d never guess that you would come out of the rough snow, Barbra Streisand!
#. Uncommonly intense and almost troublesome was the amazing inclination and ability to associate rocks, snow or clouds with human figures and shapes. These were transformed into very real images. They seemed shaped by some hidden, mysterious spirit.
Who made you, lovely and quiet figures?
#. Particularly painful, due to the severe lack of sleep, was repeatedly falling asleep suddenly and unchecked at the belay stances followed by an equally sudden awakening with a sense of terror.
Oh, it’s so nice to sleep!
#. Equally unpleasant were the tormenting visions of food and drink.
Oh, you rice, you bread!
* * * *
Though it was the most beautiful and mysterious climb I have ever done, I feel miserable for having failed to reach the summit. I can’t resist the conviction that this Beautiful Mountain and its Shining Wall are too splendid and too perfect to consider any ascent of it without its most essential point—the summit—as really completed.
Summary of Statistics:
Area: Baltoro Mustagh, Pakistan.
Ascent: Gasherbrum IV, 7925 meters, 26,000 feet, via the West Face to 7900 meters; descent via the North Ridge, July 13 to 26, 1985.
Personnel: Wojciech Kurtyka, Poland, and Robert Schauer, Austria.

* “Shining Wall” is not a translation of Gasherbrum as has appeared several times in print. In Balti rgasha=beautiful; brum=mountain.—Editor.

viernes, 18 de mayo de 2018

Friday I'm in love

Hace unos años revisaba mi nueva forma de entrenar, obligada por las circunstancias personales, especialmente las familiares, y de cómo había ido recortando la duración de mis sesiones hasta límites que rozaban el absurdo. Más tarde empecé a escuchar eso de los llamados entrenamientos de intervalos, y no pude evitar reírme. Sigo con el mismo método y no hay queja: lo último que me han recomendado, los métodos de la Inquisición: en 15 minutos para el arrastre. Perfecto.
Hace ya bastante tiempo  me vengo fijando en que, igual que las sesiones de entreno, las sesiones de salida al monte están sufriendo desde hace bastante tiempo el mismo proceso de reducción temporal (en algunos casos, realmente rozando el absurdo).  Sin embargo, al igual que los beneficios del entreno de intervalos, me pasa lo mismo con las “micro salidas” al monte.

Estas salidas, gracias a mis ventajosas condiciones laborales, típicamente suceden los viernes, y funcionan más o menos de la siguiente manera: por la mañana trabajo en la oficina, normalmente hasta la una y media o dos, a esa hora salgo conduciendo al punto de quedada si es que voy con alguien, o al destino directamente si voy solo. Hago lo que tenía planeado o alguna variación dependiendo de las condiciones meteorológicas, de mis sensaciones, de la nieve, etc. Luego vuelvo al coche y conduzco de vuelta para recoger a los niños en casa de mis padres e ir a hacer la compra de la semana.

Unos pocos ejemplos de los últimos meses:

Viernes XXX Mando, Luque, Cuitu Negru, Pajares, Esquí de montaña


Viernes XXX Nando, Carlos, Cris, Cellón, Esquí de Montaña


Viernes XXX Mon, Lapuente, Morcín, escalada deportiva


Viernes XXX Solo: San Isidro Valmartín esquí de montaña.



Viernes XXX Brojos, Cristina: Figares Escalada Deportiva



Viernes XXX Nando: Gamoniteiro esquí de montaña


Viernes XXX Boza: Pelúgano Escalada Deportiva


Viernes XXX Solo: Ubiña por la arista Este



En total la media no suele superar las 3 horas y media coche-coche, por lo tanto, son ventanas de actividad realmente cortas.
Sin embargo, tengo más que comprobado que incluso así, el efecto es altamente positivo para mi estado de ánimo.
Hay quien me dice que para ir así, mejor no ir. Yo discrepo (y además pienso que los que opinan así, o bien tienen mucho más tiempo que yo, o bien no les gusta el monte tanto como a mí, seguramente el reparto sea al 50%).

Cuando no hay opción para más, esta es la mejor de las opciones, y a mí me sirve.

Por todo esto, la conclusión para mí es la misma que sacaba Robert Smith allá por 1992.

martes, 10 de abril de 2018

Del templo a la taberna

Sábado 17 de Marzo 2018
Kico Cerdá, Fernando Calvo, Iñaki
El Siete (2.356 m), “El Expreso de Media Noche” (700 m, 70º, IV, M4)


Una vez más sigo arreglándomelas para atarme a gente mucho más fuerte que yo. Y lo cierto es que ya me ha pasado unas cuantas veces. En esta ocasión con el gran Kico Cerdá, un máquina.
En este invierno de verdad que nos ha tocado, las ventanas de buen tiempo han sido escasas. Este sábado daban una, pero breve, y lo cierto es que cuando llegamos a Torrebarrio a las siete de la mañana ya caían copos de nieve de algunas nubes circulando entre el cielo despejado del amanecer.
En el pueblo coincidimos con Fer, que venía con un cliente y con nuestra misma vía objetivo.  Esto ya lo teníamos hablado previamente. Tras prepararnos salimos hacia el monte en plan ligero: una sola cuerda de triple homologación y un rack de material seleccionado.


