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lunes, 5 de octubre de 2015

Alpinistas de las aristas: Salenques Tempestades al Aneto

21 Septiembre 2015
Juan y Joaquín Piñera
Pico Aneto (3.404 m), Integral Salenques Tempestades (2.500 m long. 725 m desnivel, D, IV+)


Un año más y van tres, el destino inicial dela pequeña escapada de verano a los Alpes se cambió en los últimos días por el de Pirineos. Todo el verano de temperaturas muy elevadas había dejado los montes en condiciones delicadas. Mis conversaciones con Kiko, con Javi Sáenz, con la Casa de la Montaña y con el guarda del refugio de Conscrits me habían convencido de que, una vez más, mejor nos quedábamos más bajos. Además, la previsión de la meteo para la semana era bastante mala en Chamonix o en Ecrins, e infinitamente mejor en Pirineos.
Como por otro lado tengo miles de cosas por hacer aquí, algunas pendientes del año pasado, pues la decisión tampoco me costó mucho.
Hacía tiempo que no salíamos de viaje juntos los tres, quizá desde el año de la Kufner, y ya llovió de aquello. El caso es que a pesar del tiempo, con Juan y Juaco es como si hubiéramos estado juntos el fin de semana anterior… es la confianza de los años.
Madrugamos el domingo y condujimos el trayecto hasta Benasque, donde nos comimos un buen bocata. La carretera hasta la Besurta ya está abierta, así que seguimos para arriba. A media tarde y con cierta ansiedad terminamos de preparar las mochilas y salimos hacia el monte. Apenas un cuarto de hora más tarde me doy cuenta de que, con las prisas, me he dejado el croquis en el coche: con una escalada tan larga y laboriosa por delante, la ayuda del excelente croquis de caranorte.com es algo que bien merece darse el paseo de vuelta. No va a ser lo único que habremos dejado de meter en la mochila, pero eso lo descubriremos más tarde…
Yendo tres y optimizando al máximo el material, las mochilas no pesan demasiado, pero el caso es que no estamos muy entrenados en esto de subir a vivaquear. Yo subo el piolet además de los pinchos, por si hay que meter algún clavete, así que también subo tres clavetes, claro...


Bajo un perfecto cielo azul superamos Aiguallut. Remontamos hacia el collado de Barrancs. Un poco antes, en la collada en que el año pasado dormí con Rafa, nos encontramos a dos tíos recogiendo la tienda: habían hecho la integral ese día, así que aprovechamos para preguntarles varias cosas que nos van a ser útiles, especialmente para tranquilizar a unos y confirmar a otros. Ya nos avisan de que hay nieve fresca en la primera parte, llegando esta a incordiar un poco. Son las seis de la tarde, así que decidimos continuar más para restar aproximación al día de mañana, aunque luego suponga tener que subir a por los sacos a la bajada.



En el collado de Barrancs hay varios vivacs de hierba, así que nos instalamos en uno de ellos. Mientras sorbo la sopa caliente en la taza de Peppa Pig que he tomado prestada de mi hija Jimena, reflexiono sobre lo minimalistas que hemos sido con la comida… Va a ser mejor que no toquemos ese sobre de salchichón hoy, no vaya a ser que mañana no sea suficiente con las dos barritas y el plátano que nos hemos racionado por persona para la escalada… Seremos zotes.
Después de una noche estrellada amanece fresco. El desayuno de colacao, galletas y sobaos con mermelada sí es bueno. Repasamos las mochilas y salimos a por lo que nos queda de aproximación hasta el collado de Salenques. Al final se traduce en casi hora y media de paseo entre los bloques.
Son las nueve cuando llegamos a la collada e iniciamos la arista. Al principio va fácil y por la vertiente de Barrancs, luego poco a poco cogiendo ángulo y nieve según nos acercamos a las primeras agujas, hasta el punto que sacamos la cuerda para asegurar a Juaco en un paso de bloque con nieve helada.




Un pocomás y hay que poner crampones. Desde aquí ya vamos los tres avanzando de forma simultánea unidos por la cuerda.
Las trepadas de los gendarmes característicos se van sucediendo, disfrutando del excelente granito. Vamos progresando hacia el Margalida con algún pequeño rápel intercalado. En el último resalte tieso me calzo los gatos por hacerlo en libre. Será IV+ y se podía acerar bien, pero ya que los traigo…



Flanquear el Margalida nos lleva lo suyo, buscando el mejor paso hacia su cumbre donde enlaza la otra arista que viene del Este. Después un rápel y un rato de caminar hacia la cumbre del Tempestades.
El día va avanzando y las horas pasan: vemos por delante mucha arista aún, toda la cresta del Tempestades hasta su brecha, y luego la Espalda del Aneto. Hacemos apuestas sobre la hora a que haremos cumbre: empezamos a darnos cuenta de que no vamos a bajar a la Besurta hoy… es decir, el hambre nos acecha.




La escalada sigue siendo preciosa, el ambiente de montaña espectacular. La nevada de unos días atrás ha dejado lo justo posado en la cara norte para darle color, sin molestar en absoluto ya. El cielo sigue limpio y no hay viento, así que no tenemos más preocupación que escalar.
Después del rápel a la Brecha de Tempestades hay un largo muy guapo de trepar en el inicio de la Espalda del Aneto. Tras éste una zona de bloques en la que mi instinto nos lleva hasta el “merlet” que indicaba el croquis (que no sabíamos lo que significaba, y que deducimos por el cordino y la lógica). En este punto puede ser el único en el que la descripción del croquis nos resultó confusa, quizá también de la fundida que llevábamos… y es que todo el santo día con un plátano y dos barritas, pues eso.



