LA MONTAÑA COMO PASIÓN, COMO ESCENARIO INFINITO SOBRE EL QUE DISFRUTAR INTENSAMENTE DE LA VIDA,
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DONDE LOS AMIGOS, EL ESTILO Y LAS FORMAS CUENTAN, Y MUCHO

sábado, 15 de abril de 2017

Sensación de Primera

16 Febrero 2017
Fernando Calvo, Martín Moriyón
Torre del Friero (2.445 m), ascensión Canal Ancha (unos 600 m) + Cara NW, 350 m, 85º/M5/IV


En mitad de la inconsistencia más absoluta miro hacia abajo a los colegas, que desde la reunión me observan entre divertidos y apenados. Llevo peleando como veinte minutos, pero a mí me están pareciendo dos horas. Me ha costado dios y ayuda llegar hasta debajo del primer bloque a la vista (apenas quince metros desde la reunión), y después de un buen rato limpiando su superficie no he sido capaz de colocar un seguro. Está bien. Tendré que seguir a por el siguiente. Vuelvo a repetir la secuencia que parece que mejor funciona (o mejor dicho, la que funciona menos mal): espeto los dos piolets hasta donde se parece que se paran, con las manos desaparecidas en el blanco, a veces me llega la nieve al codo, muevo una primera pierna hacia arriba y a un lado, me intento subir en ella descargando todo el peso que puedo en los brazos, cuando el pie deja de hundirse rápidamente muevo el otro, repartiendo entonces mi peso entre los dos brazos y el pie en una especie de salto. Todo esto a veces para avanzar apenas veinte centímetros. Bueno, me quedan como diez metros más hasta los siguientes bloques que surgen del blanco. Espero poder meter algo allí… Y que la cosa mejore! Resoplo fuerte, pienso y repito.


Como dice el gran Barry Blanchard “It don't gotta be fun to be fun” (no tiene por qué ser divertido para ser divertido)…



Habíamos hablado de ello hace ya varias temporadas. Por unas cosas o por otras la cosa no surgió antes, pero ese jueves finalmente pudimos ir para allá a probar suerte, y realmente la encontramos.
El trazado era realmente evidente (desde abajo al menos), pero el caso es que a pesar de haber investigado, ni Martín ni Fer habían encontrado referencias de nadie subiéndose por allí. Esto del alpinismo está inventado hace mucho tiempo ya, y en una época no tan lejana no todo el mundo reseñaba las escaladas (dónde?) y algunos no dejan ningún rastro de su paso (los buenos no dejan rastro). El caso es que fuimos para allá pensando que no se había subido nadie por allí.

Madrugón inhumano: a las tres y media de la mañana me recoge Martín debajo de casa. Yo nunca me he levantado tan temprano en mi casa para ir al monte. Este horario es como de Alpes, pero lo cierto es que tenemos algo más de dos horas de coche, más una hora y media de aproximación, y luego prevemos un día largo…

En Llovio nos juntamos con Fernando y salimos hacia Arriondas, luego Cangas, Sajambre, el Pontón, y por último Valdeón y Cordiñanes, a donde llegamos a eso de las seis de la mañana. Reparto de trastos a la luz de la frontal, salimos cuesta arriba con el ánimo alto y la incertidumbre de cuando vas hacia lo desconocido. Asotín se hace notar, remontamos sus seiscientos metros comentando la poca nieve que hay, lo alta que está la cota para estar en Febrero. Es verdad también que el año pasado fue en esta semana en la que cayó la primera gran nevada del invierno, y hace dos años parecido. Se ve que la cosa está cambiando, no hay duda.
Nos amanece en la entrada de la canal Ancha: paramos a ponemos las botas, el arnés y los crampones. Venimos ligeros, pero la espalda agradece sacar cosas de la mochila. Comemos algo y arrancamos a por la gemelada de la canal: la nieve está cambiante, por zonas está dura y apenas marcamos huella, en otras nos hundimos considerablemente. Vamos remontando poco a poco, con cuidado en el paso de la rimaya y en algún resalte más. Al cabo de un rato nos vemos abriendo huella en nieve nueva, profunda, sin transformar: el esfuerzo aumenta, claro. Vamos mirando a nuestra izquierda, intentando identificar las torres y espolones que marcan por donde queremos ir.

