LA MONTAÑA COMO PASIÓN, COMO ESCENARIO INFINITO SOBRE EL QUE DISFRUTAR INTENSAMENTE DE LA VIDA,
DONDE ESCALAR, ESQUIAR, PEDALEAR, CORRER, CAMINAR...
DONDE LOS AMIGOS, EL ESTILO Y LAS FORMAS CUENTAN, Y MUCHO

sábado, 13 de julio de 2019

Alpinist 61

Me di de baja hace unos meses.
Me llegaba trimestralmente pero los últimos números no me daba tiempo a leerlos. Se me iban acumulando y no tenía sentido.
El otro día, habiendo acabado el libro que tenía entre manos y pendiente decidir el siguiente, cogí el número 61, de primavera del año pasado. Apenas lo había mirado por encima en su día cuando llegó.
Como siempre me pasa con esta revista, me enganchó con varios artículos.

El primer artículo revisando la vida del malogrado Hayden Kennedy. Alpinista puntero, escalador en roca tremendamente fuerte, destacó por muchas de sus realizaciones por todo el mundo, algunas de ellas no exentas de polémica (como cuando arrancaron buena parte de los buriles de Maestri en la Sureste del CerroTorre despúes de escalar la línea sin utilizarlos). No obstante, me llamaron mucho más la atención sus reflexiones sobre cosas con menos luz, pero quizá más importantes:

"Una obsesión por garantizar el éxito puede fácilmente limitar y encerrar nuestras mentes. El Alpinismo es el arte de la libertad... Incluyendo la libertar para fracasar"

"¿Qué soy yo sin la escalada?... He olvidado las cumbres que alcancé, pero recuerdo bien las amistades que hice"

Después fue un artículo repasando la larga y prolífica vida del indomable Fred Beckey. Leyenda americana de la escalada, durante más de seis décadas abriendo vías por el mundo, especialmente Norteamérica. Realizaciones sencillamente espectaculares.
Dejando de lado las vías que abrió, lo realmente llamativo y enfatizado en el artículo es su actitud ante la vida, priorizando la escalada y la montaña sobre todo lo demás, sin desmayo, nunca, jamás. En esto me recordaba a algunos de mis amigos, ellos vivieron así durante unos años. Pero Beckey lo ejerció toda su vida y terminó convirtiéndose en todo un icono aún en vida, influyendo en generaciones y generaciones de escaladores yankees.
Es el llamado en el artículo "Efecto Beckey".

El tercer artículo, titulado "Ueli, el Eiger y yo" escrito por Stephan Siegrist cuenta una aventura con su malogrado amigo Ueli Steck. Relata primero cómo se conocieron, siendo ambos carpinteros, cómo empezaron a escalar juntos. Su pasión compartida por la montaña, sin apenas necesidad de hablar. Cuenta cómo, repitiendo una vía en su terreno de juego favorito, la Norte del Eiger, en un momento dado, no oyéndose entre entre ellos, Ueli empezó a jumarear remontando la cuerda cuando su colega solo estaba sujeto de los piolets y los crampones en mitad terreno de delicado por encima de un desplome... Cómo Siegriest aguantó a duras penas el peso de su amigo y la tensión del miedo. Cómo ese día podían haber muerto los dos de forma absurda, pero a la vez en una situación tan habitual en montaña como es no oír al compañero. Cómo su amistad era profunda y sincera.

Curioso que los tres artículos tratan sobre gente muerta... pero de forma motivante en los tres casos, valorando aspectos de la personalidad, de cómo se relacionaban con los demás y con el medio, de su saber estar.
Sin duda, Kennedy, Beckey y Steck son tres figuras inspiradoras.

Cuando me ponga al día con los otros números que tengo pendientes quizá me suscriba de nuevo a Alpinist: es una gran revista.