Travesía, rápel y nuevas trepadas en medio de la luz irreal del atardecer, se han generado unas nieblas hacia poniente que por momentos tapan el anaranjado sol, muy bajo ya. La arista sigue afilada y a ratos me deja estampas buenísimas de los amigos siguiéndome. Espectacular.
Cuando coronamos la Espalda y nos desencordamos, mientras camino entre bloques hacia la cumbre, la visión de esta me hace pensar que hay gente arriba que va a vivaquear. Por un buen rato lo estuve pensando mientras intentaba alcanzar a los brother que trepaban por delante de mí. Luego ya me dí cuenta de que lo que creía que era gente poniéndose ropa junto a la cruz, no era sino trapos amarrados y zarandeados por el viento del anochecer.




En la cima miro el reloj: son las ocho y media de la tarde y apenas se ve nada. Once horas y media para la arista: desde luego no es para tirar cohetes, pero la verdad es que siendo tres la cosa se alarga. Además, me lo he pasado como un enano.
Recogemos el material, nos ponemos la chupa y la frontal, y salimos hacia Mahoma sin regodeos, queremos aprovechar la poca claridad que queda.
Pronto es noche cerrada y avanzamos bajo la luz de miles de estrellas siguiendo la huella de la normal, que sabemos hemos de abandonar hacia el negro valle. El glaciar está perfecto para caminar, con nieve nueva helada.
Después de unas cuantas zetas y de varias consultas al GPS de Juaco, identifico las huellas de los dos tíos de ayer, tirándose a derecho hacia abajo. No lo dudo y las seguimos directamente.
Vamos siguiendo estas leves marcas en la nieve, perdiendo altura. De cuando en cuando me paro a esperar a los colegas, sentado en algún bloque. En esos momentos me doy cuenta de lo muy guapo que ha sido lo vivido hoy. De cuánto me gustan este tipo de actividades. También me doy cuenta de la sed que tengo desde hace rato, y también del hambre en el que prefiero no pensar, sabiendo que no hay cena, ni tampoco va a haber desayuno. Entonces apago la frontal (¡sólo faltaba ya quedarse sin pilas!).
Terminada la nieve y sin referencias, buscamos el mejor camino para evitar rodeos hacia el vivac.
Un rato más tarde nos paramos a beber del desagüe del glaciar y a comernos nuestra última reserva estratégica:un efímero sobre de 150 gramos de salchichón entre tres paisanos hechos y derechos.
A continuación continuamos tropezando entre los bloques ya en el camino, intentando localizar las marcas de color o los hitos.
Llegamos al vivac a las doce y media de la noche. Nos ha llevado cuatro horitas desde la cumbre. Hay una tienda en nuestro corro de piedras, pero encontramos otro cerca, puede que incluso mejor.
Nos derrumbamos en los sacos.
Llevamos diecisiete horas casi sin parar.
La noche vuelve a ser perfecta, de estrellas y sin viento.



Por la mañana hacemos las mochilas y caminamos las casi tres horas hasta el coche en la Besurta volviéndonos a menudo a disfrutar de las vistas. Ya abajo nos pegamos un homenaje memorable de todo tipo de viandas, incluidas dos latas de fabada.
Después nos dirigimos al macizo de Neouvielle, donde tenemos otra arista que queremos hacer.

Ha sido sin duda una actividad preciosa. De las que recuerdas siempre. Me alegro de haberla disfrutado con mis amigos.

7:30 h arranque vivac
9:00 h collada Salenques
20:20 h cumbre Aneto
24:30 h vivac

10 comentarios:

  1. Muy buena Diego! Me ha dado hambre leeros. Nosotros nos dejamos los croquis en el coche (nos dimos cuenta al empezar la arista, no era plan de volver). Y algo similar me pasó con las cruces de la cima del Aneto. Estuve mucho rato pensando que había un tío con los brazos abiertos plegando cuerda, y resulta que era la dichosa cruz.

    Bueno, una paliza de las que se recuerdan. Nada que envidiar a los Alpes!

    Gracias por seguir escribiendo

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    1. Hola Circomarco, gracias, lo pasamos fenomenal, fue un día de los buenos sin duda!
      Un saludo y sigue escribiendo también tú!

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  2. La próxima en vez de salchichón mejor un jamón, pa tres va muuucho mejor, ha ha. Enhorabuena, siempre gozando!!

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  3. MITICA Y PRECIOSA ACTIVIDAD...EN INVIERNO SE TRANSFORMA EN UNA BUENA CURTIDA...TE LA RECOMIENDO DIEGO. SALUDOS
    PD: HICISTE BIEN EN NO IR A ALPES..

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    1. Ostras tío, en invierno tiene que ser preciosa... Eso sí, de otra división.
      Un saludo

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  4. Hostias vaya luz guapa llegando a cumbre, envidia sana ;)
    Bene

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    1. Amigo! Y sin procesar en absoluto eh. Lo que ves es lo que había. Y eso que con mi cámara, si estás tú con tu cacharraco...

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  5. Buena bregada. En tu linea, como siempre. Un saludo y nos vemos pronto.

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    1. Estuvo muy bien, cada día me llaman más este tipo de actividades. Pronto llega el blanco elemento!
      Nos vemos, un saludo

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