Fernando había hecho una incursión por este terreno hace unas temporadas, con dos clientes: la prudencia le hizo darse la vuelta después de remontar varios largos hasta mangarse en un collado con el espolón norte. Sus referencias nos guían en los primeros metros de couloir en los que ya nos separamos de la Canal Ancha: vamos por terreno sencillo pero del que no permite errores, aún desencordados, con algún resalte quizá a 60º, pero con un tobogán por detrás de muchos metros. 


Continuamos hacia arriba aprovechando un sistema de corredores, serpenteantes, que nos van llevando hacia donde queremos. Por encima de nosotros se alzan varias torres, destacando impresionante la Aguja Bífida: el ambiente es una pasada: nieve nueva posada sobre la roca, y nosotros sorteando el paso entre espolones en busca de un camino que no sabemos si existe, y cómo de difícil puede ser. 


Finalmente nos estrellamos contra un resalte que frena nuestro avance desencordados. Los chavales por fin sacan los trastos y montan una reunión metiendo un clavo y un par de Friends. 


Fernando se ata los cabos calientes y arranca por unos mixtos tiesos que le hacen esforzarse. Va colocando laboriosos seguros: la roca no ofrece tanto como nos gustaría. De repente, al remontarse contra un muro, se da de frente contra un clavo muy viejo, metido en posición invertida y casi entero a la vista en una fisura horizontal: nuestra ilusión de ser los primeros por aquí se lleva un chasco. Bueno, pensamos, normal, esto es muy evidente para estar virgen. En todo caso siempre puede ser de una retirada… (queremos mantener la ilusión).
Fer sigue lidiando con nieve delicada, hielo fino, roca compacta… A los cuarenta y pico metros nos avisa de que ha montado reunión. Nosotros no le vemos.


Salgo yo delante, que soy más torpe: aprieto de lo lindo para pasar en libre. No creo que hubiera hecho esto de primero. Hay un par de puntos realmente delicados y difíciles de proteger: knife-blade incluido. Fer se ha currado un largo muy guapo. De nuevo, la roca no da para mucho y la reunión ha requerido creatividad: clavo, taco lazado y Friends reguleros…
El terreno por encima parece más difícil: tenemos una franja de roca de buen ángulo con nieve posada por todas partes ocultando los relieves. A la derecha en teoría continúa una canal, pero no parece nada fácil cruzar a ella. Martín toma el relevo: agarra los trastos y sale a ver qué pasa. Prueba de frente, justo encima de nosotros; se mueve con delicadeza para lo precario de los apoyos y los gancheos. Yo miro flipao cómo coloca los piolets en posiciones extrañas, cómo hace cambios de mano para intentar ganchear alto, cómo rasca recovecos donde colocar alguna pieza de seguro: lo que consigue poner queda cutre.
Se vuelve a la reunión para salir a mirar por la derecha: la tónica se mantiene. Pies delicados sobre nieve inconsistente, gancheos de piolets en roca ciega, seguros precarios. Muy lentamente avanza en horizontal. Se le ve moverse con dificultad, coloca una cinta lazando un bloque pequeño y hace una travesía, muy despacio, por roca ciega para los piolets y apoyos precarios para los crampones. Después de un buen rato consigue entrar en la canal derecha y remontar mejor.


Nosotros nos estamos quedando tiesos en la reunión: nos hemos abrigado y no paramos de mover los pies, pero aún así... Dejamos de verlo, va superando con trabajo varios resaltes duros, mixtos. Saneando suelta bloques de roca tamaño microondas, y la nieve también baja abundante. 


Al cabo de un buen rato nos da la voz de Reunión, y nos ponemos en movimiento al fin. De nuevo, como eslabón débil, salgo yo antes que Fer. Con pasos de equilibrio muy finos, y alguna trampa que dan las tablas de montaña acumuladas, libro la primera secuencia y me meto en la canal. 


Por encima veo resaltes muy tiesos, con bloques empotrados donde Martín ha saneado para meter seguros, varios y buenos, como debe ser. Nueva pelea y acero en el resalte. Coladas de nieve polvo nos tapizan. Esfuerzo, frío, equilibrio. Salgo a la siguiente canal recuperando el resuello. Solo que da un paso más, también tieso, este consigo salir en libre. Fer viene detrás de mí flipando y disfrutando a tope también.