Leyendo esta revista, viendo sus fotos, me hace tener de nuevo ganas de estar por allí arriba... GRRRR

viernes, 21 de junio de 2019

El Picu, cumbre icónica

Domingo 16 Junio 2019   
Rubén Díaz, Pablo Luque
Picu Urriellu (2.519 m), Cara Sur, Vía del Paso Horizontal (250 m, V+, un paso)


Uno se da cuenta de que la vida va rápido de verdad cuando haces reflexiones como esta:

Rubén y yo  ya habíamos escalado el Picu juntos, pero hace mucho, hace tanto como 28 años…

Después de unos cuantos años desconectados, su reciente retorno a la escalada nos está trayendo muchos recuerdos. Fue allá por 1991 cuando yo apenas llevaba un año escalando, cuando tras tres fines de semana de intentos infructuosos por la meteorología, por fin conseguí escalar el Picu por primera vez: tenía 16 años, junto con Rubenín, que tendría 18, y lo hicimos por la Sur Directa, a largos, como tiene que ser. El caso es que después de aquello seguimos escalando juntos un tiempo, haciendo otras cumbres, otras paredes, otras vías, pero no volvimos a Urriello juntos más. Y eso había que resolverlo.

Con Pablo no he dejado nunca de escalar, en lugares variados, de forma más o menos continuada, pero igualmente al Picu hacía más de veinte años que no subíamos juntos...

Madrugón de rigor, a las seis salíamos en coche de casa. A las ocho ya empezamos a caminar en Pandébano junto con Pablo: el material repartido entre tres, la carga más llevadera.



La idea inicial era ir a hacer la Nani, vía guapa, larga, no difícil, ideal para iniciar la temporada.

Espectacular la Este

A las dos horas de caminar estamos enfocando la Este y vemos varias cordadas ya en el ajo: una en “Amistad con el Diablo” y otras dos en la Nani, una de ellas muy alta ya. Curiosamente, la “Cepeda” habitualmente abarrotada no tiene a nadie…
Parece que hoy nuestro primer objetivo está ocupado: todavía lo vemos más claro al asomarnos a la Sur y ver a otras dos cordadas más en los primeros largos. Cambio de planes: empezamos a pensar qué podemos hacer. Tenemos disponibles Estes a montones: la pared se levanta atrayente, pero a mí me gustaría hacer algo nuevo. Si bien en la Este he hecho ocho o nueve vías, en la Sur nada más que la Clásica y la Nani…
Recuerdo lo que me dijo Fer de lo muy guapa que es la vía del “Paso Horizontal”. Luque también lo dice,  y como además comparte los tres primeros largos con la “Teógenes”, que también tengo sin hacer, después de hablarlo brevemente decidimos tirar para allá.

La caliza de Urriellu

A las diez y media de la mañana me pongo delante y arranco a por el primer largo, pocos metros y fácil, pero ya con esa rocona fantástica que hace famoso al Picu. Por encima se levantan canalizos fáciles y disfrutones. El segundo largo, de unos cincuenta metros,  es realmente bueno.



Lo único preocupante es que de cuando en cuando baja una piedra de arriba: tenemos gente muy alta y alguna cosa se suelta.



El tercer largo tiene un paso atlético (V+), corto, para remontar una fisura ancha y roma, casi un offwidth, después relaja hasta la reunión de clavos y puentes bajo un desplome. Mientras aseguro a los colegas observo justo encima la secuencia del paso clave de la “Teógenes”, 6b+ según el croquis de Boza: son apenas seis metros, y tiene unos cuatro clavos y un puente, es decir, está bien asegurado. Se ve que es “a bloque”. También echo miradas a la travesía hacia la izquierda que da el nombre a la otra vía: “El paso horizontal”.



Cuando llegan Pablo y Rubén, y como me siguen dejando tirar delante, ya me he hecho a la idea de que no me apetece pegar la apretada de la panza, y sí me apetece la navegación disfrutona de un largo horizontal cortando la cara Sur.

La “vía del paso horizontal” fue la cuarta apertura en el Picu, allá por 1928, y fue a cargo de Manuel Martínez, de la histórica familia. Lo hizo en solitario, para arriba y para abajo (me impresiona que hiciese hace más de noventa años, a pelo y solo, el paso que acabo de hacer, para arriba y para abajo!). Como no le creyeron inicialmente, vuelve a subir en el mismo día, ahora sí acompañado. De esta segunda escalada a la vía bajan como prueba el libro de cumbre, y una vez enseñado a los incrédulos, al día siguiente vuelve a hacer la vía en solitario, para arriba para dejar el libro en su sitio, y para abajo de vuelta. (referencia ”Naranjo de Bulnes, un siglo de escaladas” Isidoro Rodríguez Cubillas). Simplemente espectacular.