La aproximación desde el mismo pueblo fue sobre buena nieve, tratando de alcanzar a Fer e Iñaki, que nos sacaban un trecho. Adelantamos primero a unos portugueses algo despistados, con casco en la mochila pero sin piolet (¿??), que no sabían hacia dónde podían tirar. Les orientamos y recomendamos. Pasan pocas cosas para lo que se ve…
Las palas finales hasta el pie de vía se hacen pesadas, pero por fin llegamos. Iñaki está ya asegurando a Fer. Nosotros arrancamos sin encordar los primeros largos. El ambiente es muy guapo: nieve dura, cielo cubierto y trapeando, coladas de polvo bajando de las paredes superiores… Alpinismo.


Después de lo que serían unos tres o cuatro largos de croquis, llegamos a un flaqueo con una cornisa que pide cuerda. Nos atamos y sale Kico a toda mecha. Ya hemos adelantado a los amigos. 



La vía prosigue por un corredor amplio sobre una nieve estupenda. A tope de cuerda Kico se ha atechado bajo unos desplomes donde monta una reunión muy estética. 


Cuando llego yo, Fer me viene siguiendo de cerca, así que salgo directamente a por la travesía a izquierdas que nos llevará bajo el largo clave. El ambiente sigue interesante, y nos preguntamos qué fue de la ventana anunciada.
A tope de cuerda monto una reunión con dos tornillos. Algo casi insólito en nuestras latitudes, y hasta poco recomendable como me hace ver Fer cuando llega y sanea un poco para meter un clavo de roca adicional, que somos cuatro y tenemos debajo mucho gas…




Sale el gallo a por el largo clave, y como pasa cuando alguien va muy sobrado, se lo da por fuera de lo razonable, superando un paso mucho más difícil (al menos en las condiciones en que lo cogimos nosotros) que el natural unos metros más abajo y a la izquierda. Yo tengo que ayudarme de un seguro para levantarme en la chapa mínima posada en la llambria lisa. Fer se parte de risa sacándome fotos desde el mixto más lógico de la vía.



Desde aquí salimos los dos a una reunión cómoda bajo otros desplomes, y la vía se abre a las canales superiores. Estas son más fáciles, pero no menos bonitas: el encostrado de la roca y la excelente nieve dura le dan un ambiente muy estético. 




 

Eso sí, los seguros empiezan a ser escasos y muy alejados entre sí. Después de apurar dos tiradas y algo de ensamble, esperamos a los colegas en una cómoda repisa típica para vivaquear. Mientras comemos algo, el frío nos va apretando, el agua se hiela en las botellas...


Cuando llega Fernando arrancamos a por la cima desencordados de nuevo: el ensamble en estas condiciones es menos seguro para la cordada que escalar a pelo. Con viento y algo de nieve cayendo hacemos cumbre. Es muy alpino el Siete en todas sus vertientes. Por debajo se asoman los Portillines y Cuevapalacios, al Norte las paredes del Fontán, y hacia atrás la línea alpina de los Castillines.
Al rato llega Fernando, y detrás no mucho después Iñaki. Estamos contentos por la ascensión: la vía es muy buena y la hemos cogido en un día de alpinismo de curtir. Nosotros la hemos encontrado fácil de condiciones por la carga y la calidad de la nieve, otra cosa sería más pelada… En todo caso, totalmente recomendable.


No nos recreamos demasiado y salimos destrepando con cuidado hacia el Tercer Castillín, que se ve entre girones de niebla. La bajada es por otra vía de escalada, que aunque mucho más sencilla exige el doble piolet y la cara a la pared casi todo el tiempo.  Vamos destrepando con cuidado, la exposición es alta, buscando el itinerario y parando a esperar a los otros de cuando en cuando.

En un momento dado Kico y yo nos sentamos en un pequeño llano de la nieve a esperar a Fer e Iñaki. Y en este momento sucedió uno de los momentos de montaña más extraordinario de mi vida… Simplemente alucinante. Pero este será objeto de narración específica más adelante.


El resto de la bajada mantuvo la misma tónica: nieve helada, travesías para librar cortados y finalmente unos buenos tramos de culoski para bajar a la cuenca más llana donde paramos a comer, beber, y recoger los hierros. Las vistas a la vertiente fuerte de Ubiña en un día tan bonito son muy buenas. Recorremos con los ojos sus muchas vías, hoy desiertas para nuestra sorpresa.


Bajamos al pueblo charlando de mil cosas. Despedimos a Fer e Iñaki. Cerveza en San Emiliano y en casa a las siete. 

Gran día de montaña. Nuevo compañero en la agenda: menos mal, que no abunda la gente a la que le guste el barro, y Kico es todo un jabalí…