Felicitamos al gallo: menudo largo perro, y lo bien que se lo ha hecho y asegurado. No era nada fácil ni por grado ni por condiciones. Sin duda, yo no habría pasado por ahí de primero, y mucho menos en libre como ha hecho Martín.

Me toca turno delante. Afortunadamente (creo inicialmente) es una tirada más tranqui. Vemos una pala más tumbada que cierra a unos treinta metros contra bloques tapizados, y donde tengo que derivar a la izquierda para mantener nuestra línea (y para evitar otras torres y paredes que tenemos encima y ciegan el progreso).
Salgo a por ello con ímpetu, pero a los pocos metros me encuentro bufando a tope, abriendo una zanja “como pa meter el gas”, en unos 50º con nieve polvo inconsistente hasta la cintura y que no me deja progresar si no es cargando todo el peso que puedo en los brazos hundidos hasta los codos y zigzaguenando continuamente. Con mucho esfuerzo alcanzo los primeros bloques donde me peleo infructuosamente por meter un seguro. Si este tramo hubiera estado helado, simplemente no merecería mención... 


Sigo por nieve similar pero con más ángulo, metiéndome a la izquierda en un corredor contra la tapia que hace con el espolón norte. Meto algún cintajo a un bloque, algún friend, y sigo bregando. Cuando cojo perspectiva del corredor, veo que unos diez metros más arriba la cosa ciega contra paredes de roca tiesas y grandes: mierda, no hay salida, esto pinta mal… Se lo voceo a los amigos. Como no hay mucha opción, decido seguir para asegurarme del todo o montar una reunión, ya que nada de lo instalado me da confianza para rapelar... En esas estoy cuando al avanzar unos metros más de incertidumbre, veo para mi sorpresa un paso de salida por una muy estrecha chimenea, tiesa, que como único paso esquivando desplomes y compactas placas, parece salir arriba. Sin verlo claro aún, me acerco remontando a ratos sobre nieve helada, otros apoyando contra la roca. En la base de la chimenea he terminado los sesenta metros de cuerda y no veo ni oigo a los compañeros. Durante un buen rato busco manera de montar reunión (no me veo subiéndome yo por la chimenea…).
Consigo sanear a la derecha una pequeña fisura taponada de hielo en la que maceo un peacker hasta que no entra más, pero después de pelear un rato por meter algo más, y ver que no tengo forma, miro de nuevo a la estrecha chimenea (con otros ojos ahora) y decido probar: lanzo los piolets al hielo del fondo, me encajo (quedo empotrado de lo muy estrecha que es) y remonto pies. Lanzo de nuevo los piolets, limpiando nieve y gancheando en la roca de la izquierda. La pared de la derecha es totalmente lisa, y está cubierta de una finísima capa de verglás. Repito la secuencia bufando unas tres veces más, parando entre cada una para recuperar resuello (el corazón en la boca) y pensar bien lo que estoy haciendo: el peaker se ha quedado ya un rato por debajo de los pies... Por fin pincho en la salida, agarra bien, y veo que tenemos la salida delante! Se me escapa un grito de júbilo.
Para llegar a los bloques donde quiero montar la reunión aún me quedan unos veinte metros de pala: mis compañeros ya vienen ensamblados hace rato. Monto la reunión y aseguro a los máquinas, que
vienen rápidos a pesar de la zanja. Fer sale delante encantao con la chimenea, detrás viene Martín. Nos juntamos muy contentos de ver que estamos lográndolo, no las teníamos todas con nosotros.



Fernando sale a por el último largo, más fácil. Cuando la cuerda se acaba, él está en la arista al sol, por primera vez en el día. Son las cinco y media. Llevamos diez horas desde que la rimaya de la Ancha. No hemos dejado nada detrás más allá de nuestras huellas en la nieve y el hielo.


Felices, recorremos los escasos metros que nos separan del buzón de cumbre. Una vez allí, comemos y bebemos, nos reímos. Mandamos mensajes a nuestras respectivas avisando de que vamos a llegar tarde hoy. Estamos encantados con la actividad. No hemos encontrado ninguna huella de paso después del viejo clavo del primer largo. Nos ilusionamos con que hayamos hecho una primera ascensión por esta fantástica vertiente de esta montaña tan bonita y significada. Se verá.