El largo no tiene desperdicio, fácil, asegurable y con gran ambiente tanto por encima como por debajo. Va cortando vías más duras de Tino Núñez y estira sus buenos cincuenta metros hasta la reunión de la Sur Clásica.
En ella estoy asegurando cuando veo venir rapelando a Gelo, que baja de guiar a dos clientes. Saludos cordiales al currante.


Salgo a por el último largo de canalizos, uniendo dos en uno en sesenta metros y que me deja ya en la reunión donde dejamos las cuerdas para la trepada final hasta cumbre.
Apenas salimos desencordados nos encontramos una pareja de descarados Treparriscos con sus cantos y sus llamativos colores. A pesar de mis intentos no consigo sacarles una foto decente.
Llegamos a la cumbre a las doce y media.



Es siempre especial estar aquí arriba, no sé por qué, pero así lo siento. Hoy especialmente al volver a estar aquí con Rubén, que me acompañó la primera vez, siendo los dos unos guajes, casi tres décadas atrás!


Coincidimos con varias cordadas, que llegan de la Sur y de la Nani. Anticipando el tráfico de bajada, después de unas fotos rápidas tiramos para abajo.
Al otro lado del jou, la huella de ayer de la gente de la Travesera, subiendo con esfuerzo a la Collada Bonita. Impresionante lo que hace esa gente.
En tres rápeles sin problemas estamos en el pie de vía. Es la una y media de la tarde.
Por seguridad nos separamos de la pared hasta los vivacs de la entrada del Jou y allí recogemos los trastos, comemos y bebemos, y disfrutamos del paisaje.




La bajada va a ritmo ligero marcado por Pablo, con paradas de cuando en cuando para mirar al Picu, haciendo planes para la próxima visita.
Comentamos que echamos de menos el venir al monte con más tiempo, a dormir, a vivaquear, como antaño. Algo que dejamos de hacer por las obligaciones familiares (cada uno de nosotros tenemos dos hijos/as) pero que debemos intentar retomar, aunque sea de vez en cuando.
En el camino nos cruzamos con más guiris que nacionales, los Picos se van conociendo cada vez más.



Cerveza en Arenas, parada en Carreña a sacar una foto al Picu como auténticos turistas.

Un buen día de montaña. Una vía nueva hecha, histórica, muy guapa, gran compañía y repetición de cumbre con Rubén.
Quedamos emplazados a no dejar pasar tanto tiempo hasta la siguiente: a mis 72 años no sé si estaré en condiciones (espero que sí!).


Gijón 6:00 h
Pandébano 8:00 h
Inicio Escalada 10:30 h
Cumbre 12:30 h
Pie de Vía 13:30 h
Pandébano 16:15 h
Gijón 18:30 h

jueves, 23 de mayo de 2019

Rebajas de primavera: dos por uno en las Peñas del prado

Sábado 4 Mayo 2019
Rubén Díaz Gutiérrez
Peñas del Prado
“Noches de Escuela” (200 m, 6a+) + “Lobishome” (200 m, 6a+)



La temporada de roca está a la vuelta de la esquina, y nada mejor que las Peñas del Prado para ponerse a tono. Aquí las vías son buenas, de varios largos sobre roca excelente y poca aproximación, no se puede pedir mucho más.

En el trayecto por el Pajares el coche llegó a marcar 0 grados, y aunque hace sol el día está fresco. En realidad para escalar es casi ideal, especialmente aquí donde abundan los pasos de adherencia y el tacto de la roca es tan importante.



Apenas otros dos coches con el nuestro, unos cinco chavales que ya han salido delante: tres de ellos se tiran a la vertiente oeste, y los otros se quedan en la collada. Tenemos toda la plancha principal de la pared para nosotros.
Para Rubén es la primera vez aquí, así que para empezar me decido por “Noches de Escuela”. Yo ya la conozco de hacerla hace años con Alejandro.


A las diez y media empezamos a escalar.
La vía arranca en la parte derecha de la pared, levantando por un primer largo tumbado de placas de adherencia. Salgo delante. El segundo le toca a Rubén que lo resuelve rápidamente. El tercero es para mí, algo más tieso. El cuarto para Rubén, librando el desplome característico y con una travesía aérea a la izquierda. Me vuelve a tocar delante el quinto largo, y siendo según el croquis el más difícil y más vertical, la sensación es de haber apretado más en otros anteriores. Quizá es que vamos calentando.



