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viernes, 13 de noviembre de 2020

Cainejo: Navegación por la Este del Picu

Viernes 4 Septiembre 2020

Alberto Boza

Picu Urriellu (2.519 m) Combinación Cainejo-Nani-Rompetobillos (300 m, 6a+)


En este año tan raro se me había pasado el verano sin pena ni gloria. Desde luego había escalado muy poco, cosa por otra parte bastante habitual últimamente... 

La propuesta de Boza me pareció buena: yo ya había hecho la Cainejo dos veces, pero habían pasado unos veinte años. La primera vez fue con Elías, hasta debajo del desplome, y de ahí creo que rapelamos. No recuerdo ningún incidente. La segunda vez fue con Brojos, en una concentración de escaladores en la Vega, la hicimos hasta cumbre, y recuerdo un escalar fluido, menos en el desplome que me colgué a reposar... Esta vez iba a ser muy diferente.

Nos juntamos en Arenas y salimos para arriba en la furgo de Alberto, mascarilla puesta y tal. Charla animada después de una temporada sin vernos. La pista hacia Pandébano más detrozada de lo que yo la haya visto jamás, con mi choche dudo que hubiera podido pasar. El parking totalmente saturado: me recordaba los veranos de finales de los 90, puede que incluso más.

Una vez arrancamos Alberto pone la marcheta y me sube a ritmo: el justo para que yo crea que puedo hablar a la vez que remonto las cuestas, pero la verdad es que voy muy alto de pulsaciones y él va de pancho. Cosa de la falta de forma. Por el camino hay gente subiendo y bajado; se ve mucho movimiento.

Remontando la Celada empezamos a visualizar la cara Este: cordadas arrancando en la Cepeda, en la Amistad, la Pidal, gente hacia la Sur, gente por el pie de la pared... Conforme recorremos los últimos metros vemos a dos tipos que avanzan al pie de vía de la Cainejo: bingo. Al llegar vemos cómo se preparan y pensamos que no van a ser ningún problema: por las trazas y la forma de moverse, tienen pinta de que van a ser rápidos.

Nos preparamos una vez han levantado un largo, y salgo yo delante a por la primera tirada. Pronto me doy cuenta de que hoy mejor me pongo a chupar rueda. Las sensaciones no acompañan. Llega Boza y ya lo aviso: "qué cabrón" me dice. 


Él arranca a por la navegación de la segunda tirada con maestría. La roca de la Este sigue siendo la misma de siempre. Su increíble tacto no ha cambiado. Soy yo que hoy no me veo: los pasos me parecen difíciles, los separados entre seguros inasumibles, el ángulo más vertical...

El tercer largo es el fino de placa, 6a+ le da la guía editada por mi compañero y cuatro chapas más un puente de roca. Entrando en la secuencia hace que Boza lo mire bastante, algo no le cuadra. Después de un rato pasa y llega a la reunión. Yo de segundo voy bien, pero en la secuencia me doy cuenta de que de primero por ahí iba a echar humo. Me comenta Alberto que han quitado una de las chapas. Es raro porque la chapa en cuestión llevaba puesta 25 años... Cosas de los reequipamientos.



La cordada de encima avanza aunque Alberto tiene que esperar a ratos.

Sigo sin buenas sensaciones así que me mantengo en retaguardia. El cuarto largo es más fácil, V, pero también de navegación, de segundo un placer.

Una tirada más corta, la quinta, V+, nos deja debajo del desplome, donde los chavales que nos preceden luchan por hacerlo en libre (sin éxito). 




 Aquí nuestro plan es cruzar a la izquierda hacia la Nani. Me veo mejor (y Boza me empuja a ponerme delante), así que arranco en diagonal a la izquierda, hasta los bloques en que cruza la otra vía. Remonto unos metros más y hago reunión en el nicho de abajo; en el nicho de encima tenemos otra cordada, de conocidos en este caso: Carlos Llerandi y un compañero. Hoy hay mucho tráfico por aquí.

El siguiente largo marca V+, pero no es la navegación de la Cainejo, son pasos más claros, aunque algo atléticos.

Escalada placer. Tengo buenas sensaciones. El siguiente largo de IV nos deja en una hoquedad en la que alcanzamos a otra cordada más. 

Decidimos hacer travesía hacia la derecha a por el paso del Rompetobillos de la salida clásica de la Cepeda, a pesar de mi miedo a que allí haya un verdadero atasco...

Una vez allí, hacemos algo de cola aunque pasa rápido, y Boza me vuelve a empujar a tirar delante. De mano no me apetecía, pero luego se lo agradezco: salgo con bastante dignidad (he hecho ese paso muchísimas veces y no siempre tan fluido como hoy).

Del agujero al anfiteatro, y de allí a la cumbre, concurrida, con gente saliendo de la Oeste, de la Norte, de la Sur... Muy ínitimo no fue el momento.



Rapelamos sin incidencias detrás de dos chavales que están haciendo las cuatro caras en el día, vaya gallos (más gallo Boza que lo hizo saliendo de Pandébano hace unos años). 

La bajada de vuelta al coche amenizada por los encuentros con amigos: Edu Astudillo, José Camino y otros. 

Comentamos lo guapa que queda esta combinación, y que al final escalas diez largos entre una cosa y otra. En el coche, mascarillas de nuevo. Cerveza en Ortiguero y contentos cada uno para su casa.

En esta ocasión Urriellu me ha recordado otras épocas, mediados de los 90, cuando entrabas a la Oeste y en tu vía había cuatro o cinco cordadas... Por un lado contento, por otro un poco superado con tanto personal...

Con Boza un placer, como siempre. A ver si para la siguiente no le coloco toda la escalada dura a él...







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