A mi sugerencia, el descenso decidimos hacerlo hacia Valdeón, para aprovechar el sol y la luz. Esta decisión nos hará tardar seguramente al menos una hora más que por el noreste, pero personalmente voy más tranquilo viendo las luces de los pueblos. En la bajada una llamada telefónica nos informa de que dos chavales, en principio asturianos, han muerto escalando en hielo en los Alpes… Inquietos seguimos para abajo.
Llegado a Posada salimos a la carretera que nos lleva hacia Cordiñanes. Afortunadamente hemos llevado las zapatillas y quitar las botas ayuda, pero en el último tramo Fer y yo dejamos las mochilas (joer lo que pesan) y seguimos sin ellas. A las diez de la noche, dieciséis horas después de salir, llegamos al coche. Yo totalmente fundido pero realmente feliz. El trayecto de coche de charla animada como siempre, rememorando todo lo vivido hoy, que ha sido tanto.


A los pocos días, y después de indagar si por allí existía alguna ascensión previa, y ante la falta de respuesta y de material en la pared, hacemos un croquis y compartimos algunas fotos en las redes sociales. La gente contacta con Marto y Fer para tirar pa allá a repetirla, y es que menudas fotos guapas y menuda línea.
El lunes, mi amigo Javi Sáenz me contacta para decirme que por allí ya se había subido hace bastantes años, todo en hielo. La verdad que nos parecía raro que estuviera virgen, pero a veces pasan estas cosas. Una pena.
Finalmente no fue una primera ascensión, pero desde luego, para mí ha sido un gran día de aventura, de exploración, de alpinismo y de montaña, vivido con intensidad con buenos amigos. Será de los de recordar.

Menudo día memorable me he pasado en las montañas con estos dos fieras. De los de recordar.
Ahora a pensar la siguiente.



Cordiñanes 06:00 h
Pie Canal Ancha 07:30 h
Inicio Canal NW 10:00 h
Cumbre 17:30 h
Santa Marina Valdeón 20:30 h
Cordiñanes 22:00 h

martes, 14 de marzo de 2017

Entreno vespertino en Ubiña

Viernes 10 Marzo 2017
Peña Ubiña (2.417 m) por la arista Este, Solo


Una y media de la tarde, apago el ordenador y salgo de la oficina: una bofetada de calor me pega en la cara. Con casi dos semanas de invierno por delante, la sensación es de verano. Conduciendo, en Mieres el coche marca 28º. Increíble. Y yo con los crampones en la mochila…
A las dos y media ya me he cambiado en el aparcamiento de Tuiza. Aquí está más fresco, sólo hay 23º… Madre mía. Insisto en meter los pinchos, que nunca se sabe. En la mochila forro, chupa, guantes, polainas, piolet y crampones. Yo salgo en camiseta y pantalón arremangados. Menos mal que he traído las botas de verano.
Camino del  Meicín cruzo varias personas que vienen de bajada. Mucho más normal su horario que el mío, subiendo a estas horas. A las tres estoy en el refugio cogiendo agua. No hay mucha nieve, pero sí tiene más o menos continuidad desde pronto en la vertiente noreste. Salgo hacia el valle de Covarrubias con intención de intentar coger la sombra lo antes posible. Buscar sombra en marzo. Manda narices.
En la soledad propia de mi horario abro huella en nieve húmeda, aunque bastante portante. No obstante, me he puesto las polainas para no acabar empapado. Buscando la sombra, confiando que la nieve esté mejor, he ido derivando hacia la izquierda en las palas bajo el Cueto les Cabres. Aquí, bajo sus paredes, el blanco ya domina totalmente y llego a echar de menos los crampones en un buen tramo. Bien, pienso para mí mientras regulo la respiración, quizá tengamos suerte.


Al asomarme a la Norte, mientras descanso, echo un rato intentando identificar las líneas clásicas o las más nuevas (Fendas e Ferralla). Viendo cómo está la nieve, seguramente me podría subir por la norte clásica asturiana sin problemas. Me lo pienso, pero luego veo el sol asomando ya en la arista y recuerdo el pequeño resalte final. Mal sitio para cogerlo en condiciones precarias: a ver quién es el guapo que decide recular allí arriba sin darle un tiento…
Para evitar tentaciones derivo hacia la senda de les Merines, camino del pie de la arista Este.
Una vez llego a la comba de la arista Este, paro a ponerme los crampones y saco el piolet. Son las 4 y cuarto. Desde aquí tengo que trepar más y es mucho más entretenido. Enlazo pequeños corredores con resaltes de caliza de calidad, con pequeñas campas de nieve más tumbadas. Hay algo de huella vieja, desdibujada.