Queda después un posible sexto largo pero es muy corto, ya por terreno tumbado y con bastante vegetación.  No merece la pena. Montamos rápel y para abajo. Por debajo una cordada viene tras nuestros pasos ya por el segundo largo.



Cuatro rápeles nos posan en el suelo. La vía nos ha llevado unas dos horas y cuarto, y los rápeles tres cuartos de hora más.
Es la una y media cuando estamos de vuelta en el suelo.

Sin dejar pensar demasiado a Rubén, recogemos los trastos y salimos caminando hacia la collada, para bordear la pared hacia la vertiente más tiesa que mira al suroeste. Por encima vemos gente evolucionar en las clásicas “Lago de Luna” y alrededor.
Nosotros seguimos bordeando y bajando, a ritmo, hasta enfrentar la vertiente oeste y empezar a remontar de nuevo hasta el pie de vía. Vemos una cordada alta ya, quizá en una cuarta reunión en lo que yo creo que es la “Historia interminable”.
Nosotros vamos más a la derecha, al extremo, a por “Lobishome”. Esta vía también la hice hace años ya, con Chusín en este caso.



Son las dos, después de comer algo y echar un trago, me coloco los trastos y salgo a por la primera tirada: canalizos y placa. Muy guapa.
Rubén está cogiendo forma y prefiere dejarme delante, así que sigo a por el segundo.




Este largo tiene roca más fea y da algo de mala sensación en algún momento: es bastante vertical, pero tiene chapas aunque alejadas.
El tercer largo tiene el paso más duro de la vía, dos movimientos de placa lisa que le dan el 6a+. Son dos chapas pero es verdad que para mí resultan aleatorias. Confiando en los pies salgo y continúo por terreno más llevadero y tumbado.
A nuestra derecha se perfila la gente en las vías de la collada.



A nuestra izquierda están saliendo los chavales que vimos esta mañana, yo creía que iban por la “Historia interminable”, pero más tarde nos confirman que era “Cordillera express”.
El cuarto largo vuelve a tener un paso de adherencia que me exige concentración, para seguir después por una fisura característica, ancha y limpia, que se ve muy bien desde el pie de vía. El paso lo doy, y sigo a por la fisura que me exige trastear, apretar y resoplar a pesar de marcar V+.
Vamos rápidos y pronto estamos terminando el quinto y último largo.  A las cinco de la tarde estamos arriba.




Los rápeles van bien y en el último nos cruzamos con los chavales de la mañana que vienen a repetir la nuestra. Media hora nos ha llevado bajar.
Para salirnos de la vertical de la gente escalando recogemos los trastos y nos vamos hasta la collada. Allí nos sentamos en el prado a comer y charlar un rato.


Ha sido un buen día de escalada: dos vías, casi cuatrocientos metros de escalada, diez largos, nueve rápeles, y todo esto en unas siete horas.

lunes, 29 de abril de 2019

Familia montañera

Sábado 20 Abril 2019
Circular Soto (925 m)-Barcinera-Cotorra Escobaño (1.518 m)-Vegabaño-Soto (925 m)
Paula, Javi (9) y Jimena (6)


El día amaneció azul y la temperatura ideal para caminar. Salir de Soto es casi siempre cuesta arriba, y por el camino elegido hoy sobremanera: a media mañana cogemos dirección a Los Collaos, por donde circula la senda de El Arcediano, dirección a la Portillera de Beza. El camino arranca desde la misma fuente con pendiente pronunciada. Caminamos a la sombra de los fresnos, los cerezos y algunos robles, todos ellos luciendo nuevas hojas y algunos espectaculares flores. La pista va dando zetas que nos cambian el ángulo y la perspectiva, lo cual está bien para distraer la vista y la conversación, siempre continua con Jimena.



La primera parada breve la hacemos en Valdelosciegos, en el desvío que debemos tomar hacia la derecha, para Barcinera, abandonando la pista principal que continúa hacia los Collaos, bordeando el Jorcueto, hacia la Portillera de Beza. Desde aquí, nuestra subida seguirá, pero mucho más tranquila ahora.



Caminar con niños obliga a ser paciente. Hay que distraerles para que no se den cuenta de cuánto están caminando, de cuánta cuesta suben. El cansancio, el hambre y la sed aparecen mucho antes si no están distraídos, así que procuramos hablar de temas que les interesen, comentar cosas que les gusten, parar a mirar las vacas, los troncos de formas raras, las nubes veloces, etcétera. En nuestro caso esto aplica más a Jimena, de seis años, porque Javi con casi diez ya está motivado con el monte, y es casi lo contrario con él.