Poco a poco, la cosa va cogiendo más ambiente, siendo siempre muy fácil. En un momento dado, justo en un tramo más aéreo sobre roca, con buena caída hacia ambas vertientes, veo salir por el cielo un parapente que ha despegado de la cima. Seguramente la última persona que quedaba por encima de mí en todo el macizo: son casi las cinco de la tarde.


Como siempre en estas situaciones, me obligo a ser consciente de lo que hago, de la exposición de la situación (aunque sea fácil). Sigo disfrutando la trepada y al cabo de un rato, saliendo de una travesía bajo bloques, por fin veo la cumbre y el vértice geodésico.


Cuando llego son las cinco y cuarto. En la luz dorada de la tarde, tiro unas pocas fotos que, como siempre, no consiguen captar la belleza y grandeza del paisaje que me rodea.
Saco un bastón de la mochila y arranco por las huellas de la normal dirección al collado de Terreros. La nieve sigue estando sorprendentemente bien y apenas me hundo nada. En un rato alcanzo las combas que llevan al collado, y desde aquí, aprovechando los neveros, enfoco hacia el refugio.


En el Meicín paro a quitar las polainas y el forro. Me saludan Ur y unos cuantos perros más, con ganas de cariño. Dentro del refugio oigo rumores de voces.
Sigo para abajo y llego al coche a las seis y media pasadas.


El coche sigue marcando 22º. Como no enfríe y entre un temporal, se nos va la nieve mucho antes de tiempo.
Currar la mañana y aprovechar la tarde de crampones y piolet, escalando un rato en mixtos fáciles, haciendo una cumbre de 2400 m y disfrutando de la montaña entera para mí… Impagable.


Por otro lado, una buena sesión de entrenamiento: me duraron las agujetas hasta el lunes.

Tuiza 14:30 h
Pie de vía 16:20 h
Cumbre Ubiña 17:15 h
Tuiza 18:40 h

miércoles, 22 de febrero de 2017

Ario, mirador excepcional

Sábado 21 Enero 2017
Nando del Pozo, Manolo Crespo
Jultayu (1.941 m) desde el lago Ercina


Después de 25 años pisando los Picos, aún me quedan sitios realmente básicos por descubrir. Me ha sucedido que, dado que yo estaba muy centrado en escalar, me han ido quedando sin conocer algunos sitios que no tienen asociadas vías de escalada reseñables.  Como últimamente escalo menos (muchísimo menos), mi atención se fija ahora en estas referencias pendientes para mí.
Hace un par de años, y porque ya me daba vergüenza, fui hasta el mirador de Ordiales. Fui solo y además del mirador ascendí a varias cumbres de la zona. Lo disfruté enormemente, entendí por qué es un sitio tan famoso.



Este sábado he tachado otro básico: Vega de Ario. Y de nuevo he flipado con el lugar.

El invierno ha llegado finalmente, y si bien ha habido poca precipitación y la nieve aún es escasa, la temperatura en cambio sí ha bajado considerablemente. Para cuando llegamos al parking a las ocho y media de la mañana, nuestro coche es el único junto con otros dos. Poca afluencia para una buena previsión meteorológica, aunque es temprano.
Arrancamos a caminar al lado del lago helado. La nieve está durísima y apenas marcamos con las botas.
Comenzamos a caminar por lo que siempre he escuchado, y ahora veo en directo, es un terreno de sube-baja, con pocas referencias evidentes. Está claro que por aquí, si entra la niebla estaríamos en problemas. El cielo del amanecer está mucho más nublado de lo que nos gustaría, tanto hacia el Este, como hacia el Oeste. Nubes oscuras cubren amenazadoras los perfiles de cumbres: comentamos que si es así, si se tuerce el día, nos daremos la vuelta sin darle margen al cielo a meternos en problemas.
Pasamos por majadas de cabañas y pequeños llanos, no hay apenas cuesta.
La nieve sigue dura como el hormigón, no hay ninguna huella que nos indique el camino, salvo algunas de animales que sí parecen seguirlo. Cuando enfrentamos un repecho más serio, paramos a ponernos los crampones.
Buscamos el mejor trazado mientras seguimos preocupados por el cielo, que hacia el Central aparece aún oscuro y de hecho nos suelta pequeños copos de nieve apretada de vez en cuando.
Por fin, después de unas dos horas y media, alcanzamos el collado que nos da vista hacia el macizo central: la estampa es espectacular.


Tras de unos minutos admirando las vistas, tando de los Urrieles como de las cumbres más cercanas y que quizá intentemos luego, nos dirigimos hacia el refugio de la Vega de Ario. Aún nos lleva otro cuarto de hora alcanzarlo. El refugio está cerrado excepto por el cuarto de entrada, habilitado estupendamente como vivac de invierno con unas plataformas de madera. Es realmente acogedor.


Después de comer y descansar unos minutos, volvemos a ponernos en marcha de nuevo, con intención de ascender a la cumbre más cercana y más fácil, el Jultayu. Para ascenderlo, aún tenemos que cruzar una buena distancia de terreno indefinido, con jous, subidas y bajadas. Afortunadamente la nieve sigue estando increíble, y se camina fenomenal.
El paisaje es fantástico, la pendiente va aumentando y cada vez hay que prestar más atención al pisar: un resbalón empieza a ser realmente peligroso. Además, hay que interpretar el recorrido, buscando el mejor camino.


Identificamos de cuando en cuando un hito que sobresale de la nieve, seguimos remontando y entrando en la sombra de la cara noroeste. Nando viene recuperando de una gripe, y en un momento dado prefiere darse la vuelta hasta un collado al sol. Manolo y yo seguimos subiendo.


El ángulo es llevadero, pero a ratos la superficie es hielo vivo: Manolo saca el segundo piolet, que yo no he traído… Salgo por fin a la arista y al sol. Mientras espero al colega me recreo con las vistas, son realmente tremendas: en frente el Central espectacular, antes el tajo del Cares con dos mil metros de desnivel, a la derecha alpino el Cuvicente, Robliza y demás, junto con la Peña Santa, espectacular. Hacia atrás toda la subida desde los Lagos y el mar de fondo…


Después de un rato en la cumbre decidimos bajar más hacia el norte, y claramente es más cómodo. Sigue estando muy helado, pero es menos expuesto que la pala por la que subimos. En unos minutos alcanzamos a Nando que nos esperaba. Desde aquí seguimos bajando.
El día ha ido mejorando, y el sol domina en el cielo.


Las perspectivas en el camino de regreso son muy chulas: a ratos veo a mis amigos circulando por enormes toboganes de nieve helada, donde los crampones no dejan marca, y al fondo aparece el mar.


Desde el collado hacia Vega de Ario hasta el coche, el camino es tan plano que prácticamente lleva el mismo tiempo de vuelta que de ida. Además, el sol va haciendo su trabajo y la nieve empieza a estar un poco más pesada.


Nos encontramos a mi amigo Rubén que sube con su mujer a disfrutar las vistas. Ya llegando a la vega del lago, vemos un montón de gente que ha subido a disfrutar la montaña a su manera (algunos salieron en el periódico a los dos días…).

A las cinco llegamos al coche.
Ocho horas de pateo, la mitad de crampones, disfrutando de una nieve y unos paisajes espectaculares. He conocido una cumbre nueva para mí, un refugio nuevo para mí, y he tachado quizá el más sangrante de los sitios básicos de los Picos que no conocía. Volveré.
Como siempre, con Nando y Manolo, muchas risas.
Estupendo día de montaña.



lunes, 13 de febrero de 2017

Peña Ubiña - Corredor de la Aguja

Peña Ubiña (2.417 m) Corredor de la Aguja (300 m, +250 m arista)
Miguel Rodríguez
Bene Santos
Enero 2009

Bene y Miguelón, grandes amigos, disfrutando el momento

En las montañas cantábricas, las cotas por encima de los dos mil cuatrocientos metros están muy localizadas. El macizo de Ubiña es una de esas zonas. Es este un macizo muy alpino, pero a la vez muy cómodo y accesible: a diferencia de los Picos o de la montaña Palentina, las aproximaciones aquí son mucho más llevaderas, y en poco más de una hora y media estás ya intentando cumbres que superan los dos mil trescientos metros. Además, el trayecto de coche desde mi casa es también breve. Si bien la roca no es la mejor del mundo, sí se pueden hacer cosas. Personalmente, cuando realmente me gusta es en invierno.