En un momento dado en que el camino atraviesa una pequeña campera, decidimos hacer una parada oficial, comer y beber algo, y jugar un rato.
El camino después sigue remontando, cada vez más estrecho y más cerca ya del bosque denso que sube desde Miraño y cubre todo nuestro horizonte. Ha venido desdibujándose hasta el punto que, en un momento dado, simplemente lo perdemos. En mitad de una empinada ladera entre árboles, con el suelo cubierto de hojas, piedras y palos, nos paramos para intentar ubicarnos de nuevo. Remonto yo solo hasta encontrar otra vez la buena senda.



Dentro del bosque y casi en llano alcanzamos el puerto de Barcinera. Aquí, con las señales del desvío a Carombo y la Jocica delante, y unas vistas tremendas a la Peña Santa, el Torco, la primera María, y más a la derecha Bermeja y Moledizos nos paramos de nuevo. Queda poca nieve pero la estampa es preciosa.



Jimena ya venía renegando, así que nos tiramos a tierra a comer los bocatas, que ya va siendo hora.
En este cruce de caminos pasa gente: primero saludamos a un solitario que viene de Vegabaño y baja hacia Carombo. Al poco rato llega una pareja veterana, bien cumplidos ya los sesenta, ella española, él extranjero. Vienen desde el collado Angón, de la Portillera Beza hasta aquí por el Olla, y de aquí bajarán hacia Carombo para volver por la Jocica. Paliza guapa.



Después de comer continuamos camino dirección a Vegabaño, pero a la mitad, en un pequeño collado, yo sugiero subir a la Cotorra. La Cotorra de Escobaño es una pequeña cumbre que emerge del bosque por encima de Vegabaño, y del valle del Dobra, balcón espectacular hacia la Peña Santa. Yo nunca he subido, pero parece muy evidente y sencillo.
Javi y yo ya veníamos planeando la ascensión desde casa. Después de cierto rifirrafe con la madre de las criaturas, que si la niña tiene seis años, que si tú siempre quieres hacer más… salimos todos para arriba por el bosque en paz y armonía. Al poco rato encontramos el camino oficial, señalado con hitos.



La subida va como anticipaba, tranquila y cómoda. Llegando arriba se abre el paisaje de árboles, aflora algo de nieve y se levanta un viento tremendo. Hay una antena con un panel solar, imagino que tomará datos para alguien. Un poco más arriba, la cima. Hacer cumbre es una sensación que me atrae desde niño, y seguro que a Javi y Jimena también. Nos sacamos unas fotos en mitad de la ventolera, disfrutamos las vistas y salimos para debajo de vuelta.



Alcanzada la pista de nuevo, tiramos hacia territorio conocido, Vegabaño con sus cabañas.


Llegando a la pradera hacemos un nuevo alto en un sitio que invita a ello. Nos tiramos en el prado, de hierba corta c oomo de campo de golf, pero mucho mejor porque es natural. Nos relajamos al sol primaveral.



Reanudada la marcha  y alcanzada la vega, decidimos tirar para abajo, al pueblo, no vaya a ser que nos pasemos y las muchas horas de marcha pasen factura a la más pequeña. La decisión fue buena: Jimena continúa todo el resto del recorrido feliz como una perdiz, hablando como la cotorra que acabamos de ascender, y deleitándonos con sus múltiples ocurrencias.



La bajada incluye por supuesto foto de recuerdo en la piedrasilla de la cabaña del Grandoso, ascensión obligada al Peñón del Cueto, e incluso parada biológica de grado dos para Javi.




Llegamos al pueblo a media tarde, unas siete horas después de salir, todos encantados con la excursión, especialmente el padre de las criaturas, al que se le cae la baba con su familia montañera.



Al día siguiente subo a Beza a meter un poco de desnivel al cuerpo, y a la bajada subo al Fortín donde me esperan los tres.
Venimos poco, pero casi siempre quedamos encantados.