Debido a la particular orientación de la línea de cumbres que va de Peña Ubiña hasta los Fontanes, sucede que hay vertiente norte en las dos provincias, Asturias y León. Es algo bastante chocante que en la Cordillera Cantábrica y en cumbres que hacen frontera, escales en cara Norte estando en León, pero así es.





Desde Torrebarrio el acceso es a través de una pista ancha y de desnivel suave, que permite acceder a los pies de Peña Ubiña en poco más de una hora. Después, para llegar a la entrada de las vías, aún se tarda otro rato, pero en cualquier caso es rápido.





Dentro del gran abanico de posibilidades que ofrece la abierta cara norte, algunas líneas se marcan más características que otras. Es el caso del corredor de la Aguja, que como su nombre indica es un corredor y además tiene una aguja asociada que le da nombre. Se trata de un corredor de unos trescientos metros y de inclinación variable. Como casi siempre en invierno, el grado de dificultad varía mucho en función de las condiciones. Al comienzo del mismo se hacen unos ochenta o cien metros fáciles, hasta alcanzar la base de un resalte, paso clave, que puede presentar dificultades si la carga de nieve/hielo es escasa. A continuación se suceden otros tres largos más, en los que el corredor es más ancho, con pequeños resaltes que variarán de nuevo de dificultad en función de la carga y calidad de la nieve o hielo, hasta poder pasar prácticamente desapercibidos. Al ser una de las primeras vías desde el espolón Oeste, sucede que desemboca en una arista que hay que seguir durante un buen trecho hasta hacer la cumbre, pero dicha arista, si bien no tiene gran entidad en sí misma, le aporta envergadura y le da también gran ambiente a la ascensión.



El material instalado es más bien escaso, apenas algún clavo en los puntos clave, que varían con los inviernos. No obstante, casi siempre se puede colocar algún seguro flotante, o en último extremo, clavar uno mismo.
Siendo un corredor clásico, estando la nieve en condiciones, y siendo fin de semana, lo normal es encontrar gente. Aunque habíamos adelantado a varios en la aproximación, y a pesar del ritmo intenso, no fuimos los primeros y en la boca del corredor coincidimos con dos chavales. Se veía más gente hacia las otras clásicas como el Elixir de la Suerte.
Miguel viene rápido como siempre, aunque algo protestón comentando la falta de forma. Lo justo, pienso, cuando le digo que el largo duro es para él: tal y como esperaba, no lo duda y tras colocarse los trastos, sale poco después del segundo de la cordada que nos precede. El corredor hace un embudo y se pone tieso, a unos 80º al menos por dos o tres metros. El espesor de hielo no da demasiada confianza, en su base, después de pelear un rato, Miguel se arregla para meter un clavo. Después de esto, con un par de bufidos característicos se remonta encima del paso y a partir de aquí la cuerda corre rápida por la placa de seguro. Una voz de aviso nos pone a Bene y a mí en movimiento. 


Desde aquí a la cumbre es un placer de recorrido, con buena nieve que permite moverse con seguridad, rodeados por nubes que entran y salen por las aristas, ocultan o muestran las cumbres vecinas. Es en ese tipo de momentos en los que más claro tengo por qué me gusta el monte: ¡qué ambiente!

 


En la espera se me han enfriado los pies, pero calentarán pronto. Paso el último por el resalte, ya escaso de materia para pichar, y Bene me tira una buena sesión de fotos. Cuando llegamos a la reunión cojo el material y salgo a por la siguiente tirada: variada y entretenida, aunque mucho más fácil que la anterior. Después de aquí se mantiene la tónica y pronto alcanzamos la collada con la arista Oeste.








Ya en la cumbre, unas fotos, algo de comer y para abajo. Está frío y no invita a mucho regodeo. 


La bajada hasta el collado Terreros, con la Pequeña delante, de charla variada con los amigos y buscando el mejor itinerario. Gran jornada.
(las fotos buenas, de Bene, se nota)

Miguel y yo hablando de ello: seguro que me estaba contando sus últimos planes... Un crack!
Una de mis últimas escaladas con Miguel. Gran maestro, visionario, alpinista, pero sobre todo, Amigo.