¡Qué guapo es Sajambre y los Picos!

jueves, 11 de abril de 2019

Intento al Taillon

Sábado 30 Marzo 2019
Rubén Díaz, Pablo Luque
Taillon (3.177 m) Intento Norte Clásica Taillon (700 m, 65º M3)


A la una apago el ordenador y salgo pitando. Conduzco hasta casa, y mientras como algo remato los trastos. A las dos recojo a Rubén y a las dos y cuarto a Luque. Arrancamos destino Gavarnie.
Luque es compañero habitual de andanzas, pero Rubén hace mucho que no. Juntos escalamos hace muchos años, con él subí al Picu por primera vez con diecisiete años, y con él hice mi primer Marqués, y otras cuantas, pero de eso han pasado dos décadas… Este es un reencuentro en toda regla.



Siete horas más tarde aparcamos en la estación de esquí, cerrada desde la semana pasada. La temperatura ha estado más alta de lo que esperábamos en el trayecto: aun llegando a Gavarnie estaba por encima de los diez grados (en Gijón estos días de atrás a esta hora estábamos a 6…). Tras investigar un poco encontramos un buen sitio para vivaquear, resguardados del viento, en lo que seguramente sea una de las barras de venta de bocatas y cervezas para los esquiadores. Cenamos y nos metemos en los sacos. A las diez y media dormidos.



A las cinco pita el despertador. Está muy estrellado y no hace demasiado frío, pero se te quedan las manos tiesas mientras desayunamos. A las seis, en la tenue luz del amanecer, ya estamos caminando por las pistas, sobre lo que parece ser la carretera que sube al Col de Tente.



Una hora después llegamos al collado y vemos nuestro objetivo por primera vez: está mucho más seco de lo que nos gustaría. Con todo, si la nieve sigue como hasta ahora, es decir, helada, puede que lo consigamos. Vemos muchos más tramos de roca de lo normal: ya a la entrada se ve bastante cegado, a un tercio hay una franja grande, más arriba se ven dos vetas totalmente en seco, y arriba del todo parece simplemente infranqueable, pero imaginamos que tendrá algún paso secreto, oculto.
Salimos llaneando hacia el collado del puerto de Bujaruelo. Todo esto es nuevo para los tres y vamos disfrutando el paisaje, especialmente en este tramo que es llano.



En el puerto nos ponemos el arnés, el casco y los crampones.
El tramo final hacia la entrada de la vía se hace más pesado: en ángulo aprieta, pero es que además la nieve ha venido perdiendo consistencia de helada a azúcar, hasta quedar en polvo totalmente sin transformar. Las expectativas se van llenando de incertidumbre, pero son las ocho de la mañana y tenemos que meterle un tiento, que a esto hemos venido…
Al tocar roca montamos una reunión y sacamos el material. Me ato yo para salir delante: vemos por encima dos opciones claras: ambas con tramos largos de mixto o roca viva. La de la izquierda seguro que es el paso habitual cuando la pared tiene la carga adecuada de nieve. La de la derecha que hoy parece menos tiesa y con más hielo.
Salgo primero a la izquierda, remonto en roca después de meter un allien, pero lo que veo no me convence: demasiado compacto y sin relieve. Destrepo y me paso diez metros a la derecha. Con los pies en hielo y un piolet bien pinchado meto un clavo corto en una fisura: lo alondro para restar palanca y me mentalizo a remontar el mixto. Después es más fácil de lo que aparenta, pero me cuesta entrar. Por encima remonto unos doce metros fáciles en mixtos, hago travesía a izquierda y derecha sobre llambrías, y viendo un clavo por encima, me dirijo a él. Mixto tumbado pero delicado. Meto otro clavo, un allien y por fin llego a la altura del clavo, también con mucha palanca. Me coloco, remonto pies gancheando piolets en roca y en hielo fino. A la derecha hay una lengua de hielo y la salida a una campa de nieve, pero no alcanzo a pinchar. Bufo, rebufo, y se me cargan los gemelos. Me recoloco un poco más alto, pero también más precario, los seguros ya por debajo, me tengo que fiar del piolet gancheado para por fin pinchar en el hielo alto a la derecha. Tiro de esa mano y, confiando aguante la chapa de hielo, me remonto de pies sobre ella para ya salir a terreno fácil.
A los ocho metros meto una estaca en la vertical del paso para proteger a mis colegas, porque yo tengo que hacer travesía a la izquierda claramente. Otros quince metros y alcanzo una reunión con dos clavos, cordinos y maillon. Miro el reloj, me ha llevado casi una hora. Así vamos mal.



Rubén y Pablo llegan rápido comparado con lo que me ha llevado a mí, pero Rubén viene sufriendo con un proceso de recalentamiendo de manos frías, que le deja incluso mareado: se apoya en los piolets mientras nosotros nos organizamos. Sabemos lo que es y lo muy mal que se pasa.
Vuelvo a salir delante ahora por nieve tumbada, fácil, sin misterio, pero también inconsistente y pesada. Estiro los sesenta metros para montar reunión. Pablo llega diciendo que esto no está para seguir, y yo no le quiero hacer caso. Tira él delante ahora otro tramo a tope de cuerda y del mismo estilo, solo que la nieve parece incluso empeorar. Te levantas porque está tumbado, pero no ofrece seguridad ni deja avanzar rápido. Cuando llegamos al relevo ya lo vamos comentando los tres, pero vuelvo a ponerme delante para tirar otro largo más del mismo estilo: tumbado, y en nieve continua pero chunga. A los cincuenta y cinco metros monto reunión contra un nuevo muro de roca. Cuando llegan volvemos a debatir la situación. Lo lógico es bajarse, pero con todo, sale Rubén delante a por una nueva tirada, esta vez casi entera en roca y poco evidente. Resuelve rápido unos cuarenta metros hasta encarar una zona más delicada, se para y monta relevo con un clavo y un diente de roca regulero. Pablo no lo ve claro (y tiene razón), pero yo salgo para arriba a ver cómo se ve. Hasta ahora, los tres largos de nieve los hemos resuelto en quince minutos cada uno y los vemos destrepables, caso de tener que retirar.




El panorama por encima no invita a seguir, alcanzo a Rubén y me asomo a la izquierda a mirar un canaleto de nieve: parece que es lo lógico, pero la nieve sigue igual, y esto empezaría a sacarnos de la vertical que venimos llevando de reuniones. Venimos con el material justo para hacer la vía, pero no para retirarnos desde mucho más arriba: simplemente no es lo lógico. Además, el cielo azul de la mañana se ha ido nublando desde el sur, la parte alta de la montaña empieza a no estar visible entre algodón.  
Llevamos cinco largos, casi todos a tope de cuerda, pero por encima queda mucho que pelear en estas condiciones. Última mirada arriba, tras un corto debate, asumimos lo más razonable: toca retirar.


Me acerco a la reunión de Rubén: tenemos que reforzarla. Mete otro segundo clavo, no entran completos pero parecen trabajar bien. Triangulamos con el diente de roca y yo añado un allien de respaldo, sin carga, y que deberá retirar si todo va bien.



Rapelo delante que peso más y luego me sigue Rubén. Una vez los tres juntos, ellos dos destrepan asegurados por mí, y me colocan algún seguro de vez en cuando. Yo desmonto la reunión y destrepo “de primero”, es decir, con la cuerda por debajo. Pero el terreno es fácil a pesar del estado de la nieve.



Repetimos esta secuencia tres veces hasta llegar a la primera reunión. Aquí rapelamos los tres el muro de mixtos que antes me hizo sudar en frío.
Una vez fuera de la pared, observamos cómo las nubes han cubierto la parte alta  de la montaña, cada vez más densas, empiezan a soltar copos apretados de nieve.



No sabemos qué hacer, si tirar a Serradets a dormir, o dejar el material aquí e ir a dar una vuelta, o tirar para abajo.
Tras caminar brevemente nos sentamos a recoger los trastos. La nieve está pesada, el cielo oscuro y el ánimo bajo.
Es temprano. Si bajamos todavía volvemos a casa hoy. Tiramos al coche. Otras dos horas de caminar.



Astazús perfilados y nube en Marboré

Retirar siempre fastidia. Más si has viajado. Pero de todo se aprende.
Hemos conocido la zona, y tenemos claro que volveremos. Confiamos en que la próxima vez saldremos por arriba. Así es esto del alpinismo; unas veces se gana y otras se pierde. Con todo, lo hemos pasado muy bien.
Esa noche dormimos en casa. Al día siguiente quedamos para escalar un poco de roca caliente.


Y lo mejor de todo: a Rubén le gusta el barro, otro para la agenda, que no sobran.

Viernes 29, Gijón  14:30 h
Gavarnie 21:30 h
Inicio Jornada 6:00 h
Pie de vía 8:00 h
Punto más alto  11:45 h
Pie de vía 14:00 h
Coche 16:30 h
Gijón Domingo 00:30 h